- El debloat en Windows consiste en eliminar bloatware y desactivar servicios no esenciales para ganar rendimiento, privacidad y espacio en disco.
- Los métodos más seguros pasan por desinstalar aplicaciones manualmente y usar herramientas de terceros con interfaz y opciones reversibles.
- La desactivación de servicios y el uso de scripts automatizados ofrecen un debloat más profundo, pero aumentan notablemente el riesgo de inestabilidad.
- El debloat es especialmente útil en equipos modestos, donde puede reducir a la mitad el consumo de RAM en reposo si se aplica con cuidado.

Si usas Windows a diario es muy probable que te hayas preguntado alguna vez por qué tu ordenador va más lento de lo que debería, arranca con mil cosas abiertas y consume un montón de RAM sin que tú hayas tocado nada. En gran parte, el culpable de esa sensación de “Windows hinchado” es el famoso bloatware, y aquí es donde entra en juego el concepto de debloat.
En las siguientes líneas vas a ver en detalle qué es exactamente el debloat en Windows, qué implica hacerlo de forma segura, qué beneficios reales aporta y cuáles son los métodos más recomendables para limpiar el sistema sin cargarte nada importante. Verás opciones para todos los niveles: desde quitar apps a mano hasta usar herramientas especializadas o scripts, con sus riesgos bien explicados.
Qué significa hacer debloat en Windows y de dónde sale tanto bloatware
Antes de tocar nada conviene tener claro qué estamos haciendo. El término debloat es literalmente “deshinchar” Windows eliminando bloatware y componentes que vienen de serie y que no son imprescindibles para que el sistema funcione. Ese bloatware son programas, servicios y utilidades que se instalan sin que el usuario los pida, ocupan espacio y en muchos casos se quedan trabajando en segundo plano.
La palabra bloatware viene de “bloat” (hinchar) y “software”, y describe muy bien ese sistema cargado de extras que nadie ha pedido. En Windows lo ves claramente cuando acabas de instalar el sistema y ya tienes aplicaciones como Spotify, servicios de telemetría, sugerencias, widgets y un largo etcétera que no son estrictamente necesarios para arrancar el PC ni para usarlo con normalidad.
Este fenómeno no es exclusivo de Microsoft. Los móviles Android suelen venir llenos de apps del fabricante y de terceros, y hasta en iPhone o iPad tienes aplicaciones de Apple que no puedes desinstalar del todo. Es la misma idea: se añaden programas preinstalados con fines comerciales o para promocionar servicios propios.
¿Por qué existen entonces? Básicamente porque detrás hay acuerdos entre empresas. Si tras reinstalar Windows te encuentras Spotify, juegos promocionados o accesos directos a servicios online, es porque Microsoft y los fabricantes de equipos han cerrado tratos para que esos programas aparezcan delante de ti desde el primer arranque.
Cuando hablamos de “hacer debloat en Windows” nos referimos a todo el proceso de quitar ese software que no necesitas, desactivar servicios que sobran y recortar funciones que solo añaden ruido. Hecho con cabeza, este proceso deja el sistema más ligero, más privado y con menos cosas molestando.
Por qué merece la pena hacer debloat en Windows
Aplicar debloat en un equipo moderno no es obligatorio, pero tiene ventajas muy claras. El primer punto es el rendimiento: cada aplicación preinstalada que se queda ejecutándose al inicio roba RAM, ciclos de CPU y, en muchos casos, también hace llamadas a Internet. Al eliminar o desactivar esas piezas, el sistema respira mejor, sobre todo en ordenadores con poca memoria o procesadores modestos.
Otro aspecto clave es la privacidad. Muchas de las funciones extra que trae Windows, como la telemetría o ciertos servicios en la nube, recogen datos de uso, estadísticas y, en general, información sobre cómo utilizas el sistema. Al hacer debloat y desactivar lo que no necesitas, reduces esa superficie de seguimiento, tanto por parte de Microsoft como de terceras empresas que colaboran con la plataforma.
