Cómo usar symlinks en Windows 11 para gestionar instalaciones pesadas

Última actualización: 08/01/2026
Autor: Isaac
  • Los enlaces simbólicos permiten mover instalaciones y datos pesados fuera de C:\ sin romper programas ni duplicar archivos.
  • Windows 11 soporta symlinks, hardlinks y junctions, cada uno con usos y limitaciones específicas.
  • El comando mklink y herramientas como Link Shell Extension facilitan crear y gestionar enlaces simbólicos.
  • Usar symlinks optimiza espacio, copias de seguridad y sincronización con discos externos y servicios en la nube.

symlinks en Windows 11

Si usas Windows 11 y te estás quedando sin espacio en el SSD, los enlaces simbólicos (symlinks) son uno de los trucos más potentes y menos conocidos para mover instalaciones pesadas, carpetas de programas o datos sin que el sistema ni las aplicaciones se enteren del cambio. Básicamente, puedes decirle a Windows que algo está en C:\ cuando en realidad vive tranquilamente en un disco externo, una segunda partición o incluso una carpeta de la nube.

Más allá de liberar espacio, los symlinks permiten sincronizar carpetas con servicios en la nube, optimizar copias de seguridad y reutilizar los mismos datos en varios entornos (por ejemplo, entre Windows y una máquina virtual o un arranque dual con Linux). Todo esto sin duplicar archivos ni tener que andar persiguiendo rutas kilométricas cada vez que abres un programa.

Qué es un symlink en Windows 11 y por qué es diferente de un acceso directo

En Windows 11, un enlace simbólico es un objeto especial del sistema de archivos que contiene una ruta hacia otro archivo o carpeta, y que el sistema trata como si fuera el propio archivo o carpeta original. A nivel práctico, para las aplicaciones es como si los datos estuvieran físicamente en la ubicación del symlink.

Un acceso directo tradicional (.lnk) es solo un atajo que se abre con el Explorador de archivos; cuando haces doble clic, Windows te lleva a la ruta real. Con un symlink, en cambio, el programa ni se entera de que está entrando a otra ubicación: cree que está abriendo C:\Ruta\Original cuando en realidad está accediendo a D:\Ruta\Real.

Gracias a esto, los enlaces simbólicos permiten ahorrar espacio y esquivar restricciones de muchos programas que solo aceptan guardar datos en una ruta concreta (por ejemplo, carpetas de perfil, cachés, bibliotecas o directorios de juegos que no dejan cambiar de unidad).

Internamente, Windows gestiona los symlinks a través de su sistema de archivos NTFS, que guarda metadatos con la ruta de destino en lugar de los datos en sí. De este modo, el enlace ocupa apenas unos bytes y el tamaño que ves al abrir la carpeta suele coincidir con el del original, porque “engaña” al sistema para que trate el contenido remoto como si estuviera ahí mismo.

Tipos de enlaces en Windows: softlinks, hardlinks y junctions

Dentro de Windows 11 puedes trabajar con varios tipos de enlaces: enlaces simbólicos (softlinks), enlaces duros (hardlinks) y enlaces de directorio (junctions). Todos se crean con el comando mklink, pero su comportamiento no es idéntico.

Desde el punto de vista del sistema de archivos, los datos no se guardan realmente “dentro” de los archivos que ves, sino en una especie de registro interno o identificador al que apuntan esos archivos. Cuando eliminas un archivo normal, en realidad borras la referencia, pero los datos pueden quedar temporalmente en el disco, lo que explica que a veces sea posible recuperar información borrada.

Softlink o enlace simbólico

Un softlink es el tipo de symlink más habitual. Apunta al nombre del archivo o carpeta que ves en el Explorador, es decir, al identificador “visible” en la estructura de directorios. Si creas un enlace simbólico a una carpeta y luego cambias el nombre de la carpeta original o la mueves a otro sitio, el enlace se rompe, porque la ruta deja de existir.

Sin embargo, mientras la ruta siga siendo válida, todas las modificaciones que hagas desde el enlace se aplican al archivo o carpeta original: renombrar, borrar, modificar archivos internos, etc. Para programas y servicios, es como si trabajaran directamente sobre la carpeta real, lo que permite integraciones muy finas con software de copias de seguridad, editores, reproductores o gestores de contraseñas.

