Qué entorno de escritorio ligero elegir para Linux

Última actualización: 28/01/2026
Autor: Isaac
  • Elegir entorno de escritorio en Linux afecta directamente al rendimiento, consumo de recursos y facilidad de uso.
  • GNOME y KDE Plasma destacan por su potencia y estética, mientras XFCE, MATE, LXQt o LXDE son ideales para hardware limitado.
  • Muchas distribuciones permiten combinarse con varios escritorios, adaptando la misma base Linux a necesidades muy diferentes.
  • Probar distintos entornos es la mejor forma de encontrar el equilibrio entre ligereza, funcionalidad y aspecto visual.

Entorno de escritorio ligero para Linux

Si te estás preguntando qué entorno de escritorio ligero elegir para Linux, es porque seguramente ya has descubierto que, en este sistema, no todo gira alrededor de la distribución. Muchos usuarios empiezan preguntando por la distro más rápida, y al final acaban entendiendo que la clave está en el escritorio: es ahí donde se decide buena parte del consumo de recursos, la fluidez y lo cómodo que será tu día a día.

En Linux no estás condenado a un único escritorio como en Windows o macOS: puedes mezclar casi cualquier distribución con varios entornos gráficos, cambiar de uno a otro y ajustar el sistema a tu gusto. Eso está genial, pero también complica la elección, sobre todo si vienes de otros sistemas y no tienes muy claro qué diferencia hay entre GNOME, KDE, XFCE, LXQt, MATE, Cinnamon y compañía.

Qué es exactamente un entorno de escritorio en Linux

Un entorno de escritorio en Linux es el conjunto de programas, librerías y componentes que forman la interfaz gráfica que ves: paneles, menús, ventanas, iconos, notificaciones, gestor de archivos, diálogos de configuración, etc. Es la capa que se sitúa por encima del sistema operativo y que convierte los comandos y servicios en algo “clicable”.

Esta capa suele incluir un gestor de ventanas (se encarga de dibujar y mover las ventanas, maximizar, minimizar, gestionar los escritorios virtuales), paneles o docks para lanzar aplicaciones y ver el área de notificación, un gestor de archivos para navegar por carpetas y dispositivos, y un panel de ajustes del sistema para modificar apariencia, atajos de teclado, energía y mucho más.

A diferencia de otros sistemas, en Linux esa capa no es única ni fija. Puedes instalar varios entornos de escritorio en la misma máquina, elegir uno al iniciar sesión o incluso optar por un simple gestor de ventanas ultraligero si solo quieres lo mínimo imprescindible para mover ventanas.

En servidores Linux normalmente no se instala ningún entorno gráfico porque consumiría recursos sin aportar gran cosa en tareas puramente de servidor. Pero en cuanto hablamos de equipos de escritorio, portátiles o incluso VPS que vayas a administrar con ratón, el escritorio se vuelve una pieza clave.

Por qué hay tantos entornos de escritorio distintos

La variedad casi abrumadora de escritorios en Linux tiene explicación: Linux es software libre desarrollado por multitud de comunidades y empresas, y cada grupo tiene sus ideas sobre cómo debe ser una buena interfaz. Con el paso de los años, esas diferencias filosóficas y técnicas se han plasmado en proyectos distintos.

También influye que los usuarios y los dispositivos son muy diferentes entre sí. No es lo mismo diseñar para un portátil moderno (o para quien quiere convertir un portátil en un ordenador de escritorio) con mucha RAM y GPU decente que para un PC con más de 10 años, una Raspberry Pi o un VPS barato con recursos limitados. Unos priorizan los efectos visuales, otros la ergonomía, y otros solo quieren que el escritorio consuma lo mínimo para que las aplicaciones importantes tengan más margen.

Además, hay empresas que mantienen sus propias distribuciones y apuestan por un entorno de escritorio concreto para ofrecer una experiencia “de marca” muy controlada (como sucede con algunas distros corporativas o centradas en la productividad o la educación). Eso da lugar a forks (bifurcaciones) de escritorios ya existentes, como MATE o Cinnamon, que nacen para conservar un estilo clásico o introducir cambios que la rama principal no quería.

