Tutorial estratégico: qué software elegir para digitalizar tu empresa

Última actualización: 16/01/2026
Autor: Isaac
  • Digitalizar una empresa implica migrar procesos clave a entornos digitales conectados, y va mucho más allá de sustituir el papel por archivos en la nube.
  • La base tecnológica se apoya en siete tipos de software: ERP, BPM, comunicación, marketing automation, gestión de proyectos, CRM y gestión documental en la nube.
  • Existen cuatro enfoques principales de software de gestión (especializado, ERP, a medida y plataformas colaborativas) y es clave elegir según procesos, equipo y presupuesto.
  • La implantación exige planificación, buena migración de datos, formación y mejora continua para que el software se traduzca de verdad en productividad y competitividad.

software para digitalizar una empresa

Dar el paso de digitalizar una empresa no va solo de instalar cuatro programas y ya está; supone revisar cómo trabajas, qué valor aportas al cliente y cómo piensas crecer en los próximos años. Muchas pymes siguen retrasando esta decisión por miedo al cambio, por desconocimiento o porque “así nos ha ido bien hasta ahora”.

El problema es que esa mentalidad hoy es una trampa: el mercado se ha vuelto digital, exigente y rápido, y las empresas que no se adapten corren un riesgo real de quedarse fuera del juego. La buena noticia es que nunca ha sido tan sencillo ni tan accesible empezar: existen soluciones para todos los tamaños, sectores y bolsillos, desde herramientas gratuitas en la nube hasta plataformas avanzadas de gestión integral.

Qué significa realmente digitalizar una empresa

Cuando hablamos de digitalizar una empresa, no nos referimos a “pasar de Excel a un programa un poco más moderno”; estamos hablando de migrar procesos que hoy son manuales, en papel o dispersos, a entornos digitales conectados. Eso implica tanto herramientas como una forma diferente de organizar el trabajo.

En la práctica, digitalizar es convertir operaciones físicas en flujos digitales: pedidos, facturas, contratos, fichajes, campañas de marketing, atención al cliente, inventarios… No todas las tareas pueden volverse 100 % digitales, pero una gran parte sí, y son justo esas las que marcan la diferencia en eficiencia y escalabilidad.

Además, el proceso casi siempre obliga a revisar cuestiones de fondo como el modelo de negocio, la estrategia comercial, la logística, los canales de comunicación y la gestión de personas. No es solo tecnología: es replantear cómo creas y entregas valor.

En Europa, este cambio se considera tan estratégico que existen programas como el Kit Digital y los fondos Next Generation, pensados para que pymes y autónomos puedan financiar sus soluciones de digitalización sin tener que hacer una gran inversión inicial.

Diferencia entre digitalización y transformación digital

transformacion digital en la empresa

Es fácil mezclar términos, pero conviene distinguir: digitalización y transformación digital no son lo mismo. Van de la mano, pero juegan en ligas distintas.

La digitalización se centra en convertir procesos analógicos en digitales sin cambiar demasiado la esencia del proceso. Por ejemplo: pasar de archivadores físicos a un gestor documental en la nube, usar firma electrónica en lugar de firmas manuscritas, escanear albaranes y almacenarlos en un sistema de gestión.

La transformación digital va un paso (o varios) más allá: supone replantear la empresa en clave digital, centrando la estrategia en el cliente y apoyándose en tecnologías como IA, automatización, cloud, big data o comercio electrónico para rediseñar productos, servicios y formas de trabajar.

Mientras la digitalización “traduce” lo que ya haces a formato digital, la transformación digital cambia las reglas del juego: cómo tomas decisiones, cómo vendes, cómo te relacionas con clientes y proveedores, cómo organizas el talento interno o cómo innovas.

Sin digitalización no hay transformación posible, pero digitalizar solo por digitalizar (instalar herramientas sin estrategia) no te dará la ventaja competitiva que hoy necesitas para diferenciarte.

Panorama actual de la digitalización empresarial en España

En España el avance digital viene con luces largas: gran infraestructura, muchas ayudas y, a la vez, una brecha importante entre empresas avanzadas y rezagadas.

Según los indicadores europeos más recientes, el país ha dado saltos importantes en conectividad, despliegue de fibra y 5G, y adopción tecnológica por parte de las empresas. La fibra ya cubre alrededor del 95 % de los hogares y el 5G alcanza a casi toda la población, incluidas muchas zonas rurales.

La economía digital pesa ya aproximadamente un 22 % del PIB y se espera que siga creciendo varios puntos cada año, impulsada por la automatización, el comercio electrónico y los servicios digitales.

