Las peores distribuciones Linux que es mejor evitar si empiezas

Última actualización: 07/01/2026
Autor: Isaac
  • Algunas distribuciones Linux arrastran graves problemas de seguridad, privacidad o prácticas cuestionables que las hacen poco recomendables.
  • Proyectos como Linux From Scratch, Gentoo, Arch o NixOS están pensados para usuarios avanzados y pueden frustrar enormemente a principiantes.
  • Aunque Ubuntu sigue siendo muy popular, su peso, el uso intensivo de Snap y los cambios frecuentes generan críticas frente a alternativas más ligeras.
  • Para empezar en Linux es preferible optar por distros con instalador gráfico, buena documentación y comunidad activa, dejando las más complejas para más adelante.

Distribuciones Linux complicadas que conviene evitar

Cuando pensamos en Linux, lo normal es asociarlo con libertad, seguridad y control total del sistema. Y, siendo honestos, casi siempre cumple. Sin embargo, eso no significa que todas las distribuciones que existen en el ecosistema ofrezcan la misma experiencia ni los mismos niveles de fiabilidad. Hay distros que son una delicia para empezar… y otras que pueden convertir tu aterrizaje en Linux en una auténtica pesadilla.

En el mundo del software libre también hay proyectos polémicos, decisiones cuestionables y distribuciones que, por su complejidad, enfoque extremo o incluso por prácticas dudosas, es mejor evitar si estás empezando o si solo quieres un sistema estable para el día a día. En las siguientes líneas vamos a repasar tanto distros complicadas pensadas para usuarios muy avanzados, como otras que arrastran serios problemas de seguridad, privacidad o usabilidad, e incluso el caso curioso de Ubuntu, que sin ser mala distro, ha tomado caminos que no gustan a todo el mundo.

Distros de Linux realmente problemáticas que deberías evitar

No todas las distribuciones que se parecen a Windows o prometen ser revolucionarias son necesariamente una buena idea. En este primer bloque vamos a ver varios ejemplos de proyectos que han generado serias dudas en comunidades de seguridad, expertos en privacidad y usuarios veteranos.

Piensa que, igual que ocurre con algunas extensiones de navegador o apps de Android, también hay sistemas aparentemente inocentes que esconden malas prácticas en el tratamiento de datos, infraestructuras mal protegidas o modelos de activación que chocan frontalmente con la filosofía del software libre. Aquí la recomendación no es tanto que «no existan», sino que sepas muy bien dónde te metes antes de instalarlos.

Winux (y su herencia de LinuxFX / Wubuntu)

Distribución Linux similar a Windows

Winux se presenta como una distribución moderna, basada en Ubuntu, con un escritorio que imita de forma muy lograda la apariencia de Windows 11. Para un usuario recién llegado, puede parecer la opción perfecta: muy similar visualmente a Windows, con menús familiares y un estilo que no asusta. El problema es que detrás de ese aspecto amigable hay un pasado bastante turbio.

Esta distro está directamente relacionada con proyectos anteriores como LinuxFX y Wubuntu, iniciativas que arrastran un historial de controversias, filtraciones y decisiones muy poco alineadas con la filosofía de Linux. En estos proyectos se llegó a encontrar una base de datos de activación totalmente expuesta en Internet, accesible sin ningún tipo de protección.

Dicha base de datos incluía información delicada como direcciones de correo electrónico, direcciones IP y claves de registro de miles de usuarios. Esto evidenciaba dos cosas muy graves: primero, que el sistema aplicaba un mecanismo de «activación» centralizado al estilo Windows, lo cual ya es muy cuestionable en un entorno Linux; y segundo, que toda la infraestructura estaba mal configurada y sin las mínimas medidas de seguridad.

Winux no deja de ser, en buena parte, el mismo concepto renombrado con el mismo equipo detrás. Aunque se maquille el proyecto y se cambie el nombre, las dudas sobre cómo gestionan la privacidad, la seguridad y la arquitectura de activación siguen sobre la mesa. Por eso, muchos usuarios avanzados y expertos en seguridad consideran que el mero hecho de usar este sistema supone un riesgo innecesario.

RedStar OS: cuando el sistema operativo es una herramienta de vigilancia

Sistema operativo de vigilancia extrema

RedStar OS es un caso extremo y muy particular. Se trata del sistema operativo oficial de Corea del Norte, diseñado específicamente para que el Estado tenga un control total sobre la actividad digital de sus ciudadanos. Lo normal es que nadie fuera de ese régimen lo utilice, pero sirve como ejemplo perfecto de lo que ocurre cuando un gobierno decide convertir un sistema operativo en un mecanismo integral de vigilancia.

Este sistema incluye un mecanismo de marcas de agua que etiqueta automáticamente todos los documentos y archivos que se crean o se abren. De ese modo, es posible rastrear el origen de cada fichero, saber quién lo generó, quién lo modificó y cómo se ha propagado. Es decir, cualquier rastro digital queda marcado de forma sistemática.

Además integra un supuesto «antivirus» cuya función principal no es proteger de malware, sino detectar intentos de desactivar las capas de monitorización del sistema. Si el usuario trata de modificar componentes internos, tocar el firewall o acceder a zonas restringidas sin permiso, el propio sistema puede reiniciarse de manera automática o generar errores deliberados para impedirlo.

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RedStar OS también escanea contenido de forma continua, con un módulo de censura que localiza y elimina archivos catalogados como no autorizados sin intervención del usuario. A nivel conceptual, es un sistema operativo que encarna una vigilancia totalmente intrusiva, muy lejos de la idea de libertad, transparencia y control por parte del usuario que suele relacionarse con Linux.