Todo esto termina generando un ecosistema amplísimo de escritorios, forks y combinaciones con distribuciones. Lo bueno es que casi seguro existe una opción que encaja con tu hardware y tus manías; lo complicado es decidir con cuál te quedas sin volverte loco.

Cómo elegir el entorno de escritorio según tus necesidades

Antes de lanzarte a instalar escritorios “a lo loco”, viene bien tener claros algunos criterios básicos. Rendimiento, facilidad de uso, personalización, comunidad y tipo de hardware son los puntos que más pesan en la decisión.

En equipos con poca RAM o procesador justito, lo lógico es priorizar un entorno ligero como XFCE, LXQt, MATE o incluso LXDE. Consumen mucha menos memoria que GNOME o KDE Plasma, se inician rápido y no llenan la CPU con efectos innecesarios, lo que marca una diferencia notable en portátiles antiguos, netbooks o máquinas virtuales ajustadas.

Si tienes un PC actual con recursos decentes y te importa la estética y la integración, GNOME y KDE Plasma son los grandes candidatos. Ofrecen animaciones suaves, funciones avanzadas, ecosistemas de aplicaciones muy pulidos y buena accesibilidad, a costa de un consumo algo mayor (aunque Plasma ha mejorado tremendamente en eficiencia en los últimos años).

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La curva de aprendizaje también cuenta. Cinnamon, Budgie o escritorios clásicos con panel inferior y menú de aplicaciones se sienten muy familiares para usuarios que vienen de Windows: panel abajo, menú en la esquina, bandeja de sistema… GNOME apuesta por un flujo distinto (vista de actividades, búsqueda central, menos botones a la vista), que puede chocar al principio pero resulta muy fluido cuando te acostumbras.

Por último, merece la pena fijarse en la comunidad y el soporte. GNOME y KDE tienen una documentación enorme, foros activos, extensiones, temas y actualizaciones constantes. XFCE, MATE o LXQt, aunque más pequeños, también cuentan con comunidades muy fieles y cuidadosas, lo que se traduce en estabilidad y en que no se queden abandonados de un día para otro.

Los escritorios “grandes”: GNOME, KDE Plasma y Cinnamon

En el ecosistema Linux hay unos pocos entornos de escritorio que se consideran “grandes ligas” por popularidad y madurez. GNOME, KDE Plasma y Cinnamon son tres de los más usados, especialmente en distros pensadas para usuarios de escritorio.

GNOME es ahora mismo uno de los reyes del escritorio Linux y viene por defecto en distribuciones tan conocidas como Ubuntu, Fedora, Debian o CentOS. Apuesta por un diseño muy minimalista, con pocas distracciones y una organización basada en la vista de actividades y escritorios virtuales. Usa muchas librerías GTK y un conjunto amplio de aplicaciones integradas.

A pesar de que su consumo de memoria es más alto que el de entornos ligeros, GNOME está razonablemente optimizado y funciona de maravilla en hardware moderno. Además, cuenta con un sistema de extensiones que permite añadir paneles adicionales, menús clásicos, indicadores extra y un montón de mejoras, aunque no es el entorno más personalizable a nivel profundo sin tirar de esas extensiones.

KDE Plasma es el otro gran peso pesado. Se caracteriza por ofrecer una personalización prácticamente ilimitada: puedes cambiar temas, iconos, comportamiento de ventanas, paneles, atajos, widgets y casi cualquier aspecto visual o funcional que se te ocurra. Dispone de un centro de control muy potente y herramientas propias para todo: Dolphin como gestor de archivos, KWin como compositor, utilidades para redes, multimedia, ofimática y mucho más.

Durante años arrastró fama de “pesado”, pero esa etiqueta está muy desfasada: Plasma actual es sorprendentemente ligero para todo lo que ofrece, y corre sin problemas en equipos medios. Muchas distros orientadas tanto a usuarios domésticos como a profesionales (Kubuntu, openSUSE con Plasma, KDE neon, algunas ediciones de Manjaro, Kali con Plasma) lo incluyen como opción principal.

