Migración de sistema con hardware nuevo: guía completa y práctica

Última actualización: 15/02/2026
Autor: Isaac
  • La migración de sistemas a hardware nuevo puede abordarse con USMT, clonación de discos o copias de seguridad y restauración, según el escenario.
  • Actualizar un equipo manteniendo hardware exige capturar y restaurar el estado del usuario, mientras que el reemplazo de PC añade retos de drivers y licencias.
  • Herramientas como AOMEI, Macrium Reflect o Laplink PCmover simplifican el traslado de sistemas, programas y datos sin reinstalar desde cero.
  • En entornos corporativos, la modernización de sistemas heredados se apoya cada vez más en plataformas de integración (iPaaS) para migrar con menos riesgo.

Migración de sistema con hardware nuevo

Migrar un sistema completo a hardware nuevo ya no es terreno exclusivo de administradores de sistemas y grandes empresas: cualquiera que tenga un PC viejo, un SSD recién comprado (y saber cómo cambiar el modo de controlador de disco) o un miniPC recién sacado de la caja se enfrenta al mismo dilema, ¿reinstalar desde cero o clonar y seguir como si nada hubiera pasado? La realidad es que, con las herramientas actuales, es perfectamente posible mover Windows, programas, configuraciones y datos a otro equipo u otro disco sin volverse loco… siempre que sepas qué camino elegir.

Detrás de una simple “migración de sistema con hardware nuevo” hay varios escenarios muy distintos: desde actualizar Windows en el mismo ordenador hasta sustituir por completo el PC manteniendo el entorno del usuario, pasando por rescatar máquinas con hardware dañado o modernizar sistemas heredados que llevan años funcionando. Entender esas situaciones, las tecnologías implicadas (USMT, clonadores de disco, iPaaS, etc.) y las limitaciones de licencias y compatibilidades es clave para evitar sorpresas desagradables.

Qué significa migrar un sistema a hardware nuevo

Cuando hablamos de migrar un sistema a hardware nuevo podemos referirnos a dos grandes tipos de operaciones: por un lado, mover el sistema operativo y el “estado” del usuario a un disco distinto dentro del mismo equipo; por otro, llevar todo ese entorno (datos, apps, configuraciones) a un ordenador distinto, con placa, CPU, controladores y, en muchos casos, versión de Windows diferentes.

La Herramienta de migración de estado de usuario (USMT) de Microsoft es la solución clásica en entornos corporativos para este tipo de tareas. Lo que hace básicamente es capturar la identidad digital del usuario desde un equipo de origen —es decir, configuraciones del sistema operativo, ajustes de aplicaciones compatibles y archivos personales—, almacenarla en un repositorio intermedio y posteriormente restaurarla en el equipo de destino una vez instalado el nuevo sistema.

Ese “estado de usuario” no es solo la carpeta Documentos: incluye configuraciones de Windows (idioma, impresoras, fondo de pantalla, asociaciones de archivos), perfiles de aplicaciones habituales (Office, navegadores, etc.) y datos del perfil. De este modo, al terminar la migración, el usuario se encuentra con un entorno muy similar al que tenía antes, aunque por debajo se haya cambiado el hardware y/o el sistema operativo.

Dentro de este enfoque Microsoft diferencia dos escenarios clave: la actualización del equipo (se mantiene el mismo hardware y solo se actualiza el sistema operativo, normalmente a una versión más reciente de Windows) y el reemplazo de PC (se cambia de máquina, generalmente por otra más moderna y con un Windows diferente). Ambos pueden resolverse con USMT, pero la estrategia práctica cambia bastante entre uno y otro.

Actualización del equipo: mismo PC, sistema renovado

En una actualización de equipo mantenemos la máquina física, pero instalamos un nuevo sistema operativo sobre ella, normalmente la versión más reciente de Windows soportada por la organización. Aquí se busca conservar perfiles y datos, minimizando el tiempo en que el usuario se queda sin su ordenador y reduciendo al máximo el trabajo manual de reconfiguración.

