Cómo revertir una actualización con wusa /uninstall, DISM y PowerShell

Última actualización: 16/02/2026
Autor: Isaac

Desinstalar actualizaciones problemáticas en Windows

Si tras instalar una actualización de Windows 10 u 11 tu PC va lento, aparecen pantallas azules, dejan de funcionar programas o incluso tienes errores de impresión, es normal que quieras revertir la actualización y volver al estado anterior. Microsoft presume de mejoras constantes, pero todos sabemos que a veces una de estas novedades puede terminar rompiendo más cosas de las que arregla.

En estas situaciones viene genial saber cómo desinstalar una actualización con wusa /uninstall, DISM, PowerShell o las herramientas gráficas. Con un poco de cuidado y siguiendo los pasos correctos, puedes quitar parches problemáticos, manejar paquetes LCU/SSU modernos y recuperar la estabilidad sin tener que formatear el equipo.

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Por qué podrías necesitar desinstalar una actualización de Windows

Windows 10 y Windows 11 son sistemas enormes, con cientos de millones de equipos muy distintos en hardware y software, y eso hace que Microsoft tenga que adaptarse a una variedad casi infinita de configuraciones. Aunque las actualizaciones pretenden mejorar seguridad, rendimiento y funciones, a menudo generan efectos secundarios inesperados.

Entre los motivos más habituales para revertir una actualización están los problemas de compatibilidad con controladores, conflictos con programas, bajadas de rendimiento o cuelgues aleatorios. En ocasiones la consecuencia es tan grave que el sistema ni siquiera llega a iniciar con normalidad y terminas en bucles de arranque o con errores críticos al encender, incluso pantallas azules concretas.

También hay un factor de preferencias personales: algunos usuarios consideran que Windows consume demasiados recursos, trae demasiadas apps UWP preinstaladas y tiene una telemetría intrusiva. A eso se suman bugs en parches concretos, como actualizaciones que rompen la impresora, provocan errores en juegos recién instalados o generan pérdidas de datos en escenarios muy concretos.

Cuando una actualización concreta (identificada por su número KB) coincide en fecha con la aparición del problema, lo más sensato suele ser desinstalarla. El truco está en saber elegir el método adecuado: desde la app de Configuración, el Panel de control clásico, la línea de comandos con wusa.exe, herramientas más avanzadas como DISM o incluso PowerShell con módulos especializados. Si el problema está ligado a un parche conocido, como ocurre a veces con parches específicos (KB concretas), conviene actuar con prudencia.

Tipos de actualizaciones en Windows: calidad, características, acumulativas y SSU/LCU

Antes de ponerte a borrar nada, es importante entender que no todas las actualizaciones de Windows son iguales. Desinstalar una u otra tiene implicaciones distintas y no siempre es posible revertirlas de la misma forma.

Por un lado están las actualizaciones de calidad, que suelen llegar cada mes (y a veces fuera de ciclo) con parches de seguridad, correcciones de errores y pequeños ajustes internos. Son más frecuentes, tocan partes críticas del sistema, y se identifican por un número KB (por ejemplo, KB5048652).

Por otro lado, tenemos las actualizaciones de características, mucho más grandes. Cambian el número de versión (por ejemplo, paso a 22H2, 23H2, etc.), añaden funciones importantes y modifican el sistema a un nivel profundo. Windows solo permite deshacer este tipo de actualización durante un período limitado (normalmente 10 días desde su instalación), porque después borra los archivos necesarios para ahorrar espacio en disco.

Además, en versiones modernas de Windows 10 y Windows 11 se utilizan paquetes acumulativos (LCU, Latest Cumulative Update) que agrupan parches previos, y paquetes de pila de servicio (SSU, Servicing Stack Update). A menudo Microsoft publica un paquete combinado SSU + LCU. En estos casos, no puedes quitar el SSU una vez instalado: solo es posible retirar la parte LCU mediante DISM usando el nombre de paquete correcto.

