Las curiosidades más sorprendentes sobre Apple que no conocías

Última actualización: 10/02/2026
Autor: Isaac
  • Apple nació de la unión de Jobs, Wozniak y Wayne, con productos pioneros como el Apple I y el Macintosh, y un logo que pasó de Isaac Newton a la icónica manzana mordida.
  • La compañía ha protagonizado sonoros fracasos como Lisa, Newton o la consola Pippin, y experimentos curiosos como la línea de ropa The Apple Collection o el proyecto Apple Café.
  • El diseño extremo y el secretismo han marcado la cultura de Apple, desde ratones poco ergonómicos y sensores ocultos hasta tiendas registradas como obras de diseño industrial.
  • La etapa de Tim Cook aporta nuevas curiosidades: hábitos de trabajo casi militares, mermelada hecha con fruta del Apple Park y casos reales en los que el Apple Watch ha ayudado a salvar vidas.

Curiosidades sobre Apple

Apple es mucho más que una empresa de tecnología: se ha convertido en un símbolo de estatus, un estilo de vida y casi una religión para sus seguidores. Detrás de sus productos minimalistas y su marketing impecable se esconden historias de decisiones locas, éxitos rotundos, fracasos sonados y un nivel de secretismo digno de una película de espías.

A lo largo de su historia, la compañía ha pasado por garajes improvisados, ordenadores que nadie compró, consolas olvidadas, líneas de ropa imposibles y hasta proyectos de cafeterías futuristas. Repasamos una larga lista de curiosidades sobre Apple, sus fundadores y Tim Cook, hilando datos históricos, anécdotas frikis y detalles que solo suelen conocer los fans más entregados.

Los orígenes de Apple y sus tres fundadores

Apple nació oficialmente el 1 de abril de 1976, fundada por Steve Jobs, Steve Wozniak y Ronald Wayne. Aunque casi todo el mundo recuerda solo a los dos primeros, la realidad es que Wayne fue cofundador de pleno derecho: redactó el acuerdo de constitución, participó en los primeros pasos de la empresa y diseñó el primer logotipo.

La historia de Ronald Wayne es una de las meteduras de pata económicas más famosas del mundo tecnológico. Apenas doce días después de firmar la creación de la compañía, decidió marcharse para evitar riesgos financieros y vendió su participación por unos 800 dólares a Jobs y Wozniak. Hoy, ese paquete de acciones estaría valorado en decenas de miles de millones, una auténtica locura.

Wayne no solo renunció a sus acciones; también vendió el contrato original de fundación de Apple a un coleccionista de autógrafos por unos 500 dólares. Años más tarde, ese mismo documento se subastó por más de un millón de dólares, demostrando que cualquier cosa relacionada con los comienzos de Apple se revaloriza de forma disparatada.

La chispa inicial surgió cuando Steve Wozniak soñaba con construir su propio ordenador. Fascinado por la informática, diseñó el Apple I en 1975-1976. Animado por amigos en común, se unió a Steve Jobs, un antiguo compañero de instituto, y trasladaron sus primeros experimentos al famoso garaje de la familia Jobs. Para financiarse, Jobs vendió su furgoneta y Wozniak se deshizo de su calculadora programable, con tal de seguir adelante con el proyecto.

El Apple I y el precio más polémico: 666,66 dólares

Historia del Apple I

El Apple I fue el primer ordenador que la compañía comercializó y se vendía como placa base ensamblada, sin carcasa ni periféricos. En 1976, Steve Wozniak decidió ponerle un precio bastante llamativo: 666,66 dólares. A pesar de las teorías que han surgido después, Wozniak explicó que no había ninguna connotación religiosa detrás, simplemente le gustaban las cifras repetidas y le resultaba muy cómodo de teclear y recordar.

Hoy en día, ese mismo Apple I se ha convertido en una pieza de coleccionista cotizadísima. Se calcula que quedan muy pocas unidades funcionales —alrededor de unas pocas decenas— y algunas han alcanzado cifras espectaculares en subastas, superando los cientos de miles de dólares. Para los amantes de la historia de la informática, tener uno es casi como poseer la piedra Rosetta de los ordenadores personales.

