Actualizaciones automáticas en Windows 11: ventajas, riesgos y cómo controlarlas

Última actualización: 22/01/2026
Autor: Isaac
  • Windows 11 combina actualizaciones de características y de calidad, siendo estas últimas esenciales para la seguridad y el soporte continuo del sistema.
  • Microsoft está endureciendo la obligatoriedad de las actualizaciones, especialmente en equipos integrados con Entra e Intune, reduciendo el margen de decisión del usuario.
  • El historial de errores en grandes versiones como Windows 11 24H2 hace recomendable retrasar las actualizaciones de características, sin desactivar por completo los parches de seguridad.
  • Es posible limitar y hasta deshabilitar Windows Update con horas activas, directivas de grupo o servicios, pero hacerlo implica asumir riesgos importantes en cuanto a seguridad.

Actualizaciones automáticas en Windows 11

Tomar la decisión de dejar activadas o desactivar las actualizaciones automáticas en Windows 11 se ha convertido en uno de esos debates eternos entre usuarios: por un lado, seguridad y nuevas funciones; por otro, miedo a que un parche deje el PC inservible justo cuando más lo necesitas. Y, para rematar, Microsoft cada vez da menos margen para elegir.

En los últimos años hemos visto cómo Windows 10 primero y Windows 11 después han ido restringiendo el control del usuario sobre cuándo y cómo se instalan los parches. Al mismo tiempo, los fallos en algunas actualizaciones de Windows 11 (especialmente en versiones recientes como 24H2) han hecho que mucha gente se plantee si no sería mejor cortar por lo sano, desactivar todo y tirar de antivirus. Vamos a desgranar con calma qué hay detrás de este dilema.

Tipos de actualizaciones en Windows 10 y Windows 11: qué se instala realmente

Antes de decidir si decir “sí” o “no” a las actualizaciones automáticas en Windows 11, conviene entender qué tipo de actualizaciones está instalando exactamente el sistema. No todas las actualizaciones son iguales ni tienen el mismo impacto en estabilidad o seguridad.

Por un lado están las actualizaciones de características (feature updates), que son las grandes versiones que Microsoft lanza normalmente una vez al año. En Windows 10 y Windows 11 suelen venir identificadas por códigos como 22H2, 23H2, 24H2, etc. Estas versiones incluyen cambios profundos en el sistema, nuevas funciones, modificaciones de la interfaz y, a veces, alteraciones internas importantes que pueden afectar al rendimiento, compatibilidad de drivers o aplicaciones e incluso provocar errores notables.

Estas actualizaciones de características se distribuyen a través de Windows Update y, para los usuarios domésticos y equipos no gestionados por departamentos de TI, se ofrecen de manera casi automática. Microsoft aplica una política de “fin de servicio”: cuando tu versión de Windows se acerca al final de su periodo de soporte, Windows Update forzará la instalación de una actualización de características compatible para que sigas recibiendo parches mensuales.

La experiencia con Windows 10: un modelo que se traslada (con matices) a Windows 11

Durante años, Windows 10 ha servido de “campo de pruebas” para el modelo de actualizaciones automáticas que ahora vemos en Windows 11. En este sistema, las actualizaciones de características se ofrecían automáticamente a los equipos de consumo y a los PCs empresariales no administrados, mientras que los administrados con herramientas de TI podían controlarlas más finamente.

En Windows 10, las nuevas versiones se descargan y preparan en segundo plano, y el sistema puede reiniciarse automáticamente fuera de las horas activas para completar el proceso. Para que esto no se convierta en un infierno de reinicios inesperados, Microsoft añadió la posibilidad de configurar horas activas: una franja horaria en la que le dices a Windows “no me toques el PC, que estoy trabajando”.

Este enfoque ha tenido luces y sombras. Por un lado, la mayoría de usuarios se han beneficiado de mantenerse en versiones relativamente actuales, con parches al día, sin tener que preocuparse demasiado. Por otro, las actualizaciones que llegaban con errores graves han alimentado una sensación de desconfianza continua hacia “eso que se instala solo”. De ahí que muchos usuarios avanzados opten por retrasarlas o instalar manualmente las actualizaciones importantes para ver primero cómo le sientan al resto del mundo.