Concretamente, si tienes un paquete combinado moderno, ejecutar wusa /uninstall sobre el archivo .msu ya no funciona para desinstalar la LCU, porque el instalador detecta que dentro va también el SSU, que es permanente. Para revertir solo la LCU hay que recurrir a DISM /Remove-Package indicando el nombre interno del paquete que devuelve DISM /online /get-packages.

Comprobar qué actualizaciones se han instalado recientemente

Lo primero para tomar decisiones es saber exactamente qué actualización instalaste y cuándo se aplicó. Windows ofrece varias formas de ver el historial de parches, tanto en Windows 10 como en Windows 11.

Desde la interfaz moderna puedes abrir Configuración > Actualización y seguridad (Windows 10) o Windows Update (Windows 11) > Historial de actualizaciones. Verás un listado normalmente ordenado por fecha con el número KB, la categoría y la fecha de instalación.

En Windows 11, dentro de ese historial, tienes un enlace a Desinstalar actualizaciones, que abrirá una lista interactiva donde puedes seleccionar una entrada y usar el botón de desinstalar. Para quien prefiera la vista clásica, en Windows 10 y 11 todavía está disponible el Panel de control > Programas > Programas y características > Ver actualizaciones instaladas.

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Si lo tuyo son las herramientas de texto, puedes recurrir a CMD o PowerShell. En un símbolo del sistema con permisos de administrador, el comando wmic qfe list brief /format:table muestra una tabla de actualizaciones con su HotFixID (el número KB) y la fecha de instalación. En PowerShell, Get-HotFix o las consultas contra la clase win32_quickfixengineering te dan un listado similar.

Desinstalar actualizaciones con la interfaz gráfica (Configuración y Panel de control)

Para la mayoría de usuarios, la forma más sencilla y segura de revertir una actualización en Windows es usar las opciones que ofrece la propia interfaz gráfica, sin tocar comandos. Tanto Windows 10 como Windows 11 comparten una lógica parecida, con ligeros cambios de diseño.

En Windows 10 puedes abrir Configuración con Win + I, entrar en Actualización y seguridad, pulsar en Ver historial de actualizaciones y luego en Desinstalar las actualizaciones. Aparecerá una ventana clásica con todas las actualizaciones recientes, donde es posible ordenarlas por fecha o buscar el número KB que te interesa. Si la app de Configuración da errores, el Panel de control clásico puede ser la alternativa más fiable.

En Windows 11 el proceso es muy parecido: en Configuración vas a Windows Update > Historial de actualizaciones > Desinstalar actualizaciones. Se mostrará una lista con las últimas actualizaciones y un botón Desinstalar a la derecha de cada una, especialmente en versiones recientes como 23H2 que han modernizado ese panel.

Seleccionando la actualización problemática, pulsas en Desinstalar, confirmas cuando te lo pida y esperas a que el sistema complete la operación. Al terminar, Windows puede pedirte reiniciar, algo recomendable para eliminar completamente los restos de la actualización. Si vas a quitar varias, puedes desinstalarlas seguidas y luego reiniciar solo una vez.

En el Panel de control, el camino es Programas > Programas y características > Ver actualizaciones instaladas. Allí puedes hacer clic derecho sobre una actualización concreta y escoger Desinstalar, o usar el botón de la parte superior. Es una alternativa útil si estás acostumbrado a la interfaz clásica o si la app de Configuración da errores.

Revertir una actualización de características (volver a una versión anterior)

Cuando el problema viene de una gran actualización de Windows 10 u 11 (por ejemplo, 22H2 o 23H2), no basta con quitar un parche mensual: necesitas echar marcha atrás a toda la versión de características. Para esto, Windows ofrece una opción específica de recuperación.

En Windows 10 puedes ir a Configuración > Actualización y seguridad > Recuperación y buscar la sección Volver a la versión anterior de Windows 10. Allí pulsas en Comenzar y sigues el asistente, eligiendo el motivo por el que quieres volver atrás y dejando que el sistema restaure los archivos de la versión anterior.

