- Alphabet supera a Apple como segunda empresa más valiosa del mundo, solo por detrás de Nvidia.
- El impulso de Alphabet llega por su ofensiva en inteligencia artificial con Gemini, DeepMind, Google Cloud y sus chips TPU.
- Apple mantiene sólidos resultados financieros, pero genera dudas por el retraso en su estrategia de IA y la renovación de Siri.
- El mercado premia a las compañías con una hoja de ruta clara en IA, marcando un cambio de ciclo en el sector tecnológico.
El relevo en la parte alta de la clasificación bursátil mundial tiene un protagonista claro: la inteligencia artificial se ha convertido en el gran divisor de aguas entre Alphabet y Apple. La matriz de Google ha logrado adelantar a la compañía de la manzana y consolidarse como la segunda empresa más valiosa del planeta, solo por detrás de Nvidia, impulsada por el entusiasmo inversor en torno a sus avances en IA.
El movimiento no implica un desplome de Apple, que sigue valiendo varios billones de dólares, pero sí refleja un cambio de percepción: el mercado está premiando a las tecnológicas que muestran una estrategia de IA decidida y ejecutable, mientras castiga la cautela excesiva o los retrasos en este ámbito, algo que empieza a notarse en la valoración del fabricante del iPhone.
Un sorpasso histórico: Alphabet se consolida como segunda compañía mundial
En las últimas sesiones, Alphabet ha visto cómo sus títulos registraban subidas en torno al 2 %-2,5 % en un solo día, llevando su capitalización bursátil hasta la franja de los 3,88-3,95 billones de dólares —unos 3,39 billones de euros—. En paralelo, las acciones de Apple encadenaban caídas y ligeros retrocesos, situando su valor de mercado en torno a los 3,80-3,85 billones de dólares.
No se trata solo de un cambio puntual de posiciones: es la primera vez desde 2019 que Alphabet se coloca de forma sostenida por delante de Apple en capitalización bursátil. En algunas jornadas recientes, la ventaja de la compañía del buscador de Google se ha ampliado acercándose a la simbólica barrera de los 4 billones de dólares.
Por encima de ambas continúa Nvidia, que lidera el ránking global con valoraciones cercanas a los 4,5-4,6 billones de dólares, impulsada igualmente por el auge de la inteligencia artificial y de los semiconductores de alto rendimiento. Aun así, el ascenso de Alphabet y el retroceso relativo de Apple han reconfigurado de nuevo el podio tecnológico mundial.
Este giro también tiene un fuerte componente simbólico en Wall Street: Alphabet venía de años alternando posiciones con Apple y Microsoft, y ahora vuelve al segundo escalón del podio estadounidense, lugar que no ocupaba de forma clara desde antes del gran despegue de Nvidia.
La ofensiva de Alphabet en inteligencia artificial: Gemini, DeepMind y chips propios
El trasfondo de este adelantamiento está en la que, a día de hoy, es la gran palanca de crecimiento en tecnología: la inteligencia artificial como motor transversal de negocio. Alphabet ha acelerado a fondo en este frente y los inversores han respondido.
En el último año, las acciones de la matriz de Google se han revalorizado alrededor de un 65 %-66 %, su mejor desempeño desde la salida de la crisis financiera de 2009. Ese comportamiento la ha colocado, según varios análisis, como el valor más destacado dentro del grupo de las llamadas “Siete Magníficas”, por delante incluso del rendimiento de Nvidia en el mismo periodo.
Entre los hitos más relevantes figura el despliegue de Gemini, la familia de modelos de IA generativa de Google. La compañía ha ido iterando versiones hasta Gemini 3.0, integrándolo en servicios clave como Android, Gmail, YouTube, el buscador tradicional y herramientas de productividad. Las valoraciones positivas de Gemini han ayudado a disipar el temor a que ChatGPT y otras plataformas de IA desplazaran el dominio del buscador de Google.
A esa apuesta se suma el impulso de DeepMind, la división de investigación en IA de Alphabet, y el avance de su infraestructura propia. La empresa ha presentado generaciones sucesivas de sus chips TPU (unidades de procesamiento tensorial) como alternativa a los procesadores de Nvidia para centros de datos. Analistas del mercado estiman que, si se escindieran, los negocios de TPU y DeepMind podrían alcanzar valoraciones conjuntas cercanas al billón de dólares.
