- Las máquinas virtuales permiten ejecutar varios sistemas operativos aislados en un mismo equipo físico, gestionados por un hipervisor que reparte los recursos.
- Existen hipervisores de escritorio (VirtualBox, VMware, Parallels) y de servidor (Proxmox, KVM, Xen, vSphere) que se adaptan a distintos niveles de uso y rendimiento.
- Para VMs ligeras es clave contar con CPU de 64 bits con VT-x/AMD-V, al menos 16 GB de RAM, SSD rápido y una configuración ajustada de recursos por máquina.
- Los contenedores como Docker ofrecen virtualización aún más ligera para servicios, pero no sustituyen a las VMs cuando se necesita un sistema completo o GPU passthrough.
Si alguna vez has querido probar otro sistema operativo, descargar imágenes listas de máquinas virtuales, montar un pequeño laboratorio casero o lanzar un servidor sin tener que comprar más hardware, las máquinas virtuales son tu mejor aliada. Hoy en día, con los procesadores multinúcleo y montones de RAM en casi cualquier PC, crear máquinas virtuales ligeras y rápidas está al alcance de cualquiera, tanto para trastear como para proyectos serios.
En las siguientes líneas vamos a ver con calma qué es exactamente una máquina virtual, cómo funciona la virtualización, qué papel juega el hipervisor, qué tipos de soluciones existen (de escritorio, de servidor y por contenedores) y qué programas concretos puedes usar según tu caso. Verás también qué necesita tu PC, qué ventajas e inconvenientes tienen estos sistemas y algunas ideas prácticas para replicar la experiencia de contratar un VPS, pero en tu propia máquina o en un servidor con Proxmox, KVM o similares.
Qué es exactamente una máquina virtual y para qué sirve
Una máquina virtual (VM) es, simplificando mucho, un ordenador completo simulado por software que vive dentro de tu PC real. Ese ordenador virtual tiene su propia RAM, su propio disco, su BIOS/UEFI virtual y su propio sistema operativo invitado (guest), mientras que tu sistema habitual es el anfitrión (host).
En la práctica, es como tener varios ordenadores en uno solo: puedes ejecutar Windows en un portátil con Linux, montar un servidor Linux dentro de Windows 11, o crear un entorno de pruebas aislado dentro de tu propio Windows para instalar programas sospechosos sin poner en peligro el sistema principal.
Para conseguirlo, la máquina virtual emula o expone un hardware virtual (CPU, tarjeta gráfica virtual, tarjetas de red, discos, etc.) que en realidad se apoya en los recursos físicos de tu equipo. El sistema operativo invitado crea que se está ejecutando en un PC físico, cuando en realidad todo está orquestado por el software de virtualización.
Este software es el famoso hipervisor, que es quien reparte procesador, memoria y almacenamiento entre el host y las distintas máquinas virtuales, y quien garantiza el aislamiento para que un error o un malware en una VM no tiren abajo el resto de sistemas, al menos en teoría.
Cómo funciona la virtualización: hipervisor, host y guest

El corazón de todo este tinglado es el hipervisor. Es la pieza de software (o de firmware, en algunos casos) que se encarga de controlar el hardware físico y presentarlo a las máquinas virtuales como si fuera suyo. Cuando una VM necesita CPU, RAM o acceso a disco, el hipervisor intercepta esa petición y la traduce al hardware real.
En este modelo tenemos siempre tres protagonistas con nombre y apellidos: la máquina anfitrión (host), que es tu PC físico y su sistema operativo principal; la máquina invitada (guest), que es la VM con su sistema operativo virtualizado; y el propio hipervisor, que puede ejecutarse sobre el sistema anfitrión o directamente sobre el hardware.
Cuando estás dentro de una VM y un programa solicita más memoria o lanza una instrucción especial de CPU, el hipervisor programa esa instrucción en el procesador físico, reserva RAM de la disponible en el host y se encarga de que cada máquina vea únicamente los recursos que le has asignado. El almacenamiento suele representarse como uno o varios archivos de disco virtual (VDI, VMDK, QCOW2, etc.), y existen herramientas para convertir discos virtuales entre formatos cuando necesitas compatibilidad o migrar imágenes entre hipervisores.