Curiosamente, en algunas subastas recientes el Apple I ha llegado a superar con creces los precios que alcanzó el propio Apple cuando salió a Bolsa en 1980. Si alguien hubiera invertido solo 22 dólares en una acción de Apple en aquel momento, hoy esa acción habría multiplicado su valor miles de veces, demostrando hasta qué punto la compañía ha crecido desde aquel garaje de California.

El primer logo de Apple y la evolución de la manzana

Antes de la icónica manzana mordida, Apple tuvo un logotipo casi imposible de usar en la práctica. El diseño original, obra de Ronald Wayne, mostraba a Isaac Newton sentado debajo de un manzano, justo en el momento en que una manzana está a punto de caerle sobre la cabeza. Todo ello iba enmarcado en un dibujo lleno de filigranas y con una cita en inglés antiguo, más propio de una ilustración victoriana que de una empresa de tecnología.

El problema era evidente: aquel logo era precioso, pero era totalmente impráctico para imprimir en cajas, manuales o en los propios ordenadores. Steve Jobs lo vio claro y decidió que necesitaban algo mucho más simple y reconocible. En 1977, el diseñador Rob Janoff creó la famosa silueta de la manzana mordida con los colores del arcoíris, un guiño al Apple II, uno de los primeros ordenadores personales con pantalla en color.

Además, siempre ha habido teorías sobre el porqué de la mordida. Algunos fans han jugado con la coincidencia entre las palabras inglesas “bite” (mordisco) y “byte”, la unidad básica de información digital. Aunque nunca se ha confirmado como explicación oficial, la idea encaja tan bien con la cultura geek que se ha convertido en una de las historias más repetidas sobre el logo.

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Macintosh: el ordenador que tomó su nombre de una manzana

El mítico Macintosh, presentado el 24 de enero de 1984, fue el primer ordenador personal con interfaz gráfica y ratón que triunfó comercialmente. Su lanzamiento marcó un antes y un después en la forma en la que la gente se relacionaba con los ordenadores, alejándose de las líneas de comandos y acercándose a ventanas, iconos y menús.

Lo curioso es el origen de su nombre. El concepto “Macintosh” se lo debemos a Jeff Raskin, un empleado de Apple apasionado por las manzanas McIntosh. Propuso bautizar el proyecto con ese nombre en honor a su variedad de manzana favorita. Para evitar conflictos legales por la marca, se ajustó ligeramente la grafía hasta convertirlo en “Macintosh”, y con el tiempo se acortó a “Mac” para el gran público.

Steve Jobs no estaba del todo convencido con el nombre y llegó a jugar con alternativas como “Bicycle”, porque le gustaba la idea del ordenador como una bicicleta para la mente. Al final, los ejecutivos de la compañía apostaron por mantener Macintosh, y el tiempo les dio la razón: hoy es uno de los nombres más reconocibles del sector tecnológico.

Con el paso de los años, la familia Mac se amplió con diseños icónicos, como el iMac G3 de colores translúcidos, cuyo aspecto rompió con la estética gris y aburrida de los ordenadores de la época. Para elegir aquellos tonos tan vivos, el equipo de diseño liderado por Jony Ive llegó a inspirarse en cómo se trabajaban los colores en una fábrica de caramelos, buscando tonos llamativos pero agradables a la vista.

Lisa, Newton y otros fracasos muy caros

Apple no siempre ha dado en el clavo. Uno de los ejemplos más sonados fue el Apple Lisa, un ordenador lanzado en 1983. Era una máquina adelantada a su tiempo, con interfaz gráfica, ratón y una arquitectura de software muy avanzada. Su nombre respondía al acrónimo “Logical Integrated Software Architecture”, aunque coincidía sospechosamente con el nombre de la hija de Steve Jobs, lo que alimentó todo tipo de rumores.

El principal problema del Lisa fue su precio. Costaba cerca de 10.000 dólares de la época, una cifra prohibitiva incluso para empresas, lo que limitó muchísimo sus ventas. No llegó a alcanzar las 100.000 unidades vendidas y terminó considerándose un fracaso comercial. Paradójicamente, hoy los Lisa que se conservan en buen estado son auténticas joyas para coleccionistas.