En paralelo, el negocio de Google Cloud está firmando contratos de gran tamaño con clientes que buscan capacidades avanzadas de IA. La compañía ha comunicado que, en los primeros tramos de 2025, ha cerrado más acuerdos superiores a los 1.000 millones de dólares que en varios años anteriores combinados, reforzando la idea de que la demanda de infraestructura de IA se está transformando en ingresos recurrentes.
Resultados sólidos y confianza inversora en Alphabet
El apetito por la inteligencia artificial no sería suficiente sin unos números que lo respalden. En este sentido, los últimos trimestres de Alphabet han llegado por encima de las expectativas del mercado, tanto en ingresos como en beneficios.
En el tercer trimestre de 2025, la matriz de Google registró un beneficio de casi 35.000 millones de dólares, lo que representa un incremento de alrededor del 33 % interanual. La facturación se situó en el entorno de los 102.000 millones de dólares, con un crecimiento cercano al 16 % respecto al mismo periodo del año anterior.
Estos resultados se han visto acompañados por decisiones regulatorias menos severas de lo que algunos inversores temían, como un fallo federal en materia de competencia en Estados Unidos que finalmente resultó menos duro. Ese alivio ha eliminado parte de la presión que pesaba sobre su negocio de búsqueda y publicidad.
La combinación de crecimiento en la nube, monetización de la IA, estabilidad del buscador y expansión de nuevas líneas como las TPU ha consolidado la narrativa de Alphabet como uno de los grandes ganadores del actual ciclo tecnológico. No es casual que, a ojos de algunos analistas, Google “podría estar posicionándose para convertirse en la plataforma dominante de IA”.
Más allá de sus negocios principales, Alphabet también cuenta con activos estratégicos como Waymo, su filial de vehículos autónomos, que lidera el incipiente mercado de robotaxis en Estados Unidos y aspira a valoraciones que podrían acercarse a los 110.000 millones de dólares, según distintas estimaciones del sector.
Apple: buenos resultados financieros, pero dudas en la carrera de la IA
La situación de Apple es mucho más matizada de lo que sugiere simplemente caer a la tercera posición por valor de mercado. La compañía sigue generando beneficios muy abultados y mantiene una base de usuarios de dispositivos y servicios extraordinarily fiel, pero el foco del mercado se ha desplazado hacia la inteligencia artificial y ahí su rol es menos protagonista.
En su cuarto trimestre fiscal de 2025, Apple comunicó un beneficio neto de 27.466 millones de dólares, un salto de casi el 87 % respecto al mismo periodo del año anterior. Los ingresos alcanzaron aproximadamente 102.466 millones de dólares, con un crecimiento interanual cercano al 8 % y superando las previsiones de los analistas.
Aun así, en el conjunto del año, las acciones de Apple se revalorizaron en torno al 9 %, claramente por debajo del comportamiento del S&P 500 y muy lejos del avance de Alphabet o Nvidia. La lectura que hace el mercado es que, pese a sus buenos resultados, Apple no forma parte del grupo que está liderando el nuevo ciclo de la IA.
Además, la compañía afronta presiones adicionales de carácter geopolítico y de cadena de suministro. Las tensiones con China y los costes asociados a la diversificación de la producción hacia otros países generan incertidumbre sobre la evolución de sus márgenes en los próximos años.
En el plano corporativo, también pesan las especulaciones en torno al futuro de su equipo directivo, incluida la posible retirada de Tim Cook a medio plazo, algo que el mercado sigue con atención ante el momento clave que vive la empresa.
La asignatura pendiente: la estrategia de Apple en inteligencia artificial
El mayor motivo de preocupación entre los inversores no está en la cuenta de resultados, sino en la hoja de ruta tecnológica. Apple ha ido a un ritmo mucho más prudente que sus rivales en la carrera por la IA generativa, y esa cautela se interpreta ahora como un posible lastre.
Desde la irrupción de ChatGPT, la apuesta de Apple ha pasado en buena medida por integrar tecnología de terceros en lugar de lanzar de inmediato una gran plataforma propia. En los últimos meses, la firma ha anunciado acuerdos con OpenAI para incorporar ChatGPT en sus dispositivos y un contrato de gran envergadura con Google para utilizar Gemini como base de las capacidades avanzadas de su asistente Siri. Este último pacto se suma al acuerdo ya existente que convierte a Google en buscador predeterminado en el ecosistema Apple.
