Windows 95, el hito que cambió el PC para siempre

Última actualización: 27/08/2025
Autor: Isaac
  • Windows 95 convirtió el escritorio en algo accesible con el botón Inicio y la barra de tareas, acompañado de un lanzamiento con «Start Me Up».
  • Introdujo Plug and Play, nombres largos, multitarea y el impulso inicial a Internet con Internet Explorer.
  • Requisitos mínimos modestos frente a los actuales, y un precio que no frenó ventas récord el primer día y el primer año.
  • Hoy su uso es testimonial, salvo casos industriales como la granja de Düsseldorf, y se recomienda revivirlo en máquina virtual.

Imagen de Windows 95

Treinta años después, Windows 95 sigue siendo sinónimo de revolución en el escritorio. No solo por lo que cambió en nuestros ordenadores, sino por cómo Microsoft convirtió el lanzamiento en un fenómeno cultural. Aquella campaña con la canción «Start Me Up» de los Rolling Stones no fue casualidad: el juego de palabras con el nuevo botón «Inicio» (Start) estaba perfectamente calculado para quedarse en la cabeza de todos, y vaya si lo consiguió. El 24 de agosto se instaló en la memoria colectiva una interfaz que hizo la informática más accesible para millones de personas.

Quien venía de MS-DOS o de Windows 3.11 sintió el salto como un antes y un después. Windows 95 arrancaba directamente en entorno gráfico, estrenó el botón de Inicio y una barra de tareas que ordenaba ventanas y programas como nunca, y trajo consigo funciones que hoy damos por sentadas: instalación de hardware simplificada, multitarea más fluida y una puerta grande a Internet con su navegador de la casa. Fue el sistema que nos enseñó a «hacer clic» sin miedo.

Un lanzamiento convertido en fenómeno cultural

Microsoft trató la salida de Windows 95 como si fuera un macroestreno de cine o un concierto. La elección de «Start Me Up» de los Rolling Stones para los anuncios no fue solo un guiño simpático: sirvió para asociar emocionalmente el «Inicio» con la promesa de que «todo arranca» con un clic. La campaña cruzó fronteras y convirtió al sistema en un icono pop, más allá de la pura tecnología.

Aquella estrategia de marketing, con eventos, demostraciones y mucha presencia en medios, empujó a usuarios que jamás se habían planteado abandonar el modo texto de MS-DOS a probar una interfaz clara y directa. Se hablaba de Windows 95 en la tele, en los periódicos y en la calle; era el tema del día, y no solo entre aficionados a la informática. La llegada del botón de Inicio y la renovada barra de tareas quedó vinculada a una melodía que todo el mundo podía tararear.

Interfaz de Windows 95

La fusión de DOS y Windows, punto de inflexión

Antes de Windows 95, el día a día se debatía entre introducir comandos en MS-DOS o abrir Windows 3.11 para tareas gráficas. Aquello funcionaba, pero obligaba a convivir con dos mundos y a aceptar que muchas acciones seguían pasando por la consola. Windows 95 dio el salto definitivo: el sistema iniciaba en entorno gráfico, integrando lo mejor del DOS con una interfaz más coherente y sencilla de navegar.

El nuevo botón de Inicio y la barra de tareas se convirtieron en el centro de control del usuario. Con un clic aparecía el menú de programas, documentos, configuración y apagado; la barra mostraba las ventanas abiertas y permitía cambiar de una a otra sin perderse entre atajos. Ese patrón de interacción ha sobrevivido —con cambios estéticos y funcionales— hasta nuestros días, señal de que el invento acertó de lleno.

Para quienes venían de trabajar solo con comandos, el cambio fue una liberación. Acceder a programas, gestionar archivos y configurar el equipo pasó a ser una cuestión de menús, iconos y ventanas, reduciendo la fricción y el miedo a «romper algo». La curva de aprendizaje se suavizó para el usuario común, y el PC dio un salto hacia la masificación.

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Botón Inicio y barra de tareas

Novedades clave: Plug and Play, nombres largos, multitarea e Internet

Windows 95 introdujo el soporte Plug and Play, simplificando la instalación de hardware. Donde antes había que pelearse con IRQ, jumpers y conflictos, el sistema intentaba detectar y configurar automáticamente los dispositivos. Esta mejora, unida a drivers más estandarizados, allanó el camino para la expansión de tarjetas gráficas, de sonido y periféricos sin quebraderos de cabeza.

