Cómo gestionar paquetes AppImage en Linux de forma sencilla

Última actualización: 17/12/2025
Autor: Isaac
  • Los paquetes AppImage son binarios autocontenidos que funcionan en casi cualquier distribución Linux sin instalación tradicional ni privilegios de root.
  • Para usarlos basta con descargarlos de fuentes fiables, darles permiso de ejecución, y opcionalmente integrarlos en el menú mediante archivos .desktop o herramientas como AppImageLauncher.
  • Permiten probar software moderno y portátil sin afectar al sistema ni sus dependencias, aunque la integración y las actualizaciones automáticas aún son sus puntos más débiles.
  • Son una alternativa complementaria a APT, Snap y Flatpak, especialmente útil cuando se buscan aplicaciones portables, consistentes entre distros y fáciles de eliminar.

Gestión de paquetes AppImage en Linux

Si usas Linux y te has topado con archivos con extensión .AppImage, es muy probable que te hayas preguntado qué son exactamente, cómo se ejecutan y si son seguros. Aunque a primera vista se parecen poco a los típicos .deb o .rpm, la realidad es que son una forma tremendamente cómoda de probar y usar aplicaciones en prácticamente cualquier distribución GNU/Linux.

En las próximas líneas vamos a ver con calma cómo gestionar paquetes AppImage: qué son, de dónde descargarlos con seguridad, cómo darles permisos, ejecutarlos, integrarlos en el menú del sistema, actualizarlos, ejecutarlos en sandbox y, por supuesto, cuáles son sus puntos fuertes y sus pegas frente a otros formatos como APT, Snap, Flatpak o los paquetes tradicionales.

Qué es exactamente un paquete AppImage

Un archivo AppImage es, en esencia, un único binario auto-contenido que incluye la aplicación y todas las bibliotecas imprescindibles para que funcione, de forma muy similar a lo que serían las aplicaciones portables en Windows o un .dmg en macOS. En lugar de terminar en .exe o .dmg, estos binarios terminan en .AppImage.

Cuando haces doble clic sobre uno de estos archivos, el sistema lo que hace internamente es montar una imagen ISO comprimida mediante FUSE. Dentro de esa imagen está el programa junto con sus librerías. Una vez montada, se ejecuta el binario principal y la aplicación se abre como si la hubieras instalado de forma clásica.

Un detalle importante es que cada AppImage contiene una sola aplicación. No es un “mega instalador” con varios programas, sino una unidad cerrada: haces doble clic sobre el archivo y se lanza exactamente ese programa, sin más.

Gracias a que incluye sus dependencias, una AppImage se puede ejecutar en prácticamente cualquier distribución GNU/Linux moderna, siempre que el sistema tenga las librerías base mínimas que espera el desarrollador. No necesitas instalar paquetes adicionales desde el gestor de la distro para resolver dependencias, porque vienen empacadas dentro del propio archivo.

Otro punto clave es que no requieren privilegios de administrador: puedes descargarte una AppImage en tu carpeta personal, marcarla como ejecutable y usarla sin tocar nada del sistema ni pedir permisos de root. Por eso son ideales para probar software sin “ensuciar” la instalación.

AppImage frente a APT, Snap, Flatpak y otros formatos

En distribuciones como Ubuntu, Linux Mint, Debian o similares, lo habitual es instalar software con APT y paquetes .deb. En otras, como Fedora o RHEL, se usan paquetes .rpm. Y en los últimos años han aparecido formatos “universales” como Snap (impulsado por Canonical) y Flatpak que también empaquetan aplicaciones con sus dependencias.

La gran diferencia de AppImage frente a estos formatos es que no se “instala” de manera convencional. Con un .deb o un .rpm, se copian archivos a varios directorios del sistema, se actualiza la base de datos de paquetes y, en general, se requieren permisos de root. Con Snap y Flatpak también hay una gestión centralizada, espacios de instalación concretos y mecanismos de sandboxing más o menos estrictos.

En AppImage, en cambio, el modelo es otro: descargas un único archivo, le das permiso de ejecución y listo. No hay un gestor de paquetes de por medio, no se tocan directorios de sistema, y para “desinstalar” basta con borrar el archivo.

En cuanto a dependencias, AppImage y Snap se parecen en que no dependen de las librerías de la distro para funcionar; Flatpak también empaqueta buena parte de lo necesario, aunque se apoya en runtimes comunes. APT, sin embargo, sí instala dependencias compartidas usando el sistema de paquetes tradicional.

