Automatización con agentes de IA: usos, herramientas y seguridad

Última actualización: 21/05/2026
Autor: Isaac
  • Los agentes de IA permiten pasar de una automatización rígida basada en reglas a sistemas que entienden lenguaje natural, razonan sobre objetivos y ejecutan acciones en múltiples aplicaciones.
  • En atención al cliente, la IA agéntica cubre todo el ciclo: cualificación de intención, autoservicio, resumen de conversaciones, análisis de sentimiento, evaluación de agentes y control de cumplimiento.
  • Frameworks y plataformas como ADK, Claude Code/Cowork, Manus AI, OpenClaw, Perplexity Computer o Jan AI facilitan diseñar y desplegar automatizaciones avanzadas incluso con poco código.
  • La adopción responsable exige cifrado fuerte, controles de acceso, autenticación robusta y certificaciones de seguridad que garanticen privacidad y cumplimiento normativo.

automatización con agentes de IA

La automatización con agentes de IA se ha convertido en una de las palancas más potentes para transformar empresas, administraciones y proyectos personales. Ya no hablamos solo de bots simples que responden preguntas básicas, sino de sistemas capaces de entender el contexto, tomar decisiones, coordinarse con otras aplicaciones y ejecutar tareas de principio a fin casi sin intervención humana.

Este nuevo escenario mezcla modelos de lenguaje avanzados, arquitecturas agénticas y herramientas sin código que permiten a perfiles no técnicos diseñar flujos automatizados complejos. A eso se suma un ecosistema creciente de plataformas, marcos de desarrollo y soluciones especializadas en seguridad, cumplimiento normativo y experiencia de cliente. Si sientes que todo se mueve muy rápido, no vas desencaminado; la clave es entender bien qué pueden hacer estos agentes, cómo se diseñan y qué implicaciones tienen para tu negocio.

De la automatización tradicional a los agentes de IA

La historia de hacer que las máquinas hagan cosas por nosotros viene de lejos: desde los primeros mecanismos automáticos de la antigüedad hasta los grandes hitos de la Revolución Industrial, la electrificación y, más tarde, la informática moderna. Cada salto tecnológico ha permitido automatizar más procesos, pero también ha dejado claros sus límites.

Durante décadas, la automatización estuvo dominada por sistemas basados en reglas fijas, muy eficaces para tareas estructuradas y repetitivas, pero carísimos de diseñar y mantener. Cualquier cambio en el proceso obligaba a revisar reglas, diagramas y configuraciones. Estos sistemas son lineales, estáticos y no cuentan con la capacidad de razonamiento de una persona, por lo que se rompen fácilmente cuando el contexto se sale del guion previsto.

Este enfoque, típico de soluciones como la automatización robótica de procesos (RPA) tradicional, funciona bien si las entradas están muy estructuradas y apenas cambian. Pero cuando aparecen variables nuevas, información no estructurada o matices de lenguaje natural, la cosa se complica. Los sistemas carecen de comprensión real, no aprenden de su experiencia y necesitan controles manuales constantes: si un usuario quiere cambiar un parámetro, tiene que entrar en la interfaz y marcar casillas o mover deslizadores.

A eso se suma la llamada “paradoja de la automatización”: cuanto más eficiente es un sistema automatizado, más crítica se vuelve la intervención humana cuando algo falla. Si el proceso automático comete un error, ese fallo puede amplificarse a gran escala hasta que un operador interviene para detenerlo o corregirlo. El resultado: mucha dependencia de técnicos especializados y poca flexibilidad.

La llegada de la inteligencia artificial, y en particular de los modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM), supuso un paso adelante. La IA permitió automatizar modelos predictivos, clasificaciones y generación de texto, pero seguían siendo sistemas principalmente reactivos: responden cuando se les pide algo, según unas instrucciones relativamente acotadas, y a menudo requieren reentrenos costosos si el contexto cambia.

Qué es la automatización con agentes de IA

La automatización basada en agentes de IA supone el siguiente salto. Un agente de IA es un sistema que no solo genera respuestas, sino que planifica, actúa y se coordina con otras herramientas para lograr un objetivo. En lugar de ser un modelo “pasivo” que espera una pregunta, el agente puede dividir tareas complejas en subtareas, llamar a APIs, leer y escribir en documentos, ejecutar scripts y tomar decisiones en función del contexto.

