Crowdsourcing e inteligencia artificial: datos, medios y empresas

Última actualización: 21/05/2026
Autor: Isaac
  • El crowdsourcing permite aprovechar la inteligencia colectiva para generar datos, ideas y financiación que impulsan el desarrollo de modelos de inteligencia artificial más robustos y diversos.
  • La calidad, diversidad y origen humano de los datos son esenciales para evitar sesgos en la IA, y proyectos europeos como POP AI integran además la protección de derechos y la confianza social.
  • Empresas, startups y medios ya usan crowdsourcing para definir roadmaps de IA, co-crear productos, entrenar algoritmos y transformar rutinas profesionales en periodismo y comunicación.
  • Plataformas y casos de éxito globales muestran que, con buenas prácticas éticas y organizativas, la combinación de crowdsourcing e IA es una palanca clave de innovación en la economía digital.

crowdsourcing e inteligencia artificial

La combinación de crowdsourcing e inteligencia artificial está cambiando de arriba abajo la forma en que investigamos, innovamos, comunicamos y diseñamos productos. En un contexto en el que la IA se ha metido de lleno en el periodismo, la comunicación, la empresa y hasta la seguridad pública, aprovechar la inteligencia colectiva de miles de personas conectadas se ha convertido en un factor clave para entrenar modelos, reducir sesgos y acelerar la innovación.

Al mismo tiempo, esta colaboración masiva plantea retos éticos, metodológicos y organizativos: ¿cómo asegurarnos de que los datos que aporta la multitud son de calidad? ¿Qué pasa con la privacidad o los derechos laborales de quienes participan? ¿Cómo encajamos el crowdsourcing en las redacciones, en los departamentos de innovación o en los cuerpos de seguridad? Vamos a recorrer, con calma y con bastante detalle, todo este panorama apoyándonos en investigaciones académicas, casos reales y tendencias de mercado.

Qué es el crowdsourcing y por qué encaja tan bien con la IA

definicion de crowdsourcing e inteligencia artificial

El crowdsourcing es un modelo de trabajo colaborativo en el que una organización (empresa, medio, institución pública, universidad, ONG, etc.) delega tareas, proyectos o problemas en una multitud de personas que participan sobre todo a través de Internet. El término lo popularizó Jeff Howe en 2006, combinando las palabras “crowd” (multitud) y “outsourcing” (externalización), para describir cómo las empresas empezaban a abrir sus procesos a colaboradores externos.

La esencia del crowdsourcing es aprovechar la inteligencia colectiva y la diversidad de habilidades para obtener soluciones más creativas, rápidas y, muchas veces, más baratas que con un equipo interno cerrado. Se utiliza en tecnología, ciencia, diseño, investigación de mercados, desarrollo de software, periodismo, comunicación corporativa y, de forma especialmente relevante en la última década, en el entrenamiento de algoritmos de inteligencia artificial.

En este modelo, las contribuciones pueden ser voluntarias o retribuidas, y la motivación va desde incentivos económicos hasta el prestigio, la curiosidad, el aprendizaje o el acceso anticipado a productos. No es un fenómeno marginal: ha dado lugar a gigantes de la web colaborativa, a proyectos científicos de referencia y a plataformas globales de trabajo distribuido.

Lo que hace tan buena pareja entre crowdsourcing e IA es que los modelos de aprendizaje automático dependen de grandes volúmenes de datos etiquetados y de pruebas continuas en contextos variados. La multitud es ideal para generar, revisar y enriquecer esos datos, siempre que se gestione bien la calidad y se controlen los posibles sesgos.

Frente al outsourcing clásico —contratar a una empresa concreta para que haga una tarea—, el crowdsourcing apuesta por una participación abierta, distribuida y escalable. Esta apertura permite llegar a perfiles que una organización nunca podría reclutar de manera tradicional, pero también implica menos control directo, más necesidad de diseño de procesos y una atención constante a los aspectos éticos.

Crowdsourcing en IA: datos, sesgos y responsabilidad

En el desarrollo de modelos de IA sólidos y éticos, un punto crítico es contar con datos de entrenamiento amplios, diversos y de calidad. Como recuerdan iniciativas y empresas especializadas en datos para IA, los sistemas serán tan buenos como lo sean los conjuntos de datos con los que se entrenan. Si la información es incompleta, homogénea o está mal etiquetada, el modelo puede incorporar sesgos y producir resultados injustos o erróneos.