Aun así, muchas pymes y microempresas siguen usando solo herramientas básicas (correo, ofimática y poco más), sin dar el salto a soluciones de IA, big data o cloud avanzado que podrían multiplicar su productividad y su capacidad de análisis.

Otro reto importante está en las competencias digitales de las plantillas: faltan perfiles técnicos y sobran miedos a la tecnología. De ahí que cada vez haya más iniciativas públicas y privadas de formación en habilidades digitales, datos, IA o ciberseguridad.

Ventajas y riesgos de no digitalizar tu empresa

Las razones para digitalizar no son un capricho tecnológico: tienen que ver con productividad, costes, competitividad y supervivencia. El cambio de hábitos de los clientes, el trabajo híbrido, la presión de márgenes y la velocidad de los mercados han hecho que ya no sea opcional.

Entre los principales beneficios destacan la colaboración en tiempo real, la disponibilidad 24/7 desde cualquier dispositivo y la reducción del uso de papel y tareas manuales. Un negocio con flujos digitales puede vender, atender, facturar o dar soporte aunque la oficina esté cerrada.

Quedarse fuera del proceso tiene un precio: pérdida de competitividad, más errores manuales, menor capacidad de respuesta y peores experiencias para el cliente. No es casualidad que muchos casos emblemáticos de fracaso empresarial (Blockbuster, Kodak, Nokia…) tengan en común no haber sabido adaptarse a tiempo a la era digital.

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En resumen, mientras unas empresas usan la tecnología para hacer más con menos y abrir nuevos mercados, las que no se digitalizan quedan atrapadas en estructuras rígidas, caras y lentas que acaban siendo insostenibles.

7 tipos de software clave para digitalizar una empresa

Antes de elegir herramientas concretas, conviene entender qué tipos de software forman la “columna vertebral” digital de una organización. No necesitas implementarlos todos a la vez, pero sí tener claro qué cubre cada uno y cómo se conectan entre sí.

1. ERP o software de planificación de recursos empresariales

Un ERP (Enterprise Resource Planning) es el corazón de muchas compañías: centraliza finanzas, compras, ventas, stock, producción y, en muchos casos, RR. HH. en una única base de datos. Eso evita duplicidades, errores y versiones contradictorias de la realidad.

Estos sistemas permiten ver y gestionar la empresa como un todo conectado: lo que ocurre en el almacén impacta en compras, en tesorería y en las previsiones de venta. Con un buen ERP puedes automatizar facturación, conciliación bancaria, gestión de presupuestos o informes contables.

En el mercado hay soluciones para todos los niveles: desde suites completas como SAP, Microsoft Dynamics, Odoo o Gael Cloud hasta opciones ligeras orientadas a pymes, que combinan facturación, contabilidad básica y control de stock.

Lo importante es que elijas un ERP que se adapte al tamaño y complejidad de tu negocio, y que ofrezca versiones cloud, integraciones y escalabilidad para no quedarte corto a los dos años.

2. BPM o software de gestión de procesos

El BPM (Business Process Management) no es solo un tipo de herramienta, es casi una filosofía de trabajo: analizar, rediseñar y optimizar los procesos críticos de la empresa de forma continua.

Las plataformas BPM permiten dibujar flujos de trabajo, automatizar tareas repetitivas, definir responsables y medir tiempos y cuellos de botella. Suelen apoyarse en reglas de negocio, automatización e, incluso, en IA para sugerir mejoras o detectar ineficiencias.

El gran valor del BPM está en que te obliga a revisar los cimientos de cómo haces las cosas: qué pasos son redundantes, qué tareas se pueden automatizar, qué aprobaciones sobran, dónde se pierde tiempo.

Una vez implantado, tu organización gana en agilidad, trazabilidad y capacidad de cambio: ajustar un proceso deja de ser un drama de meses para convertirse en una configuración sobre el propio software.

3. Herramientas de comunicación y colaboración digital

Si algo dejó claro la pandemia es que sin una buena comunicación interna, la empresa se resquebraja. Hoy es impensable competir sin plataformas que faciliten mensajería, videollamadas, canales por proyecto y trabajo colaborativo.

Herramientas como Slack, Microsoft Teams, Zoom, Google Chat o incluso WhatsApp Business, bien organizadas, permiten reducir la dependencia del correo, acelerar decisiones y mantener trazabilidad de conversaciones y acuerdos.

Lo ideal es adoptar una solución que se integre con tus otras herramientas (ERP, CRM, gestor de proyectos, almacenamiento en la nube) para que los equipos compartan archivos, tareas y actualizaciones sin saltar constantemente de plataforma.