En el mundo de la IA generativa conviven asistentes conversacionales (chatbots) y agentes propiamente dichos. Los primeros se centran en conversar y ofrecer respuestas, mientras que los segundos están diseñados para ejecutar acciones: enviar mensajes, organizar agendas, modificar datos en un CRM, automatizar informes o incluso controlar software de escritorio.

Esta distinción a veces se difumina porque muchos asistentes están incorporando funciones de agente. Hoy, herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot ya pueden conectarse a internet, acceder a aplicaciones de terceros o ejecutar flujos de trabajo complejos. Y, al mismo tiempo, aparecen soluciones orientadas específicamente a crear y orquestar agentes de forma modular, muchas de ellas de código abierto.

Desde un punto de vista práctico, un agente de IA combina tres capacidades clave: entender lenguaje natural, razonar sobre objetivos y actuar en otros sistemas. El usuario describe qué quiere conseguir usando lenguaje cotidiano y el agente se encarga de traducirlo en pasos concretos, conectarse a las herramientas necesarias y completar la tarea, supervisando el resultado y corrigiendo el rumbo si es preciso.

En la arquitectura moderna de automatización, ya no se piensa en una única “super IA” centralizada, sino en múltiples agentes especializados que colaboran: unos se encargan de buscar información, otros de procesar datos, otros de interactuar con usuarios, otros de coordinar flujos en la empresa. Esta visión modular hace los sistemas más flexibles, escalables y fáciles de adaptar.

Arquitecturas agénticas: una IA o muchas IAs coordinadas

En el diseño de soluciones avanzadas se habla a menudo de dos grandes escuelas de pensamiento: la de “una única IA hiperinteligente” frente a la de “un conjunto de IAs que trabajan juntas”. En la práctica, el enfoque que más tracción está ganando es el segundo, porque encaja mejor con la complejidad real de las organizaciones.

Trabajar con arquitecturas agénticas distribuidas aporta ventajas claras: se pueden actualizar o reemplazar agentes individuales sin rehacer todo el sistema, cada agente se entrena o configura para un propósito concreto y resulta más sencillo repartir responsabilidades (por ejemplo, un agente para planificación, otro para ejecución y otro para supervisión o cumplimiento).

Para diseñar estas soluciones sin necesidad de escribir código desde cero, es habitual apoyarse en mapas mentales y diagramas de flujo. A partir de una idea de alto nivel (por ejemplo, automatizar el soporte de primer nivel en una empresa), se desglosan los pasos: recepción de la consulta, clasificación de la intención, identificación del usuario, posible autoservicio, escalado a agente humano e informes posteriores. Cada etapa puede asignarse a uno o varios agentes.

Sobre esta base conceptual se levantan los sistemas y frameworks de IAs agénticas, que facilitan el diseño, implementación y orquestación. Cada framework ofrece herramientas para definir el rol de cada agente, el contexto que maneja, las herramientas a las que tiene acceso y las reglas de cooperación entre ellos. El objetivo es que el equipo humano se concentre en el diseño estratégico del flujo y la IA se encargue de la ejecución.

Estos sistemas tienen pros y contras. Entre los beneficios destacan la rapidez para prototipar, la reutilización de componentes y la integración con servicios existentes. Entre los inconvenientes, la curva de aprendizaje de algunos marcos, la dependencia de APIs externas y la necesidad de gestionar seguridad y cumplimiento de forma rigurosa cuando los agentes acceden a datos sensibles o infraestructuras críticas.

La propuesta de Google: ADK y el enfoque de IA agéntica

Dentro de este panorama, Google está apostando fuerte por un marco propio de trabajo con agentes: el Agent Development Kit (ADK). Se trata de un conjunto de herramientas y especificaciones pensadas para facilitar que distintos agentes, modelos y servicios se entiendan entre sí y trabajen de manera coordinada.

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Una pieza clave en esta propuesta es Agent2Agent, un enfoque que estandariza la comunicación entre agentes. En lugar de que cada agente “hable” su propio idioma, se define una forma común de intercambiar mensajes, contexto y resultados. Esto permite que agentes creados por distintos equipos o proveedores puedan colaborar en un mismo flujo de trabajo sin fricciones excesivas.