También hay un beneficio muy tangible: el espacio en disco. Aunque parezca poca cosa, entre aplicaciones preinstaladas, paquetes de idiomas, utilidades duplicadas y restos de versiones anteriores de Windows se pueden ir varios gigabytes. Si dispones de un SSD pequeño, notarás bastante la diferencia al limpiar bien todo eso.
Por último, está la sensación de orden. Un menú Inicio lleno de accesos directos a cosas que no usas, widgets que no te interesan o aplicaciones que solo sirven para que te inviten a suscribirte hacen que Windows se sienta más caótico y menos tuyo. Reducirlo a lo que realmente utilizas da una experiencia más limpia y coherente.
Eso sí, conviene remarcar que el impacto del debloat es mucho mayor en equipos justos de hardware. En máquinas muy potentes puede que solo notes una ligera mejora en consumo de RAM o en tiempos de arranque, pero donde de verdad brilla es en ordenadores que van justitos de CPU y memoria.
Métodos seguros para hacer debloat en Windows paso a paso
Para aligerar Windows tienes varias vías posibles, con distintos niveles de riesgo. Lo ideal es ir de menos a más agresivo: empezar por eliminar apps a mano, seguir con herramientas de terceros bien conocidas y, solo si sabes lo que haces, tocar servicios o scripts automatizados. Vamos a repasar cada opción con calma.
1. Eliminar aplicaciones preinstaladas de forma manual
El método más sencillo y con menos riesgo consiste en borrar una a una las aplicaciones que vienen de serie y que tú no utilizas. No requiere conocimientos avanzados y, si te equivocas con alguna, casi siempre puedes volver a instalarla desde Microsoft Store.
La forma más cómoda de hacerlo es desde la Configuración del sistema. Pulsa la combinación de teclas Windows + I para abrir la app de Configuración y entra en el apartado “Aplicaciones”. Desde ahí tendrás acceso a todo lo que está instalado, tanto programas clásicos como apps modernas.
Dentro de “Aplicaciones” verás el apartado “Aplicaciones instaladas”. Ahí aparece la lista completa de programas y aplicaciones que Windows reconoce como instalados. Puedes usar el buscador, ordenar por tamaño, por fecha o recorrer la lista tranquilamente para ir revisando qué quieres quitar.
Cuando encuentres algo que no te interesa, como la búsqueda web integrada con Bing, apps como Sticky Notes, Clipchamp, ciertos juegos recomendados u otras utilidades, solo tienes que hacer clic en el botón de tres puntos que aparece a la derecha y elegir “Desinstalar”. El asistente de desinstalación se encargará del resto.
Otra vía todavía más directa es usar el menú Inicio. Desde ahí, si haces clic derecho sobre el icono de una aplicación verás la opción “Desinstalar” en muchas de ellas. Es muy útil para ir quitando accesos directos a apps que Windows sugiere o que ni siquiera están plenamente instaladas, sino que solo descargan la aplicación completa cuando las abres.
Ten en cuenta que algunas entradas que ves en el menú Inicio son simples accesos directos a contenidos que se descargan bajo demanda. Quitarlos no te devolverá espacio en el disco, pero sí ayudará a limpiar el menú y reducir el ruido visual para que solo queden las aplicaciones que realmente usas.
2. Usar herramientas de terceros para un debloat más profundo
Si quieres ir un paso más allá, hay aplicaciones creadas por la comunidad que permiten desactivar servicios, funciones ocultas y componentes que la propia Configuración de Windows no deja tocar fácilmente. Son herramientas más potentes, pero también requieren que leas bien qué hace cada cosa antes de aplicarla.
La mayoría de estos proyectos se publican como software de código abierto en GitHub, y se actualizan con frecuencia gracias a usuarios entusiastas. Una de las utilidades que mejor suele funcionar para debloat es Win Debloat Tools, que destaca por ofrecer una interfaz relativamente amigable encima de un conjunto de scripts de PowerShell.