La clave aquí es marcar reglas claras: qué se gestiona por chat, qué por email, qué queda en el gestor de proyectos… y evitar que la herramienta se convierta en ruido constante en lugar de en un aliado.

4. Software de automatización de marketing

El marketing moderno ya no puede gestionarse a golpe de hojas de cálculo y campañas sueltas: la personalización y el seguimiento de clientes a lo largo de todo el embudo requieren automatización.

Las plataformas de marketing automation (como HubSpot, ActiveCampaign, Mailchimp, Brevo u otras) permiten segmentar leads, nutrirlos con contenidos automatizados, lanzar campañas multicanal y medir resultados en tiempo real.

Estas herramientas actúan como un asistente virtual que envía emails según el comportamiento del usuario, puntúa leads por probabilidad de compra, lanza recordatorios de carritos abandonados o reactiva clientes inactivos.

Además, ofrecen potentes módulos de analítica, SEO, social media y reporting, que te ayudan a entender qué acciones funcionan, dónde se pierde tracción y cómo optimizar tu inversión en marketing.

5. Gestores de proyectos y tareas

Cuando el trabajo se multiplica y los equipos crecen, las listas en papel y los correos cruzados dejan de servir. Aquí entran los gestores de proyectos y tareas, que funcionan como un panel de control compartido de todo lo que hay que hacer.

Herramientas como Trello, Asana, Monday, Notion, Jira o ClickUp permiten visualizar proyectos, asignar tareas, fijar fechas límite, adjuntar documentación y seguir el progreso en tiempo real, a menudo con vistas Kanban, calendarios o diagramas de Gantt.

Su ventaja es doble: por un lado, evitan olvidos y tareas huérfanas; por otro, proporcionan visibilidad al equipo directivo sobre cargas de trabajo, retrasos y dependencias entre áreas.

Elegir uno u otro dependerá de si necesitas algo ligero para organizar tareas diarias o un sistema más robusto capaz de gestionar portfolios de proyectos, integraciones avanzadas y plantillas complejas.

6. CRM o gestores de relación con clientes

El CRM (Customer Relationship Management) es la pieza que te permite centralizar toda la información sobre clientes y oportunidades de venta: datos de contacto, interacciones, propuestas, incidencias, historial de compras, etc.

Soluciones como Salesforce, HubSpot CRM, Zoho CRM, Pipedrive, Monday CRM, SendPulse o Gael Cloud ayudan a estructurar el pipeline comercial, automatizar seguimientos y coordinar al equipo de ventas y atención al cliente.

Un buen CRM se convierte en tu “memoria comercial”: ningún lead se pierde, las oportunidades se priorizan, los clientes reciben un trato más personalizado y los responsables pueden analizar ratios de conversión, ciclos de venta y previsiones de ingresos.

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Cuando se integra con marketing automation y con el ERP, la empresa gana una visión 360º del cliente: desde cómo te ha conocido hasta qué productos consume y con qué frecuencia, pasando por el soporte que ha recibido.

7. Almacenamiento en la nube y gestión documental

El almacenamiento en la nube es uno de los grandes habilitadores de la digitalización porque permite acceder a documentos desde cualquier lugar, colaborar en tiempo real y reducir drásticamente el papeleo.

Plataformas como Google Drive, Dropbox, OneDrive o gestores documentales más avanzados como DocuWare facilitan crear repositorios seguros, versionar archivos, definir permisos por usuario o departamento y automatizar flujos de aprobación.

En entornos con gran volumen de papel, entra en juego el software de digitalización documental con OCR (reconocimiento óptico de caracteres), que permite convertir escaneos en información editable y buscable, en lugar de simples imágenes estáticas.

Soluciones como RICOH Streamline NX o DocuWare pueden detectar el tipo de documento, extraer datos clave (número de factura, proveedor, fecha, importe) y enviarlos automáticamente al sistema o departamento correspondiente, reduciendo trabajo manual y errores.

Áreas de la empresa y tipos de software recomendados

Para no perderse en el mar de opciones, es útil mapear qué herramientas suelen usarse en cada área y qué procesos cubren. A grandes rasgos, la foto queda así:

  • Finanzas y contabilidad: facturación, conciliación bancaria, presupuestos, impuestos. Suelen apoyarse en ERP y software financiero (Gael Cloud, SAP, Sage, Odoo, QuickBooks, Alegra, Zoho Books…).
  • Operaciones, logística e inventario: control de stock, planificación de producción, rutas de reparto, calidad. Necesitan ERP, software de logística y herramientas de planificación (Odoo, TMS, soluciones de cadena de suministro).
  • Ventas y comercio electrónico: pipeline comercial, punto de venta físico, tienda online. Aquí entran CRM, plataformas eCommerce y POS (Shopify, WooCommerce, Jumpseller, Salesforce, HubSpot, Bsale, Monday CRM…).
  • Marketing y redes sociales: campañas, email marketing, SEO, analítica, gestión de redes. Suelen usar herramientas de automatización y análisis (HubSpot, ActiveCampaign, Semrush, Mailchimp, Hootsuite, SocialGest…).
  • Recursos humanos: nóminas, control horario, vacaciones, selección, evaluación del desempeño. Se apoyan en software de RR. HH. (Factorial, Buk, Talana, Workday, Deel, soluciones propias en la nube).
  • Almacenamiento y documentación: gestión de archivos, copias de seguridad, permisos de acceso. Necesitan plataformas en la nube y gestores documentales (Google Drive, Dropbox, OneDrive, DocuWare).
  • Soporte y postventa: tickets, chat, helpdesk, automatización de soporte. Aquí encajan herramientas de servicio al cliente (Zendesk, Intercom, Help Scout, HubSpot Service Hub…).
  • Áreas creativas y de contenido: diseño, vídeo, contenido, IA generativa. Usan plataformas creativas y de IA (Adobe Creative Cloud, Canva, Figma, VEED, ChatGPT, Midjourney, Jasper, Gemini…).

La clave no es tenerlo todo, sino identificar qué área está más “atascada” hoy y qué tipo de software sería el que más impacto tendría a corto plazo, para luego ir construyendo una arquitectura coherente.

Tipos de software de gestión: especializado, ERP, a medida y plataformas colaborativas

Una vez tengas claro qué procesos quieres digitalizar, toca decidir qué enfoque de software es más adecuado: soluciones especializadas por función, ERPs, desarrollo a medida o plataformas colaborativas flexibles.

Software comercial especializado por función

Son herramientas pensadas para resolver muy bien un problema concreto: CRM, contabilidad, proyectos, soporte, marketing, etc.. Suelen ser rápidas de implantar y con muchas funcionalidades refinadas.

Sus puntos fuertes son la especialización, la facilidad de puesta en marcha y las actualizaciones frecuentes, que incorporan buenas prácticas del sector casi sin que tengas que hacer nada.

Como contrapartida, pueden provocar fragmentación de datos, costes acumulados en licencias y cierta rigidez a la hora de adaptar procesos demasiado particulares. Además, dependes bastante del roadmap del proveedor.

ERPs comerciales integrados

Los ERP buscan ser la “columna vertebral” integrada de la empresa: varios módulos (finanzas, compras, ventas, logística, producción, RR. HH.) dentro de una misma plataforma.

Su principal ventaja es la centralización de procesos y datos: todos trabajan sobre la misma información, se evitan silos y se gana coherencia en los informes y el control normativo.

El precio a pagar suele ser una implantación más compleja y costosa, algo de rigidez y dependencia del proveedor para ajustes profundos. Por eso es fundamental encajar bien el alcance y empezar por módulos críticos.

Desarrollo a medida

El desarrollo a medida entra en juego cuando tu forma de trabajar es tan específica que ninguna solución estándar encaja del todo o cuando quieres crear una ventaja competitiva directa a partir del software.

Bien planteado, te da adaptación total a tus procesos, control sobre la evolución y propiedad del sistema, pudiendo ajustarlo en función de cómo crece el negocio.

Pero también implica altos costes iniciales, necesidad de un equipo técnico de confianza y responsabilidad sobre mantenimiento y evolución. Sin una estrategia clara, puede quedarse obsoleto o convertirse en un cuello de botella.

Plataformas de trabajo colaborativas y low-code

En los últimos años han ganado mucho terreno las plataformas en la nube que permiten construir soluciones propias sin necesidad de programar en profundidad, a partir de plantillas, bloques y automatizaciones.

Permiten una gran flexibilidad, menor coste de despliegue y más autonomía para los equipos de negocio, que pueden ir evolucionando los procesos sin depender al 100 % de IT.

Suelen ser ideales para empresas en crecimiento que necesitan orden y automatización, pero sin querer embarcarse en un ERP tradicional o en un desarrollo a medida caro. Algunas, como Zinkee, están diseñadas para soportar también entornos operacionales exigentes.

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Como todo, tienen sus matices: exigen que alguien tome el rol de “dueño” de la plataforma internamente, hay que vigilar los costes si el número de usuarios crece mucho y no todas son igual de sólidas para procesos críticos.

Cómo elegir el software adecuado para tu empresa

Elegir software no es comprar “lo que usa todo el mundo”, sino alinear tecnología, procesos, personas y presupuesto. Un enfoque práctico pasa por tres grandes claves.

