Cómo optimizar Windows 11 para juegos y ganar FPS

Última actualización: 15/04/2026
Autor: Isaac
  • Actualizar Windows, drivers de GPU y configurar planes de energía y efectos visuales para priorizar el rendimiento.
  • Aprovechar Modo Juego, HAGS, optimizaciones en ventana y selección de GPU para reducir latencia y mejorar FPS.
  • Limpiar bloatware, controlar procesos de inicio y segundo plano, y gestionar almacenamiento para un sistema más ligero.
  • Ajustar opciones gráficas de los juegos, vigilar temperaturas y cuidar la red y periféricos para una experiencia estable.

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Si juegas en PC y tienes Windows 11, es muy probable que alguna vez te hayas preguntado por qué tu equipo no rinde todo lo que debería. Microparones, caídas de FPS y tiempos de carga eternos pueden convertir cualquier partida en un suplicio, incluso con un hardware que, sobre el papel, debería ir sobrado.

La buena noticia es que Windows 11 ha mejorado muchísimo desde su lanzamiento, y hoy en día ofrece herramientas muy decentes para jugar. La mala es que viene bastante inflado, con muchas funciones activadas que no ayudan precisamente al rendimiento. Con unos cuantos ajustes bien escogidos puedes rascar bastantes FPS, reducir la latencia y hacer que todo se sienta bastante más fluido, sin instalar programas raros ni tocar el registro a lo loco.

Actualizar Windows 11, drivers y software de la GPU

Antes de empezar a desactivar cosas como si no hubiera un mañana, lo primero es tener la base bien puesta. Un sistema desactualizado suele rendir peor, es menos estable y además es más inseguro, así que merece la pena dedicarle unos minutos.

Empieza por Windows Update. Entra en la aplicación de Configuración, ve a Windows Update y comprueba si hay actualizaciones pendientes. No hace falta instalar todas las opcionales, pero sí las generales y de seguridad, porque muchas incluyen mejoras de rendimiento y correcciones de errores que afectan directamente a los juegos.

Dentro de Windows Update, en las Opciones avanzadas puedes revisar las “Actualizaciones opcionales”, donde a menudo aparecen nuevos controladores (drivers) recomendados por Microsoft. No sustituyen a los oficiales de NVIDIA, AMD o Intel, pero a veces solucionan cosillas.

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El siguiente paso son los drivers de la tarjeta gráfica. Los controladores de GPU marcan más diferencia en juegos que casi cualquier otra cosa de software. Usa las aplicaciones oficiales de tu fabricante: GeForce Experience o la app NVIDIA Control Panel, AMD Software: Adrenalin Edition o Intel Arc/Graphics Command Center. Desde ellas puedes:

  • Actualizar los drivers a la última versión estable, que suele traer optimizaciones específicas para juegos nuevos.
  • Aplicar configuraciones recomendadas por juego, si no quieres complicarte.
  • Ajustar calidad gráfica global para priorizar rendimiento o calidad.

Siempre que instales drivers de GPU, es buena práctica reiniciar después. Muchos problemas de stuttering, crasheos o rendimiento inconsistente se arreglan simplemente con drivers limpios y actualizados.

Planes de energía y configuración de rendimiento de Windows

Por defecto, Windows 11 intenta equilibrar consumo y potencia, algo razonable para oficina, pero no ideal para jugar. Si quieres exprimir tu procesador y tu gráfica, necesitas decirle al sistema que deje de ahorrar tanto.

En equipos de sobremesa o portátiles enchufados a la corriente, ve al Panel de control, entra en Hardware y sonido > Opciones de energía y selecciona el plan de “Alto rendimiento”. Si no aparece, expande los planes adicionales. Este plan evita que el procesador esté bajando y subiendo de frecuencia continuamente, lo que reduce microparones y mejora la respuesta general.

En la app de Configuración moderna, también puedes ir a Sistema > Inicio/apagado y elegir el modo de energía más agresivo (nombre según la versión de Windows). Si usas portátil, asume que la batería va a durar menos, así que úsalo sobre todo cuando juegues conectado al cargador.