Plataformas dedicadas a la generación de datos, como las herramientas tipo Aurora AI Studio de Lionbridge, muestran cómo el crowdsourcing permite reunir equipos globales de colaboradores que aportan experiencias de distintas culturas, idiomas y perfiles demográficos. Esta variedad facilita la creación de datasets más representativos de la población real, un requisito imprescindible para diseñar IA que funcione bien para colectivos muy distintos.

Además de la diversidad, estas iniciativas insisten en que los datos para IA deben estar, en la medida de lo posible, generados por personas y no por otras IAs. Depender en exceso de contenido sintético puede introducir sesgos difíciles de detectar, errores repetidos en cascada y una pérdida de matices fundamentales del comportamiento humano. Las contribuciones humanas, con sus variaciones, contextos y ambigüedades, permiten entrenar modelos más robustos y capaces de entender la complejidad del mundo real.

El crowdsourcing también es clave en tareas de microtrabajo para IA: etiquetado de imágenes, clasificación de textos, corrección de errores, validación de resultados, generación de ejemplos positivos y negativos, etc. Plataformas como Amazon Mechanical Turk o Clickworker han demostrado que dividir proyectos en microtareas y distribuirlos entre miles de colaboradores es una forma eficaz de producir grandes volúmenes de datos anotados.

Ahora bien, todo este despliegue trae consigo debates intensos sobre justicia, condiciones de trabajo y transparencia. La IA responsable exige no solo buenos datos, sino también procesos claros de consentimiento, protección de la privacidad de quienes contribuyen y una retribución adecuada cuando hay trabajo remunerado. Aquí Europa está marcando una línea propia, relacionando crowdsourcing, IA y derechos fundamentales.

Un enfoque europeo: confianza, derechos y seguridad (POP AI)

En el contexto europeo, la relación entre crowdsourcing, IA y seguridad pública se está abordando a través de proyectos como POP AI (A Positive-Sum approach to AI in law enforcement). Esta iniciativa busca reforzar la confianza en el uso de herramientas de inteligencia artificial en el ámbito de la seguridad, garantizando al mismo tiempo la protección de la privacidad y de los derechos fundamentales.

POP AI persigue crear un ecosistema sostenible e inclusivo que siente las bases para un centro europeo de IA aplicado a las fuerzas y cuerpos de seguridad. En ese ecosistema, la colaboración con la ciudadanía, los expertos y las organizaciones de la sociedad civil tiene un papel clave, muy en la línea de la lógica del crowdsourcing, aunque aquí el foco esté más en la gobernanza, la transparencia y la legitimidad social que en las microtareas masivas.

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La idea de fondo es que la IA en seguridad no puede ser solo un asunto técnico de algoritmos y bases de datos, sino que debe construirse sobre una relación de confianza con la sociedad. Eso implica explicar qué datos se usan, cómo se entrenan los modelos, quién supervisa sus decisiones y qué mecanismos existen para corregir errores o abusos.

La visión de suma positiva que defiende POP AI intenta evitar el falso dilema entre eficacia policial y derechos individuales. Proyectos así marcan una hoja de ruta en la que el crowdsourcing no solo sirve para aportar datos, sino también para involucrar a la ciudadanía en el diseño, la evaluación y el control de la IA que afecta a su seguridad y a sus libertades.

Crowdsourcing en empresas: innovación, IA y nuevos productos

La innovación ya no es patrimonio exclusivo de los departamentos de I+D de unas pocas multinacionales. Gracias al crowdsourcing, cualquier compañía —desde startups hasta grandes corporaciones— puede aprovechar la inteligencia colectiva para generar ideas, resolver retos técnicos y lanzar productos o servicios apoyados en IA.

Muchas organizaciones han entendido que, en lugar de encerrarse a planear durante meses, tiene más sentido abrir problemas concretos a una comunidad de expertos, clientes, usuarios avanzados o simplemente personas motivadas por un desafío. Esta lógica se ha consolidado en múltiples formatos: concursos de innovación, hackatones, desafíos en plataformas de ciencia de datos, programas de co-creación de producto, etc.