1. Analiza tus necesidades reales

Antes de comparar herramientas, dedica tiempo a entender qué te duele hoy: dónde se pierde tiempo, dónde hay más errores, qué tareas repetitivas revientan al equipo o qué procesos no escalan.

Haz un mapa sencillo de procesos clave (ventas, compras, proyectos, soporte, finanzas…) e identifica qué parte de cada proceso te gustaría mejorar o automatizar en los próximos 6-12 meses.

Ten en cuenta también factores como tamaño de la empresa, presupuesto, nivel digital del equipo y forma de trabajo (presencial, híbrido, remoto) para no plantear soluciones imposibles de adoptar.

2. Define las funcionalidades imprescindibles

Con ese mapa en la mano, aterriza una lista corta de características que sí o sí necesitas en el software: integraciones, vistas Kanban, gestión documental, informes, permisos, automatizaciones, etc.

Intenta evitar la tentación de comprar “el que más cosas hace” y céntrate en lo que aportará valor desde el primer día. Un sistema más conciso pero bien encajado en tu realidad suele funcionar mucho mejor que un monstruo lleno de módulos que nadie usa.

Valora también aspectos como facilidad de uso, personalización, seguridad, escalabilidad y calidad del soporte, que muchas veces marcan más la diferencia que una función espectacular que usarás cuatro veces al año.

3. Ajusta la elección a tu presupuesto y al retorno esperado

El coste no es solo la licencia: incluye implantación, formación, posibles desarrollos adicionales y mantenimiento. Calcula tanto el desembolso inicial como el coste mensual o anual total.

Compáralo con el tiempo que puedes ahorrar, los errores que puedes reducir o los ingresos extra que podrías generar con una gestión más eficiente. Eso te dará una idea del retorno potencial de la inversión (ROI).

Siempre que sea posible, apuesta por empezar pequeño y escalar: pilotos en un departamento, versiones básicas que luego amplíes, fases por procesos… Así reduces riesgo y permites que el equipo se adapte.

Buenas prácticas para implantar con éxito un software de gestión

La tecnología por sí sola no arregla nada si la implantación es caótica. Para que el software realmente aumente la productividad y la calidad del trabajo, conviene seguir una hoja de ruta ordenada.

Planifica el proyecto y alinea a la dirección

Empieza definiendo objetivos claros, alcance, responsables, plazos y métricas de éxito. Involucra desde el inicio a la dirección y a las áreas afectadas para evitar resistencias de última hora.

Dividir la implantación en fases con entregables concretos (por ejemplo: primero finanzas, luego proyectos, luego CRM) ayuda a controlar el impacto, aprender rápido y ajustar sobre la marcha.

Cuida la migración de datos

Pasar de sistemas viejos (o de hojas de cálculo) a una nueva plataforma exige limpiar datos, unificar criterios y validar que la información entra bien en el nuevo modelo.

Es recomendable hacer pruebas de migración en entorno de test, revisar resultados con usuarios clave y documentar reglas (nomenclaturas, campos obligatorios, permisos) para evitar sorpresas.

Forma al equipo y gestiona el cambio

Una de las causas más habituales de fracaso en proyectos de software es que la gente no sabe usar la herramienta o no ve su utilidad. La formación no puede ser un simple “manual enviado por correo”.

Organiza sesiones prácticas centradas en tareas reales del día a día, crea guías rápidas y nombra referentes internos que puedan resolver dudas y acompañar a los demás.

Comunica los beneficios, escucha objeciones y ajusta procesos junto con el equipo, en lugar de imponer el cambio desde arriba sin contexto.

Monitoriza, mejora y aprovecha las actualizaciones

Una vez en marcha, no des el proyecto por cerrado: pide feedback, revisa métricas, detecta atascos y ajusta configuraciones. La mejora continua es parte del juego.

Aprovecha también las actualizaciones del proveedor, nuevas funciones o integraciones que puedan encajar en tus procesos, siempre valorando impacto y momento para no saturar al equipo.

El objetivo final es que el software deje de verse como “otra herramienta más” y pase a considerarse un aliado cotidiano para trabajar mejor, más rápido y con menos estrés.

Cuando una empresa escoge bien sus soluciones, las implanta con cabeza y forma a su gente, la tecnología se convierte en un auténtico motor de cambio: los procesos se ordenan, los datos se vuelven accionables, la comunicación fluye y crecer deja de ser sinónimo de caos. Esa es, al final, la esencia de un buen tutorial estratégico sobre qué software elegir para digitalizar una empresa: entender que no se trata solo de programas, sino de diseñar una forma de trabajar más inteligente y sostenible.

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