- OpenAI incorporará anuncios en ChatGPT para usuarios de los planes Gratis y Go, inicialmente en Estados Unidos y con previsión de expansión a otros mercados.
- La compañía promete que la publicidad no condicionará las respuestas del chatbot, que los anuncios estarán separados y que no venderá las conversaciones a anunciantes.
- La medida busca diversificar ingresos ante unos costes de computación e infraestructura multimillonarios y mantener un nivel gratuito funcional de acceso a la IA.
- El despliegue plantea dudas sobre privacidad, personalización y competencia en un mercado donde Google, Meta y otros rivales también apuestan por modelos financiados con publicidad.

La decisión de OpenAI de introducir publicidad en ChatGPT marca un punto de inflexión en la evolución de uno de los asistentes de inteligencia artificial más utilizados del planeta. Tras varios años ofreciendo un acceso masivo a su versión gratuita, la compañía ha optado por recurrir a los anuncios como vía adicional de financiación, en un contexto en el que operar modelos de IA de última generación se ha vuelto extremadamente caro.
Este cambio no se limita a un simple ajuste comercial. Supone, en la práctica, redefinir la relación entre usuarios, datos y modelo de negocio de un servicio que millones de personas emplean a diario para trabajar, estudiar o resolver tareas cotidianas. La empresa intenta presentar la publicidad como una pieza más de un sistema híbrido —entre suscripciones y anuncios— que permita mantener el acceso gratuito sin poner en riesgo la viabilidad financiera del proyecto a largo plazo.
Dónde se verán los anuncios y a quién afectarán
OpenAI ha confirmado que los anuncios se mostrarán en los planes Gratis y Go, es decir, en los niveles dirigidos al público general y a quienes buscan una suscripción asequible. Los planes de pago superiores, como Plus, Pro, Business y Enterprise, se mantendrán libres de publicidad, reforzando la frontera entre uso personal de bajo coste y uso profesional o corporativo.
En esta primera fase, la prueba se desarrollará en Estados Unidos y se limitará a usuarios adultos con sesión iniciada. La compañía ha subrayado que no se mostrarán anuncios a menores de 18 años, ni en cuentas donde se detecte o se indique explícitamente que el usuario es menor de edad. Tampoco aparecerá publicidad en conversaciones ligadas a temas sensibles como salud, salud mental o política, donde el riesgo de impactos indeseados es mayor.
La integración publicitaria se articulará, según ha explicado la empresa, de forma contextual y no intrusiva. Los anuncios se colocarán al final de las respuestas del chatbot, únicamente cuando exista un producto o servicio patrocinado relacionado con lo que se está tratando en la conversación. Estarán claramente identificados como contenido promocionado y aparecerán visiblemente separados del texto generado por ChatGPT, de forma que el usuario pueda distinguir sin dificultad dónde termina la respuesta orgánica y dónde empieza la publicidad.
Los usuarios dispondrán de controles para ocultar anuncios concretos o consultar por qué se les ha mostrado una determinada pieza publicitaria. OpenAI afirma que se ofrecerá información sobre la relevancia del anuncio respecto a la conversación y que se recogerán comentarios para ajustar el sistema durante el periodo de pruebas.
Privacidad de las conversaciones y personalización publicitaria
Una de las mayores inquietudes en torno a la publicidad en un asistente conversacional tiene que ver con el tratamiento de los datos. A diferencia del historial de navegación web, las suelen incluir información personal, contexto laboral, emociones o planes futuros, lo que eleva considerablemente la sensibilidad del contenido que podría utilizarse con fines comerciales.
Para contener esas preocupaciones, OpenAI ha reiterado varios compromisos públicos. Por un lado, asegura que no venderá las conversaciones a los anunciantes ni permitirá que las marcas compren un acceso directo a los diálogos para perfilar usuarios. Por otro, insiste en que las respuestas del modelo no se verán condicionadas por acuerdos comerciales y que no aceptará dinero a cambio de influir en lo que ChatGPT contesta en un chat concreto.
La compañía ha dejado claro que los anuncios se seleccionarán en función de criterios de utilidad y contexto de la conversación, pero que el núcleo de la respuesta seguirá optimizado para ayudar al usuario, no para favorecer a un anunciante. Además, se ofrecerá la opción de desactivar la personalización publicitaria y de borrar los datos utilizados para adaptar los anuncios, algo especialmente relevante ahora que ChatGPT ha mejorado su capacidad de “memoria” para recordar preferencias a lo largo del tiempo.
