- HWiNFO permite leer varios sensores internos del SSD (controlador, NAND, PCB) y diferenciar entre Drive Temperature 1, 2 y 3.
- Rangos de 35–50 ºC en reposo y 60–65 ºC en carga suelen ser seguros, mientras que superar 70 ºC de forma constante exige mejorar refrigeración.
- Temperaturas muy altas en Drive Temperature 2 suelen indicar un controlador mal refrigerado por mala ventilación o disipación, no siempre un SSD defectuoso.
- Mejorar flujo de aire, usar disipadores M.2 y colocar mejor la unidad son las medidas más eficaces para bajar la temperatura real del SSD.

Controlar la temperatura real de tu SSD no es un capricho de frikis del hardware: es una parte clave del mantenimiento básico de cualquier PC moderno. Cuando una unidad de estado sólido se calienta más de la cuenta, entra en juego el temido thermal throttling, un mecanismo de protección que reduce drásticamente la velocidad del disco para evitar daños permanentes. Si esto ocurre a menudo, no solo notarás el equipo más lento, también puedes acortar la vida útil de la unidad.
La buena noticia es que hoy en día es muy sencillo vigilar los grados de tu SSD, tanto con las propias herramientas de Windows como con utilidades especializadas como HWiNFO, CrystalDiskInfo o los programas oficiales de cada fabricante. En este artículo vamos a ver, con todo lujo de detalles, cómo obtener lecturas fiables, qué significan los distintos sensores (incluyendo los famosos valores de “Drive Temperature 2/3” y “ASIC controller”) y qué rangos deberías considerar seguros.
Por qué es tan importante medir la temperatura real de un SSD

Un SSD moderno integra varios componentes críticos: el controlador principal (controlador ASIC), los chips de memoria NAND y, en muchos casos, chips DRAM o HMB. De todos ellos, el controlador suele ser la pieza que más se calienta, ya que es el “cerebro” que gestiona lecturas, escrituras, corrección de errores y comunicación con el sistema. Si quieres entender mejor cómo funciona una unidad, consulta cómo funciona una unidad SSD.
Si la unidad trabaja de forma prolongada por encima de ciertos umbrales, se activan mecanismos de gestión térmica que reducen el rendimiento para evitar daños. Ese recorte puede ser puntual o constante, dependiendo de si el SSD tiene un pico de carga corto o está sometido a un flujo intenso de datos (por ejemplo, juegos pesados, copias masivas o benchmarks como CrystalDiskMark).
Más allá del rendimiento, las temperaturas exageradas pueden acelerar el desgaste de las celdas NAND y de la propia electrónica. Aunque los SSD actuales están preparados para trabajar en rangos relativamente altos, es buena idea mantenerlos dentro de márgenes razonables tanto en reposo (idle) como bajo carga.
En general, para un uso doméstico o gaming, un SSD NVMe está cómodo si se mantiene por debajo de 50 ºC en reposo y alrededor de 60-65 ºC en carga durante tareas intensivas. Cuando empiezas a ver lecturas por encima de los 70 ºC de forma continua, es cuando conviene tomar medidas: mejorar el flujo de aire de la caja, usar disipadores M.2 de calidad o revisar el montaje.
Por eso, antes de pensar en cambiar de unidad, merece la pena aprender a leer bien qué nos dicen las herramientas de monitorización y cómo distinguir una temperatura de controlador alta pero tolerable de una situación realmente peligrosa.
Cómo comprobar la temperatura del SSD con las herramientas nativas de Windows
Hasta no hace demasiado, si querías ver la temperatura de tu SSD estabas obligado a instalar programas de terceros. Con Windows 11, Microsoft por fin se ha puesto las pilas e integra un panel básico de salud del disco que incluye el dato de los grados en tiempo real de cada unidad compatible.
El acceso está un poco escondido, pero en cuanto lo haces un par de veces se convierte en un gesto casi automático. Lo bueno de este método es que no necesitas descargar nada y es suficiente para una comprobación rápida, sin gráficos ni sensores avanzados.