Una de las claves para crear máquinas virtuales ligeras es ajustar bien esos recursos asignados: ni quedarte corto, causando cuellos de botella, ni pasarte y dejar sin aire al sistema anfitrión. Aquí entra en juego también el tipo de hipervisor que estés usando.
Tipos de hipervisores y en qué se diferencian
No todos los hipervisores funcionan igual ni apuntan al mismo tipo de usuario. De forma general, se suelen dividir en dos grandes grupos, que influyen mucho en el rendimiento y la ligereza de tus máquinas virtuales.
Por un lado están los hipervisores tipo 1, también llamados bare-metal. Se instalan directamente sobre el hardware, ocupando el lugar del sistema operativo tradicional. Es el caso de soluciones como Proxmox VE, VMware ESXi, XenServer o muchas implementaciones de KVM en servidores. Aquí el hipervisor es el sistema base, y sobre él creas y gestionas las VMs.
Este enfoque suele ofrecer más rendimiento y menos sobrecarga, porque hay menos capas entre el invitado y el hardware. Es ideal para servidores, entornos de producción y cuando quieres exprimir al máximo CPU, RAM y GPU, por ejemplo para cargas de trabajo de IA o virtualización de escritorios completa.
En el otro lado están los hipervisores tipo 2, que se ejecutan como una aplicación más dentro de un sistema operativo host. Productos como VirtualBox, VMware Workstation Player/Pro, Parallels Desktop o GNOME Boxes entran en esta categoría. Son las opciones típicas de escritorio: fáciles de instalar, con interfaz gráfica amigable y pensadas para un solo usuario.
En estos casos el hipervisor se apoya en el sistema host, por lo que hay algo más de sobrecarga, pero a cambio ganas mucha comodidad, mejor integración con el escritorio y menos curva de aprendizaje para empezar a crear máquinas virtuales ligeras para pruebas, desarrollo o formación.
Ventajas, inconvenientes y riesgos de usar máquinas virtuales
Antes de meterte a saco a instalar hipervisores y crear VMs como si no hubiera un mañana, conviene tener claro qué aportan y qué contras tienen. La virtualización ha explotado en popularidad porque ofrece beneficios muy concretos tanto para usuarios domésticos como para empresas.
Entre sus ventajas, una de las más potentes es que te permite usar varios sistemas operativos al mismo tiempo en una sola máquina física. Un PC Windows puede alojar varias distribuciones Linux, un Mac puede ejecutar Windows para usar aplicaciones concretas, o un servidor puede agrupar correo, bases de datos y servidores web como VMs independientes.
También facilita muchísimo el trabajo a desarrolladores y administradores, ya que pueden probar software en entornos aislados, reproducir escenarios de producción, crear redes virtuales complejas o simular infraestructuras completas sin necesidad de llenar un rack de máquinas físicas.
Otra baza muy interesante es la seguridad y el aislamiento. Ejecutar software sospechoso, abrir adjuntos dudosos o navegar en webs poco fiables dentro de una VM reduce el riesgo sobre el sistema principal. Incluso herramientas como Windows Sandbox se basan en este concepto para darte un mini Windows volátil donde todo lo que hagas desaparece al cerrarlo.
A nivel de administración, las VMs permiten gestionar mejor los recursos, consolidar servidores, ahorrar en hardware y energía, y aprovechar funciones como las instantáneas (snapshots) para congelar el estado de un sistema antes de un cambio arriesgado y volver atrás si algo se rompe. Si necesitas profundizar en cómo crear y gestionar instantáneas en entornos comerciales, consulta cómo crear snapshots en VMware.
Sin embargo, no todo es perfecto. El primer gran inconveniente es el rendimiento: siempre hay una pequeña o gran penalización respecto a ejecutar el sistema directamente sobre el hardware. En tareas de ofimática, desarrollo web o pruebas no se nota tanto, pero en juegos 3D, renderizado o cargas muy intensivas de GPU y disco se hace evidente.