El flujo de trabajo típico de este escenario consiste en capturar el estado del usuario desde el sistema antiguo a un almacén temporal, instalar el nuevo Windows (a menudo un SOE corporativo ya estandarizado con drivers y aplicaciones base) y, finalmente, volver a aplicar ese estado sobre la instalación limpia.

Escenario 1: actualización sin conexión con Windows PE y almacén de vínculos físicos

Un caso muy utilizado en empresas es la actualización sin red usando WinPE. Imagina un departamento entero (por ejemplo, Contabilidad) al que se le quiere subir de versión de Windows sin tocar el hardware. Para reducir riesgos y tráfico en la red, el administrador arranca cada equipo en el Entorno de Preinstalación de Windows (Windows PE) y utiliza un almacén de migración basado en vínculos físicos (hard links) dentro del mismo disco.

El procedimiento se basa en dos herramientas de línea de comandos: ScanState y LoadState. Primero, desde WinPE, se ejecuta ScanState con opciones como /hardlink /nocompress, que ordenan a USMT almacenar el estado del usuario en un repositorio especial dentro del propio disco, utilizando vínculos físicos para no duplicar datos innecesariamente. Esto acelera la operación y evita llenar el disco si va justo de espacio.

Una vez terminada esa fase de captura, se instala el entorno operativo estándar de la empresa en cada equipo: una imagen de Windows ya preparada, con controladores y las aplicaciones habituales. El paso final es ejecutar LoadState, que recupera desde el almacén local el estado del usuario y lo aplica sobre la nueva instalación para que el usuario vuelva a tener su perfil, documentos y buena parte de sus configuraciones tal y como los dejó.

La ventaja de este enfoque offline con WinPE es que no depende de la red, lo que reduce el riesgo de errores por cortes de conexión y libera ancho de banda. Además, el uso de hard links minimiza la duplicación de datos, algo muy útil cuando el disco no va especialmente sobrado.

Escenario 2: actualización con almacén de migración comprimido en servidor

Cuando la red no es un problema (por ejemplo, en oficinas con buena infraestructura y servidores dedicados), una alternativa es usar un almacén de migración comprimido centralizado. Aquí, el administrador ejecuta ScanState en cada equipo pero, en lugar de crear un repositorio local, envía el estado del usuario a un servidor, donde se almacena comprimido para ahorrar espacio.

Tras enviar todos los perfiles al servidor, en cada máquina se instala el nuevo SOE estándar: Windows actualizado y el set de aplicaciones corporativas. Después se lanza LoadState apuntando al almacén de migración en red para recuperar el estado de cada usuario en su propio equipo, devolviendo documentos y configuraciones.

Este modelo centralizado tiene varias ventajas: facilita la gestión y el control de lo que se migra, permite reintentar restauraciones si algo falla en una máquina concreta y actúa, de facto, como copia de seguridad temporal mientras dura el proyecto de actualización masiva.

Escenario 3: actualización con almacén de vínculos físicos en línea

En un tercer enfoque, también muy extendido, se trabaja con el propio sistema arrancado (no con WinPE) y se emplea igualmente un almacén de migración basado en vínculos físicos en el disco local. El administrador ejecuta ScanState con las opciones /hardlink /nocompress en el sistema en producción, se prepara la instalación del nuevo SOE y luego se llama a LoadState para devolver el estado del usuario.

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La mecánica interna es muy similar a la del escenario offline, pero aquí se aprovecha que el sistema está en ejecución, lo que en algunos entornos simplifica la automatización mediante scripts, herramientas de despliegue o incluso tareas programadas, sin necesidad de organizar arranques masivos en WinPE.

Escenario 4: actualización usando Windows.old y vínculos físicos

Cuando se hace una instalación limpia de Windows sobre una versión anterior sin formatear ni cambiar particiones, el propio instalador puede crear la carpeta Windows.old, donde se guarda buena parte del sistema previo. Este comportamiento se puede aprovechar junto con USMT y los vínculos físicos para realizar una migración bastante robusta.