Entre las principales ventajas para las empresas destaca la diversidad de ideas: al permitir que participe gente con trayectorias muy distintas, surgen soluciones que difícilmente aparecerían en un equipo interno homogéneo. También suele haber ahorros de costes, ya que se paga solo por las ideas o prototipos seleccionados, y una mayor velocidad para encontrar alternativas, porque muchas mentes trabajan en paralelo.

El crowdsourcing, además, refuerza la relación con los clientes. Invitar a la comunidad a participar en el diseño y mejora de productos genera compromiso, lealtad y una mayor sensación de pertenencia. En un contexto tan competitivo, ese vínculo puede ser una ventaja crítica.

En el campo específico de la IA, las empresas usan el crowdsourcing tanto para recolectar datos y etiquetarlos como para probar prototipos, validar casos de uso reales o descubrir cuellos de botella en procesos que luego se automatizan con algoritmos.

Crowdsourcing, open innovation y co-creación: qué se parece y qué no

En la práctica, los términos crowdsourcing, innovación abierta (open innovation) y co-creación se usan a veces como si fueran lo mismo, pero hay matices importantes. El crowdsourcing se centra en lanzar tareas, retos o proyectos a una comunidad amplia, generalmente abierta, que puede participar de forma voluntaria o incentivada.

La innovación abierta es un paraguas más amplio que incluye la colaboración con startups, universidades, centros de investigación, socios tecnológicos y, por supuesto, comunidades online. Aquí no siempre hay multitud anónima: muchas veces se trata de acuerdos estratégicos o consorcios bien estructurados que comparten propiedad intelectual, datos o tecnologías.

La co-creación se enfoca en la colaboración directa y continuada con clientes, usuarios o socios para diseñar juntos productos o servicios. Suele implicar talleres, grupos focales, prototipado conjunto y bucles de feedback intensivo más que convocatorias abiertas a gran escala.

En la práctica, un programa de innovación puede combinar los tres enfoques: abrir una convocatoria masiva a la comunidad (crowdsourcing), seleccionar las mejores propuestas y luego desarrollar algunas de ellas junto a clientes clave (co-creación), todo ello dentro de una estrategia global de innovación abierta.

En el ámbito de la IA, esta combinación es particularmente potente: el crowdsourcing ayuda a generar ideas y datos, la co-creación permite alinear los casos de uso con las necesidades reales y la innovación abierta facilita el acceso a tecnologías y talento especializado que una sola empresa no podría concentrar.

Plataformas de crowdsourcing relevantes para IA e innovación

El ecosistema de plataformas de crowdsourcing es enorme y muy variado, pero algunas tienen un papel especialmente interesante en el cruce entre inteligencia artificial e innovación. Por ejemplo, Kaggle se ha consolidado como una comunidad global de científicos de datos que compiten en retos de modelado, limpieza de datos y creación de algoritmos; muchos de estos concursos sirven para mejorar modelos de predicción, visión por computador o procesamiento de lenguaje natural.

IdeaScale es una solución ampliamente utilizada para gestionar procesos de innovación dentro de empresas y organizaciones. Permite lanzar retos, recoger ideas de empleados, clientes y socios, votar propuestas y priorizarlas. Grandes corporaciones como Unilever la han utilizado para canalizar la inteligencia colectiva en el diseño de nuevos productos de consumo.

En el terreno del crowdfunding, plataformas como Kickstarter o Indiegogo han permitido financiar dispositivos, apps y servicios basados en IA, validando de paso la demanda de mercado. Otras, como Crowdcube o Crowdfunder, se orientan más a la inversión en startups tecnológicas.

También existen plataformas de microtrabajo y pruebas, como Amazon Mechanical Turk, Clickworker o Testbirds, que son especialmente útiles para tareas de etiquetado de datos, pruebas de usabilidad o evaluación humana de resultados de IA. Y en la intersección entre innovación y retos técnicos encontramos InnoCentive, HeroX o Topcoder, que articulan desafíos en campos científicos y tecnológicos, muchos de ellos ligados al aprendizaje automático.

A su lado conviven plataformas de freelancing (Upwork), diseño colaborativo (99designs, Crowdspring), investigación de mercado (Streetbees, Crowdtap) y análisis de datos a partir de fuentes públicas y redes sociales (DataSift), todas ellas aprovechando, de una forma u otra, el principio de distribuir trabajo o decisiones en una multitud conectada.