En Windows 11, Microsoft ha mantenido la misma filosofía básica, pero ha endurecido algunos requisitos y ha ido reduciendo margen de maniobra al usuario, sobre todo en entornos corporativos y equipos integrados en soluciones de identidad y gestión en la nube como Microsoft Entra e Intune.

Windows 11 y la pérdida de control: obligatoriedad creciente de las actualizaciones

Uno de los puntos más polémicos de Windows 11 es hasta qué punto Microsoft fuerza las actualizaciones automáticas, especialmente en empresas que usan sus servicios en la nube. La compañía justifica este enfoque en nombre de la seguridad, pero desde el lado del usuario se percibe muchas veces como una pérdida de libertad.

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Microsoft ya dio un paso similar en su App Store, donde hizo obligatorias las actualizaciones de las aplicaciones para garantizar que se usan siempre las últimas versiones. Con Windows 11 han ido más allá: a partir de septiembre de 2025, los dispositivos con Windows 11 versión 22H2 o posterior que estén integrados en entornos con Microsoft Entra o Entra híbrido descargarán e instalarán de forma automática las actualizaciones de calidad durante la fase de configuración rápida, conocida como OOBE (Out-Of-Box Experience).

La idea de Microsoft es que, nada más terminar la configuración inicial, el sistema esté ya “reforzado” con los últimos parches, evitando que un equipo recién desplegado pase sus primeras horas recibiendo tandas de actualizaciones. El objetivo declarado es reforzar la seguridad sin complicar la vida a los administradores, de modo que los equipos entren en producción con un nivel de protección y cumplimiento aceptable desde el minuto uno.

El control de este comportamiento se realiza a través de directivas de administración y herramientas como Windows Autopilot e Intune. En concreto, la página de estado de inscripción de Windows Autopilot (ESP) incorporará una opción, activada por defecto, para decidir si se instalan estas actualizaciones de calidad durante OOBE.

En otras palabras, en estos entornos: si quieres poder decidir si las actualizaciones se aplican en la configuración o después, tendrás que tocar directivas y usar Intune o soluciones MDM compatibles. Si no haces nada, el sistema aplicará los parches antes del primer arranque operativo sí o sí.

Requisitos y limitaciones: quién puede esquivar este “aro” de Microsoft

Por supuesto, Microsoft no lo pone fácil. Para optar a un comportamiento más tradicional (es decir, no instalar automáticamente todas las actualizaciones en OOBE), hay que cumplir una serie de requisitos bastante específicos.

En primer lugar, los equipos deben ejecutar Windows 11 versión 22H2 o superior, y además pertenecer a las ediciones Pro, Enterprise, Education o SE. No basta con eso: el dispositivo tiene que tener asignado un perfil ESP de Autopilot, es decir, estar dentro de un flujo de despliegue gestionado.

En segundo lugar, esos equipos deben haber recibido determinados parches concretos, como el parche de día cero de agosto de 2025 (conocido como ZDP OOBE) o cualquier versión no relacionada con la seguridad publicada a partir de junio de ese mismo año. Y, por supuesto, necesitan conexión a Internet durante el proceso de configuración, algo que ya viene siendo obligatorio con el instalador moderno de Windows 11.

Los dispositivos que no cumplan estos requisitos y no estén bajo un perfil ESP verán cómo el sistema instala actualizaciones sin ofrecer una opción clara para deshabilitarlas, siempre que estén integrados en los entornos gestionados mencionados. Toda la administración se orquesta desde el centro de administración de Microsoft Intune, donde, dentro de cada perfil ESP, aparece una casilla llamada “Instalar actualizaciones de calidad de Windows”.

Si esa casilla está en “Sí”, el dispositivo buscará e instalará los parches más recientes en el último paso del OOBE. Los perfiles creados antes de la introducción de esta función estarán en “No”, mientras que los nuevos se crean con “Sí” activado de forma predeterminada. Microsoft justifica esta decisión como una forma de reducir el riesgo de que los equipos recién desplegados o recién formateados queden expuestos a vulnerabilidades en sus primeras horas de uso.

El problema es que, desde la perspectiva del usuario (o incluso de muchos administradores), la posibilidad de elegir no siempre es tan visible ni tan sencilla. Para evitar que se instalen en OOBE hay que cumplir condiciones técnicas, cambiar directivas, usar Intune… no es un simple interruptor en la pantalla de configuración de Windows que diga “ya lo haré yo luego”.

