Tipos de metadatos descriptivos, administrativos y estructurales

Última actualización: 25/03/2026
Autor: Isaac
  • Los metadatos descriptivos, administrativos y estructurales forman la base para identificar, gestionar y organizar cualquier recurso digital.
  • Los metadatos administrativos engloban aspectos técnicos, legales, de preservación y procedencia, esenciales para la gestión y el cumplimiento normativo.
  • Los metadatos estructurales definen la jerarquía y las relaciones entre partes de un objeto digital, habilitando una navegación coherente y su preservación a largo plazo.
  • Sobre este “núcleo” se apoyan otros tipos de metadatos (proceso, uso, localización, sociales y seguridad) que completan la visión y permiten automatizar control, análisis y protección.

Metadatos descriptivos administrativos y estructurales

En pleno bombardeo de información en el que vivimos, los metadatos se han convertido en el hilo invisible que mantiene el orden dentro del caos digital. Cada vez que guardas un documento, haces una foto con el móvil o subes un vídeo a la nube, no solo creas un archivo: también generas un conjunto de datos ocultos que lo describen, lo sitúan en contexto y permiten que sistemas y personas lo encuentren y lo gestionen con cabeza.

Lo interesante es que no todos los metadatos cumplen la misma misión: los descriptivos, administrativos y estructurales forman un “trío básico” que resulta imprescindible para cualquier entorno que trabaje de forma seria con información, desde una biblioteca digital o un archivo histórico hasta una empresa sometida a normativas de protección de datos o a políticas estrictas de gobierno del dato.

Qué son los metadatos y por qué son tan importantes hoy

Cuando hablamos de metadatos, hablamos literalmente de “datos sobre datos”: información que describe, contextualiza y organiza otros contenidos. Es el quién, qué, cuándo, dónde, cómo y bajo qué condiciones de uso de un archivo o conjunto de datos, sin necesidad de abrirlo ni leerlo para saber de qué va.

En una fotografía digital, por ejemplo, los metadatos pueden incluir la fecha de captura, el modelo de cámara, la ubicación GPS, la resolución o el autor, y puedes editar o eliminar metadatos EXIF en Android.

Esta capa de información adicional sirve para describir, localizar, gestionar y preservar los recursos digitales a lo largo de todo su ciclo de vida. Sin ella, un repositorio sería poco más que un cajón desastre lleno de archivos con nombres crípticos, donde encontrar algo concreto o garantizar su conservación a largo plazo sería una odisea.

Además, en contextos de Big Data, IoT, nube y arquitecturas distribuidas, los metadatos se han vuelto una pieza clave para la interoperabilidad entre sistemas, la automatización de procesos y el cumplimiento normativo. Plataformas avanzadas como FOCA explotan precisamente esta capa meta para descubrir información sensible, etiquetarla y protegerla de forma automática.

Clasificación de metadatos: mucho más que tres tipos

A la hora de ordenar el panorama, se suele decir que hay tres grandes categorías troncales de metadatos: descriptivos, administrativos y estructurales. Son las que utilizan estándares como METS o las guías de metadatos archivísticos para gestionar objetos digitales complejos.

Sin embargo, en la práctica profesional se acostumbra a refinar aún más esta clasificación para cubrir mejor todos los matices. A partir de la literatura especializada y las guías de organismos como bibliotecas nacionales, archivos y empresas tecnológicas, es habitual encontrar al menos los siguientes tipos:

  • Metadatos descriptivos
  • Metadatos administrativos (técnicos, de derechos, de preservación, de origen, de procedencia digital)
  • Metadatos estructurales
  • Metadatos de proceso
  • Metadatos de uso
  • Metadatos de localización (geográficos y temporales)
  • Metadatos sociales
  • Metadatos de seguridad

Aun así, el foco central de este contenido está en los metadatos descriptivos, administrativos y estructurales, porque son la base sobre la que se construyen el resto y los que suelen citarse explícitamente en estándares de intercambio y preservación digital como METS.

Metadatos descriptivos: ponerle “nombre y apellidos” a los recursos

Los metadatos descriptivos son los que permiten identificar, presentar y localizar un recurso de información sin necesidad de abrirlo. Actúan como la ficha catalográfica o la tarjeta de visita de un objeto digital.

