- El plan Máximo Rendimiento reduce microlatencias y desactiva casi todo ahorro de energía para priorizar la potencia.
- Se habilita con el comando powercfg -duplicatescheme e9a42b02-d5df-448d-aa00-03f14749eb61 desde CMD o PowerShell.
- Ofrece una ligera mejora de FPS y fluidez frente a Alto rendimiento, a costa de más consumo y calor.
- Es recomendable solo en PCs potentes y tareas intensivas, evitando su uso continuo en portátiles por la batería.

Si usas Windows 10 u 11 y te gusta exprimir el PC todo lo posible, te interesa conocer el plan de energía de Máximo Rendimiento oculto. Es un modo pensado para sacar hasta la última gota de potencia del hardware, pero que Microsoft mantiene escondido y desactivado por defecto, sobre todo en portátiles.
A lo largo de esta guía vas a ver qué hace exactamente este plan, cómo activarlo con CMD o PowerShell usando el comando powercfg, en qué se diferencia del plan Alto rendimiento, qué impacto real tiene en juegos y tareas pesadas, y también los riesgos y desventajas que conviene tener muy presentes antes de dejarlo activado todo el día.
Qué son los planes de energía en Windows y para qué sirven
Windows gestiona el consumo eléctrico y el rendimiento mediante unos perfiles llamados planes de energía o perfiles de energía. Cada plan es un conjunto de parámetros que dicta cómo usan la energía la CPU, la GPU, los discos, la pantalla o incluso los puertos PCIe y USB.
En la práctica, un plan de energía es una combinación de ajustes de hardware y sistema que busca uno de estos tres objetivos: ahorrar energía al máximo, ofrecer el mayor rendimiento posible o mantener un equilibrio razonable entre ambas cosas.
Desde el propio panel de control u opciones de sistema podemos elegir el perfil que más nos encaje en cada momento, de forma que Windows adapta la frecuencia del procesador, el brillo, la suspensión de discos, la hibernación y otras funciones según ese plan.
Es importante tener presente que, cuanto más agresivo es un perfil en términos de rendimiento, más energía consume el equipo y más calor genera. Esto en un sobremesa puede ser asumible, pero en un portátil golpea directo a la autonomía de la batería.
Por otro lado, el sistema no muestra con total transparencia todo lo que hace internamente: aunque podamos tocar algunos parámetros avanzados, no vemos voltajes ni mediciones de potencia detalladas, y a menudo dos planes que parecen muy parecidos en la interfaz dan resultados distintos en FPS o consumo real.
Planes de energía estándar en Windows: Equilibrado, Alto rendimiento y Economizador
Antes de activar el modo oculto de Máximo Rendimiento, conviene repasar los tres perfiles de energía clásicos que trae Windows por defecto, ya que son el punto de partida sobre el que se ha construido este plan «extremo».
Plan Equilibrado
El plan Equilibrado es el que viene activo de fábrica en la mayoría de instalaciones de Windows y busca mantener un equilibrio razonable entre consumo y rendimiento. Ajusta de forma dinámica la frecuencia de la CPU y otros componentes en función de la carga real de trabajo.
En este perfil, cuando el equipo está en reposo o realizando tareas sencillas, la CPU baja su frecuencia mínima a valores muy bajos (por ejemplo, 5 %), se reduce el uso de energía en ranuras PCIe y otros dispositivos, y el sistema entra antes en suspensión o apaga la pantalla para ahorrar.
La principal ventaja es que el rendimiento se mantiene estable para el uso diario mientras que los ventiladores no suelen revolucionarse tanto, el ruido baja y la temperatura se mantiene más contenida. Es un modo muy adecuado para trabajar, navegar, ofimática o estudiar en ambientes tranquilos.
Plan Alto rendimiento
El perfil Alto rendimiento da un paso más agresivo y está pensado para usuarios que priorizan la potencia frente al ahorro. Aquí aumenta el brillo de la pantalla, se fuerza un uso más alto de CPU y GPU y se relajan varios mecanismos de ahorro de energía.
En muchos equipos de sobremesa aparece activable sin más, pero en gran parte de los portátiles no suele venir visible por defecto por el impacto que tiene en la batería y la temperatura.
Entre sus beneficios, este plan permite que el ordenador funcione de forma más fluida en juegos, edición de vídeo, renderizados o uso intensivo de múltiples aplicaciones. También hace que la pantalla se vea más brillante, algo que puede venir bien si usas el equipo en exteriores o en espacios muy iluminados.