También hay que tener en cuenta que AppImage es agnóstico de distribución: el mismo archivo debería funcionar en Ubuntu, Debian, Fedora, Arch, openSUSE y muchas más, lo cual simplifica muchísimo la vida al desarrollador (no necesita compilar para mil formatos distintos) y al usuario que salta entre varias distros.

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Características y ventajas clave de AppImage

Las AppImage siguen una serie de principios de diseño pensados para simplificar la vida a usuarios y desarrolladores. Entre sus características más interesantes destacan varias que conviene tener claras antes de empezar a usarlas en serio.

En primer lugar, cada aplicación que quieras ejecutar se distribuye como un único fichero autocontenido. No hay que descargar decenas de paquetes ni pelear con librerías externas. Todo viaja junto en esa “imagen”.

El “proceso de instalación” es prácticamente inexistente: no se extraen archivos por todo el sistema de ficheros, ni hay asistentes con preguntas interminables. Descargas, marcas como ejecutable y arrancas. Fin de la historia.

Otra ventaja fuerte es que no necesitas usar sudo ni cuentas de administrador para nada relacionado con el uso normal de AppImages. Todo se maneja desde tu usuario, lo que reduce el riesgo de romper el sistema o abrir puertas de seguridad innecesarias.

Además, el comportamiento del software es consistente en distintas distribuciones. Esto es especialmente cómodo si trabajas con varias distros a la vez o si distribuyes una app a usuarios que no sabes qué entorno exacto tienen: la AppImage se ejecuta igual en todas partes, siempre que cumplan unos mínimos.

Por último, muchas aplicaciones distribuidas en este formato incorporan mecanismos de actualización incremental, que permiten descargar solo los cambios respecto a la versión anterior. Cuando se aprovecha bien esta función, se ahorra ancho de banda y se acelera la actualización.

De dónde descargar AppImages de forma segura

Una de las cosas más importantes cuando hablamos de ejecutar binarios descargados de Internet es la procedencia. Con AppImage, la recomendación sensata es descargar siempre desde la web oficial del desarrollador o desde su repositorio oficial (por ejemplo, GitHub, GitLab, etc.). De este modo reduces mucho el riesgo de encontrarte con archivos manipulados o maliciosos.

Muchas aplicaciones conocidas ofrecen AppImage directamente en su sitio web o en sus repositorios: Krita, Kdenlive, LibreOffice, Nextcloud, Inkscape, DigiKam, MuseScore, LMMS, Scribus, algunos clientes de mensajería, etc. Normalmente verás una sección “Linux” o “Downloads” donde aparece claramente la descarga en formato AppImage.

Además existen catálogos o “tiendas” de apps AppImage, siendo una de las más populares AppImageHub. Actúa como repositorio centralizado en el que puedes buscar aplicaciones, aunque conviene tener en mente que no deja de ser un agregador y que, en caso de duda, es preferible comprobar siempre el enlace a la web oficial del proyecto.

Hay también plataformas y herramientas como PortableLinuxGames (orientada a juegos empaquetados como AppImage) o gestores tipo AppImagePool, que se comportan como una especie de “tienda de aplicaciones” donde navegas, descargas e incluso integras las AppImage en el sistema de forma semi-automática.

En cualquier caso, a la hora de buscar, un truco muy simple consiste en escribir en tu buscador favorito “nombre_programa appimage”. Muchos proyectos enlazan sus AppImage desde ahí. Solo asegúrate de terminar descargándolo desde una página fiable, preferiblemente el sitio oficial.

Cómo usar un archivo AppImage paso a paso

El modo de uso de un archivo AppImage es bastante sencillo y, aunque puede variar visualmente según el escritorio que uses (GNOME, KDE, XFCE, etc.), la idea es la misma en todos: descargar, dar permisos y ejecutar.

1. Descarga del archivo AppImage
Primero localiza la aplicación que te interesa, entra en su página oficial o en un repositorio confiable y descarga el archivo .AppImage. Es buena idea guardar todas tus AppImages en una ubicación fácil de recordar, por ejemplo ~/AppImages en tu carpeta personal, o un directorio como /opt/AppImages si quieres algo “más global”.