El flujo habitual para usar una herramienta de este tipo es muy parecido. Primero tienes que ir a la página del proyecto en GitHub y descargar el contenido pulsando en el botón “Code” y eligiendo “Download ZIP”. De esta forma tendrás todos los scripts y archivos necesarios en tu ordenador, sin necesidad de clonar el repositorio con Git.
Si quieres automatizar ajustes y además personalizar y optimizar Windows, existen utilidades que agrupan tweaks habituales y opciones de privacidad en un solo interfaz, aunque siempre conviene revisar qué hace cada ajuste antes de aplicarlo.
Una vez descargado el archivo ZIP, debes descomprimirlo en alguna carpeta de tu elección. Dentro encontrarás varios ficheros, entre ellos un archivo como “OpenTerminalHere.cmd”, pensado para abrir una terminal directamente en esa ruta. Ejecutando ese CMD te ahorrarás tener que navegar manualmente por el sistema de archivos desde la consola.
Con la terminal abierta en la carpeta del proyecto, el siguiente paso es permitir la ejecución de scripts de PowerShell y desbloquear los archivos. Para ello, se suele usar una instrucción del estilo: Set-ExecutionPolicy Unrestricted -Scope CurrentUser -Force; ls -Recurse .ps1 | Unblock-File; .»WinDebloatTools.ps1″. Este comando ajusta la política de ejecución para el usuario actual, desbloquea todos los scripts .ps1 del directorio y, finalmente, lanza el script principal de la herramienta.
Al ejecutarse Win Debloat Tools, aparece una interfaz gráfica con distintos apartados. Desde ahí puedes marcar casillas para desactivar telemetría, eliminar apps preinstaladas difíciles de quitar, cambiar ajustes de interfaz (como activar por defecto el modo oscuro) o borrar carpetas pesadas como Windows.old, que se crea al actualizar a una nueva versión de Windows y puede ocupar muchos gigas.
Una de las grandes ventajas de este tipo de herramientas es que llegan a componentes que Windows no te deja desinstalar a mano, como Microsoft Edge o ciertas aplicaciones de sistema. Eso sí, hay que usarlas con mucha prudencia: si quitas algo que el sistema espera encontrar, puedes romper funciones como la búsqueda, la tienda o la integración con determinados servicios.
Otro punto positivo es que muchas de estas utilidades incluyen opciones para restaurar lo que has desinstalado o revertir los cambios aplicados. Aun así, antes de lanzarte a aplicar decenas de “tweaks” a la vez, lo más sensato es crear siempre una copia de seguridad o al menos un punto de restauración del sistema.
3. Desactivar servicios manualmente para aligerar el sistema
Más allá de las aplicaciones visibles, Windows ejecuta en segundo plano un buen número de servicios. Algunos son totalmente imprescindibles, pero otros se encargan de funciones secundarias que quizá no necesitas y que, sin embargo, consumen recursos y pueden impactar en el rendimiento. Desactivar servicios de forma selectiva es una forma eficaz de debloat, pero también una de las más delicadas.
Para acceder al listado de servicios, lo más rápido es usar el buscador de Windows y escribir “Servicios” para abrir la consola correspondiente. Verás una ventana con todos los servicios registrados en el sistema, su estado actual (en ejecución o detenidos) y el tipo de inicio (automático, manual o deshabilitado).
Una buena práctica es filtrar o ordenar la lista para que solo se muestren los servicios que están en ejecución en ese momento. Así te será más sencillo identificar cuáles se cargan junto con el sistema y decidir si alguno de ellos aporta algo que realmente te interese, o si es simplemente un añadido que podrías vivir sin él.
