Cómo usar el Modo Eficiencia en el Administrador de tareas

Última actualización: 28/01/2026
Autor: Isaac
  • El modo eficiencia reduce la prioridad de CPU y aplica EcoQoS a procesos secundarios para mejorar la respuesta del sistema y ahorrar energía.
  • Se activa desde el Administrador de tareas por proceso, pero su efecto no es permanente al cerrar la aplicación o reiniciar el equipo.
  • Es recomendable para programas en segundo plano o poco críticos, y desaconsejable para juegos o tareas pesadas que requieren máximo rendimiento.
  • No todos los procesos admiten el modo eficiencia; los procesos esenciales del sistema quedan excluidos para evitar problemas de estabilidad.

Modo eficiencia en el Administrador de tareas de Windows

Muchos usuarios de Windows 10 y Windows 11 se han encontrado con el mismo dilema: algunas aplicaciones siguen devorando CPU y recursos incluso cuando apenas las usamos, mientras que otras se ven lastradas y el sistema se vuelve lento, ruidoso y hasta se calienta más de la cuenta. Para intentar domar este caos, Microsoft introdujo una función específica en el Administrador de tareas conocida como modo eficiencia (también llamada en algunos sitios modo de rendimiento o antiguamente Modo Eco).

Esta característica promete mejorar la fluidez del sistema, reducir el consumo de energía y hacer que el equipo funcione de forma más fresca y silenciosa. El problema es que no siempre está claro cómo funciona, qué limita exactamente, qué riesgos tiene y, sobre todo, si se puede activar o desactivar de forma permanente para ciertos programas. Vamos a verlo con calma y paso a paso, pero con un enfoque práctico, como si estuviéramos delante del PC toqueteando el Administrador de tareas.

Qué es exactamente el Modo Eficiencia en el Administrador de tareas

El modo eficiencia es una función integrada en el Administrador de tareas de Windows 11 (y heredera del antiguo Modo Eco en Windows 10) que sirve para limitar el uso de CPU de determinados procesos considerados secundarios o no críticos. En la interfaz moderna del Administrador de tareas aparece como una opción llamada «Modo eficiencia» o «Modo de rendimiento» según la build y el idioma del sistema.

La idea es sencilla: en lugar de matar un proceso que está consumiendo demasiados recursos, se le baja la prioridad y se le aplica un modo de calidad de servicio especial, de forma que Windows lo empuje al fondo de la cola de la CPU. Así los procesos realmente importantes para el usuario o para el propio sistema tienen más margen de maniobra y el equipo responde mejor.

Microsoft diseñó esta función pensando en esos programas que se quedan corriendo en segundo plano, siguen usando CPU, memoria y disco, pero apenas aportan valor al usuario. Es el típico caso de aplicaciones abiertas que no estás usando activamente (clientes de chat, algunas utilidades, pestañas de navegador, etc.) pero que siguen chupando recursos.

Al habilitar el modo eficiencia sobre uno de esos procesos, Windows reduce su prioridad de ejecución y lo trata con un perfil energético más conservador. El resultado no suele ser una bajada brutal de rendimiento del programa, sino más bien que deja de “pisar” al resto del sistema y permite que las tareas prioritarias vayan más fluidas.

Cómo funciona internamente: prioridad baja y EcoQoS

Para entender de verdad el modo eficiencia conviene saber qué cambios aplica Windows por debajo. Cuando activas el modo eficiencia sobre un proceso, ocurren dos cosas fundamentales: se reduce la prioridad base del proceso y se habilita el modo EcoQoS (Eco Quality of Service) para sus hilos de ejecución.

La reducción de prioridad significa que, a ojos de la CPU, ese proceso pasa a estar al final de la cola de trabajo. Cuando el procesador tiene tiempo libre, atenderá primero las tareas de prioridad normal o alta y dejará para después todo lo que esté en modo eficiencia. De esta forma, las aplicaciones que realmente estás utilizando en primer plano van mucho más sueltas.

