- Ajuste de los planes de energía y el modo juego para maximizar la potencia del hardware.
- Optimización de los procesos en segundo plano y servicios del sistema para liberar memoria RAM.
- Modificaciones avanzadas en el registro de Windows para priorizar la GPU y la CPU.
- Configuración específica de los controladores de vídeo NVIDIA y AMD para ganar FPS.

Si sientes que tu ordenador se queda corto al jugar a títulos potentes o competitivos, no te preocupes, que hay forma de rascar unos cuantos frames extra. No hace falta gastarse una fortuna en hardware nuevo si primero ajustamos bien el software para que el sistema no se coma los recursos que tu juego necesita desesperadamente.
En este artículo vamos a ver cómo dejar tu PC hecho un tiro, enfocándonos en eliminar procesos inútiles y priorizar la potencia gráfica. Ya sea que juegues al CSGO, Fortnite o PUBG, estos retoques ayudan a que la tasa de FPS suba considerablemente, logrando una experiencia mucho más fluida y sin esos tirones que tanto molestan.
Ajustes de energía y gestión de actualizaciones
Si usas un portátil, lo primero que tienes que hacer es quitarle las restricciones de ahorro. Ve al buscador de Windows, escribe «Editar plan de energía» y crea un plan de Alto rendimiento. Esto es vital para que el procesador no baje su velocidad cuando estés en medio de una partida intensa y el equipo esté enchufado.
Por otro lado, Windows 10 tiene la manía de actualizarse en el momento menos oportuno. Para evitar que el ancho de banda y la CPU se distraigan, busca «Horas activas» y configura un horario amplio, por ejemplo de 8:00 a 22:00. Así te aseguras de que el sistema no se ponga a descargar parches mientras estás intentando ganar una partida.
Configuración del Modo Juego y Gráficos
El Modo Juego de Windows es una herramienta muy útil si se sabe configurar. Entra en la sección de «Modo Juego» y busca la opción de Configuración de gráficos. Aquí debes cambiar el modo a «Aplicación clásica» y añadir manualmente el ejecutable (.exe) de tu juego. Ojo, no elijas el lanzador de Steam, sino el archivo real del juego que suele estar en la carpeta common de steamapps.
Una vez añadido el juego, pulsa en opciones y asegúrate de que esté seleccionada la tarjeta gráfica dedicada en lugar de la integrada. Finalmente, marca la casilla de Alto Rendimiento y guarda los cambios para que Windows sepa que ese programa es la prioridad absoluta.
Limpieza de procesos y servicios innecesarios
Tener demasiadas cosas corriendo detrás es el enemigo número uno de los FPS. Una solución rápida es buscar «Segundo Plano» en el menú de inicio y desactivar todas las aplicaciones que no necesites. Si quieres ir un paso más allá, puedes instalar herramientas como Razer Cortex, que se encargan de hibernar procesos superfluos mientras juegas.
Para los más valientes, tocar los servicios de Windows es donde ocurre la verdadera magia. Abre la consola con Win+R, escribe services.msc y cambia el tipo de inicio a modo Manual (nunca desactives del todo para evitar errores). Algunos servicios que puedes pasar a manual son el Administrador de mapas, Cola de Impresión, el Servicio de sensores, Windows Update y el de cifrado BitLocker, entre otros.
Optimización avanzada mediante el Registro (Regedit)
Si quieres exprimir el hardware al límite, toca entrar en el Editor de Registro, pero con mucho cuidado. Dirígete a la ruta HKEY_LOCAL_MACHINE\SOFTWARE\Microsoft\Windows NT\CurrentVersion\Multimedia\SystemProfile. Si no existe, crea un valor DWORD llamado SystemResponsiveness con valor 0 para mejorar la respuesta del sistema.
Dentro de esa misma ruta, entra en la carpeta Task\Games y modifica los siguientes valores para darle prioridad total a la GPU y la CPU: pon el GPU Priority en 8, el Priority en 6 y la Scheduling Category en High. Esto hace que el sistema operativo se centre en el juego antes que en cualquier otra tarea trivial.
Ajustes finales de la Tarjeta Gráfica
No olvides que el software del fabricante es clave. Si tienes una tarjeta AMD, busca tutoriales para desactivar opciones que consumen demasiada V-Ram y ralentizan el rendimiento. Lo mismo ocurre con NVIDIA; entrar en el panel de control y optimizar los ajustes de rendimiento te dará ese empujón final.
Una vez que hayas aplicado todos estos cambios, es fundamental reiniciar el ordenador para que todas las modificaciones en el registro y los servicios entren en vigor. Al volver a encenderlo, notarás que el sistema está mucho más limpio y que los juegos exigentes fluyen con una soltura muy superior a la habitual.
Redactor apasionado del mundo de los bytes y la tecnología en general. Me encanta compartir mis conocimientos a través de la escritura, y eso es lo que haré en este blog, mostrarte todo lo más interesante sobre gadgets, software, hardware, tendencias tecnológicas, y más. Mi objetivo es ayudarte a navegar por el mundo digital de forma sencilla y entretenida.

