- Plex ofrece una experiencia más pulida, con apps excelentes y contenido online, pero reserva funciones clave como la transcodificación hardware y el control parental avanzado a su plan de pago Plex Pass.
- Jellyfin es 100 % open source, gratuito y sin telemetría, permite usar transcodificación por hardware sin coste y da máximo control y privacidad a costa de algo menos de pulido y más configuración manual.
- Ambos permiten montar un “Netflix casero” con tus pelis y series, pero Plex prioriza la comodidad y la nube, mientras Jellyfin apuesta por la autosuficiencia, el ecosistema comunitario de plugins y la ausencia total de suscripciones.
Si llevas tiempo saltando entre Netflix, Disney+, Prime Video y demás plataformas, seguro que te suena la escena: más rato buscando qué ver que viendo algo de verdad. Y encima, la peli que quieres está justo en el servicio que no pagas. Por eso cada vez más gente decide montarse su propio “Netflix casero” con un servidor multimedia propio.
Dentro de ese mundo, los dos grandes nombres que siempre salen en la conversación son Plex y Jellyfin. Ambos te permiten montar un centro multimedia para reproducir tus pelis, series, música o fotos en casi cualquier dispositivo, tanto dentro de tu red local como desde fuera. Pero aunque haga lo mismo “a grandes rasgos”, la filosofía, el modelo de negocio y muchos detalles técnicos son muy distintos, y esa es la clave para elegir bien.
Plex vs Jellyfin: dos conceptos muy distintos para el mismo problema

Tanto Plex como Jellyfin son servidores multimedia basados en arquitectura cliente-servidor: instalas el servidor en un PC, NAS o mini‑PC, añades tus carpetas con pelis, series, música o fotos, y luego accedes desde clientes (apps o navegador) en tu tele, móvil, tablet, consola, etc. A partir de ahí, empiezan las diferencias.
Plex es un producto comercial, de código cerrado, con empresa detrás. Tiene una versión gratuita bastante completa, pero muchas funciones avanzadas (sobre todo las que “molan” de verdad) se desbloquean con Plex Pass, un plan premium de pago mensual, anual o de por vida. Funciona un poco como Apple: interfaz muy cuidada, experiencia muy pulida, todo integrado… pero lo más potente no es gratis.
Jellyfin, en cambio, es un proyecto 100 % open source, sin empresa ni accionistas detrás. Nació en 2018 como bifurcación de Emby cuando éste cerró el código y empezó a tirar por el camino premium. Toda la comunidad puede ver el código, aportar mejoras, crear plugins y clientes, y no hay ninguna función bloqueada tras una suscripción: todas las características son gratuitas, incluidas cosas que Plex reserva a Plex Pass.
Esta diferencia de filosofía se nota en todo: Plex apuesta por comodidad, aspecto visual y servicios “a lo Netflix” (streaming gratuito, canales de TV online, música avanzada, etc.), mientras que Jellyfin apuesta por control total, privacidad y ausencia de telemetría o dependencias de la nube, aunque eso implique menos pulido y tener que “trastear” un poco más.
Para el usuario que solo quiere ver sus pelis y series en red local, ambos cumplen sobradamente: puedes usar los dos completamente gratis para montar tu propio Netflix casero. La gran decisión viene cuando te importan cosas como el modelo de negocio, la privacidad, el soporte multiplataforma, o hasta qué punto quieres pagar por ciertas funciones.
Funciones principales y soporte de plataformas
Plex tiene una ventaja clara en un punto: lleva muchos años en el mercado y tiene un soporte brutal de dispositivos. Puedes instalar el servidor en Windows, macOS, Linux, en un NAS, en una Raspberry Pi e incluso vía Docker. Y en cuanto a clientes, hay apps nativas para Android, iOS, navegadores web, Apple TV, Roku, Fire TV, Chromecast, PlayStation, Xbox, televisores con Tizen o webOS, y más. Si existe una pantalla, es bastante probable que Plex tenga app para ella.
En Jellyfin, el panorama es algo distinto. El servidor también está disponible para prácticamente todos los sistemas (Debian/Ubuntu, Fedora, Arch, Gentoo, macOS, Windows, versiones genéricas y portables en Linux, Raspberry Pi, etc.), y a nivel de instalación es similar: instalas, lo apuntas a tus carpetas y listo. Donde se nota su naturaleza comunitaria es en las apps: muchas son de terceros, no oficiales, y la experiencia varía bastante.