El flujo en este caso pasa por realizar una “clean install” de la versión más reciente de Windows en cada equipo, asegurándose de no reformatear la partición y escogiendo la que contenía el sistema antiguo, de forma que se genere Windows.old. Luego se instala el entorno estándar corporativo con las aplicaciones necesarias.

Con el nuevo sistema ya arrancando, el administrador ejecuta ScanState y LoadState, de forma sucesiva, utilizando de nuevo opciones como /hardlink /nocompress. Esto permite aprovechar los datos que siguen presentes en el disco (incluidos los que están bajo Windows.old) y reconstruir el estado del usuario en la instalación recién creada, sin necesidad de descargar grandes volúmenes desde un servidor.

Reemplazo de PC: migrar cuando cambias de máquina

El otro gran bloque es el reemplazo de PC: el usuario o la organización recibe equipos nuevos y hay que trasladarles todo lo necesario desde los viejos. Aquí no solo cambia el disco, sino casi siempre la placa base, la CPU, el tipo de almacenamiento (por ejemplo, pasar de SSD SATA de 2,5″ a M.2 NVMe) e incluso la versión de Windows, lo que obliga a tener en cuenta drivers, licencias y compatibilidades.

En este escenario USMT sigue siendo útil, pero entran en juego también herramientas de clonación de disco y estrategias de copia de seguridad y restauración. La idea es similar: capturar el estado del usuario en un almacén intermedio (servidor, disco externo, etc.), preparar el PC nuevo con su sistema operativo e imagen estándar y, finalmente, volcar ahí los datos y configuraciones correspondientes al usuario.

Escenario 1: migración sin conexión con Windows PE y almacén externo

Un caso típico es el de una empresa que compra un lote de PCs nuevos y quiere trasladar a ellos los perfiles de los usuarios de contabilidad u otro departamento. Para trabajar sin depender de la red, se puede utilizar WinPE y un almacén externo (servidor dedicado o disco USB de gran capacidad).

El proceso comienza en cada equipo de origen, arrancándolo en WinPE y ejecutando ScanState para recopilar el estado de usuario y almacenarlo en el medio externo elegido. Una vez capturados todos, se instalan en los equipos nuevos las imágenes estándar con Windows actualizado y las aplicaciones deseadas.

Por último, en cada PC nuevo se ejecuta LoadState apuntando al almacén de migración, restaurando para cada usuario sus datos y configuraciones. El resultado es que estrenan hardware nuevo, probablemente con un sistema más moderno, pero con su entorno de trabajo prácticamente intacto.

Escenario 2: migración manual por red

Cuando se dispone de una red decente y no se quiere depender de medios externos, es muy habitual realizar una migración manual de red. Por ejemplo, al recibir 50 portátiles nuevos para administradores y tener que reasignar los antiguos a otros empleados.

En este caso se ejecuta ScanState en cada portátil viejo y se guardan todos los estados de usuario en un servidor en un almacén comprimido. Después se instalan en los portátiles nuevos las imágenes corporativas y se lanza LoadState para restaurar el perfil de cada administrador en su nueva máquina.

Una vez que los nuevos portátiles están listos, los antiguos se pueden reutilizar instalando en ellos un SOE adecuado para los nuevos usuarios (por ejemplo, Windows 11 con Office y las apps corporativas básicas), dejándolos preparados para personal de soporte, nuevos empleados o uso genérico.

Escenario 3: migración de red gestionada (scripts, MDT, Configuration Manager…)

En empresas con herramientas de gestión de equipos (Microsoft Configuration Manager, Microsoft Deployment Toolkit, scripts de inicio de sesión, archivos por lotes o soluciones de terceros), la migración de red puede automatizarse casi por completo.

El administrador define tareas o paquetes que ejecutan ScanState en los equipos de origen, enviando los estados de usuario a un servidor central. Después, en los equipos nuevos, se despliega el SOE estándar, y otro conjunto de tareas ejecuta LoadState para cada usuario, todo ello orquestado desde la propia plataforma de gestión.

Este modelo permite escalar la migración a decenas o cientos de equipos con una intervención manual mínima, manteniendo consistencia en el proceso y dejando trazabilidad de qué se ha migrado en cada momento.