¿Son tan peligrosas las actualizaciones? El historial reciente de Windows 11

Una de las razones por las que muchos usuarios se plantean desactivar por completo las actualizaciones automáticas es el historial, nada brillante, de Microsoft en los últimos años. Las actualizaciones de Windows se han convertido en lo que muchos llaman, sin exagerar demasiado, un “ejercicio de alto riesgo”.

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La versión final de Windows 11 24H2, llamada a ser un punto de inflexión para acelerar la adopción del sistema (sobre todo con Windows 10 acercándose al final de su ciclo de vida), ha llegado plagada de errores. Algunos problemas han sido tan serios que Microsoft se vio obligada a retirar temporalmente la versión en el mes de junio por fallos importantes y por el escándalo alrededor de la función Recall.

Esto ha reforzado una especie de “estrategia de supervivencia” entre usuarios y administradores: no instalar inmediatamente las grandes actualizaciones de características, sino esperar un tiempo razonable a que se confirme que son estables. En la práctica, muchos optan por retrasarlas semanas o meses, vigilando foros y notas de la propia Microsoft para detectar problemas graves antes de lanzarse.

Desde el punto de vista de seguridad pura, lo ideal es estar siempre en la última versión disponible, porque es la que tiene todos los parches de vulnerabilidades. Pero, dada la frecuencia con la que los parches de Windows rompen algo, a menudo parece más sensato seguir el enfoque de “esperar a ver” que lanzarse a actualizar el primer día de lanzamiento.

Aun así, conviene distinguir: las actualizaciones de seguridad mensuales (de calidad) son muy difíciles de justificar desactivadas durante largos periodos

Configurar horas activas: la forma “light” de gestionar las actualizaciones

Si no quieres renunciar a la seguridad pero estás harto de que el PC se reinicie justo en mitad de tu trabajo o de una partida, la primera medida razonable no es desactivarlo todo, sino domar el comportamiento de Windows con las horas activas.

Las horas activas indican a Windows cuándo sueles usar tu equipo, para que el sistema evite reinicios automáticos durante esa franja. Las actualizaciones seguirán descargándose e incluso instalándose, pero el reinicio final (cuando es necesario) tratará de desplazarse fuera de esas horas.

En Windows 10, el proceso es directo: puedes ir a Configuración > Actualización y seguridad > Windows Update y usar la opción de cambiar horas activas para establecer la hora de inicio y final de tu jornada habitual. Esto ayuda a evitar esos reinicios sorpresa mientras trabajas.

En Windows 11 el concepto es el mismo, aunque la ruta cambia un poco. Desde Configuración > Windows Update > Opciones avanzadas encontrarás el apartado de horas activas. Puedes elegir entre que Windows las ajuste automáticamente en función de tu actividad (monitorizando cuándo usas más el equipo) o establecerlas manualmente a tu gusto.

Esta opción no elimina las actualizaciones, pero sí permite que las interrupciones sean menos invasivas. Es como silenciar a alguien en redes en lugar de bloquearlo: sigues recibiendo lo fundamental (parches de seguridad), pero reduciendo el impacto en tu día a día.

¿Desactivar completamente las actualizaciones en Windows 11? Pros, contras y métodos

Llegamos al punto más delicado: ¿tiene sentido desactivar por completo las actualizaciones automáticas de Windows 11 y confiar en un buen antivirus? La respuesta honesta es que, para la mayoría de usuarios, no es una buena idea… pero hay casos en los que se entiende que alguien lo considere.

Pensemos, por ejemplo, en un portátil de 2014 con un Intel de 3ª generación, SSD y 6 GB de RAM en el que se ha instalado Windows 11 pese a no ser totalmente compatible. El equipo va sorprendentemente fluido, pero las últimas actualizaciones han traído problemas serios para algunos usuarios, como fallos de rendimiento en SSD o bloqueos. Si además no te interesa volver a Windows 10 porque muchas de las aplicaciones que usas pronto dejarán de soportarlo, el dilema se hace más agudo.