Otra tecnología importante es el Model Context Protocol (MCP), que busca resolver uno de los grandes cuellos de botella actuales: cómo proporcionar a los modelos de IA el contexto adecuado (datos, documentos, historial de interacción, políticas de negocio) de forma consistente y segura. MCP establece un marco para que los modelos reciban justo la información necesaria en cada momento, evitando tanto el exceso de datos irrelevantes como la falta de contexto crítico.

La combinación de ADK, Agent2Agent y MCP apunta a un ecosistema donde distintos agentes, modelos y aplicaciones se conectan como piezas de un puzzle. Para las empresas, esto abre la puerta a soluciones en las que un agente planifica, otro consulta bases de datos internas, otro se coordina con herramientas de productividad y otro interactúa de cara al usuario final, todo ello sin necesidad de rediseñar cada integración a mano.

Para equipos de negocio, la ventaja es que se puede trabajar codo con codo con perfiles técnicos sin necesidad de programar. A partir de mapas mentales y especificaciones funcionales, los desarrolladores usan ADK para implementar los agentes, definir sus herramientas y conectarlos con los sistemas corporativos. Este enfoque mixto permite sacar partido de la IA agéntica respetando los procesos y requisitos internos de la organización.

Diseñar soluciones agénticas sin programar: del mapa mental al flujo real

Una tendencia muy potente es la de crear agentes de IA y sistemas automatizados sin necesidad de escribir código. Esto no significa que desaparezca el trabajo técnico, sino que se desplaza hacia la configuración de frameworks y la conexión con APIs, mientras que los usuarios de negocio diseñan la lógica usando lenguaje natural y herramientas visuales.

En este enfoque, se parte de una idea clara: por ejemplo, “automatizar todos los pasos manuales de un proceso administrativo” o “reducir al mínimo el trabajo repetitivo en atención al cliente”. A partir de ahí, se elabora un mapa mental que recoge etapas, decisiones, posibles excepciones y sistemas implicados. Ese mapa se convierte en la base para definir qué agentes harán qué, qué datos necesitan y con qué herramientas van a interactuar.

Con herramientas sin código o de bajo código, el usuario puede definir con lenguaje natural el comportamiento de cada agente: instrucciones, objetivos, tono de comunicación y límites. Por ejemplo, un agente podría tener la misión de clasificar consultas, otro de redactar respuestas basadas en la base de conocimiento y otro de escalar casos complejos a humanos. El equipo técnico se encarga de conectar esos agentes con CRMs, ERPs, sistemas de ticketing o repositorios de documentos.

En la práctica, esto permite crear soluciones como un agente que automatiza tareas manuales de oficina (gestión de correos, actualización de hojas de cálculo, generación de informes periódicos) o un agente de soporte al cliente que se alimenta de documentación interna para ayudar tanto a usuarios finales como a los propios agentes humanos en tiempo real.

Este tipo de metodología, centrada en la colaboración entre perfiles no técnicos y desarrolladores, acelera la implantación de automatizaciones avanzadas y ayuda a que las soluciones se ajusten mejor a las necesidades reales del negocio, en lugar de imponerles la estructura rígida de una herramienta puramente técnica.

Requisitos y nivel necesario para trabajar con agentes de IA

Para sacar partido de frameworks como CrewAI u otros entornos orientados a agentes, es importante tener claros algunos requisitos previos, especialmente si se quiere pasar de la teoría a la práctica y probar agentes en entornos reales.

En primer lugar, es imprescindible contar con acceso a APIs de inteligencia artificial funcionales. Sin ese acceso, los agentes no podrán ejecutar modelos de lenguaje ni acceder a las capacidades generativas que necesitan para razonar, redactar o interpretar instrucciones. Esto implica disponer de claves de API, gestionar límites de uso y tener claro el modelo de costes asociado.

También ayuda mucho tener conocimientos básicos de inteligencia artificial y machine learning. No hace falta ser un experto en algoritmos, pero sí entender conceptos como modelos, entrenamiento, inferencia o evaluación, para poder tomar decisiones informadas sobre qué tipo de modelos utilizar y cómo ajustarlos a cada caso de uso.