En Windows 11, si te arrepientes de la migración, también puedes bajar a Windows 10 durante los primeros 10 días. Entras en Sistema > Recuperación y pulsas en Volver (Back) dentro de las opciones de recuperación. El asistente te pregunta si prefieres probar la versión más reciente de Windows 11 por si hay parches que corrijan los fallos, pero si insistes, iniciará el proceso de restauración a Windows 10.

Ese límite de tiempo es crítico: una vez superado, Windows borra los ficheros de la instalación anterior para ahorrar espacio, por lo que ya no podrás hacer downgrade y solo te quedaría la opción de reinstalar desde cero, siempre con copia de seguridad previa.

Si lo único que quieres es dejar de recibir nuevas grandes actualizaciones porque tu hardware va justo de recursos, también puedes pausar temporalmente Windows Update o configurar políticas para posponer las actualizaciones de características, aunque en ediciones Home las opciones son más limitadas. Pausar actualizaciones puede ayudar a ganar tiempo hasta aplicar una solución documentada en artículos sobre actualizaciones inoportunas.

Desinstalar actualizaciones con wusa /uninstall desde CMD

Para usuarios que prefieren el control total desde la consola o para casos en los que la interfaz gráfica falla, wusa.exe (Windows Update Standalone Installer) es la herramienta clásica para instalar y desinstalar paquetes .msu desde la línea de comandos.

El patrón más habitual para quitar un parche de Windows usando wusa es algo tan simple como wusa /uninstall /kb:XXXXXXX, sustituyendo las X por el número de KB de la actualización que quieres eliminar. Por ejemplo, si una KB5048652 está causando errores de impresión, puedes intentar desinstalarla con ese comando. Si la instalación o desinstalación falla, conviene revisar guías sobre cómo instalar o gestionar actualizaciones cuando fallan.

Además, wusa admite una serie de parámetros que te permiten controlar el comportamiento del comando. Por ejemplo, /quiet ejecuta el proceso en modo silencioso sin ventanas ni preguntas, y /norestart impide que el sistema se reinicie automáticamente al terminar, obligándote a reiniciar manualmente cuando te convenga.

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Si quieres forzar que el PC se reinicie y cierre aplicaciones abiertas al finalizar, puedes usar /quiet /forcerestart. En cambio, /warnrestart muestra un aviso previo al reinicio cuando lo combinas con /quiet. Todo esto es muy útil en scripts o entornos donde deseas automatizar el proceso y evitar la interacción del usuario.

Un ejemplo práctico para desinstalar una actualización sin reiniciar en ese momento sería algo así como wusa /uninstall /kb:XXXXX /quiet /norestart. Si prefieres que el equipo se reinicie al terminar, puedes usar wusa /uninstall /kb:XXXXXX /quiet /forcerestart en su lugar.

Uso avanzado de DISM para quitar LCU cuando wusa no funciona

Con las últimas versiones de Windows 10 y Windows 11, Microsoft se está apoyando más en DISM (Deployment Image Servicing and Management) y en PowerShell para la gestión de paquetes de actualización, sobre todo cuando hablamos de combinaciones SSU+LCU donde wusa ya no sirve para revertir solo la parte acumulativa.

DISM permite trabajar tanto con la imagen en línea (el sistema que estás usando) como con imágenes sin montar. Para nuestro caso, lo normal es usar /Online. Si quieres encontrar el nombre interno de los paquetes LCU, puedes ejecutar DISM /online /get-packages y revisar la lista. Es frecuente que veas entradas como Package_for_RollupFix con un número de versión largo.

Lo que suele hacerse es fijarse en la fecha de instalación y la versión. Por ejemplo, si sabes que la actualización KB5063878 se instaló el 15 de agosto y en la salida aparece un paquete Package_for_RollupFix~31bf3856ad364e35~amd64~~26100.4946.1.26 con esa misma fecha, es muy probable que ese sea el LCU asociado a esa KB.