Además del plan de energía, merece la pena revisar las Opciones avanzadas de rendimiento gráfico y efectos visuales del propio Windows. Desde el Panel de control, en Sistema > Configuración avanzada del sistema > Rendimiento > Efectos visuales, puedes marcar “Ajustar para obtener el mejor rendimiento”.

Al hacer esto, Windows desactiva animaciones, transparencias y florituras visuales. La interfaz se ve algo más “sosa”, pero liberas RAM y CPU que pueden irse al juego. Es habitual ganar algo de fluidez y recortar pequeños tirones, sobre todo en PCs más modestos.

Modo Juego, optimizaciones en ventana y funciones gráficas de Windows 11

Windows 11 incluye varias funciones específicas para juegos que conviene tener bien ajustadas. No hacen milagros por sí solas, pero sumadas contribuyen a una experiencia más estable y con menos interrupciones.

Empieza por el Modo Juego. En Configuración > Juegos > Modo de juego, asegúrate de que está activado. Esta función:

  • Reduce la actividad en segundo plano mientras juegas, priorizando el proceso del juego.
  • Impide que Windows Update instale controladores en medio de la partida.
  • Bloquea ciertas notificaciones de reinicio que pueden fastidiarte un combate online.

En la misma zona de Configuración relacionada con gráficos encontrarás varias opciones interesantes. Una de ellas es la Programación de GPU acelerada por hardware (HAGS). Esta característica permite que la propia tarjeta gráfica gestione mejor su memoria (VRAM) y ciertas tareas que antes pasaban por la CPU.

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En equipos con GPUs modernas, especialmente NVIDIA RTX 40 y 50, o gráficas recientes de AMD e Intel, suele compensar tener HAGS activado: se reduce algo la latencia y, en algunos juegos, se gana suavidad en movimientos rápidos. Además, en gráficas NVIDIA actuales es casi imprescindible para usar Frame Generation y otras funciones avanzadas.

Eso sí, en PCs más antiguos o con drivers poco pulidos, HAGS puede provocar stuttering, cierres de juegos o inestabilidades raras. Lo ideal es probar: actívalo, testea varios juegos y, si notas cosas raras, vuelve a desactivarlo.

En esa misma sección de gráficos tienes la opción de Frecuencia de actualización variable (VRR), que se apoya en tecnologías como G-SYNC, FreeSync o Adaptive-Sync. Si tu monitor lo soporta, conviene activarlo desde Windows o desde el panel de control de tu GPU para sincronizar los FPS con la tasa de refresco y reducir el tearing.

Otra función reciente es la de “Optimizaciones para juegos en ventana”. Históricamente, jugar en ventana o sin bordes penalizaba algo el rendimiento frente a pantalla completa exclusiva. Con esta función, Windows pasa esos juegos a un modelo de presentación más moderno (flip), reduciendo la latencia e incluso habilitando cosas como Auto HDR y VRR en títulos DirectX 10 y 11 en ventana o borderless.

Para activarlo, entra en Configuración > Sistema > Pantalla > Gráficos y, en la configuración predeterminada, enciende el interruptor de “Optimizaciones para juegos en ventanas”. Si algún juego te da problemas en este modo, puedes desactivarlo solo para ese título desde las opciones individuales de gráficos.

Por último, si tu PC es de la gama Copilot+ y tu sistema y juegos son compatibles, verás la opción de “Súper resolución automática” (Auto SR). Usa IA para escalar y mejorar la imagen y la fluidez en determinados juegos. No es mágico ni soporta cualquier título, pero si lo tienes, merece la pena probarlo porque puede mejorar la calidad visual sin perder FPS.

Elegir y configurar correctamente la GPU para cada juego

Muchos portátiles y algunos sobremesa cuentan con dos gráficas: una integrada (iGPU) y otra dedicada (dGPU). Si Windows decide usar la integrada para un juego, el rendimiento se desploma, así que mejor dejarlo bien atado.

En Configuración > Sistema > Pantalla > Gráficos verás una lista de programas y juegos detectados. Selecciona el juego que te interese, pulsa en Opciones y elige la preferencia de gráficos en “Alto rendimiento” para forzar el uso de la GPU dedicada. Si no aparece en la lista, puedes añadir el ejecutable manualmente.