Para llegar a este panel, entra primero en la aplicación de Configuración. Puedes hacerlo desde el menú Inicio buscando “Configuración” o usando el atajo de teclado Windows + I, que es lo más rápido. Una vez dentro, fíjate en la columna lateral y asegúrate de que estás en el apartado Sistema.
En la parte derecha de la ventana, desplázate un poco hacia abajo hasta localizar la sección llamada Almacenamiento y haz clic sobre ella. Verás un resumen del espacio ocupado por aplicaciones, archivos temporales y otros contenidos, pero la parte térmica está algo más abajo.
Desplázate de nuevo hacia abajo hasta la zona “Administración de almacenamiento”. Dentro encontrarás un menú desplegable llamado “Configuración avanzada de almacenamiento”. Ábrelo para mostrar opciones adicionales relacionadas con discos y volúmenes.
Entre esas opciones verás una llamada “Discos y volúmenes”. Al entrar, Windows te enseñará un listado con todas las unidades físicas detectadas (Disco 0, Disco 1, etc.) y las particiones asociadas a cada una. Localiza el SSD que quieres revisar, normalmente donde está instalado el sistema o donde tienes tus juegos.
En la fila correspondiente a la unidad física aparece un botón “Propiedades” a la derecha. Haz clic y accederás al panel específico de ese disco. Desplázate un poco hacia abajo hasta encontrar el bloque “Estado de la unidad”. Ahí es donde Windows muestra varios datos importantes: porcentaje de vida útil estimada, espacio de reserva y, lo que nos interesa, la temperatura actual en grados Celsius.
Esta lectura suele corresponder al sensor principal del SSD (normalmente el del controlador). Si ves valores alrededor de 40-45 ºC en un uso tranquilo, estás en cifras totalmente normales. Si el disco está bajo carga sostenida y sube a 60-65 ºC, también entra dentro de lo esperado.
El problema aparece cuando, incluso en tareas ligeras, la unidad se mueve constantemente por encima de los 70 ºC. A partir de ahí es habitual que el rendimiento comience a caer, e incluso que el sistema tome medidas de protección. En ese escenario conviene revisar ventilación, posición del SSD y, si procede, añadir un disipador M.2 de aluminio decente.
Medir temperaturas reales con HWiNFO y otras herramientas de terceros
La solución nativa de Windows 11 está bien para una comprobación puntual, pero se queda corta si lo que quieres es monitorizar en tiempo real, registrar picos máximos o ver qué está pasando con cada sensor interno del SSD. Ahí es donde entran en juego las aplicaciones de terceros, que son la opción preferida de entusiastas y técnicos. Si necesitas una guía general para medir temperaturas con programas, mira cómo medir temperaturas de CPU y GPU, que explica herramientas y métodos similares.
Existen varias utilidades gratuitas y muy fiables que te permiten ver no solo la temperatura del SSD, sino también la del procesador, la tarjeta gráfica, la placa base o incluso la velocidad de los ventiladores. Cada una tiene su enfoque, desde interfaces muy sencillas hasta listados técnicos repletos de datos.
Entre las más utilizadas están CrystalDiskInfo, HWMonitor, HWiNFO y el software oficial de cada fabricante (Samsung Magician, WD Dashboard, Crucial Storage Executive, etc.). Algunas permiten configurar alarmas sonoras si el disco supera un límite de grados, otras integran sus lecturas en la barra de tareas o en overlays en pantalla durante los juegos.
Antes de centrarnos en HWiNFO, conviene repasar brevemente qué ofrece cada programa, para que puedas combinar el que te dé lecturas rápidas con el que te brinde detalles profundos de sensores internos.
CrystalDiskInfo, HWMonitor y herramientas similares para SSD
Puedes configurarlo para que se minimice en la bandeja del sistema y para que te avise con un sonido o una ventana emergente si alguna unidad supera la temperatura que tú decidas. Para el usuario medio es más que suficiente: ves si el disco está “Bueno” o no, qué temperatura tiene y poco más, todo sin complicarte la vida.