Por ejemplo, el cliente web de Jellyfin es muy sólido, y los clientes móviles oficiales en Android e iOS funcionan bien, incluyendo la posibilidad de borrar contenido si tienes permisos. Pero en algunas Smart TV y consolas, la situación es más irregular: hay clientes que son básicamente webapps “empaquetadas”, como en ciertos modelos de Xbox o algunas teles, y eso implica fallos como no reproducir 4K correctamente o una navegación menos fluida.
La contrapartida positiva es que Jellyfin, al ser libre, permite que aparezcan clientes alternativos muy potentes, como Swiftfin en iOS para reproducción, o reproductores de escritorio tipo Jellyfin Media Player. Eso sí, algunos todavía están verdes o con decisiones raras (como clientes de escritorio que solo van a pantalla completa, o que limitan los intentos de login), lo que refleja que el ecosistema está en constante evolución.
Experiencia de uso: interfaz, usabilidad y “factor familia”
Si te preocupa especialmente que la interfaz sea bonita y que cualquiera en casa sepa usarla sin preguntar, Plex tiene las de ganar. Su diseño está muy cuidado: transiciones suaves, miniaturas bien colocadas, navegación muy intuitiva y una presentación de contenidos que prácticamente rivaliza con Netflix o Disney+. En dispositivos como Apple TV, Roku o móviles, la app se siente realmente “de plataforma grande”.
Además, Plex está pensado para que tu familia y amigos no técnicos se aclaren sin líos. Invitas a alguien a tu biblioteca, se crea una cuenta Plex, abre la app y listo. No tiene que memorizar IPs, puertos ni historias raras. Para muchos, ese “no me des problemas” es suficiente motivo para elegirlo.
Jellyfin, por su parte, ofrece una interfaz correcta, limpia y funcional, con un tema oscuro agradable y secciones bien organizadas. Su dashboard recuerda a un servicio de streaming, con carátulas, categorías y metadatos visibles. Sin embargo, los detalles estéticos son menos refinados: animaciones más simples, algún menú menos pulido y, de vez en cuando, algún pequeño fallo en la presentación.
En Jellyfin también puedes organizar la biblioteca por tipos (pelis, series, música, fotos) y personalizar casi todo, pero para dejarlo “fino fino” suele hacer falta tirar de plugins y toquetear ajustes, sobre todo si quieres corregir metadatos, mejorar el buscador o afinar ciertos comportamientos.
A nivel de accesibilidad para perfiles menos técnicos, es fácil que con Jellyfin recibas alguna que otra llamada tipo “¿dónde está esto?”, simplemente porque algunas apps no son tan uniformes entre sí, o porque la configuración inicial de acceso remoto no está automatizada.
Metadatos, plugins y calidad de la biblioteca
Una de las cosas que más valor se le da a un servidor multimedia es cómo organiza y “embellece” tu colección. Ahí, Plex juega mucho a su favor: sus agentes de metadatos suelen identificar de forma automática una gran parte de tus pelis y series, traen sinopsis, carátulas, reparto, valoraciones, trailers y demás información de forma bastante precisa. En pruebas con bibliotecas grandes (más de 500 pelis y unas 50 series), Plex identifica bien en torno al 98 % de títulos sin tocar nada.
Jellyfin también es capaz de descargar metadatos y presentar la biblioteca de forma agradable, pero el porcentaje de aciertos automáticos suele ser algo menor, y a veces requiere más intervención manual. Estimaciones prácticas lo colocan rondando un 95 % de aciertos, con el resto necesitando correcciones, cambios de agente o ajustes a través de plugins.
Otra diferencia importante es el estado del ecosistema de plugins. Jellyfin empezó con muchas extensiones para replicar funciones avanzadas de Plex (como saltar intros, mejorar el scraping de metadatos, etc.), pero con el tiempo algunas se han ido quedando antiguas o directamente abandonadas. El motor de complementos del servidor está algo desfasado, y proyectos clave como ciertos plugins de Skip Intro están sin mantener, lo que hace que algunas funciones no sean tan fiables.
Plex, en cambio, ha ido integrando más cosas de serie en lugar de apoyarse tanto en plugins externos. Funciones como búsqueda y descarga automática de subtítulos, trailers, saltar intros, saltar anuncios en ciertos contenidos, o mejoras en música y fotos están mejor cohesionadas dentro del propio producto, aunque muchas de las más interesantes se reserven a Plex Pass.