EcoQoS, por su parte, es un conjunto de políticas de energía que indica a Windows que ejecute ese proceso de la manera más eficiente posible en términos de consumo. En la práctica implica que el sistema puede reducir la frecuencia de la CPU para esos hilos, elegir núcleos que consuman menos energía y evitar picos térmicos innecesarios. Para monitorizar su efecto puedes consultar informes de eficiencia con powercfg.

Según los datos que ha compartido la propia Microsoft, al aplicar el modo eficiencia a determinadas cargas de trabajo en segundo plano la respuesta general del sistema puede mejorar entre un 14 % y un 76 % en escenarios habituales. Además, se reduce el calor generado por la CPU y baja el ruido de los ventiladores, algo especialmente interesante en portátiles.

Eso sí, hay que tener presente que, al ejecutarse con prioridad baja y en un perfil energético eco, la aplicación marcada con modo eficiencia puede ir algo más lenta, sobre todo si le exiges tareas pesadas o en tiempo real. Por eso se recomienda aplicarlo sobre todo a procesos secundarios que no requieren máxima rapidez.

Ventajas y desventajas de usar el Modo Eficiencia

La principal ventaja del modo eficiencia es que permite controlar de forma granular qué procesos pueden “relajarse” para dejar paso a otros más importantes. No se trata de cerrar programas a lo loco, sino de rebajar su impacto para que el sistema entero se comporte mejor.

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Entre los beneficios más claros destacan varios puntos: mejor rendimiento percibido en las aplicaciones que usamos de verdad, menor consumo de energía, menos calentamiento y menos ruido. En un portátil esto se traduce en más autonomía y un equipo que no parece un reactor a la mínima que abres cuatro aplicaciones.

Otro aspecto interesante es que el modo eficiencia no mata tareas ni provoca, en principio, cierres bruscos. A diferencia de «Finalizar tarea» en el Administrador de tareas, aquí el proceso sigue vivo, sólo que “domado”. Eso reduce la probabilidad de errores por cortar procesos de sistema o de aplicaciones que no se llevan bien con cierres forzados.

Ahora bien, no todo son ventajas. Algunos programas pueden volverse menos ágiles, mostrar pequeños tirones o tardar más en completar tareas cuando están en modo eficiencia. Es especialmente acusado en juegos, edición de vídeo, renderizado 3D o tareas que exprimen la CPU al máximo.

Además, Microsoft advierte que ciertas aplicaciones podrían comportarse de manera inestable si se las fuerza a trabajar en este modo. Por eso, cuando activas el modo eficiencia, suele aparecer una ventana de confirmación avisando de que la función puede causar inestabilidad en determinados procesos.

Qué recursos limita realmente este modo

Uno de los puntos en los que más confusión hay es qué recursos toca exactamente el modo eficiencia. Lo que modifica de forma directa es la prioridad de la CPU y la política de energía (EcoQoS), afectando principalmente al uso de procesador.

En muchas descripciones se habla también de consumo de memoria, disco, red o incluso GPU, pero lo que hace realmente el sistema es orientar la ejecución para que, al aprovechar mejor la CPU y reducir la actividad innecesaria en segundo plano, se liberen indirectamente otros recursos. No hay un control fino de la RAM o la red desde el modo eficiencia del Administrador de tareas.

En otras palabras, si activas el modo eficiencia sobre varias tareas menos importantes, Windows consigue que la CPU se concentre en lo que de verdad importa. Esto normalmente reduce accesos al disco, tráfico de red y, en equipos con GPU integrada, también actividad gráfica asociada a esos procesos secundarios.

En el propio Administrador de tareas, los procesos que están en modo eficiencia se identifican con un icono de hoja verde en la lista de procesos. Esa es la pista visual de que ese proceso está ejecutándose con prioridad reducida y bajo el paraguas de EcoQoS.

Conviene tener muy claro que el objetivo del modo eficiencia es puramente la gestión de recursos del equipo. No cambia directamente parámetros de red, memoria o GPU de forma individualizada, sino que trabaja desde la capa de planificación de CPU y energía para conseguir un comportamiento global más suave.