Hardlink o enlace duro

Un hardlink funciona diferente: no apunta al nombre visible del archivo, sino al “bloque” de datos interno que gestiona NTFS. Eso implica que puedes tener varios nombres distintos en el mismo disco que en realidad señalan al mismo contenido.

Cuando cambias el nombre de uno de ellos o lo eliminas, los otros hardlinks siguen funcionando porque todos son tratados como originales. El archivo no se borra hasta que desaparece el último hardlink que lo referencia. Eso aporta robustez, pero tiene dos limitaciones claras: solo funciona con archivos (no con carpetas) y no puede cruzar particiones ni sistemas de archivos distintos.

Por esa razón, su campo de uso es más reducido: sirve para duplicar “nombres” de archivos dentro del mismo volumen sin gastar espacio extra, pero no para mover una instalación pesada de C:\ a D:\ ni para mandar carpetas completas a un disco externo.

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Junctions o enlaces de directorio

Las junctions son una modalidad pensada para carpetas. Unen directorios como si fueran ventanas a otro sitio dentro del mismo sistema de archivos. A efectos prácticos, se comportan de forma muy parecida a un symlink de directorio, pero con restricciones: no se llevan bien con ubicaciones que crucen ciertos límites de sistema de archivos y su uso está más centrado en escenarios locales.

En Windows, el comando mklink /J crea una junction, mientras que mklink /D genera un symlink de directorio. La ventaja de las junctions es la compatibilidad con programas antiguos, pero si buscas flexibilidad máxima (por ejemplo, carpetas en un disco USB o en una unidad de red) suele ser mejor usar symlinks.

Enlaces absolutos y relativos: cuándo importa la ruta

Al crear un enlace simbólico, puedes definir la ruta de destino como absoluta o relativa. La diferencia no es solo teórica: puede provocar errores bastante puñeteros si no lo tienes en cuenta.

Un enlace absoluto incluye toda la ruta desde la unidad hasta el archivo o carpeta, por ejemplo C:\alpha\beta\gamma\file.txt. Si el symlink interno “absLink” apunta a \\machineB\share, al resolverlo Windows sustituye la parte anterior al enlace por la nueva ruta y anexa el resto: el resultado quedaría como \\machineB\share\gamma\file.txt.

En un enlace relativo, en cambio, la ruta se interpreta respecto de dónde está el propio enlace. Se utilizan convenciones como . (directorio actual) y .. (subir un nivel). Por ejemplo, si el enlace “link” apunta a ..\..\theta y la ruta de partida es C:\alpha\beta\link\gamma\file, al resolver todos los .. se acaba construyendo algo como C:\theta\gamma\file.

El problema viene cuando hay más .. de la cuenta o la relación de carpetas no es la que esperas: se generan rutas inválidas y aparecen errores del tipo “Too many levels of symbolic links” o fallos de acceso. Por eso, en entornos Windows 11 donde lo que quieres es asegurar que una instalación pesada siempre apunte a un disco concreto, suele ser más sensato usar rutas absolutas claras.

Ventajas de usar symlinks en Windows 11 para gestionar instalaciones pesadas

La principal razón para meterse en este lío es que los symlinks permiten desplazar peso de C:\ a otras unidades sin romper programas ni reinstalar nada. Pero no es la única ventaja.

Uno de los grandes usos es la sincronización con almacenamiento en la nube. Muchos servicios como OneDrive, Dropbox o Google Drive solo sincronizan lo que está dentro de su propia carpeta. Con un symlink, puedes redirigir, por ejemplo, C:\Users\TuUsuario\Pictures a la carpeta de OneDrive y conseguir que todo se sincronice sin mover manualmente nada.

Esto se extiende también a copias de seguridad en discos externos. Si creas un enlace simbólico de tu carpeta de documentos o de proyectos a un directorio en un HDD o SSD externo, cada cambio se replica en tiempo real en la ubicación de destino, sin tener que lanzar copias periódicas ni recordar qué has modificado.