Clonar o restaurar el sistema en hardware diferente: cuándo y cómo

Más allá de USMT, hay situaciones donde lo que interesa es clonar o restaurar el sistema completo a hardware diferente, conservando no solo el estado de usuario sino todo el sistema tal y como está: aplicaciones, particiones, herramientas específicas, etc. Esto es especialmente relevante cuando se quiere evitar reinstalar software complejo o cuando el equipo de origen está muy personalizado.

Algunas situaciones típicas para recurrir a clonación o restauración en hardware distinto son: migrar el sistema a un ordenador nuevo conservando la instalación original; recuperar un equipo si no había imagen previa y solo puedes generar una imagen en otra máquina para luego restaurarla; o cambiar componentes críticos (placa base, CPU, disco) o sustituir hardware dañado usando una imagen creada previamente.

Para estos casos se utilizan soluciones especializadas como AOMEI Cloner o AOMEI Backupper, capaces de clonar sistemas, discos enteros o particiones, e incluso de restaurar una imagen creada en un equipo a otro con hardware diferente ajustando automáticamente drivers y configuraciones de arranque.

La clonación directa es ideal cuando quieres rapidez, no tienes un disco intermedio donde guardar imágenes y el entorno origen y destino son bastante similares (por ejemplo, pasar de un HDD a un SSD M.2 en el mismo equipo). La estrategia de copia de seguridad + restauración, en cambio, es más flexible y está pensada para protección de datos a largo plazo o despliegues masivos.

El papel de AOMEI Cloner y AOMEI Backupper

AOMEI Cloner ofrece funciones de “Clonar sistema”, “Clonar disco” y “Clonar partición”, todas ellas válidas para trasladar Windows a hardware diferente. Además, incluye opciones como “Alineación SSD” para optimizar el rendimiento en unidades de estado sólido y “Editar particiones” para ajustar el espacio de destino, permitiendo incluso clonar entre discos con estilos de partición distintos (MBR a GPT o al revés).

Su modo de clonación directa es especialmente interesante cuando se cumple alguna de estas condiciones: estás en Windows 10 u 11 y el hardware es similar; quieres hacer una actualización rápida de disco sin reinstalar nada; no dispones de unidad adicional para guardar una imagen temporal; o buscas un método sencillo y rápido sin demasiadas vueltas.

La otra vía es AOMEI Backupper, centrado en copia de seguridad y restauración. Aquí primero se crea una imagen del sistema o del disco, luego se prepara un medio de arranque (USB, por ejemplo) y se restauran esas imágenes en el hardware nuevo, usando funciones como “Restauración universal” para ajustar el sistema al nuevo entorno.

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Este enfoque de backup + restore es ideal si tu objetivo es proteger datos a largo plazo, si trabajas con sistemas antiguos (Windows 7, 8, 8.1) o si necesitas desplegar la misma imagen en varios equipos a la vez mediante herramientas como AOMEI Image Deploy, arrancando las máquinas desde red (es necesario configurar BIOS/UEFI para instalar desde la red) y aplicando la imagen de forma masiva.

Ejemplo práctico: clonar Windows 10 a un SSD M.2 NVMe

Un caso muy común en usuarios domésticos y pymes es sustituir un disco viejo (HDD o SSD SATA) por un SSD M.2 NVMe para ganar rendimiento sin reinstalar Windows. Aquí lo habitual es quitar el disco del nuevo equipo, conectarlo al viejo (o viceversa) con un adaptador M.2 si es necesario, y usar AOMEI Cloner para clonar el sistema.

Tras instalar el software, se selecciona la opción “Clonar sistema”, se elige como destino el SSD conectado, se marca “Alineación SSD” para mejorar velocidad y vida útil de la unidad y se inicia el proceso de clonación. Si el disco de destino es más grande, se puede optar por aprovechar todo el espacio automáticamente ampliando la partición del sistema.