Al hacer doble clic en un servicio se abre su ventana de propiedades. Desde ahí puedes ver una breve descripción (cuando la hay), cambiar el tipo de inicio y, si lo consideras oportuno, detenerlo con el botón “Detener” para que deje de ejecutarse. Si, además, cambias el tipo de inicio a “Deshabilitado” o “Manual”, evitarás que se vuelva a poner en marcha automáticamente al encender el equipo.
El gran riesgo aquí es tocar algo que no debes. Si desactivas un servicio crítico, es posible que algunas partes de Windows dejen de funcionar correctamente, que falle la actualización automática, que se rompa la búsqueda o que ciertas funciones de red den problemas. Por eso es fundamental que sepas qué hace cada servicio antes de cambiarlo, y que anotes los ajustes originales para poder volver atrás si algo sale mal.
Si notas comportamientos raros después de desactivar uno o varios servicios (por ejemplo, que una aplicación de Microsoft no arranca o que un componente del sistema da error), lo más sensato es volver a habilitar ese servicio, configurarlo en inicio automático y reiniciar el equipo. De este modo, podrás comprobar si el problema desaparece y, en ese caso, dejar esos servicios tal y como estaban.
4. Scripts automatizados de debloat: potencia con muchos riesgos
Existen por la red numerosos scripts de PowerShell pensados para hacer debloat masivo de Windows con un solo clic. Suelen prometer que en pocos minutos te dejan el sistema completamente limpio, desactivando telemetría, borrando apps, cambiando configuraciones avanzadas y ajustando valores del registro para optimizar el rendimiento.
Aunque estos scripts pueden ser muy efectivos, no son la opción más recomendable para la mayoría de usuarios. El principal problema es que muchas veces no ofrecen una interfaz clara para elegir qué quieres cambiar y qué no: simplemente ejecutas el script y este lanza una serie de comandos predefinidos sin que veas con detalle todo lo que está alterando en el sistema.
Además, un script mal diseñado o malintencionado puede incluir comandos capaces de eliminar componentes críticos, borrar datos importantes o dejar Windows en un estado inestable. En el peor de los casos, podrías acabar teniendo que reinstalar el sistema desde cero porque algunas funciones clave hayan quedado inutilizables.
Por todo esto, el uso de scripts automatizados de debloat solo debería plantearse si tienes experiencia con PowerShell, entiendes lo que hace cada comando y eres capaz de revisar el contenido del script antes de ejecutarlo. Y aun así, conviene hacer una copia de seguridad completa del sistema o al menos una imagen del disco para poder recuperar el equipo si algo sale terriblemente mal.
En resumen, estos scripts existen y pueden limpiar Windows de arriba abajo, pero no son un método seguro para quien busca una solución rápida sin entender las implicaciones. Si solo quieres aligerar un poco el sistema, es mejor ceñirse a la desinstalación manual o a herramientas de terceros con interfaz y opciones reversibles.
Debloat durante la instalación con archivos Unattend
Una forma muy potente de quitar bloatware es aprovechar una instalación nueva de Windows para automatizar la limpieza desde el principio. Esto se hace mediante archivos de respuesta Unattend.xml, que permiten personalizar casi todos los pasos del asistente de instalación y aplicar ajustes automáticamente.
Existen páginas web que generan estos archivos de forma guiada, de manera que solo tienes que elegir las opciones que quieres marcar y descargar un Unattend.xml listo para añadirlo al USB de instalación de Windows. Una de esas herramientas online te permite, entre otras cosas, seleccionar qué aplicaciones preinstaladas quieres evitar desde el primer inicio.
Con este tipo de generadores es posible incluir scripts automatizados que realicen tareas como impedir que Windows Update reinicie el equipo sin tu permiso, hacer que Edge sea desinstalable, forzar que el Explorador de archivos se abra en “Este PC” en lugar de “Acceso rápido” o recuperar el menú contextual clásico de clic derecho en Windows 11.