Otra ventaja es el rendimiento operativo en equipos modestos. En PCs antiguos o con un SSD pequeño y un HDD grande para datos, puedes instalar programas o juegos en C:\ y luego mover sus carpetas pesadas (texturas, datos, bibliotecas) a D:\ y apuntarlas mediante symlinks. El sistema crea la ilusión de que todo sigue en C:\, pero el grueso del peso vive en otra unidad.

Además, los symlinks son muy ligeros y se crean en segundos. No duplican archivos, sino que crean un “punto de acceso” común al mismo contenido, reduciendo el riesgo de tener versiones desactualizadas en distintas carpetas y simplificando mucho la organización.

Desventajas y riesgos de los enlaces simbólicos

No todo es perfecto. Para mucha gente, la creación de symlinks puede resultar intimidante al principio, sobre todo porque se hace desde la línea de comandos o con herramientas algo técnicas. Si te equivocas al escribir rutas o modificas carpetas originales sin cuidado, es fácil que aparezcan enlaces rotos.

Un riesgo típico es que si borras, renombras o mueves la carpeta o archivo original sin actualizar el symlink, este se queda apuntando a ninguna parte. En el Explorador se verá como una carpeta, pero al entrar recibirás errores de acceso y tendrás que recrear el enlace con la nueva ruta.

También puede pasar que la ruta indicada al crear el enlace no sea correcta (un carácter mal, una barra que falta, una letra de unidad equivocada). En ese caso, el symlink nunca llega a apuntar donde debe, y la experiencia es confusa hasta que revisas las rutas con calma.

Por otro lado, hay dispositivos y sistemas de archivos que no soportan bien los enlaces simbólicos, especialmente algunos pendrives formateados en FAT32 o exFAT. Si intentas crear el symlink en un sistema que no los admite, Windows te devolverá errores o directamente no funcionará como esperas.

Además, debes asegurarte de que la carpeta que vas a crear como enlace no exista todavía. El directorio de destino del symlink debe ser nuevo; si ya hay una carpeta con ese nombre, mklink se quejará y no generará nada. Lo habitual es crear algo como D:\backup o D:\JuegoDatos y dejar que el propio comando cree el “directorio-enlace”.

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Cuándo merece la pena usar symlinks en lugar de accesos directos

Los accesos directos van de lujo para el uso diario, pero si quieres liberar espacio, automatizar sincronizaciones o esquivar limitaciones de rutas fijas, los enlaces simbólicos son otra liga.

Son especialmente recomendables en equipos donde el disco principal está justo de espacio. Si tienes un portátil con un SSD de 256 GB y muchas instalaciones pesadas (juegos, máquinas virtuales, bibliotecas multimedia), mover parte de esos datos a una segunda unidad y enlazarlos desde su ruta original puede marcar la diferencia.

También son muy útiles cuando un programa se empeña en usar una carpeta concreta (por ejemplo, parte del perfil de Outlook, una base de datos de KeePassXC o la carpeta de documentos de una aplicación), pero tú quieres que realmente estén en un disco externo o en la nube. Creas el symlink en la ruta que el programa espera y rediriges el contenido a donde te interese.

En el contexto de OneDrive y otros servicios cloud, hay que recordar que Windows 11 puede marcar archivos inactivos como “solo en línea” tras cierto tiempo sin usarlos (por defecto, 30 días en muchas configuraciones). Trabajar con symlinks hacia contenidos sincronizados te permite controlar mejor qué datos se mantienen locales y cuáles pueden descargarse bajo demanda.

Por último, en entornos mixtos Windows-Linux (arranque dual o máquinas virtuales), los symlinks ayudan a compartir datos sin duplicarlos. Puedes tener tus documentos en una partición accesible por ambos sistemas y usar enlaces simbólicos para que, desde Windows, parezca que están en la ruta típica de usuario, mientras Linux los ve montados en /mnt.

Cómo crear symlinks en Windows 11 con el comando MKLINK

cómo ver el historial de comandos en Powershell y CMD

El comando clave para trabajar con enlaces en Windows 11 es mklink, que se ejecuta en el Símbolo del sistema o en PowerShell. Lo ideal es abrirlo con permisos de administrador, salvo que tengas activado el Modo desarrollador, que relaja algunas restricciones.