En paralelo, se han fijado una serie de principios publicitarios internos que, según la empresa, guiarán este despliegue: protección de la privacidad, separación visible entre contenido orgánico y patrocinado, veto a temas delicados y ausencia de estrategias diseñadas para maximizar el tiempo de permanencia a base de anuncios. Falta por ver cómo se traducen estos principios a la práctica y qué lectura hacen de ellos tanto los usuarios europeos como las autoridades reguladoras, especialmente en el marco del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD).
ChatGPT Go: el plan económico en el centro del cambio
La llegada de la publicidad coincide con la expansión de ChatGPT Go, el plan de pago más económico de la compañía. Este nivel intermedio, que en Estados Unidos tiene un precio de 8 dólares mensuales y en Europa se ajusta a la moneda local, se sitúa entre el uso gratuito y las suscripciones más avanzadas orientadas a profesionales.
Go ofrece, entre otras ventajas, más interacciones diarias que el plan gratuito, acceso a modelos recientes como GPT-5.2 Instant, capacidad ampliada para cargar archivos y una memoria más extensa para recordar información relevante del usuario. La contrapartida es que, igual que el nivel Gratis, este plan también incluirá anuncios, lo que permite mantener un precio más bajo a costa de aceptar cierto nivel de exposición publicitaria.
Desde la óptica de negocio, esta estructura refuerza una segmentación clara de la base de usuarios. Quien prioriza pagar poco o nada probablemente asumirá ver anuncios; quien necesita un entorno sin impactos comerciales, ya sea por comodidad o por requisitos empresariales, se orientará hacia Plus, Pro, Business o Enterprise, donde OpenAI ha prometido mantener una experiencia libre de publicidad.
Este enfoque podría tener efectos distintos según el mercado. En países europeos con mayor sensibilidad hacia la privacidad y una cultura de pago algo más asentada en herramientas profesionales, es posible que una parte de los usuarios dé el salto a planes superiores para evitar anuncios y ganar garantías adicionales. Otros, en cambio, podrían optar por seguir en los niveles con publicidad si sienten que el beneficio en funcionalidad compensa la presencia de marcas en el chat.
Costes desbocados y necesidad de nuevas fuentes de ingresos
La incorporación de anuncios no se entiende sin el contexto económico. Mantener operativos y seguir mejorando modelos de IA de gran escala implica asumir costes colosales en centros de datos, chips especializados y energía. Documentos financieros filtrados y estimaciones de analistas apuntan a que OpenAI afrontará pérdidas muy elevadas durante varios años antes de alcanzar beneficios significativos.
Diversas proyecciones señalan que el gasto acumulado en infraestructura de computación podría situarse en el entorno de cifras billonarias de dólares a lo largo de la próxima década, con desembolsos multimillonarios en centros de datos para sostener el crecimiento del uso de la plataforma. Dentro de ese escenario, la compañía confía en que la publicidad aporte “unos pocos miles de millones” de dólares en ingresos a partir de 2026, una cantidad relativamente modesta frente a la inversión prevista, pero importante como pieza de un modelo de ingresos diversificado.
Hasta ahora, la principal fuente de caja procedía de suscripciones y contratos empresariales, además del uso de la API por parte de desarrolladores y grandes clientes corporativos. Se calcula que ChatGPT cuenta ya con cientos de millones de usuarios activos y decenas de millones de suscriptores de pago, cifras que, aun siendo elevadas, no bastan por sí solas para compensar el ritmo de gasto en computación que exige seguir compitiendo en la élite de la IA generativa.
La presión para encontrar nuevas vías de ingresos se intensifica, además, por las expectativas de los inversores y los planes de financiación de la compañía. Distintos informes de mercado señalan que OpenAI se prepara para rondas de inversión de decenas de miles de millones de dólares con valoraciones que la situarían entre las empresas tecnológicas más valiosas del mundo. En este contexto, la publicidad se presenta como un camino adicional —aunque no el único— para justificar esas valoraciones y sostener proyectos de largo plazo.
Competencia feroz y riesgo de fuga de usuarios
El movimiento de OpenAI se produce en un momento en el que la competencia en inteligencia artificial generativa es cada vez más dura. Lo que en 2022 y 2023 parecía un liderazgo indiscutible de ChatGPT se ha convertido en un escenario más abierto, con rivales como Google (Gemini), Anthropic (Claude) o Microsoft (Copilot) reforzando sus propuestas y ampliando su alcance, y con iniciativas internas como ChatGPT Search.
En el terreno específico de la publicidad, Google y Meta parten con una experiencia y una infraestructura muy consolidadas. La entrada de OpenAI en este negocio introduce un nuevo actor con un producto distinto —la conversación en lenguaje natural—, pero al mismo tiempo la expone a comparaciones inevitables con plataformas donde los modelos publicitarios llevan años afinándose para maximizar ingresos.