Una vez finalizada la clonación, se extrae el disco clonado y se instala en el nuevo ordenador (o se deja en el mismo si solo se ha cambiado el tipo de unidad). Después hay que entrar en la BIOS o UEFI (ver el proceso de arranque en UEFI) y configurar el disco nuevo como primera opción de arranque. Si todo está correcto, Windows debería iniciar desde la nueva unidad, ya optimizada.

Si el equipo no arrancase, la solución suele pasar por revisar el orden de arranque, el modo de arranque (Legacy/UEFI) y, en casos más complejos, crear un disco de arranque con el propio AOMEI para volver a clonar o reparar el sector de arranque.

Ejemplo práctico: imágenes de copia de seguridad y restauración en otro hardware

Cuando se busca algo más que una simple clonación y se quiere aprovechar para establecer una estrategia de copias de seguridad, AOMEI Backupper permite crear imágenes del sistema, del disco o de particiones concretas, almacenarlas en discos externos o NAS y restaurarlas más adelante sobre hardware distinto.

El proceso básico incluye crear la copia de seguridad del sistema, generar un medio de arranque para casos en los que el equipo no se inicie, y disponer de dos discos: uno para almacenar temporalmente la imagen y otro que recibirá esa imagen en el nuevo equipo. Después, o bien se instala Backupper en el nuevo PC si arranca, o bien se usa el USB de arranque para lanzar la restauración en un equipo bare metal.

Durante la restauración se selecciona la imagen de sistema, se indica que se quiere restaurar en otra ubicación (el nuevo disco) y se marca la opción de “Restauración universal” cuando el hardware no es el mismo. De nuevo, se puede activar “Alineación SSD” para optimizar el rendimiento de la nueva unidad de estado sólido.

Además de restaurar una vez, esta estrategia facilita programar copias periódicas (diarias, semanales, mensuales, por eventos o al conectar un USB), ideal para proteger datos de forma continua. Para despliegues en varios equipos simultáneos, AOMEI Image Deploy permite lanzar la misma imagen sobre varias máquinas arrancadas desde red, algo muy útil en entornos de formación o empresas con muchos PCs.

Clonar discos al cambiar de PC: licencias, herramientas y límites

Un tema espinoso al migrar a hardware nuevo son las licencias de Windows y de algunos programas. Cuando el sistema antiguo tiene una licencia OEM vinculada a la placa base, clonar el disco y arrancarlo en un equipo completamente diferente puede provocar problemas de activación: Windows detectará que el hardware no coincide con el autorizado y podría desactivarse.

En el caso de PCs nuevos que ya incluyen Windows 11 preinstalado, suele venir con su propia licencia ligada a ese hardware. Clonar directamente un Windows 10 completo desde otro PC sobre ese disco puede no ser la mejor idea, porque puedes pisar la instalación original y complicar la activación. Lo razonable, en muchos casos, es usar la instalación nueva y migrar solo datos y perfiles, o bien vincular la licencia antigua a tu cuenta Microsoft y reactivar según proceda.

Además de Windows, ciertos programas con protección anticopia (software profesional, juegos, herramientas muy específicas) pueden requerir reactivación al detectar el cambio de hardware. Incluso usando herramientas de migración como Laplink PCmover —que automatiza la transferencia de programas, archivos y configuraciones de un PC a otro—, puede que algunas licencias haya que introducirlas de nuevo.

En el terreno de la clonación, existen herramientas de confianza como Macrium Reflect, muy usado para mover instalaciones completas de Windows a otra unidad. Este software permite clonar discos o particiones, y dispone de una versión de prueba de 30 días más que suficiente para hacer una migración puntual, con una interfaz relativamente amigable y opciones avanzadas para usuarios más técnicos.

En cualquier caso, antes de clonar discos conviene tener en cuenta algunos puntos básicos: hacer copias de seguridad de los datos importantes por si algo sale mal; comprobar que la unidad de destino se detecta bien en el sistema; verificar que tiene espacio suficiente (la mayoría de herramientas borran el contenido de la unidad destino durante la clonación); y evitar ejecutar software de clonación dudoso bajado de cualquier parte.