Además, las máquinas virtuales son tragonas de recursos. Ejecutar dos sistemas operativos a la vez implica que tu PC debe tener CPU, RAM y almacenamiento de sobra. Un equipo justo se arrastrará si intentas tener varias VMs abiertas o si montas sistemas invitados pesados como Windows 11 con aplicaciones exigentes.
También hay que tener en cuenta el aspecto de la seguridad real. Muchas personas creen que usar VM + VPN es como ser invisibles en Internet, y no es así. Un phishing en el navegador de la VM puede infectar la propia VM, y ciertos tipos de malware avanzados pueden incluso intentar escapar hacia el host aprovechando vulnerabilidades en el hipervisor o en redes compartidas. Para entornos Windows orientados a máxima protección puedes informarte sobre Shielded VMs en Hyper-V y otras medidas de aislamiento.
Por eso, las buenas prácticas de seguridad (no abrir cualquier adjunto, actualizar sistemas e hipervisores, usar antivirus cuando proceda, segmentar redes virtuales, etc.) siguen siendo igual de necesarias tanto dentro como fuera de una máquina virtual.
Qué necesita tu PC para crear máquinas virtuales ligeras
Para que la experiencia con máquinas virtuales no se convierta en un suplicio, tu equipo debe cumplir unos mínimos bastante claros, sobre todo si quieres que las VMs sean ágiles y ligeras y no parezca que van a pedales.
En cuanto al procesador, es prácticamente imprescindible que sea de 64 bits y con soporte de virtualización por hardware (Intel VT-x, AMD-V o equivalente) activado en la BIOS/UEFI. Para uso básico se recomienda tener al menos 4 núcleos físicos, y si piensas ejecutar varias VMs exigentes o hacer cosas de IA, mejor 6 u 8 núcleos. Si no lo tienes activado, sigue una guía para activar la virtualización desde la BIOS/UEFI.
La memoria RAM es el recurso más crítico. La máquina anfitriona y las VMs tienen que convivir, así que si solo tienes 8 GB vas a ir bastante justo en cuanto quieras arrancar un par de máquinas con escritorios gráficos. Lo razonable hoy en día para trabajar cómodo con virtualización es partir de 16 GB de RAM, y si eres de crear muchas VMs a la vez, apuntar a 32 GB.
Respecto al almacenamiento, hoy en día un SSD es casi obligatorio. Las VMs generan mucho acceso a disco, y un HDD mecánico hunde el rendimiento en arranques, instalación de sistemas y uso intensivo de I/O. Calcula reservar al menos 50 GB por VM para distribuciones Linux de escritorio y 80 GB o más para Windows.
No olvides revisar también la compatibilidad de la GPU si vas a pasarla a una VM (GPU passthrough) para exprimir aceleración gráfica o modelos de IA. En entornos como Proxmox, KVM o Proxmox+LXC se puede passthrough de GPU, discos y otros dispositivos PCI, lo que requiere hardware adecuado y algo más de maña; para entender mejor el uso de dispositivos dedicados consulta cómo usar dispositivos raw en máquinas virtuales.
Programas de escritorio para crear máquinas virtuales
Si te mueves en un PC de sobremesa o portátil y quieres empezar a crear máquinas virtuales ligeras sin complicarte con hipervisores de servidor, la opción habitual es tirar de hipervisores tipo 2 con interfaz gráfica. Aquí tienes los más conocidos y lo que puedes esperar de ellos.
VirtualBox es probablemente la herramienta más popular entre usuarios domésticos y gente que está empezando. Es gratuita, multiplataforma (Windows, Linux y macOS) y permite crear VMs de prácticamente cualquier sistema: desde Windows XP hasta Windows 11, pasando por multitud de distribuciones Linux, Solaris o incluso viejas versiones de macOS con sus limitaciones.
Su interfaz gráfica es relativamente sencilla y permite ajustar de forma clara RAM, núcleos de CPU, tipo de almacenamiento, red, EFI, USB, carpetas compartidas y un largo etcétera. Guarda la configuración de las máquinas en XML, lo que facilita moverlas entre equipos. Además, con las «Guest Additions» mejora la integración del ratón, la resolución de pantalla y el portapapeles entre host e invitado; si buscas ejemplos y comandos avanzados, en VirtualBox comandos y ejemplos tienes una buena referencia.