Cinnamon, desarrollado originalmente por el equipo de Linux Mint como un fork de GNOME, nace con una idea clara: ofrecer un escritorio moderno pero con un esquema clásico “a lo Windows”. Tiene panel inferior, menú de aplicaciones completo, bandeja de sistema y un comportamiento que resulta muy natural si vienes de sistemas Microsoft.

No llega al nivel de personalización loca de KDE, pero permite afinar bastante paneles, applets, temas y extensiones. En consumo de recursos se sitúa en un punto intermedio: algo mayor que XFCE, pero menos exigente que GNOME en muchas configuraciones. Es una gran opción para principiantes que quieren algo bonito, coherente y que no les complique la vida.

Escritorios ligeros pero completos: XFCE, MATE y LXQt

Si tu prioridad es que el equipo vaya suelto incluso con poca RAM, la mejor estrategia no es cambiar de distro, sino apostar por un entorno de escritorio ligero. Entre los más recomendables destacan XFCE, MATE y LXQt.

XFCE es, probablemente, el clásico por excelencia entre los escritorios ligeros. Lleva muchos años en activo, está escrito en C, y su objetivo siempre ha sido ofrecer una experiencia de escritorio tradicional, rápida y muy estable. Lo encontrarás de serie en Xubuntu y en múltiples variantes ligeras de otras distros.

Su gestor de archivos Thunar, el gestor de ventanas Xfwm y sus paneles sencillos se pueden personalizar con temas e iconos, manteniendo un aspecto sobrio pero agradable. Consume muy poca RAM y CPU, lo que lo hace ideal para ordenadores antiguos, portátiles modestos o VPS donde quieras interfaz gráfica sin comerte todos los recursos.

MATE surge como continuación de GNOME 2, cuando GNOME 3 cambió radicalmente de diseño y muchos usuarios echaron de menos la interfaz clásica. Es un fork que mantiene esa disposición de menús y paneles tradicionales, pero actualizado y optimizado para hardware actual y limitado a la vez.

Incluye su propio set de aplicaciones (como el editor Pluma o el gestor de archivos Caja) y un consumo muy contenido, lo que lo convierte en un candidato perfecto para equipos de recursos ajustados y usuarios que valoran la estabilidad. Es muy popular en distros como Ubuntu MATE, Linux Mint MATE o algunas variantes de Debian y Fedora.

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LXQt es la evolución moderna del antiguo LXDE. Combina la filosofía ultraligera de aquel proyecto con librerías Qt (las mismas que usa KDE), lo que permite integrar ciertas tecnologías modernas sin disparar los requisitos. Es modular y muy parco en memoria, con requisitos mínimos que lo hacen útil incluso en PCs muy viejos o Raspberry Pi con poca RAM.

Lo verás especialmente en distribuciones centradas en la ligereza, como Lubuntu o algunas ediciones minimalistas de Mageia y Arch. La interfaz es simple, directa y sin florituras: panel, menú, escritorio básico y poco más. Si lo tuyo es que el escritorio estorbe lo mínimo y deje toda la máquina libre para tus aplicaciones, es una gran apuesta.

Otros escritorios interesantes: Budgie, Pantheon, LXDE, Enlightenment, Deepin, Sugar y Pixel

Además de los nombres más sonados, el mundo Linux tiene una colección de entornos menos extendidos pero muy válidos, cada uno con su enfoque particular. Algunos priorizan el diseño, otros la educación o la mínima huella en el sistema.

Budgie nació en el proyecto Solus, pero hoy se puede instalar también en Ubuntu (Ubuntu Budgie) y otras distros. Se basa en tecnologías de GNOME, pero con un diseño más compacto y elegante, panel superior o inferior y un área lateral para notificaciones y accesos rápidos. Busca un equilibrio entre simplicidad, aspecto moderno y rendimiento razonable.