La interfaz consta de un árbol de dispositivos donde verás tu procesador, placa base, tarjeta gráfica y tus discos. Bajo cada uno aparece un bloque de “Temperatures” con el valor actual, el mínimo y el máximo registrado desde que abriste el programa. Es muy útil para detectar picos sospechosos que quizá no ves a simple vista porque duran apenas unos segundos.
Otra alternativa muy conocida es Open Hardware Monitor, un proyecto de código abierto que también se centra en leer sensores de temperatura, carga, velocidad de ventiladores y voltajes. Es compatible con muchos chips de monitorización integrados en placas modernas y también con sensores de GPU Nvidia/AMD y datos S.M.A.R.T. de discos duros y SSD.
Programas como Core Temp, Speccy, SpeedFan, MSI Afterburner o AIDA64 Extreme también permiten ver temperaturas, aunque en muchos casos su foco principal está en el procesador o en la GPU. Aun así, algunos de ellos leen y muestran los sensores de almacenamiento siempre que el SSD los exponga a través de S.M.A.R.T. o de la controladora PCIe.
Instalar y poner en marcha HWiNFO para monitorizar SSD
Dentro de todo este ecosistema, HWiNFO destaca por ser una de las herramientas más completas y exhaustivas. Está pensada para usuarios avanzados que quieren acceder a absolutamente todos los sensores que la placa y los componentes ponen a su disposición, incluidos múltiples sensores internos de un mismo SSD.
Lo primero es descargarla desde su web oficial. Encontrarás versión instalable y versión portable; si solo la vas a usar para monitorizar de vez en cuando, la edición portable es muy cómoda, ya que basta con descomprimirla y ejecutarla sin dejar nada instalado permanentemente en el sistema.
Tras descargar el archivo, abre la carpeta donde se ha guardado, haz clic derecho y extrae el contenido. Verás el ejecutable correspondiente a tu sistema (32 o 64 bits, aunque hoy casi todo es 64). Lánzalo y, en la primera ventana, marca la opción “Sensors-only” si solo quieres las lecturas térmicas y eléctricas, y pulsa en “Run” o “Iniciar”.
En unos segundos aparecerá la ventana de sensores de HWiNFO, que puede imponer un poco al principio porque muestra un listado largo de entradas. No te asustes: todo está organizado por dispositivo, de forma que verás secciones para la CPU, GPU, placa base, memorias, y también para cada unidad de almacenamiento.
En el caso del procesador, por ejemplo, verás la temperatura de cada núcleo, el paquete completo, el consumo instantáneo y otros valores. En la parte dedicada a la unidad NVMe aparecerán varias líneas con etiquetas como “Drive Temperature”, “Drive Temperature 2” y “Drive Temperature 3”, además de contadores SMART específicos.
Interpretar los sensores de HWiNFO: Drive Temperature 1, 2, 3 y controlador ASIC
Uno de los puntos que más dudas genera es entender qué está midiendo cada sensor que HWiNFO muestra para un SSD. Muchos usuarios se encuentran con que la “Drive Temperature” principal ronda los 50-60 ºC, mientras que “Drive Temperature 2” se dispara por encima de 80 ºC incluso en reposo, o que aparece un valor etiquetado como “ASIC” cuya función no está muy clara.
En la mayoría de unidades NVMe modernas, HWiNFO es capaz de leer varios sensores internos: uno asociado al controlador, otro a los chips de memoria NAND y, a veces, un tercero adicional para otra zona del PCB. Ningún fabricante estandariza el nombre de estas lecturas, pero suele cumplirse que:
· Drive Temperature (o Drive Temperature 1) hace referencia a la temperatura general de la unidad, normalmente basada en el sensor principal del disco.
· Drive Temperature 2 a menudo equivale a la temperatura del controlador principal, que es el componente que más calor genera y el que suele alcanzar cifras más altas.
· Drive Temperature 3 puede corresponder a las zonas de memoria NAND u otras partes del PCB.