Entre sus pegas, desde hace ya tiempo no soporta hosts de 32 bits, por lo que si aún usas un sistema de 32 bits te quedarás anclado en versiones antiguas sin soporte. También ha tenido sus idas y venidas con el soporte de ciertas funciones, como la virtualización de TPM 2.0 para Windows 11, lo que obliga en algunos casos a trucos para saltarte los requisitos.
Otra opción muy extendida es VMware Workstation, que tiene una versión gratuita para uso personal (Player) y otra de pago más completa (Pro). Está disponible para Windows y Linux, y aunque su asistente de creación es bastante cómodo, la configuración avanzada puede resultar más compleja que en VirtualBox, ya que ofrece más opciones de red, snapshots, clonación avanzada y control fino de hardware virtual.
La versión Pro permite ejecutar varias VMs de forma simultánea con muy buena integración, clonar máquinas, crear redes virtuales complejas y virtualizar incluso el propio sistema host para pruebas. A cambio, es un producto más orientado al ámbito profesional, con una licencia de pago si quieres desbloquear todo su potencial y un nivel de detalle que puede abrumar a quien solo quiere «una VM para probar Linux». Si te interesa automatizar tareas en Windows relacionadas con VMs tienes guías sobre cómo automatizar el arranque de máquinas virtuales.
En macOS, el rey tradicional es Parallels Desktop. Está muy pulido para ejecutar Windows y Linux dentro de macOS con un nivel de integración altísimo: portapapeles compartido, arrastrar y soltar, carpetas compartidas, aplicaciones de Windows integradas en el Dock, etc. Es ideal para quienes necesitan aplicaciones de Windows sin renunciar al entorno de Mac.
Parallels también puede virtualizar otros sistemas (Android, distintas distros Linux), optimiza automáticamente la asignación de recursos y está muy bien afinado en rendimiento. El gran pero es que es un producto de pago y exclusivo de macOS, así que si usas Windows o Linux no te sirve de nada.
En el ecosistema de Apple también encontramos Veertu, que apunta a un uso similar (virtualizar Windows y Linux en Mac) con un enfoque ligero y relativamente sencillo de usar, y Wineskin Winery, que realmente no es una VM completa, sino una capa tipo Wine para ejecutar aplicaciones de Windows empaquetadas en «contenedores» dentro de macOS, ideal para juegos o programas pequeños sin tener que montar un Windows entero.
Virtualización nativa en Windows y macOS: Hyper-V, Sandbox y Boot Camp
Además de las herramientas de terceros, tanto Microsoft como Apple ofrecen sus propias soluciones para virtualizar o ejecutar otros sistemas operativos, cada una con sus particularidades y limitaciones, que pueden venirte bien para crear entornos ligeros muy concretos.
En el caso de Windows, la solución oficial es Hyper-V, incluida en Windows Server desde hace años y en ediciones Pro y Enterprise de Windows 8, 8.1, 10 y 11 de 64 bits. Hyper-V funciona como un hipervisor tipo 1 soportándose en el propio sistema, y permite crear VMs de Windows, Linux e incluso algunas versiones de otros sistemas con un rendimiento muy decente.
Su principal ventaja es estar integrado en el ecosistema Microsoft: sirve de base para Windows Sandbox, WSL2 (Subsistema de Windows para Linux), Docker Desktop en Windows y muchas soluciones corporativas. El inconveniente es que su interfaz y forma de trabajar no son tan amigables como VirtualBox para usuarios novatos, y además puede pelearse con otros hipervisores; si activas Hyper-V, muchas veces VirtualBox o VMware pierden rendimiento porque ya no controlan directamente el hardware.
Windows Sandbox es, en realidad, un modo especial de Hyper-V que arranca una instancia efímera y muy ligera de tu mismo Windows, aislada y pensada exclusivamente para probar software de forma segura. No es una «VM para trabajar» al uso: no guarda cambios, tiene opciones limitadas y está enfocada a pruebas rápidas, pero para testear instaladores dudosos viene de cine.