Migrar sistemas heredados a plataformas modernas

Cuando hablamos de “migración de sistema con hardware nuevo” a gran escala, muchas veces no se trata solo de pasar de un PC viejo a uno nuevo, sino de modernizar auténticos sistemas heredados: aplicaciones críticas, servidores antiguos, mainframes o ERPs obsoletos que siguen siendo el corazón del negocio.

Un sistema heredado es básicamente un software o plataforma que se ha quedado atrás tecnológicamente, pero que sigue en uso porque cumple una función clave. Suelen estar construidos sobre lenguajes antiguos, sistemas operativos desfasados (como Windows XP, viejas distribuciones Linux, AS/400, versiones antiguas de Oracle E-Business, etc.) y, muchas veces, resultan caros de mantener y difíciles de escalar o integrar con soluciones modernas.

Aún así, no todo sistema heredado es basura tecnológica: muchos siguen funcionando razonablemente bien y hacen justo lo que la empresa necesita, lo que hace comprensible que se posponga su sustitución. El problema llega cuando el proveedor deja de dar soporte (fin de vida, EOL), surgen vulnerabilidades de seguridad críticas que ya no se parchean o las necesidades del negocio cambian y la solución antigua no da más de sí.

Las razones habituales para migrar sistemas heredados incluyen la falta de soporte oficial, los riesgos de seguridad por software sin actualizaciones, la existencia de alternativas más modernas y eficientes, o los costes crecientes de mantener algo para lo que ya casi no hay especialistas. A corto plazo puede parecer más barato aguantar, pero a la larga suele salir más caro mantener lo viejo que invertir en una modernización bien planteada.

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Frente a esto, muchas organizaciones apuestan por estrategias de migración apoyadas en plataformas de integración como servicio (iPaaS), que permiten conectar sistemas heredados con aplicaciones SaaS y servicios en la nube, facilitando una transición progresiva en lugar de un “corte y cambio” traumático.

Integración y migración con plataformas tipo Alumio

Plataformas iPaaS como Alumio ofrecen un enfoque muy práctico para gestionar la migración de sistemas antiguos. Se trata de soluciones nativas en la nube, de bajo código, pensadas para orquestar integraciones entre aplicaciones modernas y sistemas locales, tanto nuevos como veteranos.

Su principal ventaja es la integración fluida entre mundos muy distintos: puedes conectar tu ERP viejo con un eCommerce moderno, sincronizar datos con un CRM en la nube o ir moviendo procesos a microservicios sin desconectar la infraestructura que aún sostiene el día a día. Alumio actúa como capa intermedia que habla con todos, presentes y futuros.

En términos de migración, estas plataformas automatizan gran parte de la transferencia de datos, reduciendo errores manuales y garantizando la integridad de la información. Además, incorporan monitorización en tiempo real, lo que permite seguir el avance de los flujos, detectar incidencias y corregirlas al vuelo sin tener que parar toda la operación.

La escalabilidad es otro punto fuerte: da igual si solo quieres migrar una aplicación concreta o si estás rediseñando todo tu ecosistema de sistemas, la arquitectura flexible de este tipo de iPaaS permite ir creciendo según necesidades, añadiendo integraciones, cambiando destinos o incorporando nuevas tecnologías sin rehacer todo desde cero.

Por último, la seguridad es crítica en cualquier migración de sistemas heredados. Soluciones como Alumio se diseñan con fuertes medidas de protección y cumplimiento normativo, algo esencial cuando se mueven grandes volúmenes de datos sensibles entre plataformas, nubes y centros de datos propios.

Opciones al pasar de Windows 10 a Windows 11 sin morir en el intento

Para usuarios de Windows 10 llega un momento en que toca plantearse el salto a Windows 11, ya sea por fin de soporte, porque se compra un equipo nuevo o porque se quiere aprovechar mejoras de rendimiento y seguridad. Aquí las opciones van desde no hacer nada hasta organizar una migración bastante fina.