Dónde está y cómo activar el Modo Eficiencia en Windows 11

Para usar el modo eficiencia no necesitas instalar nada adicional: la función viene integrada en el Administrador de tareas de Windows 11 (a partir de la versión 22H2) y en algunas builds recientes de Windows 10 bajo el nombre de Modo Eco. Lo único es que hay que saber llegar a ella.

El camino más directo es abrir el Administrador de tareas con el atajo Ctrl + Shift + Esc o pulsando Ctrl + Alt + Supr y eligiendo la opción correspondiente. También puedes hacer clic con el botón derecho en el botón Inicio de Windows y seleccionar «Administrador de tareas» en el menú contextual.

Una vez dentro, verás que en Windows 11 la interfaz ha cambiado respecto a versiones anteriores: ahora hay una barra lateral con iconos tipo menú hamburguesa. Para acceder a los procesos en ejecución, tienes que ir al primer icono de esa barra, el de «Procesos».

En la pestaña de procesos puedes ordenar la lista haciendo clic en las columnas de CPU, memoria, disco o red. Ordenar por CPU en orden descendente es una buena forma de localizar qué programas están causando un uso elevado del procesador en ese momento.

Cuando selecciones un proceso concreto de la lista, verás que en la parte superior del Administrador de tareas aparece un botón que, cuando es compatible, indica «Modo eficiencia» o «Modo de rendimiento». Si aparece atenuado (en gris) significa que no se puede aplicar a ese proceso, normalmente porque se trata de un componente crítico del sistema.

Pasos detallados para activar y desactivar el Modo Eficiencia

Hay dos formas básicas de activar el modo eficiencia sobre un proceso desde el Administrador de tareas. Las dos hacen lo mismo, así que puedes usar la que te resulte más cómoda.

La primera opción consiste en seleccionar el proceso en la pestaña Procesos y pulsar en el botón «Modo eficiencia» de la parte superior. Si es un proceso compatible, el botón se habilitará en cuanto lo marques en la lista.

La segunda forma, que suele resultar más natural, es hacer clic con el botón derecho del ratón sobre el proceso deseado. En el menú contextual debería aparecer la opción «Modo de eficiencia» o «Modo de rendimiento»; al pulsarla, se mostrará un mensaje de advertencia indicando que la función podría causar cierta inestabilidad en algunos procesos.

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En esa ventana de confirmación tienes que pulsar en «Activar el modo de eficiencia». A partir de ese momento, el proceso se mostrará con el icono de hoja verde en la columna de estado, lo que indica que está funcionando con prioridad reducida y EcoQoS activado.

Para desactivar el modo eficiencia, el procedimiento es igual de sencillo: localiza en la lista de procesos aquel que tenga la hoja verde, haz clic con el botón derecho y desmarca la opción «Modo de eficiencia». Al hacerlo, el proceso volverá a su prioridad normal y desaparecerá el icono. Si necesitas instrucciones paso a paso, consulta desactivar el modo de eficiencia en Windows 11.

Debes tener en cuenta que no todos los procesos admiten el modo eficiencia. Los procesos principales del sistema (como el propio Explorador de Windows, Microsoft Defender Antivirus o servicios esenciales de Windows) no permiten aplicar esta función, ya que podría comprometer la estabilidad del sistema operativo.

¿Se puede dejar el Modo Eficiencia activado de forma permanente para un programa?

Una preocupación muy habitual es si existe alguna forma de activar o desactivar de forma permanente el modo eficiencia para determinadas aplicaciones de escritorio, sin tener que entrar al Administrador de tareas cada vez que se abre un proceso nuevo de ese programa.

Por el momento, Windows no ofrece una opción nativa para decir: «este programa concreto que instalo como aplicación de escritorio debe ejecutarse siempre, pase lo que pase, en modo eficiencia«. Lo que haces en el Administrador de tareas se aplica al proceso en ejecución en ese instante, y cuando cierras la aplicación o reinicias el sistema, esa configuración se pierde.