Casos de éxito: de LEGO y Netflix a medios de comunicación

Hay empresas que se han convertido en ejemplos clásicos de crowdsourcing aplicado a la innovación. LEGO Ideas permite a los fans proponer nuevos diseños de sets; si una propuesta consigue suficientes apoyos, la compañía la produce y el creador recibe un porcentaje de las ventas. Es un caso de libro de co-creación con la comunidad, con impacto directo tanto en producto como en negocio.

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Netflix se hizo famosa en el mundo de la ciencia de datos con su concurso de 1 millón de dólares para mejorar el algoritmo de recomendaciones. Miles de equipos de todo el mundo participaron durante años, demostrando la capacidad del crowdsourcing para atraer talento de alto nivel y obtener avances significativos en modelos de predicción.

Empresas como Unilever han recurrido a plataformas de ideas para recopilar propuestas de empleados y consumidores, integrando opiniones internas y externas en el diseño de nuevos productos. En América Latina, compañías como Mercado Libre y Rappi han lanzado hackatones y desafíos abiertos para optimizar logística, experiencia de usuario y soluciones de última milla apoyadas en IA.

En el ámbito de los medios de comunicación, el crowdsourcing ha tomado formas muy diversas. La CNN impulsó experiencias como iReport, que permitía a cualquier ciudadano subir contenidos informativos; proyectos como “La Silla Vacía” en Colombia han implicado a comunidades locales en coberturas colaborativas sobre líderes sociales y conflictos rurales.

Más recientemente, en el cruce entre periodismo e IA, se han desarrollado proyectos académicos y profesionales que exploran cómo la inteligencia artificial y la inteligencia colectiva se combinan para mejorar la documentación, la redacción y la verificación. Casos como el de la plataforma BeSoccer, analizada por Segarra-Saavedra, Cristòfol y Martínez-Sala, muestran cómo la IA ayuda a automatizar contenidos deportivos a partir de grandes volúmenes de datos, mientras se mantiene una supervisión humana.

Crowdsourcing, IA y periodismo: redacciones en transformación

En los últimos años, una parte importante de la bibliografía sobre periodismo se ha centrado en cómo la inteligencia artificial está reconfigurando las rutinas profesionales y las estructuras de las redacciones. Investigadores como Diakopoulos han analizado la automatización de noticias y la reescritura de la industria de los medios a través de algoritmos que seleccionan, jerarquizan y redactan contenidos.

Otros trabajos académicos, como los de Calvo-Rubio y Ufarte-Ruiz, Gómez-Diago, Manfredi, Túñez, Tejedor o Flores Vivar, han explorado la percepción de docentes, estudiantes, innovadores y periodistas sobre el uso de IA en periodismo, el papel de los bots en la lucha contra la desinformación y los desafíos éticos y profesionales que se abren.

En este contexto, el crowdsourcing aparece en dos niveles. Por un lado, como forma de participación ciudadana en la producción de contenidos: periodismo ciudadano, verificación colaborativa, recopilación de testimonios o datos desde el terreno, etc. Por otro, como herramienta para entrenar y mejorar herramientas de IA periodística: etiquetado de noticias, evaluación de calidad de titulares, clasificación de desinformación o análisis de sesgos de cobertura.

Un ejemplo ilustrativo es el proyecto académico descrito por Wilmar Daniel Gómez Monsalve, donde estudiantes de Comunicación Social trabajaron junto con herramientas de IA como ChatGPT, DALL·E, Moodle y Adobe InDesign para producir un libro electrónico sobre recursos de inteligencia artificial útiles para periodistas. El ejercicio, organizado como proyecto de aula, pasó por fases de preproducción, producción y posproducción, y supuso una forma explícita de crowdsourcing académico vinculado a IA, en el que la “multitud” eran los propios estudiantes.

En paralelo, estudios como los recogidos en revistas especializadas (Icono 14, Revista Latina de Comunicación Social, Doxa, etc.) describen la convergencia tecnológica en los medios y la incorporación progresiva de IA en tareas de documentación, redacción automatizada, análisis de datos o personalización de contenidos, a la vez que se debate sobre la ética del periodismo automatizado y sus límites ontológicos.