Pantheon es el escritorio que popularizó elementary OS. Está fuertemente inspirado en macOS, con barra superior, dock inferior y un enfoque minimalista de iconos grandes y limpios. También se apoya en GNOME, pero sus desarrolladores se han esforzado por cuidar la estética al máximo y ofrecer una experiencia muy pulida para quien viene del mundo Apple.

LXDE, aunque hoy en día ha cedido terreno frente a LXQt, sigue utilizándose en equipos que necesitan ir realmente al límite en recursos. Es un escritorio GTK ultraligero, con consumos de memoria ridículos en comparación con GNOME o KDE, y se adapta bien a hardware antiguo. Muchas distribuciones “resucita-PCs” lo siguen ofreciendo como opción.

Enlightenment (E) empieza como un gestor de ventanas muy potente y estético, y con el tiempo evoluciona en algo más cercano a un entorno de escritorio completo usando sus librerías EFL. Es extremadamente ligero y puede funcionar de forma sorprendente incluso en procesadores ARM muy modestos, como los de ciertas Raspberry Pi. A cambio, su configuración es algo más peculiar que la de escritorios más convencionales.

Deepin Desktop Environment (DDE) nace en la distribución Deepin y se centra en dar una interfaz visualmente muy cuidada, con paneles translucidos, centro de control lateral y animaciones suaves. Lo curioso es que, pese a ese aspecto tan pulido, su rendimiento está bastante ajustado y puede moverse bien en equipos medios, incluso netbooks, si no abusas de efectos.

Sugar es un caso especial: se diseñó para el proyecto educativo One Laptop per Child, con la idea de ofrecer un escritorio extremadamente sencillo, centrado en actividades de aprendizaje para niños. Está escrito en Python, es multiplataforma y tiene requisitos mínimos, pero no está pensado para un uso multitarea convencional, sino para contextos educativos muy específicos.

Pixel apareció como escritorio de referencia para Raspbian en las Raspberry Pi. Al igual que XFCE o LXQt, pide muy pocos recursos y se comporta realmente bien incluso en placas con tan solo 512 MB de RAM. Hoy puede instalarse también en PCs normales y es una buena opción si quieres un entorno liviano con un toque algo más pulido que un LXDE pelado.

Cómo saber qué entorno de escritorio estás usando ahora mismo

Si ya tienes una distro Linux instalada y no estás seguro de qué escritorio estás usando, el terminal puede sacarte de dudas enseguida. Hay una variable de entorno que guarda esa información y puedes consultarla con un solo comando.

Abre una terminal y ejecuta:

echo $XDG_CURRENT_DESKTOP

La salida te indicará algo como GNOME, KDE, XFCE, MATE, Cinnamon u otro nombre similar. Es el método más rápido y directo, sin navegar por menús.

Otra opción es listar los binarios de sesión instalados en tu sistema con:

ls /usr/bin/*-session

Ahí verás distintos archivos tipo gnome-session, startkde, xfce4-session, etc. que indican qué sesiones gráficas tienes disponibles. Y si prefieres algo más visual, herramientas como neofetch y fastfetch muestran el entorno de escritorio actual junto a otros datos del sistema.

Relación entre distro y escritorio: combinaciones habituales

Una duda bastante común es si hay que elegir primero distribución o primero escritorio. La realidad es que depende de cada distro y de lo que priorices. Algunas te dan muchas combinaciones listas para instalar, otras apenas una o dos.

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Ubuntu es un buen ejemplo de flexibilidad: la edición estándar viene con GNOME, pero tienes sabores oficiales como Kubuntu (KDE Plasma), Xubuntu (XFCE), Lubuntu (LXQt), Ubuntu Budgie e incluso Ubuntu Studio, orientada a multimedia con variantes en KDE y XFCE. Si quieres Ubuntu, lo más práctico es escoger directamente el sabor con el escritorio que te interese.

openSUSE ofrece entornos como KDE Plasma, GNOME y XFCE durante la instalación, tanto en su versión Leap (más conservadora, ideal para usuarios que prefieren estabilidad) como en Tumbleweed (modelo rolling release para entusiastas y gamers). Muchos usuarios recomiendan openSUSE Leap con KDE Plasma por su combinación de robustez y buena experiencia visual.