Esto provoca situaciones un poco frustrantes: si quieres que una aplicación pesada esté siempre domada en segundo plano, tienes que volver a marcar el modo eficiencia cada vez que la lanzas. Y al revés: si Windows decide automáticamente poner en modo eficiencia algo que tú quieres a máxima potencia, no hay un interruptor global para bloquear ese comportamiento para siempre.

Algunos usuarios han comentado que existen herramientas de terceros como Process Lasso que permiten definir reglas persistentes de prioridad y afinidad de CPU para procesos concretos. Es verdad que este tipo de programas ofrecen un control más fino, pero implican instalar software adicional y aprender a manejarlo, algo que muchos consideran innecesario para una función que, en teoría, debería controlar el propio Windows.

En resumen, con las herramientas estándar del sistema, el modo eficiencia que activas manualmente es temporal y se asocia al proceso actual. Si buscas políticas permanentes por aplicación para el escritorio clásico, hoy por hoy hay que apoyarse en soluciones externas o en otras funciones del sistema más limitadas.

Diferencias entre apps de la Microsoft Store y aplicaciones de escritorio clásicas

Otro matiz importante está en la diferencia entre aplicaciones UWP o de la Microsoft Store, y las aplicaciones de escritorio tradicionales que instalas mediante un ejecutable. En algunos casos, las apps de la tienda sí cuentan con ajustes de energía más específicos; por ejemplo, puedes ver cómo activar el modo de eficiencia en Microsoft Edge.

Por ejemplo, en Windows 11 puedes ir a Configuración → Aplicaciones → Aplicaciones instaladas, localizar una aplicación concreta de la Store, pulsar en los tres puntos y acceder a «Opciones avanzadas». En ese panel a veces aparecen parámetros para controlar el comportamiento en segundo plano y el uso de batería.

Esos ajustes permiten indicar a Windows que ciertas apps reduzcan su actividad cuando no están en primer plano o que tengan restricciones de uso de batería. Sin embargo, este tipo de configuración no suele estar disponible para programas de escritorio clásicos (los que instalas con un .exe descargado de Internet).

En las aplicaciones de escritorio, no encontrarás un apartado equivalente donde marcar permanentemente que siempre se ejecuten en modo eficiencia. Lo máximo que puedes hacer es gestionar caso a caso desde el Administrador de tareas mientras el proceso está activo.

Esto explica por qué algunos usuarios perciben que ciertos navegadores o aplicaciones modernas parecen estar siempre en un estado de eficiencia que luego resulta difícil de ajustar manualmente. Windows combina sus propias políticas automáticas con el modo eficiencia cuando lo aplica, y en según qué escenarios no es evidente qué política está mandando en cada momento.

Modo Eficiencia, Modo Eco y Modo de rendimiento: ¿son lo mismo?

En distintos artículos y versiones de Windows verás referencias a Modo Eco, Modo eficiencia y Modo de rendimiento dentro del Administrador de tareas, y es fácil hacerse un lío con los nombres. En la práctica, todas estas denominaciones apuntan a la misma idea básica.

En builds anteriores de Windows 10, Microsoft empezó a experimentar con algo llamado Modo Eco, que permitía reducir el impacto de procesos concretos en segundo plano. Más tarde, con la llegada de Windows 11 y la renovación visual del Administrador de tareas, la compañía rebautizó y pulió la función.

En la versión moderna del sistema, lo habitual es ver la etiqueta «Modo eficiencia» en el botón del Administrador de tareas. Sin embargo, en algunos textos y traducciones aparece como «Modo de rendimiento» (especialmente en tutoriales y documentación de terceros), aunque el comportamiento que describen coincide con el del modo eficiencia.

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Sea cual sea el nombre exacto que aparezca en tu sistema, la lógica es siempre la misma: reducir la prioridad de la CPU de ciertos procesos y aplicar el perfil EcoQoS para mejorar la respuesta global del equipo y ahorrar energía.