A finales de los 80 y principios de los 90, Apple volvió a tropezar con otro experimento: la PDA Newton. Este asistente personal tardó más de una década en desarrollarse y se presentó como una herramienta revolucionaria para tomar notas y organizar la vida diaria. Sin embargo, tenía problemas de reconocimiento de escritura y un precio demasiado elevado, por lo que nunca consiguió el impacto esperado.

Durante esa misma época, la compañía lanzó el Macintosh Portable, su primer ordenador “portátil”, aunque pesaba casi ocho kilos y, en la práctica, necesitaba estar enchufado la mayor parte del tiempo. Resultaba tan aparatoso que muchos lo recuerdan con cierta sorna como un portátil solo “sobre el papel”.

La consola Pippin y el intento fallido de conquistar el salón

En su afán por expandirse más allá del ordenador, Apple también se aventuró en el mundo de los videojuegos. En 1996, en colaboración con Bandai, lanzó la consola Pippin. El dispositivo podía ejecutar juegos, reproducir CD y conectarse a Internet, algo bastante avanzado para la época; hoy, algunos juegos como Cyberpunk 2077 llega a Mac.

El problema fue el de siempre: era mucho más cara que la competencia y apenas tenía catálogo. Costaba aproximadamente el doble que una PlayStation y bastante más que una Nintendo 64, sin ofrecer una experiencia de juego superior ni títulos exclusivos atractivos. Las ventas fueron mínimas y el proyecto se canceló en cuestión de meses, quedando como una de esas rarezas que solo recuerdan los más frikis.

The Apple Collection: cuando la manzana intentó ser marca de moda

En 1986, poco después de la primera salida de Steve Jobs de la compañía, Apple decidió explorar nuevos horizontes lanzando una línea de ropa y accesorios llamada “The Apple Collection”. La gama incluía camisetas, sudaderas, camisas, cinturones, gorras, mochilas y todo tipo de complementos decorados con la manzana multicolor.

La cosa no se quedó solo en ropa. Apple llegó a vender relojes, navajas suizas, fiambreras, cantimploras, toallas, sombrillas e incluso una tabla de windsurf con su logo. El catálogo parecía más una tienda de recuerdos temáticos que la propuesta de una tecnológica seria, y al público no terminó de convencerle la idea de vestir logotipos de ordenadores.

A pesar de que comercialmente fue un fiasco, con el paso de los años estas prendas se han convertido en auténticos objetos de coleccionista. Sudaderas, camisetas y accesorios de aquella época se venden hoy por cifras muy altas entre fans y nostálgicos, que ven en ellos una parte muy particular de la historia de la marca.

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Apple Café y las tiendas convertidas en obras de diseño

Entre 1997 y 1998, mientras Apple se reorganizaba y preparaba el regreso de Jobs, surgió una idea que hoy suena muy familiar: el Apple Café. La visión era crear espacios donde los usuarios pudieran probar productos de la marca mientras comían o tomaban algo, una especie de cibercafé de autor con todo el ecosistema Apple integrado.

El concepto nunca llegó a materializarse como tal, pero sirvió de inspiración para las futuras Apple Store, que terminarían siendo un elemento clave en la estrategia de la compañía. Hoy las tiendas de Apple no solo venden productos: son puntos de experiencia, de soporte y de imagen de marca.

La obsesión por el diseño es tal que el concepto de las Apple Store está registrado como diseño industrial. La distribución de las mesas, la iluminación, los materiales usados en suelos y escaleras, e incluso algunos elementos de cristal y mármol, están protegidos legalmente. En algunos casos, escaleras de vidrio y otros detalles han sido objeto de patentes específicas, reforzando la idea de que cada tienda es casi una obra de arquitectura y diseño de interiores.

Tim Cook: hábitos, manías y curiosidades del actual CEO

Con la llegada de Tim Cook al cargo de CEO, Apple entró en una nueva etapa. Más allá de la imagen pública sobria, Cook ha ido dejando caer curiosidades personales en entrevistas y podcasts que ayudan a entender su manera de dirigir la empresa.