2. Hacer el archivo ejecutable
Por defecto, el archivo descargado no tendrá permiso de ejecución. Para concederlo, tienes dos opciones. Desde el entorno gráfico, haz clic derecho sobre el archivo, entra en Propiedades → Permisos y marca la casilla equivalente a “Permitir ejecutar el archivo como programa”. A partir de ese momento podrás hacer doble clic para lanzarlo.

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Si prefieres la terminal, puedes usar un comando tipo chmod +x nombre_paquete.AppImage o, si quieres dar permiso a todos los usuarios, chmod a+x nombre_paquete.AppImage. No necesitas sudo para esto si el archivo está en tu carpeta personal.

3. Ejecutar la AppImage
Una vez tiene permiso de ejecución, basta con doble clic desde el gestor de archivos o ejecutarlo desde terminal con ./nombre_paquete.AppImage. En ese instante se monta internamente la imagen y se abre el programa.

En algunas distribuciones, principalmente a partir de Ubuntu 22.04, puede que necesites tener instaladas librerías como FUSE y libfuse2 para que ciertas AppImages funcionen correctamente. En sistemas basados en Debian/Ubuntu bastaría algo como sudo apt install fuse libfuse2 para cubrir esa necesidad.

Integrar las AppImage en el sistema y el menú de aplicaciones

Si solo vas a usar una AppImage muy de vez en cuando, tal vez te baste con ejecutarla desde la carpeta donde la guardaste. Pero cuando empiezas a usar varias a diario, es mucho más cómodo integrarlas en el menú de aplicaciones de tu entorno de escritorio, igual que si se tratara de programas instalados vía APT o Snap.

Una manera clásica de hacerlo es crear manualmente un archivo .desktop en /usr/share/applications (para todo el sistema) o en ~/.local/share/applications (solo para tu usuario). Ese fichero describe el acceso directo: nombre de la aplicación, comando que se ejecuta, icono, categoría, etc.

Por ejemplo, para una AppImage llamada notesnook.AppImage ubicada en /opt/AppImages, podrías crear algo como:


Name=NotesNook
Exec=/opt/AppImages/notesnook.AppImage
Icon=/opt/AppImages/icons/notesnook.svg
Comment=Aplicación de notas sin rastreo
Type=Application
Terminal=false
Encoding=UTF-8
Categories=Utility;

Tras guardar este archivo con nombre tipo notesnook.desktop en el directorio correspondiente, la aplicación aparecerá en el menú del sistema y podrás fijarla en el lanzador, buscarla por nombre, etc. Si tu escritorio incluye herramientas como MenuLibre, también puedes editar y crear lanzadores de forma gráfica sin tocar texto plano.

Otra posibilidad es usar aplicaciones específicas como AppImageLauncher. Esta herramienta se encarga de integrar automáticamente las AppImage: tú solo haces doble clic en un archivo .AppImage y AppImageLauncher lo mueve a la carpeta que tengas configurada, crea el lanzador en el menú y gestiona su eliminación. Incluso trae una utilidad de consola, ail-cli, para automatizar tareas desde scripts.

También existen utilidades de terceros como appimage2desktop (que genera un lanzador con icono para una AppImage concreta), appimagehelper (para crear y eliminar lanzadores) o proyectos específicos para escritorios como AppImage To GNOME, que monitorizan e integran AppImages directamente en GNOME.

Asociar tipos de archivo a una aplicación AppImage

Una vez tienes tu AppImage funcionando, puede interesarte asociar ciertos tipos de archivo para que se abran con ella por defecto. Por ejemplo, que los proyectos .kdenlive se abran con Kdenlive en formato AppImage en lugar de con cualquier otra versión instalada.

El procedimiento exacto depende del escritorio, pero la idea general es siempre similar: eliges un archivo del tipo que quieres asociar, haces clic derecho y accedes a algo como “Abrir con…” o “Abrir con otra aplicación…”.

En la ventana que se abre, seleccionas la AppImage (o el lanzador que hayas creado para ella) y marcas la opción tipo “Usar como predeterminada para este tipo de archivo”. A partir de ese momento, cada vez que hagas doble clic sobre un archivo de esa extensión, se abrirá con la aplicación AppImage que hayas elegido.

En entornos como XFCE, KDE Plasma o GNOME, las opciones concretas pueden variar ligeramente de nombre, pero siempre encontrarás un apartado de asociación de tipos MIME o de aplicaciones por defecto. Lo bueno es que este ajuste suele ser por usuario, así que no necesitas permisos de administrador para cambiar esta preferencia.