Además, se pueden definir ajustes prácticos como mostrar siempre las extensiones de archivo, desactivar el panel de Widgets o eliminar los resultados de Bing al usar el buscador del menú Inicio. Todo esto se aplica de forma silenciosa durante la instalación, así que cuando llegas al escritorio ya tienes un Windows más cercano a lo que quieres, sin necesidad de andar desactivando cosas a mano.
Una función especialmente interesante de estos generadores de archivos Unattend es la posibilidad de marcar todas las aplicaciones que quieres eliminar durante la instalación. Desde ahí puedes deshacerte de OneDrive, Office 365 en versión prueba, Cortana, Clipchamp y un buen montón de aplicaciones promocionales que normalmente se instalarían por defecto.
Si nunca has trabajado con archivos Unattend, es recomendable consultar alguna guía paso a paso o ver un vídeo explicativo donde se muestre cómo integrar el archivo de configuración con el instalador de Windows. Una vez entiendes el flujo, es una forma muy cómoda de instalar siempre un sistema limpio, sin bloatware ni sorpresas al primer arranque.
¿Compensa hacer debloat en Windows? Cuándo sí y cuándo no
Una vez vistas todas las opciones, toca plantearse si realmente te merece la pena. Hacer debloat en Windows, especialmente cuando te metes en herramientas avanzadas, scripts o desactivación de servicios, conlleva unos riesgos que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Quitar unas cuantas aplicaciones inofensivas no tiene misterio, pero ir más allá exige cuidado.
En equipos modernos con bastante RAM y procesadores potentes, el sistema suele comportarse razonablemente bien incluso con todo el bloatware de serie. En estos casos, probablemente notes más beneficio al desactivar la telemetría, deshabilitar Gaming Copilot y ajustar dos o tres cosas de privacidad que al hacer una limpieza extrema. Puede que reduzcas un poco el consumo de memoria en reposo, pero el salto no será espectacular.
La situación cambia por completo cuando hablamos de ordenadores más humildes. En máquinas con 4 GB u 8 GB de RAM y procesadores de gama baja, un debloat bien planteado puede marcar la diferencia entre tener un sistema que se arrastra nada más arrancar o uno que consume la mitad de memoria al inicio. Hay experiencias prácticas donde, tras eliminar bloatware y servicios innecesarios, Windows 11 ha pasado de usar unos 4 GB en reposo a rondar los 2 GB.
Eso sí, lograr este nivel de optimización suele implicar aplicar bastantes cambios, y cada uno de ellos añade un poquito de riesgo. Por eso, si tu ordenador va sobrado de recursos, tal vez no te compense jugar con herramientas agresivas solo por rascar un poco de rendimiento. En cambio, si estás intentando alargar la vida de un PC justo, la balanza se inclina más a favor del debloat.
En cualquier caso, la desactivación de la telemetría y de ciertas funciones de seguimiento suele ser recomendable para prácticamente todos los usuarios. A nivel de privacidad, reducir lo que el sistema envía a Microsoft y a terceros es una medida prudente, aunque el impacto en el rendimiento no sea tan enorme.
Al final, lo importante es encontrar el equilibrio entre tener un Windows ligero y mantener la estabilidad y la facilidad de uso. Hacer debloat no tiene por qué significar romper medio sistema: puedes quedarte en un nivel intermedio, quitando lo que claramente sobra y dejando intactas las piezas clave.
Adoptar un enfoque progresivo, empezando por desinstalar a mano las apps que no usas, pasando luego a herramientas de terceros bien valoradas y dejando los scripts agresivos solo para casos muy concretos, te permite disfrutar de un Windows más rápido, limpio y discreto sin sacrificar funcionalidad ni tener que reinstalar cada dos por tres. Si planificas bien los cambios, haces copias de seguridad y te informas de lo que toca cada ajuste, el debloat puede convertirse en una de las mejores formas de domar tu sistema y dejarlo exactamente a tu gusto.
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