Tim Cook se declara un amante de la madrugada. Asegura que es su momento preferido del día porque puede “bloquear el mundo” y centrarse en lo importante. Suele despertarse antes de las cinco de la mañana para ponerse al día con los correos electrónicos: en un día cualquiera puede recibir más de 600 mensajes, y dedica ese tramo inicial de la jornada a revisar, filtrar y responder.

En cuanto a sus costumbres, Cook suele desayunar cereales de anacardo ricos en proteínas con leche de almendras sin azúcar, comprados en Whole Foods. No es especialmente aficionado a cocinar, por lo que la mayor parte de sus comidas entre semana las hace en Caffé Macs, la cafetería del Apple Park. Allí puede elegir entre comida china, india, sushi, hamburguesas, pizzas, ensaladas o sopas, adaptadas a la diversidad cultural de los empleados.

Tim Cook también ha contado que trabaja cuatro días a la semana desde el Apple Park y que, por norma general, los viernes suele trabajar desde casa, porque la oficina está casi vacía y le resulta algo deprimente caminar por pasillos sin gente. En su tiempo libre le gusta hacer senderismo y visitar parques nacionales, y entre sus gustos gastronómicos destaca el pescado —especialmente el pulpo—, el vino blanco Chardonnay (siendo Kistler uno de sus favoritos) y el chocolate negro.

Una anécdota especialmente potente tiene que ver con el Apple Watch: Cook relató que el reloj inteligente ayudó a salvar la vida de su padre, cuando este sufrió una caída estando solo. El dispositivo detectó el golpe y envió avisos tanto a la familia como a los servicios de emergencia, demostrando de forma muy concreta el potencial real de las funciones de salud que Apple tanto promociona.

Apple Park, mermelada casera y cajas de pizza únicas

La nueva sede de Apple en Cupertino, conocida como Apple Park, es uno de los proyectos arquitectónicos corporativos más ambiciosos del mundo. Diseñado por el estudio de Norman Foster, este enorme anillo de vidrio y metal puede albergar a unas 12.000 personas y costó más de 5.000 millones de dólares.

Una curiosidad poco conocida es que, según ha contado el propio Tim Cook, la fruta de los árboles que rodean el Apple Park se recoge para hacer mermelada que se consume dentro de las instalaciones. Es un detalle aparentemente menor, pero refleja el nivel de atención que la compañía pone incluso en los pequeños gestos cotidianos de su campus.

En el interior del complejo, Apple también cuida elementos aparentemente triviales, como las cajas de pizza que se usan en sus cafeterías. La empresa diseñó un tipo de caja redonda propia para llevar pizzas, con un sistema pensado para que la masa no se reblandezca con el vapor. Es un ejemplo perfecto de cómo la marca aplica su obsesión por el diseño incluso a los objetos más mundanos.

Las 9:41: la hora “oficial” de los productos de Apple

Si observas con atención las fotos promocionales de iPhone, iPad o incluso de algunos Mac, verás que casi siempre la hora marcada en pantalla es las 9:41. No es casualidad ni un número elegido al azar, tiene un origen muy concreto en la historia de la compañía.

Durante años, la hora estándar fue las 9:42, que era cuando Steve Jobs presentó el primer iPhone en 2007. En aquella keynote, mientras pronunciaba la famosa frase “Hoy, Apple va a reinventar el teléfono”, la diapositiva gigante detrás de él mostraba un iPhone marcando las 9:41, y poco después el reloj cambió a las 9:42. Más adelante, con la llegada del iPad y otras presentaciones, Apple ajustó la hora de las imágenes a las 9:41 y desde entonces se ha quedado como referencia.

El motivo práctico es que Apple sincroniza la hora de los dispositivos mostrados en pantalla con el momento aproximado en el que se presentarán en la keynote. De este modo, cuando llega ese minuto concreto, el reloj del producto de la diapositiva coincide con la realidad, un detalle minúsculo que refleja hasta qué punto cuidan la puesta en escena.

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El diseño, los experimentos y las rarezas de hardware

A lo largo de su historia, Apple ha lanzado productos con decisiones de diseño que hoy se consideran extravagantes. Uno de los casos más famosos es el ratón circular del iMac G3, apodado hockey puck. Su forma redonda hacía muy difícil saber en qué dirección lo estabas sujetando, y muchos usuarios acababan pegándole algo para orientarse. Estéticamente resultaba curioso, pero ergonómicamente era un desastre.