A cambio, el ventilador de la CPU suele funcionar a más revoluciones, aumenta la generación de calor y se acorta la duración de la batería. Tampoco optimiza demasiado el comportamiento del procesador en periodos breves de inactividad, así que la CPU se mantiene a menudo más alta de lo estrictamente necesario.
Plan Economizador de energía
En el extremo opuesto tenemos el modo Economizador, enfocado en estirar al máximo la duración de la batería o reducir el consumo eléctrico en general. Para conseguirlo, baja al mínimo el brillo de la pantalla y recorta bastante el rendimiento.
Con este plan, Windows reduce agresivamente la frecuencia de la CPU cuando no hace falta potencia, apaga discos duros tras cortos periodos de inactividad, limita el rendimiento de ranuras PCIe y de la gráfica, y apaga la pantalla y suspende el equipo con mayor rapidez.
Las ventajas son claras: mayor autonomía, menos calor y un equipo más silencioso. En portátiles puede marcar una diferencia muy notable si estás lejos de un enchufe y solo vas a hacer tareas livianas.
El precio a pagar es que las aplicaciones pesadas tardan más en abrirse y funcionan más lentas, los juegos rinden mucho peor, y el brillo reducido puede resultar insuficiente en exteriores. Es un perfil ideal para navegar, escribir o ver documentos, pero no para exprimir hardware.
Qué es el plan de energía Máximo Rendimiento (Ultimate Performance)
Desde la actualización Windows 10 April 2018 Update (versión 1803), Microsoft incorporó un nuevo perfil de energía llamado Ultimate Performance o Máximo Rendimiento. Es un plan pensado específicamente para estaciones de trabajo potentes, PCs de gama alta y determinados servidores.
Este modo va un paso más allá incluso del plan Alto rendimiento, ya que su objetivo es eliminar o reducir al mínimo las microlatencias asociadas a las técnicas de gestión de energía. Una microlatencia es ese pequeño retraso que hay entre que el sistema detecta que un componente necesita más potencia y el momento en que le entrega esa energía.
Con el plan Máximo Rendimiento activado, Windows deja de «preguntar» al hardware antes de darle más energía, y directamente permite que CPU, GPU, discos y demás componentes consuman todo lo que necesitan en cada instante.
Además, este perfil viene configurado para deshabilitar prácticamente todas las funciones de ahorro de energía posibles, de forma que el sistema se comporta siempre como si estuviera en un escenario de carga alta o preparado para entrar en ella sin esperas.
Por este motivo, Microsoft lo mantiene oculto en muchos equipos y, sobre todo, no se muestra por defecto en portátiles o dispositivos que funcionan principalmente con batería, ya que el impacto en la autonomía puede ser enorme.
Qué cambia exactamente con el modo de Máximo Rendimiento
Más allá del nombre llamativo, el plan Máximo Rendimiento modifica varias opciones internas para que el sistema deje de intentar ahorrar energía salvo en contadas excepciones. Entre los cambios más importantes se encuentran los siguientes:
- Los discos duros nunca entran en reposo, de modo que se evitan los tiempos de reactivación, algo útil si trabajas con muchos archivos pesados o proyectos de vídeo/3D.
- La frecuencia del temporizador de JavaScript se ajusta para priorizar el rendimiento de las aplicaciones que dependen de este tipo de procesos.
- El adaptador de red Wi-Fi (WLAN) se configura siempre en alto rendimiento, reduciendo los modos de ahorro que podrían introducir pequeños retrasos en la red.
- Se deshabilita la hibernación, evitando los procesos de guardado y restauración del estado de la RAM en disco duro.
- La gestión de energía de la CPU fija el mínimo y el máximo al 100 %, de forma que el procesador prácticamente no baja de frecuencia, incluso aunque el sistema esté aparentemente en reposo.
- La pantalla mantiene un tiempo estándar de apagado tras unos 15 minutos de inactividad, para no dejarla encendida eternamente, aunque esto se puede personalizar.
En la práctica, esto implica que el ordenador responde más rápido al salir de estados de inactividad, que las aplicaciones pesadas arrancan algo antes y que ciertas tareas de edición, renderizado o diseño 3D que generan picos de carga intermitentes se benefician de no tener que esperar a que la CPU suba y baje de frecuencia.
No obstante, conviene dejar claro que este plan no hace milagros ni convierte un PC modesto en una máquina de gama alta. Lo que hace es reducir pequeños cuellos de botella de gestión de energía que, en equipos potentes, sí pueden notarse en determinadas circunstancias.
¿Sirve el plan Máximo Rendimiento para jugar mejor?
Una de las dudas más habituales es si activar este perfil mejora significativamente los FPS en juegos. La respuesta matizada es que el beneficio existe, pero suele ser mucho menos espectacular de lo que muchos esperan.