En muchos marcos de agentes se requiere además cierta experiencia en programación, especialmente en lenguajes como Python, que es el estándar de facto en el ecosistema de IA. Esto resulta clave para integrar frameworks de agentes, conectar APIs personalizadas, gestionar datos o desplegar soluciones en entornos en la nube.

Por otra parte, es muy valioso conocer los procesos empresariales o administrativos donde se quiere aplicar la automatización. Entender los flujos de trabajo corporativos o gubernamentales, los puntos de fricción, las aprobaciones necesarias y las restricciones normativas ayuda a identificar áreas donde los agentes pueden aportar más valor y dónde conviene ser más prudente.

Finalmente, es recomendable estar familiarizado con herramientas de desarrollo de IA como Jupyter Notebooks, entornos en la nube especializados o bibliotecas para construir agentes autónomos. Aunque parte del trabajo se pueda hacer sin código, disponer de estos recursos facilita mucho la experimentación, las pruebas y el despliegue posterior en producción.

Automatización con agentes de IA en atención al cliente

Uno de los ámbitos donde la automatización con agentes de IA está teniendo más impacto es el de la atención al cliente y los contact centers. La idea no es sustituir por completo a los agentes humanos, sino combinarlos con automatizaciones inteligentes que mejoren tanto la experiencia de cliente (CX) como la experiencia de agente (AX).

La inteligencia emocional, la empatía y la capacidad de gestionar situaciones delicadas siguen siendo puntos fuertes de las personas. Pero las tareas repetitivas, consultas sencillas y gestiones mecánicas pueden ser delegadas a agentes de IA, liberando tiempo para que los profesionales se dediquen a casos de mayor valor añadido o clientes con necesidades especiales.

En este contexto, las soluciones con agentes de IA conversacional y generativa permiten no solo responder preguntas, sino también interpretar intenciones, resumir conversaciones, traducir en tiempo real y apoyar al agente humano con sugerencias y análisis durante y después de la interacción.

Las plataformas de automatización para contact center, como algunas suites especializadas en IA, se han vuelto herramientas clave para la mejora continua de la atención. Integran múltiples casos de uso bajo un mismo paraguas: bots, análisis de sentimiento, enrutado inteligente, evaluación de desempeño y controles de cumplimiento normativo.

Casos de uso clave de agentes de IA en contact centers

En el día a día de un centro de contacto moderno, los agentes de IA pueden intervenir en casi todas las etapas del ciclo de atención. Un primer ejemplo es la cualificación de la intención: en lugar de un menú IVR rígido, un bot puede comenzar la conversación con un “¿en qué te puedo ayudar?”, interpretar la respuesta del usuario en lenguaje natural y decidir si ofrecer autoservicio o derivar la consulta a la persona más adecuada.

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La diferencia con los IVR tradicionales es que los bots con IA conversacional o generativa no requieren diagramas de conversación por canal tan detallados y pueden entender el motivo de contacto a la primera, incluso si el usuario se expresa de forma poco estructurada. A partir de esa intención, aplican reglas de enrutado basadas en habilidades y disponibilidad de los agentes humanos.

Otro uso muy extendido es la identificación automática del usuario antes de transferir la conversación. Integrando el bot con el CRM, ERP o sistema de ticketing, el agente de IA puede buscar en la base de datos el DNI, teléfono u otro dato identificativo que proporcione el cliente. Así, cuando el caso llega al agente humano, ya dispone del nombre, historial y ficha del cliente para ofrecer un trato mucho más personalizado.

Además, la IA puede generar un resumen de la conversación previa cuando se produce la transferencia. El agente recibe no solo la transcripción y registro de acciones del bot, sino también un resumen estructurado con palabras clave y estado de ánimo estimado del cliente. Esto le permite adaptar el tono desde el primer segundo y centrarse en resolver el problema sin necesidad de repasar todo el intercambio anterior.

Los agentes de IA también son muy eficaces en la resolución de consultas comunes. Estudios recientes muestran que pueden encargarse de hasta un 80 % de las preguntas sencillas de un contact center: desde responder FAQs sobre productos o servicios hasta ayudar a restablecer contraseñas, guiar por un manual de instrucciones o recomendar una línea de crédito básica.