La sintaxis básica es muy sencilla: mklink <vinculo> <destino>, donde el vínculo es el nombre y ruta del enlace que quieres crear, y el destino es la ruta real del archivo o carpeta que va a contener los datos.

Las opciones más habituales de mklink en Windows 11 son /D para directorios simbólicos, /H para enlaces duros a archivos y /J para junctions o enlaces de directorio. Si no pones ninguna opción, Windows asume que quieres un symlink a un archivo.

  • mklink "C:\ruta\al\vinculo\archivo_enlace.txt" "C:\ruta\original\archivo.txt" – crea un symlink a archivo.
  • mklink /D "D:\Juegos\MiJuegoDatos" "C:\Program Files\MiJuego\Datos" – crea un symlink de carpeta para mover datos pesados a D:\.
  • mklink /H "C:\ruta\al\vinculo\archivo_fisico.txt" "C:\ruta\original\archivo.txt" – genera un hardlink dentro de la misma partición.
  • mklink /J "D:\Datos\JunctionCarpeta" "C:\CarpetaOriginal" – crea una junction de directorio.

Un ejemplo muy práctico para liberar espacio sería mover la carpeta de datos de Outlook a otra unidad. Primero moverías el contenido a D:\Outlook y luego crearías el symlink así: mklink /D "C:\Users\TuUsuario\AppData\Local\Microsoft\Outlook" "D:\Outlook". A partir de ese momento, Outlook seguirá usando su ruta habitual, pero el peso real estará en D:\.

Pasos detallados para crear un enlace simbólico en Windows 11

Más allá de los ejemplos, el flujo general para crear symlinks en Windows 11 es siempre parecido: elegir qué mueves, dónde lo vas a poner y qué ruta quieres que vean los programas.

Lo primero es abrir el Símbolo del sistema con permisos de administrador. Puedes pulsar Win + R, escribir cmd o system32 y luego buscar el ejecutable cmd.exe en la carpeta System32, hacer clic derecho y elegir “Ejecutar como administrador”.

A continuación, necesitas tener muy claras dos rutas: la ruta de origen (donde están ahora los archivos que quieres “redirigir”) y la ruta de destino donde quieres crear el enlace. Recuerda que el destino del symlink debe ser una carpeta nueva, no algo que ya exista con datos.

El patrón habitual del comando sería algo como: mklink /D "D:\backup" "C:\Users\Usuario\Documents". En ese ejemplo, D:\backup será el enlace simbólico que apunta al contenido real en C:\Users\Usuario\Documents. Cualquier archivo nuevo que añadas en la carpeta Documents se verá reflejado automáticamente al acceder a D:\backup.

Cuando ejecutas el comando y todo va bien, la consola muestra un mensaje tipo “symbolic link created”. Después, conviene entrar en la ruta del symlink con el Explorador y probar a crear o copiar un archivo para asegurarte de que realmente está enlazando al contenido correcto.

Esta misma técnica puedes usarla para integrar carpetas con servicios cloud: si marcas como destino una carpeta dentro de tu directorio de OneDrive o Dropbox, todo lo que metas en la ruta original aparecerá en la nube sin que tengas que mover manualmente nada cada vez.

Cómo borrar symlinks y resolver errores frecuentes

Eliminar un enlace simbólico es tan simple como borrar un archivo o carpeta normal desde el Explorador. Clic derecho sobre el symlink, opción “Eliminar” y listo. Solo se borra el enlace, no el contenido original al que apuntaba.

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Es importante asegurarse de que estás borrando el enlace y no la carpeta real. Aunque no es lo habitual equivocarse si sabes qué has creado, conviene fijarse bien en la ruta y en el icono (suele mostrar una pequeña flecha de acceso directo).

En algunos casos, al intentar borrar un enlace simbólico te puedes encontrar con mensajes de error indicando que no se puede acceder a la ubicación de red o que el sistema no reconoce la acción. Esto suele pasar cuando el punto de reanálisis (la estructura interna del symlink) está corrupto.

