Cómo funciona CipherPass El Libro Secreto de Contraseñas

Última actualización: 13/01/2026
Autor: Isaac
  • CipherPass actúa como un libro físico cifrado mediante reglas mnemotécnicas personales, útil como respaldo offline seguro.
  • Las contraseñas deben ser largas, únicas y complejas, idealmente generadas por gestores con algoritmos criptográficamente seguros.
  • Gestores como Kaspersky Password Manager, NordPass o Bitwarden usan cifrado fuerte (AES-256, PBKDF2, Argon2) y modelo de conocimiento cero.
  • La combinación de Libro Secreto, gestor de contraseñas, MFA y claves de acceso ofrece una protección muy superior frente a ataques modernos.

libro secreto de contraseñas CipherPass

Recordar decenas de contraseñas largas, únicas y seguras es ya misión imposible para casi cualquiera: cuentas del banco, redes sociales, correo, trabajo, compras online… y cada año se suman nuevos servicios. En este contexto aparece CipherPass, el llamado “Libro Secreto de Contraseñas”, como una forma creativa y analógica de organizar tus claves de manera que, incluso si alguien hojea el cuaderno, no pueda entender nada de lo que tiene delante.

Al mismo tiempo, vivimos en un mundo donde los ataques de fuerza bruta, los algoritmos de descifrado y los gestores de contraseñas con cifrado de grado militar son el pan de cada día. Para protegerse bien, no basta con escribir las contraseñas en un papel: hace falta entender qué hace fuerte a una contraseña, cómo piensan los ciberdelincuentes, en qué se diferencian PIN, contraseñas y claves de acceso, y cómo combinar herramientas como CipherPass con gestores de contraseñas modernos tipo Kaspersky Password Manager, NordPass o Bitwarden.

Qué es CipherPass El Libro Secreto de Contraseñas y en qué se basa su seguridad

CipherPass es un diario físico diseñado para almacenar tus contraseñas sin que aparezcan “en claro”, es decir, sin que se pueda leer directamente la clave real. En lugar de apuntar la contraseña tal cual, el sistema propone que escribas una versión codificada que solo tú sabes interpretar gracias a unas instrucciones previas.

La idea es que el cuaderno se convierta en un índice cifrado de tus cuentas, organizado de la A a la Z, donde cada servicio (banco, email, redes sociales, etc.) tiene su espacio asignado y su propio “truco” de codificación. Aunque otra persona tenga el libro en sus manos, sin conocer el sistema que has aplicado, lo que verá será una mezcla de apuntes incomprensibles.

Este Libro Secreto incorpora un método de cifrado sencillo de usar pero difícil de adivinar para un tercero. No hablamos de criptografía matemática compleja, sino de reglas mnemotécnicas y sustituciones que tú mismo defines y sigues siempre igual: cambios de letras por símbolos, desplazamientos de caracteres, eliminación de ciertas partes, etc.

Además, CipherPass insiste en que el usuario tenga instrucciones claras y fáciles de seguir, de manera que el proceso de cifrar y descifrar no requiera hacer cálculos raros ni recordar nada especialmente complicado. El objetivo es encontrar un equilibrio: suficientemente enrevesado para un extraño, pero muy sencillo para ti.

Otro punto fuerte es que el libro está estructurado alfabéticamente de la A a la Z, permitiendo localizar cualquier servicio en cuestión de segundos. Esto evita ese caos de notas sueltas, post-its y apuntes dispersos que, tarde o temprano, acaban perdiéndose o quedándose a la vista de cualquiera.

Por qué hoy es tan fácil romper una contraseña mediocre

seguridad de contraseñas y cifrado

Uno de los grandes problemas actuales es que la cantidad de información nueva que manejamos no para de crecer, y nuestra memoria tiene un límite claro. Acabamos recurriendo a la misma clave para todo, a variaciones mínimas, o a combinaciones facilonas. Esto es precisamente lo que explotan los ciberdelincuentes.

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Los expertos en seguridad han demostrado que la mayoría de contraseñas del mundo se pueden descifrar en muy poco tiempo cuando se usan algoritmos de fuerza bruta modernos, ya sea en tarjetas gráficas muy potentes (como una RTX 4090) o en hardware de nube barato. En un estudio reciente se vio que cerca del 59 % de todas las contraseñas analizadas podían romperse en menos de una hora.

Herramientas automatizadas prueban millones de combinaciones por segundo, y se apoyan en diccionarios de contraseñas filtradas, patrones habituales y sustituciones típicas (cambiar letras por números, usar fechas de nacimiento, nombres de mascotas, etc.). No hace falta que tu contraseña sea “mala” en apariencia; basta con que entre en alguno de esos patrones predecibles.