En el mismo cuadro de opciones puedes también desactivar, para ese juego concreto, las optimizaciones en ventana o Auto HDR si te están dando problemas. Esto va bien con títulos antiguos o mal adaptados a Windows 11.

Además de estas opciones del sistema, no olvides que el software de tu GPU (NVIDIA, AMD, Intel) permite crear perfiles por juego con ajustes específicos: calidad de texturas, antialiasing, limitadores de FPS, sincronización vertical, etc. Si no te quieres pelear con menús complejos, muchos de estos programas tienen un botón de “optimizar automáticamente” por juego que suele dar un buen equilibrio.

Si tu monitor soporta 120 Hz, 144 Hz o más, revisa también la frecuencia de actualización en Configuración > Sistema > Pantalla > Pantalla avanzada. A veces Windows se queda a 60 Hz aunque el panel admita más, y estás perdiendo fluidez gratuitamente.

Seguridad, VBS, virtualización y cómo afectan a los FPS

Windows 11 viene con varias capas de seguridad extra respecto a versiones anteriores. Son bienvenidas para la protección del sistema, pero algunas de ellas tienen un impacto medible en el rendimiento en juegos, sobre todo en CPUs de gamas bajas o medias.

La más importante en este contexto es la llamada Seguridad basada en virtualización (VBS), donde entra en juego la “Integridad de memoria”. Esta característica crea un entorno virtual aislado para proteger partes críticas del sistema frente a ataques, pero consume recursos adicionales.

Desde la aplicación Seguridad de Windows, en el apartado Seguridad del dispositivo puedes localizar el ajuste de “Integridad de memoria”. Si está activado y te preocupa cada FPS, puedes deshabilitarlo. El sistema te pedirá reiniciar para aplicar el cambio.

Debes tener claro que al desactivar esta opción reduces el nivel de seguridad del equipo, así que es una decisión personal. Tiene más sentido si el PC lo usas casi exclusivamente para jugar, no manejas datos sensibles y eres cuidadoso con lo que instalas y descargas.

Otro componente relacionado es la “Plataforma de máquina virtual” (Virtual Machine Platform, VMP), que se gestiona desde las características de Windows. Si no utilizas máquinas virtuales, WSL2, ni funciones que dependan de la virtualización, puedes:

  • Abrir el Panel de control y entrar en Programas.
  • Ir a “Activar o desactivar las características de Windows”.
  • Desmarcar “Plataforma de máquina virtual” y aplicar.

De nuevo, esto puede liberar algo de rendimiento, pero a costa de perder funcionalidades relacionadas con la virtualización. Comprueba primero si usas algo de esto para trabajo, desarrollo o estudio antes de desactivarlo.

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Control de notificaciones, actualizaciones y tareas en segundo plano

Por muy potente que sea tu PC, si tienes media docena de programas pesados comiéndose recursos por detrás, los juegos lo van a notar. La gestión de procesos y de lo que se ejecuta al inicio marca la diferencia, sobre todo en equipos con poca RAM o CPUs de 4 núcleos o menos.

En el Administrador de tareas (Ctrl + Shift + Esc), la pestaña de Procesos te muestra qué programas están tirando de CPU, RAM, disco y GPU en tiempo real. Si vas justo de rendimiento, cierra navegadores con muchas pestañas, editores pesados, lanzadores de juegos que no necesites, etc. Basta con seleccionarlos y pulsar “Finalizar tarea”.

En la pestaña de “Aplicaciones de arranque” puedes deshabilitar todo lo que no necesites al iniciar Windows: Discord, Teams, clientes de chat, lanzadores secundarios, software de impresoras, etc. Cuantas menos cosas se carguen al arrancar, más rápido se inicia el sistema y menos procesos quedarán ocupando memoria.

Otra pestaña útil es la de Rendimiento, donde ves de un vistazo si tu cuello de botella suele ser CPU, GPU, RAM o disco. Si la RAM está al 95 % cada vez que juegas, por mucho que optimices, lo ideal será ampliar memoria en el futuro. Pero mientras tanto, te servirá para saber qué tipo de programas evitar abiertos mientras juegas.