Analistas del sector advierten de que, si la implementación de la publicidad en ChatGPT resulta demasiado intrusiva o poco transparente, podría facilitar la migración de usuarios hacia asistentes alternativos, algunos de los cuales podrían elegir posicionarse explícitamente como herramientas libres de anuncios. El coste de cambiar de chatbot, al menos para un uso cotidiano, es relativamente bajo, y ese factor aumenta la presión para que OpenAI ajuste bien el equilibrio entre monetización y experiencia de uso.
Al mismo tiempo, la propia escala de ChatGPT convierte cualquier experimento publicitario en un potencial motor de ingresos difícil de ignorar. Con centenares de millones de usuarios semanales y miles de millones de consultas, incluso un formato prudente y limitado puede generar cifras relevantes. La compañía ha dejado entrever que, más allá de la publicidad clásica al final de las respuestas, estudia formatos más interactivos que aprovechen la naturaleza conversacional del asistente.
Publicidad conversacional y oportunidades para empresas
Más allá del impacto directo en la cuenta de resultados, OpenAI plantea la llegada de los anuncios como un experimento para redefinir cómo se muestra la publicidad en entornos de conversación. Frente a los tradicionales banners o enlaces estáticos, la compañía sugiere la posibilidad de crear formatos con los que los usuarios puedan interactuar directamente dentro del chat.
En un escenario futuro, un anuncio relacionado con un viaje, un curso o un servicio profesional podría no limitarse a un enlace externo, sino convertirse en una especie de agente conversacional patrocinado con el que el usuario pueda hacer preguntas adicionales antes de tomar una decisión de compra o reserva. Este tipo de integración abre la puerta a experiencias de descubrimiento más ricas, pero también tensiona la línea entre asistencia y promoción, obligando a marcar con claridad qué parte del diálogo está impulsada por intereses comerciales.
OpenAI ha destacado además que la IA podría nivelar el campo de juego para pequeñas empresas y marcas emergentes. La posibilidad de diseñar campañas conversacionales sin necesidad de grandes equipos creativos o técnicos podría facilitar que negocios de menor tamaño aparezcan en contextos relevantes donde, de otro modo, sería complicado competir con grandes anunciantes.
Este planteamiento encaja con la idea, cada vez más extendida, de que la inteligencia artificial puede democratizar herramientas avanzadas de marketing. Sin embargo, también despierta dudas sobre si, en la práctica, el reparto de visibilidad acabará concentrándose igualmente en quienes tengan más presupuesto y capacidad de optimización, reproduciendo patrones ya vistos en buscadores y redes sociales.
Para usuarios en España y el resto de Europa, el despliegue de formatos conversacionales patrocinados estará además condicionado por la regulación comunitaria, que pone el foco en la transparencia de los sistemas automatizados, la publicidad dirigida y el uso de datos personales. Cualquier implementación que vaya un paso más allá del simple anuncio textual etiquetado deberá encajar con los requisitos del RGPD y de las normativas que se deriven de la nueva regulación europea de IA.
Un experimento a gran escala con la vista puesta en la sostenibilidad
En sus comunicaciones públicas, OpenAI ha recalcado que este despliegue se concibe como una prueba acotada, revisable y sujeta a cambios en función de la respuesta de los usuarios. La compañía insiste en que seguirá afinando el sistema y que la publicidad debe entenderse como un medio para mantener el acceso amplio a la tecnología, no como el centro de su estrategia.
El discurso oficial subraya que la misión de OpenAI sigue siendo que la inteligencia artificial general (AGI), si llega a materializarse, beneficie a toda la humanidad. Dentro de ese marco, la publicidad se presenta como una pieza que ayuda a sostener el coste de ofrecer herramientas avanzadas a precios bajos o de forma gratuita, especialmente en países donde el poder adquisitivo hace más difícil pagar suscripciones mensuales elevadas.
Queda por comprobar si este delicado encaje entre accesibilidad, ingresos y confianza logra mantenerse estable a medida que el sistema se expanda a más mercados, incluido el europeo. El impacto real dependerá de factores concretos: la frecuencia con la que se muestran anuncios, la calidad de las recomendaciones, la facilidad para gestionar la privacidad y el grado en que los usuarios perciban que su experiencia cotidiana con ChatGPT sigue siendo útil, neutral y predecible.
Lo que sí parece claro es que la entrada de OpenAI en el negocio de la publicidad abre una nueva etapa en la relación entre IA y mercado: la misma herramienta que muchos utilizan como compañero de trabajo o estudio pasará a ser también un escaparate comercial, y de cómo se gestione esa dualidad dependerá buena parte de la confianza que usuarios, empresas y reguladores estén dispuestos a concederle en los próximos años.
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