El Subsistema de Windows para Linux (WSL/WSL2) también se apoya en tecnologías de virtualización de Microsoft para ofrecer entornos Linux dentro de Windows. WSL2, en particular, ejecuta un kernel Linux real en una mini máquina virtual optimizada, lo que permite correr aplicaciones de consola, herramientas de desarrollo, y con algo de configuración, aplicaciones gráficas.
No es un sistema de virtualización genérico como VirtualBox (no instalas cualquier distro igual que en un PC físico), pero ofrece una forma muy ligera de ejecutar Linux para desarrollo sin salir de Windows, con acceso a archivos compartidos y buenas prestaciones para terminal, compiladores, Docker y demás.
En el mundo Mac, durante años la opción para tener Windows sin virtualización fue Boot Camp, que lo que hace no es crear una VM, sino generar una partición para instalar Windows «a pelo» y permitirte arrancar el Mac alternativamente en macOS o en Windows. Esto da rendimiento nativo, ya que no hay emulación ni capas intermedias, pero no puedes usar a la vez macOS y Windows, ni compartir recursos dinámicamente.
Con la llegada de los Macs con procesadores Apple Silicon (ARM), Boot Camp ha quedado en tierra de nadie, porque no hay una versión oficial de Windows para esa arquitectura que se pueda instalar de forma soportada. En estos equipos, la alternativa pasan a ser directamente hipervisores como Parallels adaptados a ARM, o soluciones específicas como UTM para iOS y macOS ARM.
Soluciones de servidor para VMs ligeras: Proxmox, KVM, Xen y compañía
Cuando quieres dar un paso más y montar algo parecido a lo que te ofrece un proveedor de VPS (crear VMs en dos clics, asignarles IP por DHCP, hacer snapshots, migrarlas entre nodos…) lo suyo es pasar a hipervisores tipo 1 o soluciones de servidor. Aquí entran en juego nombres como Proxmox, KVM, Xen, VMware vSphere o Citrix XenServer.
Proxmox VE es una de las joyas del software libre en este ámbito. Basado en Debian, se instala directamente como sistema operativo en el servidor y te ofrece una interfaz web en HTML5 desde la que puedes crear y gestionar máquinas KVM y contenedores LXC, manejar redes virtuales, almacenamiento compartido, snapshots, backups, alta disponibilidad y un largo etcétera.
Una de sus grandes bazas es que está optimizado para consumir muy pocos recursos como base, de manera que casi todo el hardware disponible se pueda dedicar a las VMs. Permite además passthrough de GPU y otros dispositivos PCI, lo que lo hace muy interesante para montarte tu propio servidor de IA o estaciones de trabajo virtualizadas con acceso directo a la gráfica; para ver cómo manejar dispositivos a bajo nivel consulta cómo .
Si vienes del mundo de los VPS y quieres replicar la experiencia de «crear una VM Ubuntu en un minuto», Proxmox brilla especialmente combinándolo con plantillas cloud-init y almacenamiento por imágenes. Puedes tener una plantilla de Ubuntu preparada y, al clonar, cada VM recibe su configuración de red vía DHCP o estática gracias a cloud-init, cambiando automáticamente la IP y otros parámetros para no duplicar identidad.
Debajo de Proxmox y de muchas otras soluciones está KVM (Kernel-based Virtual Machine), que forma parte del kernel Linux y convierte al propio sistema en un hipervisor. KVM permite ejecutar entornos totalmente aislados, con un rendimiento muy cercano al nativo gracias a que se integra directamente con el kernel y aprovecha las extensiones de virtualización de la CPU.
Sobre KVM se apoyan herramientas de escritorio como virt-manager, GNOME Boxes o virt-install, y soluciones de servidor como Proxmox o muchas nubes privadas. Eso sí, requiere cierto nivel de conocimiento de Linux y suele exigir hardware decente; es un entorno muy potente, pero no tan amigable para usuarios que vienen solo de Windows.
Otra alternativa en este terreno es Xen, un hipervisor de código abierto que durante años ha tenido mucha presencia en nubes públicas y soluciones empresariales. Es muy versátil y se considera uno de los hipervisores más seguros cuando se configura correctamente, con soporte incluso por parte de fabricantes como Intel. Sin embargo, su complejidad de uso y cierta historia de vulnerabilidades hacen que no sea la primera opción para un usuario doméstico que solo quiere un par de VMs ligeras.