En juegos, cuando estás dentro de la partida, CPU y GPU ya suelen ir al límite o cerca de él al usar planes como Alto rendimiento o incluso Equilibrado. En ese contexto, las microlatencias de gestión de energía afectan menos que en tareas con picos de carga intermitentes. En pruebas con Shadow of the Tomb Raider a 1080p calidad Alta, se han medido algo así:
- Economizador: unos 79 FPS con consumo jugando de ~203 W.
- Equilibrado: en torno a 84 FPS con ~213 W.
- Alto rendimiento: cerca de 85 FPS con ~218 W.
- Máximo rendimiento: alrededor de 88 FPS con ~219 W.
Como ves, el salto del plan Economizador al Máximo Rendimiento puede rondar unos 9 FPS en este escenario concreto, mientras que entre Alto rendimiento y Máximo Rendimiento el aumento es modesto pero existe.
En términos de consumo, sin embargo, la diferencia en vatios entre el modo más ahorrador y el más agresivo durante la partida no es descomunal (aprox. 16 W en ese ejemplo), lo que deja claro que Windows, más que ahorrar una barbaridad, lo que hace es recortar rendimiento en los perfiles más conservadores.
Por eso, en un PC de sobremesa orientado a gaming, activar el plan Máximo Rendimiento puede merecer la pena si buscas exprimir al máximo el equipo, ya que el impacto en la factura eléctrica será limitado mientras que el pequeño extra de FPS y fluidez sí puede notarse.
Dónde encontrar y cómo ver los planes de energía en Windows
Antes de activar nada oculto, es interesante saber cómo acceder a los planes de energía que ya están disponibles en tu sistema, tanto en Windows 10 como en Windows 11.
Una vía rápida consiste en abrir el menú Inicio y escribir “Editar plan de energía” en el buscador. Al pulsar sobre ese resultado, entrarás en la pantalla de configuración del plan actual y, desde ahí, podrás volver atrás con el enlace a “Opciones de energía” para ver la lista de perfiles.
Otra forma es ir a Configuración > Sistema > Inicio/apagado y suspensión (o Energía y suspensión) y, en el panel derecho, usar el enlace de “Configuración adicional de energía”. Esto te abrirá directamente la ventana clásica de Opciones de energía del Panel de control.
También puedes acceder escribiendo manualmente en la ruta de navegación del Panel de control: Panel de control > Todos los elementos > Opciones de energía. Ahí verás los planes Equilibrado, Economizador, Alto rendimiento y, en algunos casos, otros perfiles propios del fabricante del portátil.
Desde “Cambiar la configuración del plan” sobre cada perfil podrás modificar el tiempo de apagado de la pantalla o de suspensión del equipo, y desde “Cambiar la configuración avanzada de energía” entrarás al listado más técnico donde se controlan CPU, discos, PCIe, USB, etc.
Requisitos previos para usar el plan Máximo Rendimiento
El plan de Máximo Rendimiento no está disponible en todas las versiones de Windows. Fue introducido con Windows 10 versión 1803 (April 2018 Update), así que necesitas tener al menos esa versión o superior, o usar Windows 11.
Para comprobar la versión de Windows 10, puedes abrir el cuadro Ejecutar con Windows + R, escribir WINVER y pulsar Intro. Aparecerá una ventana indicando la versión instalada y el número de compilación.
Si tu versión es igual o superior a 1803, el plan se puede habilitar en el sistema, incluso aunque no aparezca en la lista de perfiles. Si es anterior, tendrás que actualizar Windows si quieres utilizar este modo.
En muchos equipos de sobremesa actualizados, el plan puede mostrarse directamente bajo “Mostrar planes adicionales” dentro de Opciones de energía. En portátiles o PCs OEM es habitual que no salga visible, y ahí es donde entra en juego el comando con CMD o PowerShell.
Cómo habilitar el plan de Máximo Rendimiento con CMD (powercfg)
Si al abrir Opciones de energía no ves el plan Máximo Rendimiento, puedes activarlo manualmente mediante la herramienta de línea de comandos powercfg, disponible en todas las ediciones modernas de Windows.
El comando clave duplica en tu sistema un esquema de energía predefinido identificado por el GUID e9a42b02-d5df-448d-aa00-03f14749eb61, que es precisamente el del perfil Ultimate Performance.
Para hacerlo desde CMD, sigue este procedimiento general:
- Abre el cuadro Ejecutar con Windows + R.
- Escribe cmd y pulsa Intro para abrir la consola.