Eso sí, es importante no confundir este modo con otros ajustes de rendimiento del sistema, como los planes de energía de Windows, el modo de ahorro de batería o las opciones de alto rendimiento. El modo eficiencia actúa a nivel de proceso, no de todo el sistema en bloque.

Uso del Modo Eficiencia en portátiles y ahorro de batería

En equipos portátiles, el modo eficiencia cobra especial interés. Cada vatio que consigues ahorrar al reducir la actividad de procesos innecesarios se traduce en minutos extra de autonomía, menos calor y un ventilador que entra en acción con menos frecuencia.

En versiones recientes de Windows puedes combinar el modo eficiencia del Administrador de tareas con las opciones de batería del sistema. Desde Configuración → Sistema → Batería es posible ver qué aplicaciones están afectando más a la duración de la batería y, en algunos casos, ajustar su comportamiento.

En ciertos apartados de estas opciones, Windows permite elegir entre configuraciones como «Reducir» o «Permitir que Windows decida» para el uso de batería por aplicación. Al seleccionar «Reducir» le estás diciendo al sistema que limite el impacto energético de esa app cuando sea posible.

Sin embargo, hay que tener claro que estas opciones de batería no son exactamente lo mismo que el modo eficiencia del Administrador de tareas, aunque persiguen un objetivo similar. Las opciones de batería funcionan más como políticas por aplicación que el sistema aplica de manera automática, mientras que el modo eficiencia es un interruptor manual por proceso.

Usados con cabeza, ambos mecanismos pueden complementarse: para las aplicaciones que sabes que quieres siempre “más tranquilas” en un portátil, puedes ajustar sus opciones de batería, y para procesos puntuales que se disparan en CPU puedes tirar del modo eficiencia desde el Administrador de tareas cuando lo necesites.

Para qué tipo de programas conviene (y para cuáles no) activar el modo eficiencia

No todas las aplicaciones se benefician igual del modo eficiencia. Hay un grupo de programas que encajan muy bien con esta función y otros para los que es mejor dejarla desactivada si no quieres perder rendimiento o estabilidad.

En el lado positivo están las aplicaciones que consumen recursos de forma más o menos constante pero no requieren respuesta instantánea. Por ejemplo, navegadores web cuando sólo los usas para lectura, procesadores de texto, clientes de correo electrónico, herramientas de mensajería que permanecen en segundo plano o bases de datos pesadas que quieres dejar abiertas pero sin que saturen la CPU.

También puede ser útil en aquellas apps que, sin ser críticas, se quedan ejecutando en segundo plano cuando crees que las has cerrado y siguen generando carga por procesos auxiliares. Poner esos procesos en modo eficiencia permite que el resto de aplicaciones trabajen con más margen.

En cambio, no es buena idea habilitar este modo en programas que necesitan el máximo rendimiento y una latencia muy baja. Hablamos de juegos, editores de vídeo o audio profesional, herramientas de renderizado 3D, aplicaciones de streaming en directo o cualquier tarea en la que notes tirones al rebajarles la prioridad.

Además, hay aplicaciones que ya incluyen sus propios mecanismos internos de ahorro de energía o gestión de rendimiento. En esos casos puede ser preferible usar las opciones integradas en el propio programa antes que forzar el modo eficiencia de Windows, para evitar conflictos o resultados imprevisibles.

Y por supuesto, hay procesos del sistema para los que el modo eficiencia directamente no está disponible. El Administrador de tareas bloquea la opción para los procesos considerados esenciales, justo para evitar que un ajuste mal hecho deje a Windows inestable o con fallos raros.

Con toda esta información sobre la mesa, el modo eficiencia se convierte en una herramienta bastante potente para usuarios que quieran exprimir un poco más su PC sin tener que recurrir siempre a software de terceros. Usándolo con cabeza, sobre todo en procesos secundarios e inactivos, se puede conseguir un sistema más ágil, silencioso y con menor consumo, aunque haya que aceptar que, por ahora, no existe una forma nativa y global de fijar este comportamiento de manera totalmente permanente para cada aplicación de escritorio individual.

Administrador de tareas: activar el modo eficiencia
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