Por eso, más que confiar en que “nadie me va a atacar a mí”, la estrategia sensata es poner las cosas tan difíciles y tan costosas que los atacantes pierdan el interés y pasen a otro objetivo más sencillo. Ahí entra en juego la combinación de buenas contraseñas, almacenamiento seguro y métodos adicionales de autenticación.

Cómo crear y recordar contraseñas fuertes sin volverte loco

Antes de hablar de gestores o cuadernos, es clave entender qué hace que una contraseña sea realmente robusta. Las recomendaciones básicas más aceptadas por la comunidad de seguridad son contraseñas de entre 12 y 16 caracteres como mínimo, mezclando mayúsculas, minúsculas, números y símbolos especiales.

También se desaconseja totalmente que la clave contenga datos personales obvios, como tu nombre, tu fecha de nacimiento, el de tus hijos, tu DNI, teléfono o dirección. Toda esa información es relativamente fácil de encontrar en redes sociales, filtraciones de datos o búsquedas básicas.

Cada cuenta debe contar con una contraseña única que no se repita en ningún otro servicio. Si utilizas la misma en varias plataformas y una de ellas sufre una brecha de datos, el atacante puede ir probando esa clave en tu correo, tu banco, tus redes y prácticamente en cualquier sitio que imagine que podrías usar.

El problema es evidente: una contraseña muy compleja es fácil de olvidar y una sencilla es un chollo para un ataque de fuerza bruta. Para cuadrar el círculo, existen técnicas mnemotécnicas que permiten crear contraseñas largas pero fáciles de recordar partiendo de frases, canciones o imágenes mentales muy vívidas.

En un nivel básico, puedes crear una contraseña juntando varias palabras aleatorias sin relación aparente (tipo frase semilla), y añadir al final números y símbolos significativos para ti, pero difíciles de adivinar para otros. Cuantas más palabras cortas mezcles y más caóticas parezcan, mejor.

En un nivel avanzado, se puede tomar una frase de una canción, un hechizo de una peli o una cita famosa, y aplicar un patrón sistemático: cambiar cada X letra por un símbolo, insertar números en determinadas posiciones, o alternar mayúsculas de modo fijo. Al aplicar siempre la misma regla, tu memoria muscula el patrón y se vuelve natural al teclear.

Usar o no usar la IA para generar contraseñas: riesgos reales

Con el auge de ChatGPT y otros modelos de lenguaje, mucha gente se ha planteado pedirle a la IA una contraseña segura “y listo”. El planteamiento parece tentador: no tienes que estrujarte la cabeza, obtienes una clave con buena pinta y, si quieres, te pueden generar una frase mnemotécnica para memorizarla. Sin embargo, al evaluar herramientas conviene conocer limitaciones como las que se describen en usar ChatGPT para generar contraseñas.

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Sin embargo, los estudios muestran que las contraseñas generadas por IA no son tan aleatorias como parecen. Aunque cumplen muchas veces con la longitud mínima y mezclan mayúsculas, minúsculas, números y símbolos, tienden a repetir ciertos caracteres favoritos con mayor frecuencia que un generador verdaderamente aleatorio.

Al analizar miles de contraseñas creadas por distintos modelos (como ChatGPT, Llama o DeepSeek), se detectó que algunos caracteres aparecían mucho más que otros, y que ciertas combinaciones se repetían con relativa frecuencia. Eso significa que un atacante que conozca estos sesgos puede reducir notablemente el espacio de búsqueda y acelerar el descifrado.

Además, hay un porcentaje relevante de contraseñas generadas por IA que ni siquiera incluyen números o caracteres especiales, justo lo contrario de lo que se recomienda. Y, en muchos casos, los modelos caen en variantes de palabras del diccionario con sustituciones típicas (por ejemplo, “B@n@n@7”), más fáciles de romper de lo que aparentan.

En pruebas comparativas, se vio que alrededor del 88 % de las contraseñas generadas por algunos modelos resultaron insuficientemente seguras frente a ataques de fuerza bruta avanzados. Aunque ChatGPT se comportó mejor que otros, sigue sin lograr una aleatoriedad perfecta, y cabe la posibilidad de que entregue la misma contraseña a varios usuarios distintos.

Por todo ello, se aconseja utilizar generadores de contraseñas específicamente diseñados, como los que incorporan muchos gestores de contraseñas. La IA puede servir como apoyo para crear frases mnemotécnicas, pero no debería ser tu única fuente de contraseñas.