La opción menos recomendable es seguir en Windows 10 indefinidamente, aceptando el creciente riesgo de ataques y la ausencia de actualizaciones de seguridad una vez finalizado el soporte. También se puede instalar Windows 11 sobre el hardware actual si este es suficientemente reciente y cumple los requisitos, configurando todo desde cero a mano.

Otra vía es comprar una nueva PC con Windows 11 y trasladar manualmente archivos y configuraciones, aunque esto suele ser un tostón: hay que reinstalar programas, copiar datos, reconfigurar cuentas, etc. Para evitar gran parte de ese trabajo existen paquetes “todo en uno”, como las guías de movimiento basadas en Laplink PCmover y O&O DiskImage.

Esos paquetes integran tres piezas clave: copia de seguridad de datos (por ejemplo con O&O DiskImage), transferencia automática de programas, archivos y configuraciones con Laplink PCmover, y borrado seguro de datos en el equipo antiguo con herramientas tipo O&O SafeErase. No incluyen Windows ni el propio hardware, pero simplifican muchísimo el proceso de migración.

Aunque estos asistentes están pensados para que cualquier usuario pueda seguirlos, hay que tener presente que cierto software con licencias especiales puede requerir reactivación y que algunas aplicaciones muy viejas quizás no sean compatibles con Windows 11, por lo que no siempre será posible trasladar absolutamente todo tal cual.

Mover Windows a otra unidad: liberar espacio y ganar velocidad

Otro tipo de migración muy común es mover Windows a un disco nuevo dentro del mismo PC, normalmente para pasar el sistema de una unidad que está a reventar a otra con más espacio o de un HDD lento a un SSD rápido. Aquí no cambiamos de ordenador, solo de unidad, pero el impacto en rendimiento puede ser brutal.

Para hacerlo sin perder datos ni reinstalar programas lo ideal es recurrir a software de clonación fiable como Macrium Reflect. Estas herramientas copian el contenido de la unidad origen en la de destino, ajustando particiones si hace falta para adaptarse al tamaño nuevo, y permitiendo que el sistema arranque desde la unidad recién clonada.

Antes de lanzarse hay varios requisitos básicos: la unidad de destino debe tener espacio suficiente (si no, el programa borrará su contenido durante la clonación); conviene hacer una copia de seguridad de lo importante por si algo sale mal; y hay que comprobar que el PC reconoce correctamente la nueva unidad (SATA, NVMe, USB, etc.).

Macrium Reflect, por ejemplo, ofrece una interfaz bastante clara, detecta las unidades conectadas, permite seleccionar las particiones del sistema a clonar y ajusta tamaños. Una vez definido el origen y el destino, se lanza el proceso y toca esperar sin apagar ni desconectar nada. El tiempo dependerá del tamaño de los datos y de la velocidad de lectura y escritura de ambas unidades.

Cuando la clonación termina y la nueva unidad está lista, el último paso es configurar en BIOS/UEFI el orden de arranque para que el equipo utilice la unidad nueva como disco principal. En formatos como M.2 NVMe a veces no hace falta reemplazar la unidad original; basta con cambiar el disco de arranque. En otros casos, lo recomendable es sustituir físicamente la vieja por la nueva para evitar confusiones o conflictos.

Hay que tener en cuenta que si pretendes arrancar esa unidad clonada en otro PC diferente, entran en juego de nuevo las licencias de Windows y la activación, ya que la licencia suele estar vinculada al hardware. En esos casos suele ser mejor combinar clonación con herramientas de migración de estado (USMT, PCmover) y, si procede, vincular la licencia a tu cuenta de Microsoft para poder reactivarla en el nuevo equipo.

Al final, tanto si hablamos de USMT en una empresa grande como de Macrium Reflect en un PC doméstico, de AOMEI para clonar entre discos o de iPaaS como Alumio para modernizar sistemas heredados, todas estas tecnologías persiguen lo mismo: que puedas cambiar de hardware sin perder tu entorno de trabajo, tus datos ni tus aplicaciones clave, reduciendo el tiempo de interrupción y evitando el infierno de empezar de cero cada vez que renuevas un equipo.

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