En paralelo, estos sistemas permiten enviar documentación de forma automática: facturas, contratos, formularios, justificantes, etc. Si un cliente solicita su última factura de luz, el bot puede localizarla y enviarla al instante por WhatsApp, SMS o email, según la preferencia indicada, sin necesidad de que intervenga un operador humano.

Como parte del autoservicio, los agentes de IA pueden además crear tickets detallados cuando la incidencia no se puede resolver en el momento. Recogen toda la información relevante durante la conversación, generan el ticket en el sistema interno, rellenan los campos necesarios y facilitan al cliente un número de seguimiento, reduciendo errores humanos y ahorrando tiempo a los agentes.

Otra capacidad muy poderosa es la traducción instantánea. La IA es capaz de entender y hablar múltiples idiomas, lo que abre la puerta a ofrecer soporte multilingüe sin necesidad de tener equipos grandes por idioma. El bot puede transcribir al idioma del agente y responder al cliente en su lengua, ayudando a que agentes con conocimientos básicos de un idioma puedan atender picos de demanda sin perjudicar la calidad percibida.

Por último, muchos contact centers están construyendo una base de conocimiento interna potenciada por IA. Cargando manuales, documentos legales, artículos del blog, casos de uso y procedimientos internos, se puede crear un “ChatGPT interno” que conoce los productos, servicios y procesos de la empresa. Los agentes consultan este sistema cuando tienen dudas y obtienen respuestas rápidas y coherentes, incluso sobre temas en los que no son expertos.

Optimización del trabajo del agente y analítica con IA

La automatización con agentes de IA no solo mejora la experiencia del cliente, también transforma el trabajo interno de los agentes humanos. Un ejemplo claro es la optimización del After Call Work (ACW), esas tareas que el agente debe realizar después de cada interacción antes de atender al siguiente usuario.

La IA puede generar transcripciones en tiempo real, detectar palabras clave, asociar tipificaciones y vincular todo ello al registro de la conversación. De este modo, el agente necesita invertir mucho menos tiempo en rellenar campos, redactar resúmenes o clasificar el motivo de contacto, lo que se traduce en mayor eficiencia y menor desgaste.

Además, los sistemas de Speech Analytics basados en IA permiten evaluar el desempeño de los agentes a gran escala. Después de cada interacción, la IA puede generar un informe con el ID de la conversación, un título, un resumen y una valoración de aspectos como la presentación del agente, su amabilidad percibida o la efectividad en la resolución. Estos datos ayudan a supervisores y formadores a detectar áreas de mejora y diseñar planes de coaching personalizados.

Otra funcionalidad avanzada es el enrutado por sentimiento y urgencia. Los bots pueden analizar en tiempo real el tono emocional y la criticidad del motivo de contacto, tanto en voz como en chat. Esto permite asignar niveles de urgencia según palabras o expresiones clave y derivar la conversación a agentes especializados en casos delicados o de alto impacto.

Gracias a este enrutado inteligente, se reducen las escalaciones innecesarias, se previenen posibles reclamaciones y aumenta la calidad global de la interacción. Las incidencias urgentes se marcan con prioridad alta en los sistemas internos y se vigila su seguimiento, lo que mejora la satisfacción y la fidelidad de los clientes.

Durante la conversación, la IA también puede ofrecer sugerencias de respuesta y next best action en tiempo real. Analizando el contexto, el historial y las políticas de la empresa, el sistema propone respuestas listas para enviar y recomienda el siguiente paso (ofrecer un descuento, proponer un servicio adicional, escalar al segundo nivel, etc.), reduciendo tiempos de gestión y asegurando coherencia en el trato.

Por último, los agentes de IA actúan como un filtro de cumplimiento legal. Son capaces de detectar menciones a datos sensibles (números de tarjeta, DNIs, contraseñas), posibles vulneraciones de privacidad o incumplimientos normativos en la conversación. Si se detecta una “red flag”, el sistema alerta al agente o supervisor para que reconduzca la interacción y se eviten problemas posteriores.

Controles de privacidad y cumplimiento en la automatización con IA

Cuando se trabaja con agentes de IA en entornos empresariales es crítico garantizar la protección de datos y el cumplimiento normativo. Una solución seria debe permitir ajustarse a las regulaciones específicas de cada sector, incluidas las normativas europeas como el RGPD y los principios de privacidad por diseño.