Transcodificación, rendimiento y hardware necesario
A nivel de rendimiento puro, tanto Plex como Jellyfin pueden servir contenidos “direct play” (sin conversión) a varios dispositivos sin apenas carga en la CPU. Cuando el archivo está en un formato compatible con el cliente, ambos servidores apenas consumen recursos. De hecho, con un procesador tipo Intel i5 y 16 GB de RAM, cualquiera de los dos se mantiene tranquilo en reposo y durante reproducciones directas.
El problema viene con la transcodificación de vídeo, es decir, cuando el formato de tu archivo no es compatible con el dispositivo y el servidor tiene que convertirlo al vuelo (por ejemplo, bajar de 4K a 1080p para un cliente remoto, o adaptar códecs raros). Aquí es donde las diferencias son cruciales.
Plex soporta transcodificación por hardware de forma muy eficiente y “plug and play”, pero la aceleración hardware está bloqueada tras Plex Pass. Sin esa suscripción, el servidor solo puede transcodificar por CPU, y si le pides que convierta un 4K a 1080p en tiempo real para varios usuarios, el procesador se dispara y empiezan los tirones, sobre todo si usas un NAS o mini‑PC modesto.
Jellyfin también soporta transcodificación por hardware con GPUs y códecs modernos, pero suele requerir algo más de configuración manual (ajustar permisos, drivers, etc.) y, según el formato, puede tener algún tropiezo puntual. Sin embargo, la diferencia clave es que no hay ningún muro de pago: si tu hardware lo soporta, puedes aprovechar la aceleración de tu GPU desde el primer día. Para muchos usuarios que llevan años gastando dinero en su equipo, pagar además una suscripción solo para desbloquear el uso de esa GPU con Plex resulta bastante irritante.
En la práctica, si tienes una máquina poco potente y dependes mucho de la transcodificación, Jellyfin ofrece ventaja económica clara. Si ya pagas Plex Pass, Plex suele ser algo más redondo en eficiencia y fiabilidad, aunque ambos sufren si intentas hacer todo por CPU con 4K pesados.
Acceso remoto, nube y privacidad
Otro punto donde Plex y Jellyfin chocan frontalmente es la relación con la nube y la privacidad. Plex funciona con un sistema de autenticación centralizada a través de sus servidores: incluso para acceder a tu propio servidor en tu casa, haces login con tu cuenta Plex, y el servicio gestiona la detección del servidor, el mapeo de puertos y la conexión remota.
La ventaja es que el acceso desde fuera de tu red local suele ser cuestión de activar un interruptor: Plex intenta configurar el enrutador con UPnP, facilita el acceso a amigos, y en general te ahorra pelearte con puertos, DNS o VPN. Esto, para muchos usuarios no técnicos, es oro puro.
La contrapartida es que Plex recoge datos de uso y estadísticas, y parte de tu información de reproducción pasa por sus servidores. Puedes desactivar ciertos niveles de telemetría, pero no puedes eliminar completamente la dependencia de esa infraestructura sin romper funciones clave. Si los servidores de Plex caen, o si tu conexión a Internet falla, en algunos casos se complica incluso el acceso local.
Jellyfin, al contrario, no requiere ningún tipo de autenticación externa ni contacto con la nube. No envía telemetría, no tiene analíticas centralizadas y no depende de ningún servicio de terceros para funcionar. Si se cae tu conexión a Internet, todo sigue accesible dentro de tu red local sin enterarse de nada. Para quien monta un servidor casero precisamente para no compartir datos con grandes empresas, esto es un requisito imprescindible.
En el lado práctico, Jellyfin sí exige que te ocupes de la parte de red y seguridad: deberás configurar manualmente el reenvío de puertos, montar un reverse proxy, usar un túnel tipo Tailscale o WireGuard, etc. Es decir, no hay magia ni automatismos; es más trabajo inicial, pero te da un control total sobre cómo se exponen tus servicios.
Modelo de precios y coste real de cada opción
En cuanto a dinero contante y sonante, la comparación es muy clara. Jellyfin es completamente gratuito. No hay ediciones premium, ni features escondidas tras una paywall, ni clientes de pago. Todas las funciones del servidor —incluyendo Live TV, DVR, transcodificación por hardware, sincronización, gestión de usuarios restringidos, etc.— están disponibles desde el minuto uno sin sacar la tarjeta.