Debian, base de muchas otras distros, también deja elegir escritorio durante la instalación. Además de GNOME, KDE, XFCE, incluye MATE, Cinnamon, LXDE y LXQt. Es tremendamente estable, pero algo más árido para principiantes, por lo que si estás empezando quizá te resulte más accesible usar Ubuntu o Linux Mint antes de dar el salto a Debian puro.

Kali Linux, famosa en el mundo de la seguridad y el hacking ético, ofrece imágenes con GNOME, KDE y XFCE. Dado que viene cargada de herramientas de pentesting, es habitual combinarla con KDE Plasma por su potencia y las facilidades que aporta Dolphin como gestor de archivos, aunque XFCE también es muy habitual cuando se busca ligereza máxima.

Arch Linux va por otro camino: se instala prácticamente “en crudo” y luego tú eliges qué escritorio montar desde la consola (MATE, Cinnamon, Enlightenment, GNOME, KDE, LXQt, XFCE, Budgie, o incluso solo un gestor de ventanas). No es la opción más recomendable para empezar, pero si te apetece construir el sistema pieza a pieza, es difícil superar su flexibilidad.

Otras distros populares vienen ya muy orientadas a un escritorio concreto. Linux Mint ofrece ediciones con XFCE, MATE y Cinnamon (todas basadas en Ubuntu), siendo MATE y Cinnamon las más recomendadas por equilibrio entre facilidad y rendimiento. Zorin OS apuesta por GNOME y una edición Lite con XFCE, con una apariencia muy similar a Windows 11 para facilitar la transición.

Escritorios ligeros para revivir PCs antiguos

Cuando el hardware va justo, no tiene sentido empeñarse en correr GNOME con todos los efectos activados. Los escritorios ligeros marcan la diferencia entre un sistema usable y uno que se arrastra. Hay varias opciones especialmente pensadas para equipos veteranos.

Además de los ya mencionados XFCE, MATE y LXQt, merece la pena recordar a LXDE, que se sigue usando mucho en entornos donde cada mega de RAM cuenta. Sus requisitos mínimos son muy bajos, y su diseño recuerda bastante a Windows clásico, lo que ayuda a muchos usuarios que aterrizan en Linux con máquinas antiguas.

Enlightenment, aunque algo más peculiar de manejar, también está muy optimizado. Con apenas unas decenas de megas de RAM puede moverse con soltura, y su flexibilidad permite automatizar scripts al arrancar o apagar el equipo, lo que puede recortar tiempos de espera y simplificar flujos de trabajo.

Por otro lado, entornos como Pixel o ciertos perfiles de LXQt están muy presentes en dispositivos de baja potencia como las Raspberry Pi. Distribuciones específicas para estas placas, como Raspbian (ahora Raspberry Pi OS), Ubuntu MATE para Raspberry o imágenes de Kali ARM, suelen combinar núcleos ligeros con escritorios modestos para lograr una experiencia fluida conectados a la tele del salón.

En resumidas cuentas, si lo que quieres es dar una segunda vida a un PC o portátil viejo, las apuestas seguras pasan por XFCE, MATE, LXQt, LXDE, Pixel o Enlightenment, mientras que GNOME, KDE y Cinnamon se adaptan mejor a hardware relativamente moderno.

Al final, elegir un entorno de escritorio ligero en Linux es decidir cómo quieres repartir los recursos de tu máquina entre la “capa visual” y las aplicaciones reales que usas a diario. Con la enorme oferta actual puedes apostar por GNOME o KDE si buscas potencia visual y funciones avanzadas, por XFCE, MATE o LXQt si priorizas rapidez y bajo consumo, o por alternativas como Cinnamon, Budgie, Pantheon o Deepin si te gusta mimar la estética sin renunciar demasiado al rendimiento; lo bueno es que, en Linux, siempre podrás probar varios escritorios hasta encontrar el que mejor encaja con tu forma de trabajar y con el equipo que tengas entre manos.

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