Otra obsesión recurrente en la compañía, especialmente bajo el mando de Steve Jobs, ha sido la de eliminar botones y elementos físicos siempre que fuera posible. Jobs insistía en que la mejor interfaz era la que apenas se veía. Esto llevó a buscar ruedas táctiles para el iPod, a simplificar al máximo los mandos de los dispositivos y, años después, a decir adiós incluso al botón de inicio en el iPhone, apostando por gestos y pantallas casi sin marcos. Además, Apple ha integrado puertos Thunderbolt en muchos de sus equipos.

No todo han sido ideas brillantes: durante años, algunos iPhone y MacBook incorporaron sensores de humedad ocultos que cambiaban de color si el dispositivo entraba en contacto con agua. En muchos casos, cuando un usuario acudía al soporte técnico con un fallo, el servicio comprobaba el sensor y, si estaba activado, podía negarse la reparación en garantía por entender que se había mojado, algo que generó bastante polémica.

También hay historias curiosas alrededor del mundo real. Se cuenta el caso de un usuario brasileño cuyo MacBook llegó a detener un disparo durante un intento de robo. El portátil quedó destrozado, pero la bala no atravesó su cuerpo y, para rematar la anécdota, el ordenador todavía encendía después del impacto. Evidentemente no está certificado como chaleco antibalas, pero es una de esas historias que circulan entre fans como prueba de la “resistencia inesperada” de algunos equipos.

Secretismo extremo y nombres en clave peculiares

Apple es famosa por su obsesión con el secreto. Durante el desarrollo del iPhone original, por ejemplo, muchos ingenieros trabajaron con identidades y seudónimos internos, compartimentando la información de tal forma que pocas personas tenían una visión global del proyecto. Algunos empleados no podían contar ni a sus parejas en qué estaban trabajando exactamente.

Los nombres en clave también han dado pie a conflictos. Un caso bastante sonado fue el del Power Mac 7100, cuyo nombre interno fue “Carl Sagan”. Los ingenieros lo eligieron porque esperaban que el ordenador generara “billones y billones” en beneficios, en alusión a la famosa frase relacionada con el astrónomo. Cuando Sagan se enteró de que Apple usaba su nombre sin permiso, demandó a la compañía.

La respuesta interna fue tan irónica como polémica: cambiaron el nombre en clave a “BHA”, siglas de “Butt-Head Astronomer” (algo así como “astrónomo cabeza de nalga”). Al final la disputa se resolvió, pero quedó como un ejemplo más del particular humor interno de algunos equipos de ingeniería dentro de la empresa.

Tim Cook, el Apple Watch y otras pequeñas historias recientes

Además de las grandes anécdotas históricas, en la etapa de Tim Cook han ido surgiendo pequeños detalles que muestran la cultura actual de Apple. Hemos visto cómo la compañía apuesta por la salud y la actividad física a través del Apple Watch, presumiento de los numerosos casos en los que el reloj ha detectado caídas, arritmias o accidentes y ha avisado a los servicios de emergencia.

En entrevistas recientes, Cook también ha comentado algunos de sus productos favoritos de la marca y cómo los usa en su día a día. Incluso ha detallado la manera en que disfruta de dispositivos como el Apple Vision Pro, dejando claro que, aunque sea el máximo responsable, sigue siendo un usuario intensivo de la tecnología que fabrica su propia compañía.

Los viajes de Tim Cook por el mundo, como su paso por Eslovenia o sus constantes visitas a Europa y Asia, sirven tanto para reforzar relaciones con gobiernos y socios locales como para proyectar la imagen de Apple como una empresa global conectada con las culturas donde vende sus productos.

Mirando todo este recorrido, desde el garaje de los años 70 hasta la arquitectura futurista del Apple Park y los hábitos casi espartanos de Tim Cook, queda claro que la historia de Apple es una mezcla de genialidad, riesgo, fracasos sonados y una obsesiva atención al detalle que se cuela en cada producto, en cada tienda e incluso en la hora que marcan las pantallas de sus dispositivos.

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