En la práctica, estos metadatos recogen los elementos que usamos para buscar y reconocer contenidos en catálogos, gestores documentales, buscadores o repositorios: aquello que un usuario escribiría en una caja de búsqueda para encontrar algo.

Entre los elementos típicos de los metadatos descriptivos encontramos:

  • Título de la obra, documento o recurso.
  • Autor o creador (persona, organización o servicio).
  • Resumen o descripción breve del contenido.
  • Palabras clave y temas tratados (etiquetas, materias, categorías).
  • Idioma en el que está el contenido.
  • Fecha de creación o publicación.
  • Tipo de contenido (texto, imagen, audio, vídeo, dataset, etc.).
  • Formato del archivo (PDF, JPEG, MP3, CSV… cuando se usa con fines de descripción básica).
  • Identificadores únicos persistentes como DOI, ISBN, Handle o PURL.
  • Atributos físicos o formales relevantes en contextos patrimoniales, como dimensiones de un objeto digitalizado.

En bibliotecas y archivos digitales suelen aplicarse esquemas normalizados como Dublin Core o MARC para codificar estos metadatos descriptivos. En el mundo web, parte de esta información se refleja en etiquetas HTML meta y en vocabularios de descripción estructurada como Schema.org, que ayudan también al SEO al ofrecer a los buscadores datos claros sobre el recurso.

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Su utilidad es evidente: sin buenos metadatos descriptivos, la búsqueda y recuperación de información se vuelve lenta, imprecisa y frustrante. Da igual que tengamos miles de documentos escaneados si luego no hay manera de encontrarlos por título, tema, autor o fecha.

Metadatos administrativos: gestión, derechos y preservación

Frente a los descriptivos, los metadatos administrativos se centran en todo lo que hace posible gestionar, conservar y utilizar correctamente un recurso digital. Aquí hablamos tanto de su vertiente más técnica como de los aspectos legales, de preservación y de procedencia.

En la práctica archivística y bibliotecaria, y también en entornos corporativos avanzados, los metadatos administrativos se suelen dividir a su vez en varias subclases:

  • Metadatos técnicos
  • Metadatos de derechos
  • Metadatos de origen
  • Metadatos de procedencia digital
  • Metadatos de preservación (a menudo integrados en los anteriores)

Metadatos administrativos técnicos

Los metadatos técnicos recogen las características técnicas del archivo y de su proceso de creación. Son vitales para saber si un objeto podrá seguir siendo accesible en el futuro y para valorar la calidad de su digitalización.

En el caso de una imagen digitalizada, por ejemplo, podrían incluir:

  • Tipo y modelo de escáner o dispositivo de captura.
  • Resolución (p. ej., 600 ppp), profundidad de bit y espacio de color.
  • Formato de archivo (TIFF sin compresión, JPEG con determinado algoritmo, etc.).
  • Método de compresión y parámetros aplicados.
  • Fuente de luz o condiciones de captura, si son relevantes.
  • Información sobre el software utilizado en la edición o procesado, o cómo eliminar metadatos y comentarios de Word.

En contextos más generales también se incluyen datos básicos como tamaño del archivo, tipo de medio, fechas de creación y modificación, identificadores internos y metadatos técnicos específicos (bitrate en audio, códec en vídeo, estructura de tablas en una base de datos, etc.).

Metadatos de derechos y uso

Otra vertiente crucial de los metadatos administrativos son los metadatos relacionados con derechos de autor, licencias, restricciones de acceso y condiciones de uso. Aquí encajarían tanto los metadatos de derechos en sentido estricto como muchos de los llamados metadatos de uso.

Entre los elementos típicos encontramos:

  • Titular de los derechos (persona o entidad).
  • Tipo de licencia (por ejemplo, Creative Commons concreta, licencia comercial, cesión interna, etc.).
  • Restricciones de acceso (quién puede ver, descargar, editar o compartir el recurso).
  • Condiciones de uso comercial o no comercial.
  • Requisitos de atribución o citación.
  • Fecha de registro de derechos o vigencia de la licencia.
  • Políticas de retención y conservación vinculadas a obligaciones legales o regulatorias.