Una vez que tienes claro el nombre, puedes usar un comando del tipo dism /online /remove-package /packagename:Package_for_RollupFix~31bf3856ad364e35~amd64~~26100.4946.1.26 para desinstalarlo. Es importante comprobar dos veces que eliges el paquete correcto, porque quitar el paquete equivocado puede desestabilizar el sistema.

DISM también permite añadir parámetros como /norestart para que no reinicie automáticamente, y /quiet si quieres que haga el trabajo en segundo plano sin mostrar detalles. Este método es especialmente útil cuando Microsoft indica expresamente que wusa /uninstall no es válido para un paquete combinado y que hay que usar DISM /Remove-Package con el nombre LCU concreto.

PowerShell y PSWindowsUpdate para gestionar y eliminar parches

PowerShell ofrece una forma muy potente de listar, filtrar y desinstalar actualizaciones, sobre todo si trabajas con varios equipos o si te sientes cómodo automatizando tareas. Aunque parte de la funcionalidad es similar a CMD, PowerShell destaca por su integración con objetos y capacidades de scripting avanzadas.

Para empezar, puedes usar Get-HotFix para ver qué actualizaciones están instaladas, incluyendo el número KB, la descripción, el equipo y la fecha de instalación. Si buscas una actualización específica, puedes filtrar con algo como Get-HotFix -Id KB0000000 sustituyendo el código por el que te interesa.

Si instalas el módulo PSWindowsUpdate desde la galería oficial con Install-Module -Name PSWindowsUpdate, tendrás a tu disposición cmdlets como Get-WUHistory para revisar el historial de Windows Update y Remove-WindowsUpdate para desinstalar actualizaciones por su KB de forma más directa.

Por ejemplo, para eliminar un parche concreto podrías emplear un comando del estilo Remove-WindowsUpdate -KBArticleID KB5035853 -NoRestart. Posteriormente podrías comprobar que ya no está visible ejecutando algo tipo Get-WindowsUpdate -KBArticleID KB5035853 para confirmar que no devuelve resultados.

Además de estos comandos, PowerShell se utiliza mucho en entornos profesionales para programar actualizaciones en segundo plano, gestionar permisos, trabajar en redes completas y coordinar parches en múltiples equipos, algo que el viejo CMD no está pensado para hacer con comodidad.

Uso de Restaurar sistema para volver a un estado anterior

Si no quieres complicarte con KB, nombres de paquetes y comandos, o simplemente no consigues desinstalar la actualización por los métodos normales, Restaurar sistema es otra opción muy práctica cuando tienes puntos de restauración recientes.

En cualquier versión moderna de Windows puedes abrir el cuadro Ejecutar con Win + R, escribir rstrui y pulsar Intro. Se abrirá el asistente de Restaurar sistema, que te permitirá elegir entre la restauración recomendada o un punto de restauración concreto anterior a la instalación de la actualización conflictiva.

El asistente te guiará paso a paso, te mostrará qué programas pueden verse afectados y te pedirá confirmación antes de reiniciar. Al completar el proceso, Windows volverá al estado en el que estaba cuando se creó el punto, lo que suele implicar revertir controladores, configuración y, por supuesto, actualizaciones de sistema aplicadas después de ese momento.

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Este método es especialmente interesante cuando la actualización ha roto algo más complejo que un simple parche de Windows Update, por ejemplo, conflictos con drivers de impresora, programas de terceros o servicios que se han dañado a raíz del cambio.

Cuando Windows no arranca: usar el entorno de recuperación (WinRE)

Hay casos más extremos en los que, tras una actualización, Windows deja de arrancar por completo. Si el sistema no consigue recuperarse solo, puedes forzar la entrada en las opciones de recuperación apagando el PC a la fuerza varias veces durante el arranque, hasta que aparezca el menú de WinRE.