Crowdsourcing ideativo, de datos y de financiación en proyectos de IA

Cuando bajamos al detalle, podemos distinguir distintos tipos de crowdsourcing especialmente relevantes para inteligencias artificiales. El crowdsourcing ideativo se centra en la generación de propuestas, conceptos y soluciones creativas; es la modalidad típica de concursos de ideas, retos de innovación abierta o plataformas donde se recogen sugerencias de nuevos productos o funcionalidades.

El crowdsourcing de datos es probablemente el más decisivo para la IA: implica que miles de personas colaboran en recopilar, etiquetar o analizar información que luego se usa para entrenar y evaluar modelos. Proyectos de ciencia ciudadana como Zooniverse o juegos como Foldit ilustran cómo la multitud puede contribuir a tareas científicas complejas (clasificar galaxias, ayudar a entender el plegamiento de proteínas) cuyas salidas son datos valiosísimos para algoritmos de análisis.

El crowdsourcing de financiación (crowdfunding) permite que una comunidad apoye económicamente el desarrollo de productos y servicios, incluidos aquellos basados en IA. A través de plataformas como Kickstarter, Indiegogo o Crowdcube, muchos proyectos de software, hardware inteligente y soluciones analíticas han conseguido el impulso inicial que no obtendrían por vías tradicionales.

Más allá de estas categorías, hay mecanismos como las microtareas (microwork), donde las tareas se dividen en pequeños bloques (etiquetar una imagen, revisar una transcripción, validar un resultado) que pueden ejecutarse de forma distribuida; la co-creación, en la que usuarios y empresa desarrollan conjuntamente funcionalidades concretas; o los sistemas de “sabiduría de la multitud”, que agregan predicciones u opiniones de muchas personas para tomar decisiones más informadas.

Todos estos formatos, bien combinados, constituyen una caja de herramientas muy potente para desarrollar, probar y mejorar soluciones de IA, a condición de que se gestionen de forma responsable y con una visión a largo plazo de la relación con la comunidad.

Salesforce y el crowdsourcing del roadmap de IA

Un caso reciente que ilustra hacia dónde va el mercado B2B es el de Salesforce, que ha decidido crowdsourcing su roadmap de inteligencia artificial directamente con sus clientes corporativos. La lógica es sencilla: si un gran cliente tiene un problema recurrente, es razonable pensar que otras empresas similares se enfrentan a lo mismo.

En lugar de definir el desarrollo de producto solo desde dentro, Salesforce está priorizando capacidades de IA —especialmente en torno a sus agentes autónomos, como Agentforce— en función de patrones identificados en el feedback de múltiples clientes enterprise. Cuando varias organizaciones reportan el mismo dolor operativo, ese caso de uso sube posiciones en la hoja de ruta.

En la práctica, esto significa que el roadmap de IA para los próximos años se está alineando con la transición desde una IA meramente asistiva hacia agentes capaces de ejecutar procesos completos end-to-end bajo fuertes mecanismos de seguridad y que respeten la autonomía cognitiva. Hablamos de agentes de servicio que resuelven casos casi solos, agentes de ventas que actualizan el CRM y crean tareas, o agentes de marketing que orquestan viajes de cliente personalizados en tiempo real.

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El movimiento se apoya en datos que muestran un crecimiento muy fuerte en la adopción de IA en entornos corporativos y que apuntan a ganancias de productividad cercanas al 30 %, con reducciones de tiempos de resolución en servicio del orden del 40 %. El razonamiento estadístico es que los problemas internos de las empresas suelen repetirse dentro de un mismo sector o segmento; por tanto, escuchar a una base amplia de clientes es una forma eficaz de asegurar que los recursos de desarrollo se concentran en lo que realmente importa.

Competidores como HubSpot llevan tiempo utilizando “customer advisory boards” y foros de clientes para validar dirección de producto, pero el salto de Salesforce está en la escala y el foco explícito en agentes de IA. En paralelo, se extiende la idea de las “Agentic Enterprises”: organizaciones que integran humanos, agentes inteligentes, aplicaciones y datos en una plataforma unificada, muy alineada con la visión de Salesforce sobre cómo evolucionará el software empresarial.