Enfoque combinado: generador seguro + mnemotecnia + CipherPass

Una estrategia muy potente consiste en usar un generador de contraseñas criptográficamente seguro (por ejemplo, el de Kaspersky Password Manager, NordPass o Bitwarden) para crear la combinación pura y dura, y luego inventar una frase mnemotécnica disparatada que te ayude a recordarla sin necesidad de verla escrita en claro.

Imagina que el generador te da una contraseña al estilo VAVca*RV0Grr#Cbb. A simple vista es un galimatías, pero puedes asociarla con una pequeña historia visual: convertir VAV en un “vehículo de alta velocidad”, “ca” en una “cima”, el asterisco en una “estrella”, “RV” en “realidad virtual”, “0G” en “gravedad cero”, “rr” en “rey y reina”, el símbolo de almohadilla en una “reja” y “Cbb” en una “bruja blanca”. La clave deja de ser un conjunto de letras sin sentido y se vuelve una escena muy concreta en tu cabeza.

Si te gusta dibujar, incluso puedes plasmar esa escena en tu CipherPass, sin escribir la contraseña en sí, solo recordatorios gráficos que para otros no significan nada. De este modo, cualquier persona que abra el cuaderno verá garabatos o pequeñas notitas que no relacionará jamás con una contraseña real.

Este enfoque combinado hace que CipherPass funcione como un mapa cifrado de tus mnemotecnias, mientras que el gestor de contraseñas digital se encarga de almacenar las claves concretas en una bóveda cifrada. Tú solo tendrás que dominar la contraseña maestra y, si quieres, unos pocos patrones mnemotécnicos para los accesos más críticos.

Almacenar contraseñas en el navegador: por qué no es buena idea

Mucha gente tira por el camino fácil y deja que el navegador guarde y rellene automáticamente las contraseñas de todos sus servicios. Es cómodo, desde luego, pero a nivel de seguridad deja bastante que desear, porque un navegador no está pensado como un gestor de contraseñas completo. Si quieres alternativas y consejos prácticos, consulta cómo evitar que los navegadores recuerden contraseñas.

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Los ciberdelincuentes han desarrollado scripts muy simples capaces de extraer en segundos las contraseñas guardadas en el navegador. Si tu equipo se ve comprometido, esa base de datos con tus accesos queda al alcance del atacante con relativa facilidad. Aprende cómo ver las contraseñas guardadas en los navegadores para entender mejor esos riesgos.

Además, las funciones de sincronización (por ejemplo, a través de una cuenta de Google o similar) hacen que todas tus contraseñas viajen y se guarden en la nube asociadas a una única cuenta. Si alguien consigue esa clave o logra engañarte para revelarla, de golpe tiene una puerta de entrada directa al resto de servicios.

Comparado con eso, usar un gestor de contraseñas dedicado o ver y gestionar contraseñas en Edge supone un salto enorme en términos de protección, ya que tus datos están cifrados específicamente para este propósito y no se exponen en claro a una herramienta generalista. Si usas Edge, revisa este tutorial para ver y gestionar contraseñas en Microsoft Edge.

Ventajas de usar un gestor de contraseñas moderno

Un gestor de contraseñas serio, como Kaspersky Password Manager, NordPass o Bitwarden, crea una bóveda cifrada donde se almacenan todas tus claves, datos de tarjetas bancarias, documentos escaneados y notas sensibles. El acceso a esa bóveda se protege con una única contraseña maestra que solo tú conoces.

En el caso de soluciones como Kaspersky Password Manager, se emplea cifrado AES-256, un algoritmo simétrico que también utilizan agencias gubernamentales para proteger información clasificada. La contraseña maestra funciona como clave de cifrado y, sin ella, el contenido de la bóveda es básicamente ininteligible.

Estos gestores suelen ofrecer funciones adicionales muy prácticas: generación automática de contraseñas aleatorias y únicas, autocompletado de formularios en ordenadores y móviles, sincronización segura entre dispositivos y, en algunos casos, generación de códigos 2FA para autenticación en dos pasos. También puedes generar contraseñas desde la consola si prefieres herramientas locales, como en esta guía para generar contraseñas desde la consola.

Otra ventaja importante es que pueden comprobar si alguna de tus contraseñas ha aparecido en filtraciones masivas de datos. Si detectan que una clave concreta está en riesgo, te avisan para que la cambies cuanto antes, reduciendo el tiempo durante el cual un atacante podría aprovechar esa brecha.

En la práctica, tú solo tienes que memorizar a conciencia la contraseña maestra. A partir de ahí, el gestor se ocupa de recordar el resto, proponerte nuevas contraseñas seguras y rellenarlas por ti donde haga falta. Si combinas esto con CipherPass para anotar de forma cifrada tus accesos más sensibles, tienes un sistema doblemente robusto.

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