Ejecutar AppImages en un entorno sandbox

Por defecto, las aplicaciones en formato AppImage no están aisladas en sandbox. Es decir, tienen acceso a tu directorio personal con los permisos habituales de tu usuario, igual que una aplicación instalada mediante APT, salvo que tú mismo añadas capas de aislamiento.

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Si quieres endurecer un poco más la seguridad, una opción muy interesante es utilizar Firejail, una herramienta de sandboxing bastante extendida en el ecosistema Linux que, además, ofrece soporte específico para AppImage.

Para empezar a usarlo, primero debes instalarlo desde los repositorios de tu distribución. En sistemas Debian/Ubuntu, por ejemplo, bastaría con un sudo apt-get install firejail. Una vez instalado, ya puedes lanzar tus AppImage en un entorno controlado.

El comando típico sería algo como firejail –appimage nombre_paquete.AppImage. Esto hace que la aplicación se ejecute dentro del sandbox de Firejail, con restricciones adicionales de acceso al sistema de archivos, red, etc., según el perfil que esté configurado.

Así, si quieres abrir por ejemplo Kdenlive empaquetado en kdenlive-18.08.3-x86_64.AppImage dentro de un entorno aislado, usarías: firejail –appimage kdenlive-18.08.3-x86_64.AppImage. De esta manera mantienes las ventajas de portabilidad de AppImage pero con una capa extra de seguridad.

Actualización y gestión de versiones en AppImage

La gestión de actualizaciones es uno de los puntos donde AppImage se aleja bastante del modelo tradicional de los repositorios de la distribución. Aquí no hay un APT que se encargue de todo ni una “store” oficial integrada en el sistema que actualice tus aplicaciones en bloque.

En algunos casos, hay aplicaciones que implementan su propio sistema de auto-actualización dentro de la AppImage, o utilizan herramientas como AppImageUpdate, que permite descargar solo los cambios (gracias a las actualizaciones delta) usando la información incrustada en el propio archivo.

AppImageUpdate se distribuye también como AppImage, y su objetivo es ser simple, descentralizado y rápido. No depende de un repositorio central, sino de los metadatos que el desarrollador ha incluido en la aplicación. No obstante, su funcionamiento real depende de que los creadores de la app lo hayan implementado correctamente.

En la práctica, muchos usuarios terminan optando por un método más “manual” pero efectivo: descargar la nueva versión desde la web oficial, darle permiso de ejecución y sustituir el archivo antiguo por el nuevo, procurando que el nombre de archivo sea el mismo que usaban en su lanzador o integración de escritorio.

También han surgido gestores de AppImage por línea de comandos como appimage-manager, Zap o AppMan, que permiten buscar, instalar, actualizar y eliminar AppImages de una forma más parecida a un gestor de paquetes clásico (tipo APT o pacman). Son útiles si manejas muchas aplicaciones en este formato o si quieres automatizar el proceso con scripts.

Cómo desinstalar o eliminar una AppImage

Una de las cosas más cómodas de este formato es que, al no instalar paquetes por todo el sistema, desinstalar una AppImage es literalmente borrar el archivo. No hay bases de datos de paquetes que actualizar ni dependencias que limpiar.

Si guardas tus AppImages, por ejemplo, en /opt/AppImages o en ~/AppImages, bastará con eliminar el archivo desde el explorador de archivos o desde la terminal con un rm nombre_paquete.AppImage para que la aplicación desaparezca.

Ahora bien, si has creado integración de escritorio manualmente (ficheros .desktop, iconos en /opt/AppImages/icons, etc.), conviene borrar también esos restos para que no te aparezcan accesos directos rotos en el menú. Es tan simple como eliminar el .desktop correspondiente y, si lo usabas, el icono asociado.

En el caso de herramientas como AppImageLauncher o AppImagePool, suelen ofrecer desde su propia interfaz opciones para desintegrar o borrar la aplicación, encargándose de limpiar no solo el binario, sino también los lanzadores e iconos que hayan creado.

Lo importante es que no vas a encontrarte con residuos complicados de eliminar repartidos por el sistema como sucede a veces con paquetes tradicionales; todo queda bastante acotado a unos pocos archivos fáciles de localizar.

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