Otra novedad crucial fue el soporte de nombres largos para archivos y carpetas. Decir adiós a las restricciones del 8.3 (ocho caracteres para el nombre y tres de extensión) facilitó organizar el disco con títulos descriptivos. Esto, junto a una multitarea más sólida, acercó el PC a usos más versátiles: trabajo, ocio y, cada vez más, consumo multimedia.

La barra de tareas y la mejora en la gestión de ventanas hicieron tangible esa multitarea. Alternar entre aplicaciones, minimizarlas o ver de un vistazo qué estaba abierto resultó intuitivo. A ello se sumó un mayor soporte para reproducir contenidos multimedia, que por fin empezaron a ser protagonistas en el ordenador de casa.

Y llegó la gran puerta a la Red con Internet Explorer. El navegador de Microsoft, integrado en la experiencia, facilitó la primera oleada de conexiones domésticas. Durante años dominó el acceso a la web, hasta que la irrupción de alternativas como Chrome reconfiguró el mapa. Con Windows 95, sin embargo, muchos usuarios vieron Internet por primera vez desde su PC.

Novedades de Windows 95

Lo que pedía el sistema: requisitos y configuración recomendada

Para instalar Windows 95 bastaba con un Intel 80386 (el famoso 386), 4 MB de RAM, 55 MB libres y una pantalla VGA. Dicho así, hoy parece diminuto, pero en su momento era un salto ambicioso para un equipo doméstico. Con esa base se podía trabajar, jugar al Solitario y empezar a descubrir el escritorio moderno.

  • Procesador mínimo: Intel 80386
  • Memoria RAM mínima: 4 MB
  • Almacenamiento mínimo: 55 MB libres
  • Gráficos mínimos: Resolución VGA

Si querías sacarle todo el partido, la recomendación pasaba por un Pentium o compatible, 8 MB de RAM y unos 80 MB libres. Acompañado de un monitor con resolución SVGA, la experiencia ganaba enteros, especialmente al usar la multitarea con varias aplicaciones abiertas o al conectarte a Internet con el recién llegado Internet Explorer.

Ese «perfil recomendado» era el que mejor sostenía el nuevo Windows cuando se le apretaba: mover varias ventanas, reproducir contenidos y navegar la web sin quedarse sin aliento. Muchos usuarios dieron el salto de sus 386 a los Pentium justo para convivir a gusto con el recién llegado sistema operativo.

Del 386 a los 64 GB: la evolución hasta el presente

Comparar aquellos mínimos con los de Windows 11 deja clara la magnitud del cambio. Hoy el sistema requiere al menos 4 GB de RAM, un almacenamiento de 64 GB como base y una pantalla con resolución mínima de 720p. Además, Microsoft impone el uso de cuenta de Microsoft para configurar el equipo y la presencia del chip TPM como medida de seguridad.

El contraste es brutal: de 4 MB de RAM hemos pasado a 4 GB como requisito, el espacio libre mínimo se ha multiplicado por más de mil y la resolución mínima del monitor ha escalado desde la VGA clásica. Incluso el propio proceso de instalación y configuración se ha hecho más amable, pensado para que cualquier persona con pocos conocimientos pueda terminar con el sistema listo en minutos.

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Es cierto que existen métodos para esquivar la obligatoriedad de cuenta y ciertos requisitos, pero la línea oficial de Microsoft va enfocada a mayor seguridad, control de actualizaciones y sincronización de servicios. Mirando atrás, sorprende pensar que, donde antes cabía un sistema en 13 disquetes, hoy lo normal es arrancar la instalación desde un pendrive de varios gigas.

Precio de salida, ventas y cómo cambiaron las licencias

Windows 95 salió al mercado por 209 dólares, distribuido en CD y también en 13 disquetes de alta densidad. Si aplicamos la inflación, esa cifra ronda hoy los 400 dólares, una inversión importante para la época. Aun así, el interés fue enorme: según cifras comunicadas por Microsoft, el primer día generó unos 700 millones de dólares en ventas.

El éxito se consolidó en el primer año, con 40 millones de copias vendidas en todo el mundo. No solo era un sistema nuevo; era una forma de usar el ordenador distinta, mucho más cercana al gran público. Eso ayudó a multiplicar la base de usuarios de PC y a empujar la industria del software y el hardware compatibles.

Con el tiempo, Microsoft cambió su política de actualizaciones. Con Windows 10 se ofrecieron upgrades gratuitos desde Windows 7 y 8.x, y el paso a Windows 11 se facilitó para quienes venían de Windows 10 (siempre que el hardware cumpliera). Si hoy necesitas una licencia de Windows 11, la edición Home ronda los 145 euros y la Pro los 259 euros, aunque también existen claves más baratas de un solo uso en el mercado no oficial.