En la práctica, esto implica contar con métodos de cifrado robustos para proteger la información sensible: AES-256 para datos en reposo y SSL/TLS para comunicaciones seguras, tanto entre servicios internos como hacia la nube. Además, el almacenamiento debe limitarse a lo estrictamente necesario, evitando guardar datos personales más tiempo del imprescindible.

La gestión de credenciales y accesos es otro pilar clave. Los sistemas empresariales deben ofrecer almacenamiento seguro de credenciales, integraciones con plataformas de gestión de acceso privilegiado (PAM) y controles de acceso basados en roles (RBAC), de forma que cada usuario o agente solo pueda acceder a los recursos que realmente necesita.

En cuanto a autenticación, es recomendable combinar métodos como SAML, MFA y OAuth para reforzar la seguridad y minimizar el riesgo de accesos no autorizados. Estas capas adicionales resultan especialmente relevantes cuando los agentes de IA tienen capacidad para ejecutar acciones en sistemas críticos o manejar datos sensibles de clientes.

Las certificaciones de seguridad juegan también un papel importante a la hora de valorar proveedores. Sellos como SOC 1 Tipo 2, SOC 2 Tipo 2, ISO 27001, HITRUST o ISO 22301 ofrecen garantías sobre las prácticas de seguridad, continuidad de negocio y gestión de riesgos de la plataforma. Aunque no sustituyen a una evaluación propia, sí son un buen indicador del nivel de madurez del proveedor.

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Por último, es fundamental definir políticas claras sobre el uso y retención de datos por parte de los modelos de IA, especialmente si se utilizan servicios en la nube. Conviene saber si las interacciones se usan para entrenar modelos, dónde se almacenan, durante cuánto tiempo y con qué fines, y asegurarse de que todo ello se ajusta a la normativa y a las expectativas de los usuarios.

Ejemplos destacados de agentes de IA y plataformas agénticas

El ecosistema de agentes de IA es tan amplio que resulta complicado reducirlo a una lista corta, pero hay varios ejemplos que ilustran muy bien cómo se está materializando esta automatización en el día a día. Muchos de ellos combinan facilidad de uso, capacidad de integrar múltiples modelos y opciones avanzadas de autonomía.

Uno de los nombres más comentados es Claude Code, un agente de IA orientado a programación. Está pensado para desarrolladores, pero también lo pueden usar personas sin grandes conocimientos técnicos, ya que se encarga de escribir, revisar y refactorizar código en entornos como VS Code, Cursor, Windsurf o JetBrains. Actúa como un compañero que entiende el proyecto y puede ejecutar tareas complejas a partir de instrucciones en lenguaje natural.

Complementándolo está Claude Cowork, enfocado a tareas no relacionadas con programación. Este agente ayuda a organizar archivos y carpetas, crear hojas de cálculo, generar informes, procesar datos y coordinar acciones con otras aplicaciones. Funciona en el ordenador del usuario dentro de una máquina virtual aislada, lo que permite decidir con precisión a qué carpetas y conectores se le da acceso, reforzando así la privacidad.

Otro agente que ha ganado popularidad es Manus AI, que ha destacado por su equilibrio entre simplicidad y un catálogo de funciones muy amplio. Permite generar páginas web y apps móviles de forma automática, ejecutar tareas a gran escala de manera simultánea, programar tareas para optimizar tiempo y recursos, ordenar la bandeja de entrada o crear presentaciones, entre muchas otras posibilidades.

Manus AI se apoya en distintos modelos de IA (Claude, GPT, Qwen, modelos especializados en imagen) y es capaz de operar con casi cualquier tipo de contenido. Aprende de las interacciones del usuario y ofrece un alto grado de autonomía, llegando a funcionar en segundo plano sin apenas supervisión cuando se le delegan procesos bien definidos.

En el terreno del software libre, OpenClaw se ha convertido en una referencia. Se presenta como un asistente personal, pero en la práctica es una plataforma para crear agentes de IA personalizados capaces de limpiar tu bandeja de entrada, enviar mensajes, gestionar tu calendario u organizar viajes. Se puede instalar en Windows, macOS y Linux, y permite usar modelos LLM en modo local para ganar privacidad y reducir dependencia de servicios externos.