Este tipo de información se ha vuelto clave para cumplir con normativas como GDPR, HIPAA, leyes de propiedad intelectual o estándares de seguridad como ISO 27001. Soluciones de clasificación basadas en inteligencia artificial se apoyan precisamente en estos metadatos para identificar documentación sensible, aplicar etiquetas de confidencialidad y activar políticas de protección o cifrado.

Metadatos de origen y procedencia digital

Los metadatos de origen describen el recurso del que procede la versión digital: por ejemplo, si una imagen viene de una fotografía analógica de 4×5, de un manuscrito original o de una captura directa sobre el terreno.

Los metadatos de procedencia digital, por su parte, documentan la historia de transformaciones que ha sufrido el objeto digital desde su creación o digitalización inicial: migraciones de formato, cambios de códec, procesos de restauración, normalizaciones, etc.

Estos dos subtipos, junto con los técnicos, aportan la información imprescindible para la preservación digital a largo plazo y para evaluar si una copia es fiel al original o qué grado de intervención ha habido sobre ella.

Metadatos administrativos en METS y otros estándares

En el estándar METS, muy utilizado en bibliotecas y archivos, la sección de metadatos administrativos (<amdSec>) se subdivide precisamente en cuatro bloques:

  • <techMD> – metadatos técnicos.
  • <rightsMD> – metadatos de derechos.
  • <sourceMD> – metadatos de origen.
  • <digiprovMD> – metadatos de procedencia digital.

Cada uno de ellos puede contener metadatos codificados internamente en XML o referencias a registros externos (mediante URN, URL, DOI, Handle, etc.), y todos disponen de identificadores propios para poder enlazarlos con archivos concretos o con divisiones estructurales del objeto descrito.

Metadatos estructurales: cómo se organizan y se relacionan las partes

Mientras que los metadatos descriptivos dicen “de qué va” algo y los administrativos dicen “cómo se gestiona”, los metadatos estructurales explican cómo se organizan los distintos componentes que forman un objeto digital complejo y qué relaciones hay entre ellos.

Pensemos en un libro digitalizado: no se trata solo de un conjunto de imágenes sueltas, sino de una secuencia de páginas, agrupadas en capítulos y secciones. Los metadatos estructurales son los que codifican esa jerarquía y enlazan cada nodo lógico con los archivos concretos que lo representan.

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En medios audiovisuales pasa algo similar: una grabación de campo puede incluir varias pistas de audio, fotografías asociadas, transcripciones textuales y notas de campo. Los metadatos estructurales definen la relación entre todos esos ficheros, el orden preferente de reproducción y las posibles rutas de navegación.

Entre los elementos típicos de esta categoría se encuentran:

  • Información jerárquica: capítulos, secciones, páginas, escenas, actos, etc.
  • Relaciones entre objetos: qué imagen se incluye en qué manuscrito, qué subtítulos corresponden a qué pista de vídeo, qué versión es derivada de cuál.
  • Orden o secuenciación: número de página, posición en una lista, orden lógico o cronológico.
  • Índices, tablas de contenido y marcadores que facilitan la navegación fina por el objeto.

En METS, la pieza clave dedicada a esto es el Mapa Estructural (<structMap>), que define una estructura jerárquica de divisiones (<div>) enlazadas con los archivos declarados anteriormente en la sección de ficheros (<fileSec>). Además, existe una sección de Enlaces Estructurales (<structLink>) que permite registrar hipervínculos entre partes del mapa estructural, algo muy útil al archivar sitios web o recursos con navegación compleja.

Gracias a estos metadatos, las interfaces pueden reconstruir automáticamente una vista coherente de un objeto digital complejo (un libro, una entrevista, un sitio web, una colección multimedia) y ofrecer al usuario una navegación intuitiva sin que este tenga que preocuparse de qué archivo concreto hay detrás de cada fragmento.

El estándar METS como ejemplo de integración de metadatos

Para ver cómo encajan todas estas piezas en un caso real, merece la pena fijarse en METS (Metadata Encoding and Transmission Standard), un esquema basado en XML diseñado para codificar, intercambiar y preservar objetos digitales complejos en bibliotecas y repositorios.