Ese giro hacia actualizaciones gratuitas entre generaciones buscaba mantener una base de usuarios homogénea y segura, al tiempo que se reducían las grandes brechas entre versiones. Lejos queda la época de pasar por caja con cada salto mayor como norma general.

¿Tiene sentido usar Windows 95 hoy?

Si tu idea es trabajar en Internet o usar software moderno, la respuesta corta es no. El navegador integrado, Internet Explorer, no entiende las tecnologías actuales de la web, ni HTML5 ni los estándares de seguridad. En el hipotético caso de cargar alguna página, el resultado sería muy limitado, a menudo reducido a texto plano sin estilos ni funciones.

Para tareas muy básicas, como redactar documentos sencillos o practicar con hojas de cálculo clásicas, podría funcionar en un entorno aislado. Pero hablamos de una experiencia desconectada del mundo actual: sin compatibilidad con servicios modernos, sin soporte para los periféricos y redes de hoy y con una seguridad muy por debajo de lo recomendable.

Para quien sienta curiosidad o nostalgia, la vía razonable pasa por la emulación o la máquina virtual, incluso en consolas como una PlayStation 2. De ese modo puedes «revivir» la interfaz, el menú Inicio y las aplicaciones de la época sin comprometer tu equipo principal, y sin exponerte a las limitaciones del hardware antiguo.

Una reliquia plenamente operativa: la granja de huevos de Düsseldorf

Aunque pueda sorprender, Windows 95 sigue en uso en entornos industriales. Un ejemplo singular es una granja de huevos en Düsseldorf, Alemania, donde una clasificadora controlada por este sistema procesa a diario hasta 40.000 unidades. La máquina —de unos 40 por 40 metros— separa los huevos por tamaño, peso y origen, y los empaqueta en cajas de seis o diez para su venta en supermercados.

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El agricultor Peter Huber, responsable de la instalación, asegura que el sistema funciona con fiabilidad. Cuando algo se cuelga, basta con reiniciar y todo vuelve a la normalidad. En sus palabras, «rinde mejor que programas más nuevos» para su caso particular, donde lo importante es que la cadena no se detenga y los registros queden guardados.

El software principal registra los resultados de clasificación y procesamiento, y una impresora Brother de la misma época —compatible con Windows 95— se encarga de las impresiones de pantalla y listados. La dependencia de ese periférico es tal que, si se averiara, Huber tendría que buscar otro modelo compatible específicamente con Windows 95 para no romper el flujo de trabajo.

¿Por qué no migrar a un sistema moderno? La respuesta, en este caso, es pragmática: el programador que desarrolló el software a medida para la clasificadora ya no está disponible, y encargar actualizaciones o parches no es viable. Si el programa dejara de funcionar, tocaría volver al registro manual, un paso atrás que nadie en la granja desea. Como dice el refrán que citan allí: «si funciona, no lo toques».

Además, sustituir una máquina así implicaría una inversión descomunal, comparable —según comenta Huber— al coste de una casa unifamiliar. Por eso el plan es estirar al máximo la vida útil del sistema actual y evitar cambios traumáticos mientras siga cumpliendo su función sin fallos graves.

Volver a tocar Windows 95 hoy: opciones seguras

Para probar Windows 95 sin líos, lo sensato es recurrir a máquinas virtuales o emuladores. En un entorno controlado puedes explorar el menú Inicio, la barra de tareas, las viejas aplicaciones ofimáticas y hasta escuchar el «ding» de aquellas ventanas, sin exponerte a vulnerabilidades ni quedarte sin drivers en tu equipo real.

Este enfoque sirve tanto para curiosear como para documentar proyectos. Si nunca lo usaste, es una oportunidad de entender cómo se forjaron los patrones que aún definen la experiencia de escritorio. Y si lo conociste en su momento, te devolverá, aunque sea un rato, a esa mezcla de iconos pixelados y sencillez que marcó a toda una generación de usuarios de PC.

Treinta años después, Windows 95 permanece como un punto de inflexión, un lanzamiento con marketing de estadio, una interfaz que domesticó el PC, novedades técnicas que allanaron el camino a la era multimedia e Internet, y hasta historias increíbles como la de una granja alemana que lo mantiene en producción. Sus requisitos nos parecen hoy diminutos, su precio alto para la época y su utilidad actual limitada, pero su legado —del botón de Inicio a la barra de tareas— sigue presente cada vez que encendemos un ordenador moderno.

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