Para estos casos, Windows ofrece herramientas como fsutil reparsepoint delete , que borra la información de reanálisis asociada al enlace. Después puedes ejecutar rd para eliminar el directorio problemático. Es una especie de limpieza profunda cuando el borrado normal falla.

Otro error muy comentado es el ya citado “Too many levels of symbolic links”, que suele deberse a rutas relativas mal construidas o a bucles entre enlaces (un symlink que termina apuntando, directa o indirectamente, a sí mismo). Revisar que las rutas sean absolutas y que no haya cadenas circulares suele resolver el problema.

Herramientas gráficas para crear symlinks sin usar la consola

Si lo de escribir comandos se te hace cuesta arriba, hay varias utilidades gratuitas que añaden opciones de symlinks al menú contextual del Explorador de archivos, de forma que puedas crear y gestionar enlaces con un par de clics.

Una de las más conocidas es Link Shell Extension, también llamada Hardlink Shell Extension. Esta herramienta se integra en Windows y te permite crear enlaces simbólicos, enlaces duros y junctions desde el clic derecho sin preocuparte por la sintaxis de mklink.

El uso es bastante directo: seleccionas el archivo o carpeta original, haces clic derecho y eliges “Pick Link Source”. Luego vas a la ubicación donde quieres colocar el enlace, clic derecho en el espacio vacío y eliges “Drop As” y el tipo de enlace que te interese (Hardlink, Junction, Symbolic Link, etc.).

Herramientas similares, como Windows Symbolic Link Maker, Symlink Manager, WinbolicLink o Symlink Creator, llevan años en circulación. Aunque algunas no se actualizan con frecuencia, su funcionalidad básica sigue siendo válida en versiones modernas de Windows siempre que uses NTFS y ejecutes con permisos adecuados.

Antes de usar software de terceros para gestionar enlaces simbólicos en instalaciones críticas (por ejemplo, datos de trabajo o juegos caros), es sensato crear copias de seguridad. Algunos usuarios han reportado fallos puntuales en versiones recientes de Windows, así que más vale cubrirse las espaldas.

Casos prácticos de uso de symlinks en instalaciones pesadas y entornos mixtos

Más allá de la teoría, los symlinks brillan en situaciones muy concretas, sobre todo cuando tienes mucho volumen de datos, poco espacio en C:\ y programas que no cooperan con cambios de ruta.

Un ejemplo clásico es el de los juegos con texturas, DLCs o bibliotecas enormes. Algunos lanzadores permiten elegir carpeta de instalación, pero otros no o lo hacen de forma limitada. Mover la carpeta de datos a un HDD grande y usar symlinks en la ruta que el juego espera es una forma limpia de liberar el SSD sin reinstalar.

Otro caso muy útil es el de las máquinas virtuales o entornos de pruebas. Puedes tener los archivos pesados de una VM en un disco secundario y enlazarlos a la ruta donde tu hipervisor (VirtualBox, VMware, etc.) crea que están. Así mantienes orden y rendimiento en el disco principal.

En entornos con arranque dual Windows-Linux, los symlinks permiten compartir carpetas entre sistemas sin duplicar nada. Por ejemplo, puedes tener tus documentos en una partición NTFS común y en Linux montar esa partición en /mnt/DATA, mientras que en Windows enlazas desde C:\Users\Usuario\Documents a esa misma ubicación, de modo que ambos sistemas trabajan contra el mismo conjunto de archivos.

En el plano personal, muchos usuarios comentan trucos como redirigir su carpeta de perfil de Outlook, bibliotecas de fotos o colecciones de música a tarjetas SD, discos USB o NAS, todo mediante symlinks. Lo bueno es que las aplicaciones siguen funcionando igual, pero el espacio se gana donde más falta hace.

Dominar los enlaces simbólicos en Windows 11 te da una flexibilidad enorme para organizar datos, aligerar el sistema y adaptarte a limitaciones de hardware o de software sin sacrificar comodidad. Una vez te acostumbras a pensar en rutas y enlaces, cuesta volver a la forma “tradicional” de mover y copiar carpetas pesadas por todo el disco.

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