Si compartes PC con otros usuarios de Windows, echa un ojo a la pestaña Usuarios del Administrador de tareas. A veces otro usuario tiene sesión abierta con programas activos que están chupando recursos sin que te des cuenta. Cerrar la sesión de esos usuarios puede aliviar bastante la carga.

En cuanto a notificaciones, en Configuración > Sistema > Notificaciones puedes desactivar las alertas de apps que no te aportan nada mientras juegas. Menos ventanas emergentes implica menos distracciones y algo menos de trabajo en segundo plano.

Para las actualizaciones automáticas, tienes la posibilidad de pausarlas durante varias semanas desde Windows Update. El Modo Juego ya reduce parte del impacto, pero si vas a jugar competitivo y quieres evitar que en segundo plano se descarguen o instalen parches gordos, pausar actualizaciones es una opción razonable.

Limpieza de software: bloatware, programas inútiles y apps en segundo plano

Windows 11 llega de serie con bastantes aplicaciones preinstaladas, accesos directos sugeridos, publicidad y servicios que muchos usuarios jamás utilizarán. Todo ese “bloatware” consume espacio, hace ruido visual y, en algunos casos, recursos en segundo plano.

Desde Configuración > Aplicaciones > Aplicaciones instaladas puedes hacer una limpieza decente. Recorre la lista con calma y desinstala lo que sabes a ciencia cierta que no usas: versiones de prueba, apps duplicadas, software del fabricante del equipo que no te aporta nada, etc.

Si en ese listado no aparece todo, recurre al clásico Panel de control > Programas > Desinstalar un programa. Ahí verás muchos instaladores antiguos, runtimes que ya no necesitas y otro software olvidado. Ojo con no borrar componentes que sí requieran tus juegos (como directX redistributables), pero todo lo que sean barras de herramientas, suites promocionales o cosas que no reconoces y no necesitas, fuera.

En algunas situaciones puede ser interesante usar herramientas de terceros para automatizar la limpieza (por ejemplo, proyectos de código abierto tipo Optimizer). Este tipo de utilidades permiten desactivar telemetría, servicios poco útiles, apps nativas y opciones que están bastante escondidas en Windows. Eso sí, hay que usarlas con cabeza, leyendo cada opción antes de tocarla para no cargarte algo que sí necesitas.

Otro frente a revisar son las aplicaciones en segundo plano. En Configuración > Aplicaciones > Aplicaciones instaladas, al hacer clic derecho sobre algunas apps verás “Opciones avanzadas”, donde puedes controlar si se les permite o no funcionar en segundo plano. Para aplicaciones que solo te interesan cuando las abres (por ejemplo, clientes que no usas para recibir cosas en tiempo real), poner el permiso en “Nunca” evita que se queden trabajando sin que te des cuenta.

Tampoco está de más revisar las opciones de privacidad y telemetría en Configuración > Privacidad y seguridad. Allí encuentras parámetros como diagnósticos opcionales, personalización basada en el uso, sugerencias de contenido, etc. Desactivar lo que no consideres necesario reduce un poco la actividad en segundo plano y, de paso, compartes menos datos.

Gestión de almacenamiento, limpieza de archivos y ubicación de los juegos

Un disco duro o SSD casi lleno no solo es un problema de espacio, también puede afectar al rendimiento. Cuando el sistema tiene poco margen libre, el manejo de archivos temporales y de paginación se vuelve menos eficiente, y eso se refleja en tiempos de carga y tirones.

En Configuración > Sistema > Almacenamiento puedes ver de un vistazo qué está ocupando espacio. Desde ahí, entra en “Recomendaciones de limpieza” para borrar archivos temporales, limpiar la papelera y quitar restos de instalaciones antiguas. Es una forma segura de recuperar algunos gigas.

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Además de lo que propone Windows, acostúmbrate a revisar carpetas como Descargas, Vídeos o Escritorio. Muchos usuarios convierten el escritorio en un cajón desastre lleno de archivos y accesos directos; cada icono es algo más que Windows tiene que dibujar y gestionar. No es el mayor cuello de botella del mundo, pero ayuda tener el escritorio lo más limpio posible.

Si cuentas con más de una unidad de almacenamiento, lo ideal es instalar los juegos en un SSD secundario, dejando el principal para el sistema operativo. Esto reduce la competencia directa entre Windows y los juegos a la hora de leer y escribir datos, y suele traducirse en menos tirones por acceso a disco y mejores tiempos de carga.