Lecciones para startups y mercados hispanohablantes

Lo interesante de este enfoque es que no se limita a las grandes corporaciones. Para una startup B2B o SaaS, estructurar un sistema de feedback de clientes casi desde el primer día puede marcar la diferencia entre construir algo que el mercado quiere y perder meses en funcionalidades irrelevantes.

Un primer paso concreto es documentar sistemáticamente todo el feedback: problemas recurrentes, solicitudes de features, atajos que los clientes improvisan para compensar carencias del producto. Basta con una hoja de cálculo o herramientas como Canny o Productboard para empezar a codificar ese conocimiento disperso y detectar patrones.

La clave está en priorizar lo que se repite entre clientes distintos, y no solo lo que pide el que más paga o el más insistente. Si varios clientes independientes mencionan el mismo bloqueo operativo, hay una señal fuerte de oportunidad. A partir de aquí, se puede incluso abrir un roadmap público, dejar que los usuarios voten prioridades y comunicar de forma transparente qué se está construyendo.

En el terreno de la IA, el enfoque debería ser todavía más riguroso: antes de asignar ingeniería a un nuevo caso de uso, conviene validar con varios clientes que ese problema es realmente crítico y que estarían dispuestos a adoptar la solución en cuanto estuviera disponible. El crowdsourcing, bien entendido, no significa construir todo lo que se pide, sino usar la multitud para validar qué merece la pena desarrollar.

En América Latina y España, muchas startups tienen una ventaja competitiva clara: la cercanía con el cliente en los primeros años, cuando el propio equipo fundador suele participar directamente en ventas y soporte. El riesgo llega al escalar, si no se sistematiza ese aprendizaje y se pierde la conexión con la base de usuarios. Importar prácticas de crowdsourcing del roadmap, como las que adopta Salesforce, puede ayudar a mantener esa sintonía incluso con cientos de clientes.

Crowdsourcing general: ejemplos clásicos más allá de la IA

Aunque aquí nos estemos centrando mucho en IA, merece la pena recordar algunos casos emblemáticos de crowdsourcing que han moldeado la cultura digital. Wikipedia, por ejemplo, es probablemente el ejemplo más conocido: una enciclopedia global que se construye, revisa y actualiza gracias a miles de voluntarios, con un sistema de control comunitario que ha probado ser sorprendentemente eficaz.

Herramientas como reCAPTCHA han demostrado que incluso tareas aparentemente banales, como escribir letras deformadas para demostrar que eres humano, pueden convertirse en trabajo útil para digitalizar libros antiguos o mejorar sistemas de reconocimiento de texto. Waze, por su parte, utiliza los datos de ubicación y velocidad de los usuarios para generar información de tráfico en tiempo real.

Plataformas como Duolingo han explorado modelos en los que los ejercicios de los usuarios contribuyen al entrenamiento de algoritmos de traducción; y proyectos de ciencia ciudadana como Zooniverse o Foldit han puesto a miles de voluntarios a colaborar en la clasificación de galaxias o en la búsqueda de nuevas configuraciones de proteínas con aplicaciones médicas.

En el ámbito de los microtrabajos, Amazon Mechanical Turk se ha convertido en un estándar de facto para tareas repetitivas que requieren juicio humano, como etiquetar imágenes, revisar contenidos o transcribir audios. Y, como ya se ha comentado, en el espacio educativo están despegando iniciativas en las que docentes, estudiantes e investigadores exploran juntos cómo usar el crowdsourcing para integrar IA en la enseñanza del periodismo, la comunicación y otras disciplinas.

Todos estos ejemplos muestran que el crowdsourcing, aunque adopte formas distintas, se basa en un mismo principio: cuando se diseña bien, la colaboración distribuida puede producir conocimiento, datos y soluciones que ningún equipo pequeño podría igualar en solitario.

En conjunto, la convergencia entre crowdsourcing e inteligencia artificial está dando lugar a nuevas formas de trabajar, investigar e innovar en las que la multitud no solo genera datos para entrenar modelos, sino que influye en qué se construye, cómo se evalúa y con qué criterios éticos se despliega. A medida que se refuerzan las garantías de privacidad, se afinan las metodologías para evitar sesgos y crecen las experiencias de co-creación en campos como el periodismo, la empresa o la seguridad, todo apunta a que este tándem va a ser pieza central de la economía digital y del ecosistema de medios y comunicación de los próximos años.

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