- En la ventana del símbolo del sistema, introduce el comando:
powercfg -duplicatescheme e9a42b02-d5df-448d-aa00-03f14749eb61 - Pulsa Intro y espera a que se ejecute. Si no da error, el nuevo plan quedará registrado y disponible en la interfaz gráfica.
Si prefieres usar PowerShell, el proceso es igual de sencillo, solo que deberás ejecutarlo con permisos de administrador:
- Busca “PowerShell” en el menú Inicio.
- Haz clic derecho sobre Windows PowerShell y elige “Ejecutar como administrador”.
- En la consola elevada, pega el mismo comando:
powercfg -duplicatescheme e9a42b02-d5df-448d-aa00-03f14749eb61 - Al terminar, cierra PowerShell.
Una vez hecho esto, ya puedes volver a Panel de control > Opciones de energía o al enlace de “Configuración adicional de energía” en la app de Configuración para comprobar que aparece el nuevo plan Máximo rendimiento entre los disponibles.
Cómo seleccionar y personalizar el plan Máximo Rendimiento
Tras habilitar el perfil con powercfg, tocará simplemente activarlo desde la interfaz gráfica de Windows, como cualquier otro plan de energía.
En la ventana de Opciones de energía, es posible que tengas que desplegar la sección de “Mostrar planes adicionales” para ver el nuevo perfil. Una vez localizado, basta con marcar el círculo junto a Máximo rendimiento para dejarlo como plan activo.
Igual que con el resto de configuraciones, puedes pulsar en “Cambiar la configuración del plan” para ajustar los tiempos de apagado de pantalla o de suspensión, algo útil si no quieres que, por ir al máximo, la pantalla quede encendida horas sin necesidad.
Si entras en “Cambiar la configuración avanzada de energía” verás que, a simple vista, la configuración parece muy similar a la del plan Alto rendimiento, sobre todo en lo relativo a gestión de energía de CPU, discos y PCI Express. No obstante, internamente hay matices y, como se ha visto en pruebas, el rendimiento final sí mejora algo.
Cuando dejes de necesitar este plan tan agresivo, puedes simplemente cambiar de nuevo a Equilibrado o Economizador. Y si quieres eliminarlo de la lista de planes, primero selecciona otro, luego entra en “Cambiar la configuración del plan” del Máximo Rendimiento y usa la opción “Eliminar este plan”.
Impacto real en rendimiento, consumo y temperaturas
Para entender hasta qué punto compensa usar este modo, es útil fijarse en datos concretos de pruebas comparativas entre los distintos perfiles de energía de Windows en un mismo equipo.
En un PC de sobremesa con un procesador Intel Core i5-6500, gráfica Nvidia GTX 1060 y una fuente de 650 W, se midió el consumo en vatios y los FPS medios en Shadow of the Tomb Raider bajo Economizador, Equilibrado, Alto rendimiento y Máximo Rendimiento.
Los resultados, ya mencionados antes, indicaban algo así como 79 FPS en plan Economizador y 88 FPS en Máximo Rendimiento, con un consumo en carga que apenas aumentaba unos 16 W entre el más ahorrador y el más agresivo, mientras que entre Alto y Máximo Rendimiento el consumo prácticamente era idéntico pero el plan nuevo daba varios FPS extra.
Al observar la frecuencia de la CPU en reposo con herramientas como HWiNFO, se veía claramente que en Economizador la frecuencia bajaba al mínimo cuando no había carga, mientras que en Alto y Máximo Rendimiento la CPU se mantenía casi siempre en frecuencias muy elevadas, incluso sin trabajo aparente.
En resumen, el modo Máximo Rendimiento ayuda sobre todo en contextos donde el equipo pasa constantemente de estados inactivos a activos (edición de vídeo, modelado 3D, multitarea pesada) y cuando quieres arañar algunos FPS adicionales frente al plan Alto rendimiento sin preocuparte demasiado por el consumo.
Cuándo tiene sentido usar el plan de Máximo Rendimiento
Este modo no está pensado para tenerlo permanentemente activado en cualquier situación, ya que implica un gasto de energía mayor y más estrés térmico sobre los componentes.
Es especialmente interesante para usuarios que realizan tareas intensivas de forma recurrente: edición y renderizado de vídeo, diseño 3D, animación, máquinas virtuales exigentes o entornos de desarrollo pesados donde se compilan grandes proyectos con frecuencia.
También puede venir bien a personas que teletrabajan con muchas aplicaciones abiertas, varias pantallas y herramientas exigentes, cuando notan que el equipo tiene microcortes, pequeñas pausas o cierta falta de fluidez al cambiar entre programas o al lanzar tareas pesadas.