Y siempre que puedas, evita instalar juegos modernos en discos duros mecánicos (HDD). Los SSD son mucho más rápidos y se nota muchísimo en juegos con mundos grandes y carga constante de datos.

Opciones gráficas de los juegos y ajuste de la carga del sistema

Por muy bien que tengas configurado Windows, el rendimiento final dependerá en gran parte de cómo ajustes cada juego. Muchos títulos calibran la calidad automáticamente según tu hardware, pero otros se pasan de optimistas y terminan forzando más de la cuenta.

Si notas que un juego en particular se arrastra o pega tirones, entra en su menú de opciones y revisa los parámetros gráficos. Bajar un punto la calidad de sombras, reflejos, oclusión ambiental o distancia de dibujado suele dar más FPS que bajar la resolución, y el impacto visual es menor si lo haces con cabeza.

Las apps de la GPU también ayudan: NVIDIA, AMD e Intel ofrecen perfiles automáticos que equilibran calidad y rendimiento en base a tu hardware. Son una buena base si no quieres ir parámetro a parámetro, y luego siempre puedes refinar un poco más desde el juego.

En paralelo, intenta no matar a tu PC con tareas pesadas mientras juegas. Copias de seguridad grandes, descargas de varios juegos a la vez, editar o transmitir y grabar vídeo en segundo plano o pestañas de navegador con decenas de páginas abiertas son recetas perfectas para provocar bajadas de FPS y stuttering. Si sueles hacer streaming, integra bien tus herramientas como transmitir y grabar vídeo para minimizar el impacto.

A nivel de imagen, si tu monitor y gráfica lo permiten, activa funciones como Auto HDR en Configuración > Sistema > Pantalla > HDR para dar algo más de vida a los colores en pantallas HDR, sin apenas impacto en rendimiento. Y si usas fondos de pantalla animados o carruseles de imágenes, planteate cambiarlos por un color sólido o una única imagen estática para reducir operaciones gráficas innecesarias.

Temperatura, hardware y buenas prácticas generales

Hay un factor que muchos pasan por alto hasta que ya es tarde: la temperatura. Si la CPU o la GPU se calientan más de la cuenta, empiezan a bajar frecuencias para protegerse (throttling), y eso se traduce directamente en menos FPS.

Usa el Administrador de tareas, el panel de tu GPU o programas de monitorización para vigilar temperaturas de CPU, GPU y, si puedes, SSD. Si ves cifras muy altas de forma constante mientras juegas, toca revisar ventilación, limpieza de polvo, pasta térmica o incluso la caja del PC.

En lo que respecta a periféricos y red, si juegas competitivo online es buena idea usar ratón, teclado y mando por cable cuando sea posible. La diferencia en latencia respecto a buenos periféricos inalámbricos modernos no es brutal, pero todo suma, y eliminas posibles cortes por interferencias.

Con la conexión a Internet pasa algo parecido: el Wi-Fi ha mejorado mucho, pero sigue siendo más sensible a paredes, vecinos y saturación. Conectar el PC por cable Ethernet al router o usar PLC si no puedes tirar un cable directo suele mejorar la estabilidad del ping y reducir picos de lag respecto a usar solo Wi-Fi.

Por último, ten el sistema libre de software malicioso y minadores de criptomonedas. Un malware minando en segundo plano puede comerse tu GPU sin que te enteres y destrozar los FPS. Mantén un antivirus decente (el propio Defender es suficiente para la mayoría), no instales cosas de fuentes dudosas y revisa periódicamente los procesos si notas comportamientos raros.

Si después de aplicar todos estos ajustes sigues muy justo de rendimiento, puede que haya llegado el momento de plantearse una actualización de hardware. En juegos, la tarjeta gráfica suele ser la pieza que más se nota al mejorarla, seguida de la RAM (pasar de 8 a 16 GB, por ejemplo) y del salto de HDD a SSD. Aun así, con una buena optimización de Windows 11 podrás alargar bastante más la vida útil de tu equipo y hacer que cada partida se sienta mucho más fluida y estable.