En paralelo, la compañía lanzó la división Apple Intelligence con la idea de tejer una capa de IA sobre su catálogo de productos y servicios. Sin embargo, los tropiezos han sido más comentados que los logros, sobre todo en lo que respecta a Siri, el asistente virtual que fue pionero en 2011 y que hoy se percibe como desfasado frente a las propuestas de la competencia.
La gran actualización prometida para Siri, presentada como su mayor evolución desde el lanzamiento original, acabó retrasándose y se ha pospuesto hasta 2026 tras no alcanzar los objetivos fijados internamente. El revés desencadenó cambios en la cúpula de Apple Intelligence, con la dimisión de su máximo responsable, John Giannandrea, y el nombramiento de Amar Subramanya, un directivo con trayectoria en Google y Microsoft, para intentar reencauzar el proyecto.
Este cúmulo de retrasos y reestructuraciones ha llevado a que una parte del mercado perciba a Apple como una compañía que llega tarde a la carrera de la IA generativa, más centrada en perfeccionar sus dispositivos y servicios tradicionales que en competir en la batalla de las grandes plataformas de inteligencia artificial.
El cambio de ciclo en el sector tecnológico y la mirada europea
La nueva distribución de poder bursátil entre Alphabet, Apple y Nvidia es algo más que una cuestión de cifras astronómicas. Marca un cambio de ciclo en el que la capacidad de innovar y ejecutar en IA pesa tanto o más que las ventas de hardware, por muy icónicos que sean los productos.
Para los mercados europeos, este giro tiene varias lecturas. Por un lado, la clara ventaja de los gigantes estadounidenses en plataformas de IA refuerza el debate sobre la autonomía tecnológica de la Unión Europea, que sigue sin contar con actores de tamaño comparable en ámbitos como los grandes modelos fundacionales o los chips de propósito general para IA.
Al mismo tiempo, la creciente relevancia de la inteligencia artificial en las valoraciones de empresas como Alphabet o Nvidia intensifica el pulso regulatorio entre Bruselas y Silicon Valley. La UE ha avanzado en un marco normativo específico para la IA, mientras que Estados Unidos opta por una aproximación más flexible. Esta diferencia de enfoque puede influir tanto en la velocidad de despliegue de estas tecnologías en Europa como en la colaboración entre compañías estadounidenses y actores locales.
En el terreno inversor, las bolsas europeas observan con atención el tirón de los valores tecnológicos de EE. UU., cuya capitalización conjunta supera holgadamente el tamaño de muchos índices del Viejo Continente. Fondos y gestoras europeas con exposición a Alphabet, Apple o Nvidia se benefician de estos movimientos, aunque también se enfrentan al desafío de equilibrar esa apuesta con el apoyo a campeones regionales en semiconductores, nube o ciberseguridad.
Todo ello sucede en un contexto en el que la inteligencia artificial se ha convertido en un factor clave a la hora de valorar la competitividad de las economías. Europa intenta posicionarse mediante inversión pública, alianzas industriales y regulación, mientras el mercado, al menos por ahora, sigue otorgando el protagonismo en IA a los grandes grupos tecnológicos estadounidenses.
Una rivalidad que se redefine por la IA
Durante años, el pulso entre Alphabet y Apple se ha medido en ventas de móviles, cuota de sistemas operativos, ingresos por servicios y carreras puntuales por ser la empresa más valiosa del mundo. La última etapa de este duelo, sin embargo, viene marcada por la velocidad con la que cada una se adapta al nuevo paradigma de la inteligencia artificial.
Alphabet ha logrado convertir la narrativa de riesgo —el temor a que su buscador fuera “desplazado” por la IA generativa— en una oportunidad, reforzando su motor de búsqueda con modelos como Gemini, expandiendo su nube y desarrollando hardware propio para IA. Ese giro ha cambiado de signo la percepción de los inversores y ha catapultado su cotización.
Apple, por su parte, continúa apoyándose en un ecosistema de dispositivos y servicios extremadamente rentable, pero se enfrenta a la presión de demostrar que también es capaz de liderar en asistentes inteligentes y experiencias basadas en IA. Sus recientes acuerdos con OpenAI y Google, junto con la reorganización de Apple Intelligence, señalan que el cambio de marcha podría estar en marcha, aunque el mercado todavía espera pruebas más concretas.
El adelanto bursátil de Alphabet no cierra la competición entre ambas, pero sí pone sobre la mesa la idea de que el próximo gran reparto de poder tecnológico se decidirá en torno a quién domine las plataformas de inteligencia artificial. En ese tablero, cada trimestre de avances —o de dudas— empieza a contar más que nunca.
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