En Jellyfin, la forma de contribuir es opcional y comunitaria: puedes donar al proyecto para ayudar con servidores y costes, colaborar con código, escribir documentación, probar versiones beta o ayudar a otros usuarios en Discord, Matrix o Telegram. No hay presión comercial ni funciones “capadas” para forzarte a pagar.
Plex, en cambio, sigue un modelo freemium muy clásico. El uso básico es gratuito: servidor, apps, streaming local y remoto con transcodificación por CPU, acceso a una parte de su contenido online gratuito, etc. Pero muchas de las funciones avanzadas que marcan la diferencia se desbloquean con Plex Pass: transcodificación por hardware, descarga offline en móviles, Live TV y DVR, control parental avanzado, dashboard de servidor con estadísticas, webhooks, funciones de música mejoradas (Plexamp, análisis sónico, mezclas inteligentes), subida automática de cámara, Plex VR y algunas opciones de “Skip Intro” o salto de anuncios.
Los precios de Plex Pass suelen ser 4,99 $ al mes, 39,99 $ al año o 119,99 $ de por vida. Estos números suelen considerarse bastante razonables si exprimes todas las funciones e incluso si solo quieres olvidarte del pago recurrente con el vitalicio. El problema viene cuando te interesa una sola función crítica (como la transcodificación hardware) y te ves obligado a pagar todo el paquete.
En la práctica, si tu objetivo es montar un centro multimedia doméstico sin extras, Jellyfin sale ganando en coste. Si quieres que tu servidor se parezca lo máximo posible a un servicio de streaming completo con contenido online añadido, canales de TV gratuitos y funciones muy avanzadas de música y fotos, Plex con Plex Pass puede merecerte la pena.
Instalación, configuración inicial y creación de bibliotecas
Cuando hablamos de “montar” el servidor, Plex ha invertido mucho en que el proceso sea lo más sencillo y guiado posible. Descargas el instalador para tu sistema, lo ejecutas, inicias sesión con tu cuenta Plex y te recibe un asistente que te va llevando paso a paso: nombrar el servidor, añadir bibliotecas, elegir tipos de contenido, etc. En plataformas como algunas distros orientadas a self‑hosting, incluso lo tienes en forma de instalación con un clic.
En general, en unos 15 minutos puedes tener tu Plex listo y reproduciendo contenido, siempre que no haya sorpresas con permisos o rutas. No obstante, en versiones recientes algunos usuarios se han encontrado con errores al crear nuevas bibliotecas (“Your changes could not be saved”), que han tenido que resolver reinstalando versiones anteriores desde repositorios de archivos. No es lo habitual, pero demuestra que tampoco está todo exento de problemas.
Jellyfin también puede presumir de ser bastante accesible en la instalación. Su página de descargas está bien organizada con secciones diferenciadas para servidor y clientes, y cada sistema operativo cuenta con instrucciones claras o enlaces directos. En Windows, por ejemplo, la instalación del servidor se parece a la de cualquier programa estándar, y luego el asistente web te guía para crear el usuario administrador, definir el servidor y añadir bibliotecas.
Crear una biblioteca en Jellyfin suele ser un proceso simple: das nombre a la biblioteca, eliges el tipo de contenido y marcas la ruta de la carpeta. Desde ahí puedes tocar proveedores de metadatos y plugins, aunque lo recomendable para empezar es dejar los valores por defecto. La experiencia general es bastante agradable y, en muchos casos, menos problemática que en algunas versiones recientes de Plex en lo relativo a la creación de bibliotecas.
En soluciones tipo HomeDock OS, tanto Plex como Jellyfin se convierten literalmente en instalaciones de un solo clic, reduciendo aún más las diferencias en este aspecto. Allí la verdadera diferencia ya no es la dificultad de instalar, sino todo lo que viene después: modelo de nube, privacidad, funciones premium, etc.
Clientes, control de usuarios y uso “en el salón”
Una parte muy importante de la experiencia real de uso es cómo se comportan los clientes en dispositivos de salón: Smart TV, Roku, consolas, etc. Aquí también se ven enfoques muy distintos. Plex tiene clientes muy maduros en prácticamente todas las plataformas, con integración profunda en sistemas de Smart TV y mandos, controles de reproducción intuitivos y, en general, una sensación de producto terminado.