Un documento METS completo se compone de varias secciones bien diferenciadas que dialogan entre sí:

  1. Cabecera METS (<metsHdr>): contiene metadatos básicos sobre el propio documento METS (fechas de creación y modificación, estado del registro, agentes que han intervenido en su ciclo de vida y sus roles, etc.).
  2. Sección de Metadatos Descriptivos (<dmdSec>): puede incorporar metadatos descriptivos internos (XML incrustado) o referencias a descripciones externas (por ejemplo, un registro MARC o un documento EAD), o ambas cosas.
  3. Sección de Metadatos Administrativos (<amdSec>): se subdivide en <techMD>, <rightsMD>, <sourceMD> y <digiprovMD>, donde se registran los metadatos técnicos, de derechos, de origen y de procedencia digital.
  4. Sección de Ficheros (<fileSec>): declara todos los archivos que forman parte del objeto digital, agrupados en <fileGrp> que pueden representar distintas versiones (maestra, derivada, miniaturas, transcripciones, etc.).
  5. Mapa Estructural (<structMap>): establece la jerarquía lógica o física del objeto (por ejemplo, libro > capítulo > página) y enlaza cada división con los ficheros correspondientes mediante punteros (<fptr>) y áreas (<area>) para afinar qué parte de un archivo se asocia a cada sección.
  6. Enlaces Estructurales (<structLink>): registran hiperenlaces entre diferentes divisiones del mapa estructural, usando elementos <smLink> y referencias basadas en ID.
  7. Sección de Comportamientos (<behavior>): permite asociar código ejecutable o servicios (por ejemplo, servicios web) a determinados contenidos, especificando una interfaz y un mecanismo que implementa el comportamiento.

Con este diseño, METS permite expresar relaciones complejas entre metadatos descriptivos, administrativos y estructurales, además de vincularlos con servicios de presentación o procesamiento. Por eso se utiliza habitualmente como paquete de envío, archivo o difusión (SIP, AIP, DIP) en el contexto del modelo OAIS de preservación digital.

Otros tipos clave de metadatos en la práctica profesional

Aunque el foco suele ponerse en los descriptivos, administrativos y estructurales, la gestión moderna de información incorpora otros tipos de metadatos que enriquecen la visión sobre los datos y hacen posible nuevos usos analíticos, de seguridad y de experiencia de usuario.

Metadatos de proceso

Los metadatos de proceso documentan cómo se han creado, transformado o analizado los datos a lo largo de su ciclo de vida. Son esenciales en investigación, análisis de datos, machine learning y entornos donde se exige reproducibilidad.

Ejemplos típicos serían:

  • Historial de versiones y revisiones, con indicación de quién hizo qué cambio y cuándo.
  • Descripción de los pasos de tratamiento (recolección, limpieza, normalización, filtrado, agregaciones…).
  • Transformaciones aplicadas (conversiones de formato, compresiones, recortes de audio o vídeo, etc.).
  • Software, librerías y versiones utilizados en el procesamiento.
  • Parámetros de configuración de algoritmos o herramientas.
  • Fuentes de datos originales y derivaciones entre conjuntos de datos.

Esta información permite repetir o auditar un flujo de trabajo, detectar errores y validar resultados, algo crítico en contextos científicos y empresariales basados en datos.

Metadatos de uso

Los metadatos de uso se centran en cómo y cuánto se utilizan los recursos: quién accede, con qué frecuencia, desde dónde, con qué propósito, etc.

Entre los datos más habituales encontramos:

  • Número de accesos o visualizaciones de un recurso.
  • Usuarios o perfiles que han consultado o modificado el contenido.
  • Fechas y horas de los últimos accesos o descargas.
  • Contextos de uso (por ejemplo, si se ha usado en docencia, en un informe interno, en una campaña de marketing…).
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Estos metadatos se utilizan para optimizar colecciones, priorizar preservación, detectar contenidos críticos o medir impacto de determinados recursos, además de alimentar sistemas de recomendación y análisis de comportamiento.

Metadatos de localización: geográficos y temporales

Los metadatos de localización añaden contexto espacial y temporal a los datos, algo crucial en información geográfica, registros de sensores, fotografías, vídeos o análisis de comportamiento.