En juegos, puede ser útil si ya tienes un hardware potente (CPU y GPU de gama alta) y quieres rascar mejorar el rendimiento en juegos y algo de suavidad en los tiempos de carga
Para un uso básico del ordenador (navegar, ofimática, streaming, redes sociales) o cuando estés con el portátil sin enchufe cerca, no tiene mucho sentido dejar activo este perfil, porque solo vas a desperdiciar batería sin notar apenas mejora perceptible.
Riesgos y desventajas de abusar del modo Máximo Rendimiento
Activar este plan no va a romper tu ordenador de la noche a la mañana, pero abusar de él de forma constante sí puede acortar la vida útil de tus componentes o, como mínimo, hacerte pasar malos ratos con temperaturas y ruido.
Al mantener CPU y otros dispositivos funcionando a frecuencias altas incluso cuando no hay mucha carga, el sistema genera más calor de manera sostenida. Si la refrigeración de tu PC no es buena, esto puede traducirse en thermal throttling (reducción automática de rendimiento por temperatura) o inestabilidades puntuales.
Es frecuente que con este perfil los ventiladores giren a más revoluciones y durante más tiempo, aumentando el nivel de ruido, algo especialmente evidente en portátiles finos o en equipos de sobremesa con cajas poco ventiladas.
En el peor de los casos, si además tienes polvo acumulado o una mala ventilación, podrías sufrir apagados o reinicios inesperados cuando el sistema se protege ante temperaturas demasiado elevadas, o ver cómo la placa base y la CPU reducen su rendimiento para intentar aguantar.
En portátiles, la batería es la gran damnificada: este modo drena la carga mucho más rápido que Equilibrado o Economizador, y lo ideal es usarlo solo cuando el equipo está enchufado a la corriente. A largo plazo, trabajar constantemente con temperaturas altas tampoco es lo más sano para la batería.
Programas de terceros para exprimir aún más el rendimiento
Además de los planes internos de Windows, existen herramientas externas como QuickCPU que permiten ajustar de manera más fina el comportamiento del procesador y del sistema en materia de energía.
Con este tipo de software se pueden forzar parámetros para que ningún núcleo de la CPU se apague o entre en estados profundos de reposo, y así mantener un nivel de respuesta máximo a costa de incrementar aún más el consumo y el calor.
El diseño de estas aplicaciones suele ser relativamente intuitivo, pero hay que usarlas con cabeza: no es buena idea mantener el equipo al 100 % de rendimiento constante todo el día, igual que no conducirías siempre con el pedal del acelerador a fondo.
Son soluciones útiles para momentos puntuales en los que realmente necesitas exprimir el 100 % del hardware, por ejemplo durante un render largo o una sesión de trabajo especialmente exigente, pero no para tenerlas activas 24/7.
Preguntas frecuentes sobre el plan de energía Máximo Rendimiento
Al tratarse de un perfil oculto y pensado en principio para sistemas muy potentes, suelen aparecer dudas recurrentes que conviene aclarar de forma rápida.
¿Qué es exactamente el plan de energía Máximo Rendimiento?
Es un perfil de energía integrado en Windows 10 (desde la versión 1803) y Windows 11, diseñado para sistemas de alta potencia que necesitan minimizar microlatencias de gestión de energía. Desactiva casi todas las funciones de ahorro posible para priorizar el rendimiento.
¿Mejoran mucho los videojuegos con este plan?
El impacto en juegos existe pero suele ser moderado. Donde más se nota es en el arranque de los títulos y en algunos FPS extra frente al plan Alto rendimiento. Para la mayoría de usuarios, la diferencia es pequeña, y está más pensado para cargas variables como edición de vídeo o diseño 3D.
¿Es seguro usarlo en un portátil?
Seguro es, pero no es lo más recomendable tenerlo siempre activo. Consume mucha más batería y eleva bastante la temperatura. Lo ideal es activarlo solo cuando trabajes con el cargador enchufado y necesites rendimiento máximo puntual.
¿Se puede desactivar o borrar si no me convence?
Sí. Basta con cambiar a otro plan de energía (Equilibrado, por ejemplo) y después entrar en la configuración del plan Máximo Rendimiento para usar la opción de “Eliminar este plan”. Siempre puedes volver a crearlo con el comando powercfg.
Con todo lo visto, queda claro que el plan de energía de Máximo Rendimiento es una herramienta muy útil para quienes necesitan exprimir de verdad un PC potente en tareas exigentes, siempre que se use con cabeza, se tenga una refrigeración adecuada y se sea consciente del aumento de consumo y de temperatura que implica, especialmente en equipos portátiles y en sesiones de uso prolongadas.
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