Dentro del Entorno de Recuperación de Windows puedes ir a Solucionar problemas > Opciones avanzadas > Desinstalar actualizaciones. Desde ahí se te ofrecen dos posibilidades: quitar las últimas actualizaciones de calidad o las últimas actualizaciones de características. Es una forma muy directa de deshacer el último cambio importante que hizo Windows antes de dejar de arrancar. Si llegas a este punto, también es útil revisar guías sobre cómo solucionar el bucle de reparación automática.

También desde estas opciones puedes lanzar Restaurar sistema, reparación de inicio, o incluso acceder a la consola de CMD si necesitas usar wusa, DISM o scripts avanzados. Todo esto sin necesidad de que el Windows principal llegue a iniciar por completo, lo cual es crucial cuando te has quedado bloqueado tras un parche defectuoso.

Reparar componentes de Windows Update y limpiar archivos temporales

En muchos escenarios los problemas con las actualizaciones no se deben tanto a un parche concreto sino a componentes dañados o cachés corruptas de Windows Update. Antes de volverte loco desinstalando todo, merece la pena probar una limpieza a fondo.

Un primer paso básico es usar DISM /online /cleanup-image /startcomponentcleanup, que intenta optimizar los componentes y descartar los reemplazados. Esto puede solucionar inconsistencias internas y desbloquear futuras instalaciones o desinstalaciones de parches; en especial conviene conocer cómo limpiar la carpeta WinSxS cuando el componente de sistema ocupa mucho espacio.

Otra estrategia consiste en detener los servicios de actualización (wuauserv) y BITS, renombrar la carpeta C:\Windows\SoftwareDistribution y la carpeta C:\Windows\System32\catroot2, y volver a arrancar estos servicios. Así fuerzas a Windows a recrear la caché de actualización desde cero.

También puedes vaciar el contenido de C:\Windows\SoftwareDistribution\Download y C:\Windows\Temp, lo que elimina descargas interrumpidas o temporales defectuosos que podrían estar causando errores en la instalación o en la desinstalación de una actualización concreta.

Una vez que estés seguro de que todo está limpio y el sistema funciona bien, es recomendable utilizar la herramienta de limpieza de disco desde las propiedades de la unidad del sistema, activando la eliminación de archivos de instalación de actualizaciones. Así podrás recuperar varios gigas de espacio en disco que Windows guarda por si hay que volver atrás.

Cuándo merece la pena desinstalar una actualización y cuándo no

Es tentador pensar que si algo falla, mejor quitar todas las actualizaciones, pero hay que tener cabeza: la mayoría de parches corrigen vulnerabilidades críticas y errores serios, por lo que eliminarlos a la ligera puede dejar tu sistema expuesto o menos estable a la larga.

En general, solo es aconsejable desinstalar una actualización cuando tienes evidencias razonables de que está provocando problemas: fallo de impresión tras una KB concreta, pantallas azules con fecha idéntica a un parche de controlador, rendimiento desastroso después de una actualización de características, etc.

También puede ser buena idea revertir un parche si tu equipo anda muy justo de recursos y cada actualización parece empeorar el rendimiento. En esos casos, la combinación de desinstalar lo que da problemas y pausar temporalmente las nuevas actualizaciones te da margen para valorar qué hacer.

Lo que no conviene es desinstalar una gran acumulativa sin más, ignorar avisos de seguridad y quedarse indefinidamente en una versión desfasada. Lo ideal es revertir solo lo necesario para recuperar la estabilidad y, cuando Microsoft publique una corrección o un parche posterior que solucione el fallo, volver a actualizar.

Con todo lo que has visto, ahora dispones de un abanico amplio de opciones para revertir actualizaciones en Windows 10 y 11 utilizando Configuración, Panel de control, wusa /uninstall, DISM, PowerShell, Restaurar sistema y el entorno de recuperación, de manera que puedas recuperar tu PC cuando una actualización sale rana sin renunciar a la seguridad y mejoras que sí aportan el resto de parches.