Se suelen distinguir dos grandes bloques:

  • Metadatos geográficos: coordenadas (latitud y longitud), sistema de referencia (por ejemplo, WGS84), altitud, unidades administrativas (país, región, ciudad), precisión de la localización, rutas o trayectorias, información topográfica relevante.
  • Metadatos temporales: fechas y horas de creación, modificación y publicación, periodos de validez, intervalos de tiempo cubiertos por los datos, frecuencia de actualización, etc.

Esta capa de información hace posible consultas espaciales y temporales avanzadas, análisis de movilidad, estudios de evolución y correlaciones espacio-tiempo, y es un pilar de los sistemas de información geográfica (SIG).

Metadatos sociales

En plataformas en línea y redes sociales son muy relevantes los metadatos sociales, que describen interacciones, participación y recepción del contenido.

Incluyen, por ejemplo:

  • Comentarios, anotaciones y discusiones asociadas a un recurso.
  • Número de “me gusta”, favoritos o reacciones.
  • Veces que se ha compartido un contenido y en qué plataformas.
  • Suscriptores o seguidores del creador.
  • Valoraciones y calificaciones otorgadas por la comunidad.
  • Etiquetas generadas por usuarios (folksonomías) que complementan los vocabularios controlados.

Estos metadatos aportan una dimensión social y de popularidad que puede influir en la priorización de contenidos, en estrategias de difusión y en la detección de tendencias.

Metadatos de seguridad

Los metadatos de seguridad recogen todo lo relativo a la protección, control de acceso, auditoría y clasificación de sensibilidad de la información. En organizaciones con una estrategia de ciberseguridad madura, estos metadatos son la pieza que activa políticas de cifrado, borrado seguro, control de copias, etc.

Entre los elementos más habituales destacan:

  • Niveles de acceso y permisos (solo lectura, edición, borrado, compartición…).
  • Roles y responsabilidades de usuarios y grupos.
  • Restricciones geográficas o de red para el acceso.
  • Información sobre cifrado: algoritmos, claves, estado del cifrado.
  • Firmas digitales para verificar autenticidad e integridad.
  • Registros de auditoría con quién, cuándo y cómo ha accedido o modificado un recurso.
  • Niveles de sensibilidad o clasificación (público, interno, confidencial, secreto, etc.).
  • Políticas de contraseñas y autenticación multifactor asociadas al acceso.
  • Tiempos de retención y eliminación en función de requisitos legales o corporativos.

Combinados con motores de análisis automatizado, estos metadatos permiten detectar documentos críticos, prevenir fugas de información y demostrar cumplimiento ante auditorías, especialmente cuando el volumen de archivos ya supera con mucho la capacidad de gestión manual.

Metadatos y gestión del dato en organizaciones

En el entorno corporativo, los metadatos son la base de una buena estrategia de data management y de gobierno del dato. Sin un modelo claro de metadatos, las organizaciones pierden de vista qué información tienen, dónde está, quién la usa y con qué riesgos asociados.

Integrando metadatos descriptivos, administrativos, estructurales y de seguridad, es posible:

  • Facilitar el descubrimiento y la búsqueda eficiente de información en toda la organización.
  • Asegurar la interpretación correcta de los datos, gracias al contexto, las definiciones y la documentación de origen y proceso.
  • Controlar versiones y cambios mediante historiales y metadatos de proceso.
  • Aplicar políticas de retención, borrado y acceso alineadas con normativas y con el negocio.
  • Desplegar automatismos de seguridad apoyados en la clasificación de sensibilidad y en los metadatos de derechos y uso.
  • Optimizar el rendimiento eligiendo formatos y estructuras adecuados a partir de los metadatos técnicos.

Las herramientas tradicionales basadas en hojas de cálculo o clasificación manual se han quedado cortas: no escalan bien, son propensas a errores y rara vez ofrecen una visión global del ecosistema de información. Plataformas modernas basadas en inteligencia artificial aprovechan los metadatos ya existentes y generan nuevos para clasificar a gran escala, identificar riesgos, mapear datos personales y automatizar controles de seguridad y cumplimiento.

En última instancia, los metadatos descriptivos, administrativos y estructurales actúan como la columna vertebral sobre la que se apoyan el resto de capas meta y permiten que los datos dejen de ser un simple almacén de archivos para convertirse en un activo estratégico, gestionable, seguro y realmente utilizable en la toma de decisiones.

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