En la parte comercial, VMware vSphere/ESXi y Citrix XenServer (hoy Citrix Hypervisor) son referentes de virtualización en empresas, con funciones avanzadas como migración en caliente, clustering, gestión centralizada, informes de rendimiento, almacenamiento fino (thin provisioning) y demás. Son soluciones excelentes, pero con licencias de pago, pensadas para datacenters y no tanto para el típico homelab de sobremesa.
Contenedores y Docker: virtualización ligera con letra pequeña
Cuando se habla de crear máquinas virtuales ligeras siempre acaba saliendo el tema de los contenedores, especialmente Docker. Y es importante aclarar que, aunque el objetivo se parece (aislar cosas), la tecnología es distinta y no sustituye del todo a las VMs tradicionales.
Mientras una VM emula o expone un hardware completo para ejecutar un sistema operativo invitado entero, un contenedor como los de Docker comparte el kernel del sistema anfitrión y solo empaqueta la aplicación y sus dependencias. Eso los hace mucho más rápidos de arrancar, ocupan menos disco y consumen menos recursos, ideales para microservicios, APIs, bases de datos, cachés, etc.
Por ejemplo, en lugar de crear una VM completa con Linux para montar un servidor web, puedes desplegar un contenedor con Nginx que solo incluye lo justo y necesario. El rendimiento es excelente, los tiempos de arranque son segundos o milisegundos y puedes escalar horizontalmente con mucha facilidad.
Sin embargo, no conviene confundir Docker con una máquina virtual. En Docker no «instalas un Windows» o «un Linux completo» de la misma forma que en VirtualBox, y el aislamiento depende en gran medida del kernel compartido. Tampoco dispones, de serie, de un entorno de escritorio ni de la misma flexibilidad que con una VM generalista.
Para muchos escenarios de servidor, los contenedores son la manera más ligera de desplegar servicios, pero si lo que necesitas es passthrough de GPU, un escritorio completo, o jugar y desarrollar desde una misma máquina, las VMs siguen siendo la opción principal, y Docker se convierte más en un complemento que en un sustituto.
Virtualización ligera en Linux: Boxes, virt-manager, Multipass y DOSBox
Si ya estás en Linux o quieres dar el salto para usarlo como base de tus máquinas virtuales ligeras, tienes varias herramientas interesantes, desde las más amigables hasta las pensadas para automatización pura y dura.
En entornos de escritorio como GNOME, la aplicación Cajas de GNOME (GNOME Boxes) ofrece una forma muy sencilla de crear VMs usando la virtualización nativa de Linux vía KVM. Su interfaz es más minimalista que la de VirtualBox, pero cubre las opciones básicas: cantidad de memoria, número de CPUs, almacenamiento, aceleración gráfica, arranque EFI, etc.
Para quien necesita más control, virt-manager es el clásico gestor gráfico de máquinas KVM/QEMU, con un abanico enorme de parámetros de configuración. Y si lo tuyo es la línea de comandos, virt-install permite automatizar la creación y aprovisionamiento de VMs mediante scripts, perfecto para levantar entornos repetibles sin tocar ratón.
Otra herramienta curiosa y multiplataforma es Multipass, desarrollada por Canonical. Funciona en Windows, Linux y macOS y está pensada para ofrecer instancias Ubuntu ligeras al vuelo, ideales para desarrollo y pruebas. Usa Hyper-V en Windows, HyperKit en macOS y KVM en Linux, y se integra bien con Cloud-init para simular despliegues en la nube.
Multipass te permite levantar con un solo comando una VM Ubuntu, compartir carpetas con el host y mantener siempre imágenes actualizadas. No es la opción más amigable para quien nunca ha tocado una terminal, pero para desarrolladores que quieran entornos limpios de Ubuntu sin montar un servidor gordo es una herramienta muy resultona.
En un ámbito mucho más retro está DOSBox, que no tiene como objetivo crear VMs modernas, sino emular el viejo MS-DOS y hardware tipo 286/386. Sirve para jugar a títulos clásicos y ejecutar programas antiguos imposibles de lanzar en sistemas actuales. No tiene interfaz gráfica elaborada (va a base de comandos) y está orientada casi exclusivamente a la nostalgia y a la preservación.