En algunos modelos, HWiNFO también identifica el valor como “Controller Temperature” o lo asocia explícitamente al “ASIC” (el chip lógico del SSD). Es habitual que esta lectura sea la más elevada, especialmente si el SSD no lleva disipador o está colocado justo debajo de una tarjeta gráfica caliente o bajo un disipador de CPU muy voluminoso.
En foros especializados se ven casos de usuarios cuyo Drive Temperature 2 marca, por ejemplo, 82 ºC en reposo, mientras que la temperatura principal se mantiene en unos 60 ºC y la tercera ronda los 50 ºC. Ese tipo de diferencias indican que el controlador está en una “bolsa de calor”, con poco flujo de aire directo, aunque la zona de los chips de memoria no esté tan castigada.
Otro ejemplo habitual es el de herramientas como Samsung Magician, que realizan un benchmark y reportan una temperatura máxima de 62 ºC pero la etiquetan como “demasiado alta”. No significa necesariamente que el SSD esté dañado, sino que el software aplica márgenes conservadores para alertar al usuario cuando se acercan al umbral de throttling. De nuevo, es un aviso para mejorar refrigeración, no una sentencia de muerte del disco.
Rangos de temperatura recomendados y cuándo preocuparse
Con todas estas lecturas sobre la mesa, la pregunta clave es: ¿qué valores son realmente peligrosos y cuáles entran dentro de lo normal? Aunque cada fabricante define sus propios límites, se pueden establecer rangos orientativos bastante útiles.
En uso ligero (ofimática, navegación, streaming), un SSD NVMe suele mantenerse cómodo si la temperatura principal ronda los 35-50 ºC. Cuando empiezas a jugar, copiar archivos grandes o pasar benchmarks como CrystalDiskMark, es normal ver subidas a 60-65 ºC sin que haya de qué preocuparse.
Cuando el sensor del controlador (Drive Temperature 2/ASIC) se acerca a los 70 ºC, muchas unidades empiezan a plantearse el thermal throttling. A partir de esa cifra, conviene observar si el pico es puntual o si el SSD se mantiene ahí durante largos periodos de tiempo. Un pico breve por una tarea intensa es asumible; una temperatura estable de 70-80 ºC en reposo sí es indicio claro de mala ventilación local.
Lecturas constantes de más de 80 ºC en reposo en el sensor del controlador son, en general, una mala señal de entorno térmico, aunque la salud SMART marque 100 % y no haya advertencias críticas. No necesariamente significa que la unidad esté defectuosa, sino que el lugar donde está montada o el sistema de refrigeración no son adecuados.
Por el contrario, si todos los parámetros SMART como “Critical Warning” o “Thermal Management Transition Count” se mantienen en cero y el SSD reporta 100 % de salud, podemos interpretar que el controlador está trabajando al límite de lo que considera aceptable pero aún dentro de las especificaciones de diseño.
Una regla práctica útil es: si con un pequeño ajuste del flujo de aire (abrir el lateral, poner un ventilador apuntando a la placa) ves que la temperatura del controlador baja decenas de grados, el problema es casi seguro de ventilación o disipación, no de electrónica defectuosa.
Ejemplo real: SSD NVMe con 82 ºC en HWiNFO dentro de una caja ITX
Un caso típico que ilustra bien esta situación es el de un usuario con una construcción ITX en una caja compacta DeepCool CH160, placa base B650 ITX, un Ryzen 5 refrigerado por un disipador grande DeepCool AK500 Digital, una GPU potente y una fuente ATX ocupando bastante espacio. El SSD es un WD Blue SN5000 1 TB Gen4 ubicado en la zona M.2 bajo el área del disipador de CPU y por encima de la tarjeta gráfica.