En estos escenarios, una opción que algunos consideran es desactivar Windows Update de forma casi total y apoyarse en un antivirus de confianza. El matiz clave es que un antivirus, por muy bueno que sea, no cubre las vulnerabilidades del propio sistema operativo si no se corrigen con parches. Es decir, puede añadir una capa de defensa, pero no sustituye a las actualizaciones de seguridad del sistema.

Ahora bien, hay quien está dispuesto a asumir ese riesgo a cambio de estabilidad absoluta en un entorno de producción (equipos que no pueden permitirse caídas por un parche defectuoso) o en PCs fuera de soporte, sin datos críticos y con uso muy controlado. Para estos casos, en lugar de usar solo la pausa temporal de Windows Update, se puede recurrir a métodos más drásticos, como revertir el fallo de actualización.

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En estos escenarios, una forma bastante directa, especialmente en Windows Pro, es recurrir a las políticas de grupo y a la gestión de servicios. Desde el Editor de directivas de grupo local (gpedit.msc) se puede controlar el comportamiento de Windows Update, por ejemplo para evitar que descargue e instale automáticamente determinados tipos de actualizaciones (como drivers o BIOS) o limitar su frecuencia.

Y existe una vía aún más radical: deshabilitar el servicio de Windows Update desde la consola de servicios. Para ello, basta con abrir el listado de servicios (buscando “servicios” en el menú Inicio o ejecutando services.msc), localizar “Windows Update”, entrar en sus propiedades y establecer el tipo de inicio como “Deshabilitado”. Tras reiniciar, Windows Update deja de funcionar de manera automática.

Esta opción es potente pero peligrosa: te libras de los errores de los parches, sí, pero también de las correcciones de fallos de seguridad. Es reversible (puedes volver a habilitar el servicio cuando quieras), pero exige disciplina: si eliges este camino, tendrás que asumir la responsabilidad de revisar manualmente cada cierto tiempo el estado del sistema, instalar manualmente las actualizaciones críticas o tomar otras medidas de protección (segmentar la red, limitar el software instalado, copias de seguridad frecuentes, etc.).

La postura de Microsoft: seguridad primero, incluso a costa de la libertad del usuario

Desde la óptica de Microsoft, todo este movimiento hacia las actualizaciones obligatorias y automatizadas responde a una realidad incómoda: demasiados equipos quedan desactualizados durante meses o años, convirtiéndose en un problema de seguridad no solo para su propietario, sino para todo el ecosistema (botnets, malware que se propaga, etc.).

Por eso, la compañía insiste en que las actualizaciones automáticas de Windows 10 y Windows 11 son una buena forma de mantener los sistemas al día, con las últimas funciones, mejoras de rendimiento y parches de seguridad. Han intentado, además, reducir las interrupciones con mecanismos como las horas activas y un proceso de descarga e instalación en segundo plano.

El argumento es claro: si el usuario medio tuviera que gestionar manualmente cada parche, muchos equipos se quedarían años sin actualizar, algo inasumible en el mundo actual, con vulnerabilidades explotadas a los pocos días de hacerse públicas. De ahí que, en entornos como los gestionados con Entra e Intune, se imponga un modelo donde el sistema se actualiza desde el primer arranque.

El problema es que el historial de errores en las actualizaciones de Windows mina la confianza en este modelo. Cuando un parche supuestamente “de calidad” rompe el rendimiento de los SSD, provoca pantallazos azules o causa pérdidas de datos, el mensaje “confía en que nosotros sabemos lo que hacemos” pierde mucha fuerza.

En última instancia, la tensión está entre la necesidad de seguridad global y el deseo de control individual. Microsoft se inclina claramente por la primera, mientras que muchos usuarios y administradores reclaman más interruptores claros para decidir qué, cuándo y cómo se instala.

Al final, decidir si decir “sí” o “no” a las actualizaciones automáticas en Windows 11 pasa por evaluar tu situación concreta: el nivel de criticidad de tus datos, la compatibilidad de tu hardware (especialmente si tu equipo no cumple oficialmente los requisitos del sistema), tu tolerancia a posibles fallos y el tiempo que estás dispuesto a dedicar a gestionar manualmente el mantenimiento del sistema. Mantener un equilibrio entre actualizar lo suficiente para no quedar expuesto y evitar instalar a ciegas cada nueva gran versión el mismo día que sale suele ser, para la mayoría, el camino más sensato.

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