Opciones específicas para Mac, iOS y ejecución de apps de Windows
Más allá de Parallels y Veertu en macOS, el ecosistema Apple tiene otras soluciones interesantes cuando lo que buscas es ejecutar software de otros sistemas operativos sin montar una VM pesada.
Ya hemos mencionado Wineskin Winery, que funciona como un interfaz para Wine y permite encapsular programas de Windows en «envoltorios» que se ejecutan como si fueran apps nativas de Mac. Es ideal para juegos y aplicaciones no demasiado complejas, aunque se queda corta para suites enormes como Office o para cargas muy pesadas.
En el terreno móvil, UTM es una herramienta muy potente para crear máquinas virtuales en iOS (iPhone y iPad) y en Macs con Apple Silicon, sin necesidad de jailbreak. Emula más de 30 tipos de procesadores distintos y puede ejecutar sistemas como Windows, Linux o Android, con una interfaz relativamente sencilla y opciones avanzadas para los que quieran trastear.
UTM aprovecha QEMU por debajo y ofrece una forma sorprendentemente cómoda de tener máquinas virtuales ligeras en dispositivos móviles, aunque, lógicamente, las limitaciones de rendimiento y almacenamiento de un iPhone o iPad no son las mismas que las de un PC de sobremesa.
Cómo elegir la herramienta adecuada y no morir en el intento
Con tanta opción disponible, es fácil hacerse un lío. La clave para elegir la mejor solución de virtualización (y crear así máquinas virtuales lo más ligeras posible para tu caso) es tener clara la finalidad y tu nivel de experiencia.
Si eres usuario de escritorio y solo quieres probar otras distros, ejecutar algún programa concreto o aislar un poco tu entorno, lo más sensato es empezar con algo como VirtualBox, VMware Player o GNOME Boxes. Son fáciles de instalar, cuentan con mucha documentación y no requieren aprender comandos raros.
Si en cambio tu plan es montar un pequeño servidor casero para ti y tus amigos, crear VMs tipo VPS con IP propia, automatizar despliegues o experimentar con passthrough de GPU para IA o juegos, te interesa mirar hacia Proxmox, KVM con virt-manager, Xen o incluso vSphere, sabiendo que la curva de aprendizaje es mayor pero las posibilidades también.
Fíjate siempre en aspectos como la sencillez de uso (interfaz, asistentes, documentación), el precio y licenciamiento (gratuitas, de pago, ediciones limitadas), el control sobre el hardware (passthrough de dispositivos, tipo de red, aceleración gráfica), la compatibilidad con los sistemas invitados que quieres usar y las funciones avanzadas que realmente necesitas (snapshots, backups, clustering, nubes híbridas, etc.). Para entender mejor las opciones de red consulta los tipos de redes en Hyper-V, VirtualBox y VMware.
Tampoco olvides que, aunque la virtualización aporta un extra de protección, las máquinas virtuales no son un escudo mágico: si se configuran mal, si usas redes puenteadas sin cuidado o si arrastras malos hábitos, puedes abrir puertas a malware, fugas de datos o vulnerabilidades en el hipervisor. Mantener todo actualizado y aplicar las mismas medidas de seguridad que en un sistema físico sigue siendo obligatorio.
Al final, tanto si quieres un entorno súper minimalista que solo ejecute VMs para jugar y desarrollar como si pretendes levantar un pequeño «mini-Cloud» en casa, el ecosistema actual de virtualización te da herramientas de sobra para conseguir máquinas virtuales ligeras, rápidas y bastante seguras, siempre que ajustes bien los recursos, elijas el hipervisor adecuado y le pierdas el miedo a experimentar con un poco de método.
Redactor apasionado del mundo de los bytes y la tecnología en general. Me encanta compartir mis conocimientos a través de la escritura, y eso es lo que haré en este blog, mostrarte todo lo más interesante sobre gadgets, software, hardware, tendencias tecnológicas, y más. Mi objetivo es ayudarte a navegar por el mundo digital de forma sencilla y entretenida.