OpenClaw se integra con aplicaciones de chat como WhatsApp, Telegram, Discord, Slack, Signal o Mensajes de Apple, y mediante plugins puede acceder a navegadores, redes sociales, gestores de correo y muchas otras aplicaciones. Es decir, puede interactuar tanto con el navegador como con los archivos del ordenador, ejecutar comandos y scripts, lo que le da un enorme potencial como agente multitarea.

Por su parte, Perplexity, conocido como motor de búsqueda conversacional, ha dado el salto al terreno de los agentes con su función Computer. Esta pestaña dentro de la plataforma actúa como un asistente de propósito general que ejecuta flujos de trabajo en segundo plano, utilizando aplicaciones de terceros como Gmail, Slack, GitHub o Notion.

Computer combina modelos como Claude, GPT, Gemini y su propio modelo Sonar para dividir tareas complejas en subtareas manejables, que se ejecutan en serie o en paralelo. Además de navegar por la web y crear documentos, puede programar código, procesar datos y coordinar acciones entre diferentes servicios, convirtiéndose en una especie de “orquestador” personal de automatizaciones.

Otro ejemplo destacado es Jan AI, un proyecto de código abierto que se define como un posible sustituto de ChatGPT, pero que va más allá. Permite trabajar con modelos en local como Llama o Gemma, o conectar con modelos online como ChatGPT, Claude, Gemini, Mistral, Qwen o DeepSeek. Se puede instalar en Windows, Mac y Linux y actúa tanto como asistente conversacional como agente de IA.

Jan AI es capaz de procesar archivos y documentos, ejecutar comandos y scripts, generar y revisar código y conectarse con aplicaciones como Gmail, Google, Notion, Figma, YouTube, Slack, Google Drive o Jira. Su naturaleza abierta permite crear agentes muy adaptados a necesidades concretas y alternar entre distintos “perfiles de asistente” según la tarea a realizar.

Cómo saber en qué punto está tu empresa respecto a la IA

Ante este panorama, muchas organizaciones se preguntan dónde se encuentran realmente en su camino hacia la adopción de soluciones de IA y automatización agéntica. Algunas ya están experimentando con pilotos en departamentos concretos, mientras que otras apenas han empezado a explorar las posibilidades.

Lo primero es analizar hasta qué punto la empresa ya ha automatizado tareas y optimizado recursos con tecnologías tradicionales. Si el grueso del trabajo sigue siendo manual, probablemente haya margen inmediato para introducir agentes que se encarguen de procesos repetitivos, recopilación de datos o atención básica al cliente.

También conviene revisar la calidad de la experiencia de cliente actual. Si hay tiempos de espera largos, respuestas poco consistentes o dificultad para ofrecer atención en varios idiomas, la IA agéntica puede marcar una diferencia significativa, tanto en la percepción del servicio como en la fidelización.

A partir de ahí, la clave es construir una hoja de ruta realista: empezar por casos de uso concretos, bien acotados y con alto impacto, medir resultados y escalar progresivamente. La formación interna y la colaboración entre negocio y tecnología son esenciales para que la implantación no se quede en un experimento aislado y se convierta en una ventaja competitiva sostenida.

En este momento histórico, dejar pasar la ola de la IA agéntica puede suponer perder terreno frente a competidores que sí estén dispuestos a experimentar y adoptar estas soluciones. Automatizar tareas, optimizar recursos y ofrecer una experiencia de cliente superior ya no es un “extra”, sino una condición necesaria para seguir siendo relevante en muchos sectores.

El avance de la automatización con agentes de IA muestra con claridad que el foco ya no está solo en hacer que las máquinas trabajen más rápido, sino en construir sistemas capaces de entender, decidir y actuar de forma coordinada con las personas. Desde la atención al cliente hasta la programación, pasando por la gestión de la información y la organización personal, los agentes de IA están redefiniendo qué tareas asumimos los humanos y cuáles delegamos a la tecnología, siempre con el reto de mantener la seguridad, la privacidad y el control en manos de quienes diseñan y utilizan estas soluciones.

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