En reposo casi total (0 % de actividad del disco), las lecturas eran algo inquietantes:
· WD Dashboard: ~60-61 ºC
· CrystalDiskInfo (temperatura principal): ~60 ºC
· HWiNFO Drive Temperature: ~60 ºC
· HWiNFO Drive Temperature 2: ~82 ºC
· HWiNFO Drive Temperature 3: ~52 ºC
A pesar de esos 82 ºC en el sensor secundario, la salud reportada del SSD era 100 % Good, sin advertencias críticas, con el contador de gestión térmica a cero y apenas unas decenas de horas de uso acumuladas. Es decir, el propio SSD consideraba que aún estaba dentro de su zona de seguridad.
Para descartar un defecto de fábrica, el usuario hizo dos pruebas sencillas: primero abrió el panel lateral de cristal, observando solo una pequeña reducción de temperatura. Después, con el lateral abierto, puso un ventilador de sobremesa soplando directamente hacia el interior durante unos minutos. Los resultados fueron contundentes:
· Drive Temperature bajó hasta ~40 ºC
· Drive Temperature 2 cayó a ~60 ºC
· Drive Temperature 3 descendió a ~38 ºC
Es decir, el SSD respondía de forma muy marcada al flujo de aire directo, lo que muestra claramente que el problema no era un sensor erróneo ni un fallo interno, sino la combinación de poco espacio, disipador de CPU voluminoso, fuente ATX en caja pequeña y ausencia de ventilador superior por falta de holgura.
En un escenario así, tratarlo como un SSD defectuoso no tendría demasiado sentido, ya que el fabricante difícilmente va a considerar un RMA si el SMART está perfecto. Lo razonable es verlo como un problema de diseño térmico de la build y actuar sobre los tres frentes posibles: mejor disipador M.2, ajuste del flujo de aire y, si se puede, reubicación de la unidad a una ranura con más “aire limpio”.
Cómo mejorar la temperatura real del SSD: flujo de aire y disipadores
Una vez que sabes leer los sensores de HWiNFO y otras herramientas, el siguiente paso es aplicar soluciones concretas para bajar unos cuantos grados a tu SSD. No hace falta complicarse en exceso: pequeños cambios en la caja suelen marcar una diferencia enorme, como se ve en el ejemplo anterior con un simple ventilador externo.
La primera línea de acción es revisar el flujo de aire general de la caja. Asegúrate de que tienes al menos una entrada frontal o lateral de aire fresco y una salida trasera, y de que el disipador de la CPU no está bloqueando por completo el paso de aire sobre la zona M.2. En cajas pequeñas ITX esto es especialmente delicado, porque un solo componente mal posicionado puede crear bolsas de calor justo encima del SSD.
Si tu placa base o caja trae un disipador M.2 y no lo estás usando, merece la pena montarlo correctamente. Verifica que el thermal pad hace buen contacto con el controlador del SSD y que el tornillo de sujeción no está ni flojo ni excesivamente apretado. Un disipador mal asentado puede ser casi tan ineficaz como no tener ninguno.
En builds compactas donde no cabe un ventilador superior o frontal adicional, puedes optar por ventiladores slim o por ajustar la curva del ventilador trasero para que mueva más aire cuando el sistema se calienta. Incluso un pequeño aumento de RPM puede ayudar a extraer mejor el calor acumulado alrededor del zócalo M.2.
Por último, si tras optimizar flujo y disipación sigues viendo temperaturas de controlador muy altas en reposo, puedes considerar la opción de reubicar el SSD a otra ranura M.2 que esté más alejada de la GPU o de la fuente de alimentación, siempre que tu placa lo permita. En algunos modelos, la diferencia de posición puede suponer hasta 10-15 ºC menos en el controlador.
Con todo esto, la clave está en usar herramientas como HWiNFO no solo para asustarte con números altos, sino para entender qué parte de la unidad se calienta, cómo responde al cambiar la ventilación y en qué punto tu SSD está realmente en riesgo. Combinando lecturas fiables, algo de sentido común y pequeños ajustes en la caja, es perfectamente posible mantener un NVMe rápido trabajando a temperaturas mucho más amigables sin renunciar al rendimiento ni a la estabilidad a largo plazo.
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