En Jellyfin, los clientes han avanzado mucho, pero todavía hay áreas flojas, especialmente en algunos televisores y en Roku. Por ejemplo, el cliente de Roku se considera funcional para reproducir vídeo, pero tiene carencias molestas en la interacción: para avanzar una reproducción puede que tengas que pulsar dos veces el botón de avance del mando (una para entrar en modo avance/retroceso y otra para moverte), lo que rompe un poco la naturalidad del uso diario en el salón.
Además, en el ecosistema de Jellyfin existen limitaciones de gestión desde ciertos clientes de TV: no todos permiten borrar contenido o hacer tareas administrativas. Suele ser necesario recurrir al cliente web, al móvil o a algunos clientes de escritorio específicos para funciones como eliminar archivos o gestionar usuarios.
Hablando de usuarios, Jellyfin ofrece de serie la posibilidad de crear usuarios restringidos sin pagar nada: cuentas para niños o invitados a los que solo das acceso a determinadas bibliotecas o contenidos. Plex también lo permite, pero restringe parte de las funciones de control parental a Plex Pass, lo que vuelve a colocar esa característica dentro del paquete premium.
En cualquier caso, ambos sistemas permiten compartir tu biblioteca con otras personas. En Plex suele ser más cómodo gracias a su infraestructura de cuentas y nube; en Jellyfin, dependerá de cómo expongas tu servidor (por ejemplo, con Tailscale y una VPN, o con un dominio propio y reverse proxy), lo que implica más curro, pero más control.
Contenido extra, música, fotos y usos más allá de pelis y series
Si tu uso se limita exclusivamente a películas y series que ya tienes en tu disco duro, tanto Plex como Jellyfin te van a servir de sobra, y no necesitarás mucha floritura. Sin embargo, Plex ha evolucionado con una clara intención: ser una plataforma multimedia “todo en uno”, mezclando tu contenido local con contenido online propio.
Plex ofrece canales de TV en directo gratuitos (más de 200 en muchas regiones), un catálogo considerable de pelis y series bajo demanda gratuitas con anuncios, integración con otras plataformas, recomendaciones, listas cruzadas, etc. También ha potenciado funciones de música, hasta el punto de que para muchos usuarios melómanos Plex + Plexamp es la combinación ideal para escuchar una colección de música local con una presentación espectacular, análisis sónico, mezclas inteligentes y más.
En fotos, ambos productos permiten almacenar y visualizar álbumes, pero ninguno pretende sustituir a Google Fotos o soluciones específicas de gestión fotográfica avanzada. Plex tiene algunos extras como la subida automática desde el móvil (vinculada a Plex Pass), mientras que Jellyfin ofrece algo más básico pero suficiente para muchos.
Jellyfin, centrándose más en el servidor multimedia tradicional, también integra Live TV y DVR de forma gratuita, algo que Plex reserva a su suscripción. En el lado de extensiones, la comunidad de Jellyfin ha creado plugins muy útiles: IntroSkipper para saltar intros de series, Meilisearch para acelerar y mejorar la búsqueda respetando permisos, integración con Trakt para sincronizar historial de visionado, o Subbuzz para gestionar subtítulos en distintos idiomas, entre otros.
En definitiva, Plex está más orientado a quien quiere un ecosistema multimedia amplio, con contenido online y funciones premium muy pulidas, mientras que Jellyfin prioriza ofrecer todas las herramientas necesarias para organizar y reproducir tu propia biblioteca sin publicidad, sin suscripciones y sin que tus datos salgan de tu red salvo que tú lo decidas.
A la hora de elegir entre Plex y Jellyfin, todo lo que hemos visto se reduce básicamente a prioridades personales: si valoras por encima de todo la comodidad absoluta, la interfaz más pulida y el “enciende y funciona” para toda la familia, Plex es una opción fantástica, sobre todo si no te importa pagar Plex Pass para desbloquear la parte más potente. Si en cambio das más importancia a la privacidad, el control total sobre tu servidor, la ausencia de suscripciones y que funciones clave como la transcodificación por hardware o el control de usuarios sean gratuitas, Jellyfin encaja mejor, aunque tengas que dedicarle algo más de tiempo a la configuración y convivir con clientes menos homogéneos. En muchos hogares la solución ideal pasa por probar ambos (incluso usarlos a la vez apuntando a la misma carpeta de medios) y quedarse con el que mejor encaje en tu forma de ver contenido y en el nivel de “cacharreo” que estás dispuesto a asumir.
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