Ubuntu: una distro popular que no siempre es la mejor elección

Distribución Ubuntu escritorio

El caso de Ubuntu es curioso porque, siendo una de las distribuciones más recomendadas para principiantes, también acumula críticas por la dirección que ha ido tomando con los años. No estamos hablando de una distro insegura o mal mantenida: al contrario, es bastante sólida, tiene ciclos de soporte claros y una comunidad enorme. El problema es que, en comparación con lo que fue en sus inicios, cada vez resulta más pesada y menos flexible para ciertos usuarios.

Uno de los puntos más señalados es su entorno de escritorio basado en GNOME, que no es precisamente el más optimizado en consumo de recursos. Hay alternativas, como Linux Mint (con Cinnamon) o la propia Debian con otros entornos, que pueden resultar más ligeras y ágiles, especialmente en equipos que ya tienen unos años a sus espaldas.

Tampoco conviene pasar por alto la apuesta fuerte por Snap, el sistema de paquetes universal de Canonical. Aunque Snap tiene ventajas, su backend se rige por una licencia propia y la tienda oficial está completamente bajo el control de la empresa. A nivel práctico, recuerda bastante al modelo de tiendas centralizadas de otros sistemas, algo que a una parte de la comunidad no termina de convencerle.

Otra queja recurrente es que Canonical introduce cambios frecuentes en la interfaz y en la experiencia de usuario. El GNOME modificado que incluye por defecto no siempre gusta, y quienes se acostumbran a una versión se encuentran con ajustes notables en la siguiente. Para un usuario nuevo quizá no sea dramático, pero para quienes priorizan estabilidad en el flujo de trabajo puede llegar a ser molesto.

A pesar de todo esto, Ubuntu sigue siendo una de las distros más utilizadas del mundo, con una cuota que ronda aproximadamente un tercio del mercado de Linux en el escritorio. Es decir, no es una «mala distribución», pero hoy en día hay muchas alternativas igualmente fáciles de usar que no arrastran tanto peso, ni dependen tanto de una tienda propia, ni cambian de cara tan a menudo.

Distribuciones que son un infierno si estás empezando

Una cosa es una distro cuestionable por su filosofía o por sus prácticas, y otra muy distinta son las distribuciones pensadas para usuarios avanzados que disfrutan peleándose con la línea de comandos. Si vienes de Windows, quieres algo sencillo y lo que deseas es usar el ordenador sin meterte hasta la cocina del sistema, más vale que te mantengas alejado de estas opciones hasta tener más rodaje.

Muchas de las distros de esta sección se centran en la máxima personalización, el rendimiento extremo o la experimentación. Son estupendas para aprender y exprimir Linux, pero también exigen tiempo, paciencia y conocimientos técnicos. Para un novato, pueden convertir la experiencia en algo frustrante y hacer que acabe pensando que Linux «es complicado», cuando en realidad hay opciones mucho más amigables.

Linux From Scratch (LFS): construir el sistema desde cero

Linux From Scratch no es realmente una distribución al uso, sino una guía extremadamente detallada para crear tu propio sistema Linux compilando todo desde el código fuente. Lo que ofrece es una base a partir del kernel y las herramientas esenciales para que vayas construyendo tu propia distro pieza a pieza.

El objetivo principal de LFS es didáctico: busca que entiendas a fondo tres pilares esenciales: compilar el kernel, instalar el software básico del sistema y configurar los controladores y servicios necesarios para que el hardware funcione. Cuando completas el proceso, no solo tienes una distribución totalmente personalizada, sino que además has aprendido muchísimo sobre cómo se ensamblan por dentro las distros tradicionales.

A nivel de requisitos técnicos, con una CPU de cuatro núcleos y 8 GB de RAM deberías poder compilar el sistema sin demasiados problemas de rendimiento. El verdadero escollo no es el hardware, sino el nivel de conocimientos. Si apenas conoces la terminal o llegas desde Windows sin experiencia previa, seguir la documentación de LFS puede convertirse en un muro muy alto.

Por eso, aunque Linux From Scratch sea fascinante para usuarios avanzados o para quien quiera entender Linux «al desnudo», es una mala elección como primer contacto con el ecosistema. Es mucho más recomendable empezar con distros como Ubuntu, Linux Mint, Fedora o similares, y dejar LFS como un reto para más adelante, cuando tengas más soltura.

Gentoo: potencia máxima a cambio de compilarlo todo

Gentoo es famosa por su filosofía: todo se compila desde el código fuente para adaptarse al máximo a tu máquina. El resultado, bien afinado, puede ser un sistema muy optimizado y rápido, con paquetes ajustados a la arquitectura y a tus preferencias exactas. Pero esa misma idea es la que lo coloca entre las distros más complicadas.

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Si alguna vez has intentado compilar un solo programa desde código, ya sabrás lo que es perseguir cadenas de dependencias que parecen no acabar nunca: instalas una librería, necesitas otra, luego otra más, y así sucesivamente. Gentoo traslada esa dinámica a gran parte del sistema: desde el propio entorno base hasta muchas aplicaciones.

La potencia que te da Portage (su sistema de paquetes) y los famosos USE flags es enorme, pero también implica tener claro qué quieres activar, qué quieres desactivar y qué efectos tendrá cada cambio. Para alguien que aún no domina los conceptos básicos de Linux, esto es pedir demasiado y puede provocar un choque brutal con el sistema.

En la práctica, Gentoo se disfruta cuando ya dominas el uso de la consola, entiendes bien el tema de dependencias y te apetece invertir horas en configurar el sistema a tu gusto. Antes de llegar a ese punto, lo más sensato es no acercarse a Gentoo como primera distro, porque la frustración está prácticamente garantizada.

Arch Linux: libertad total, instalación poco amigable

Arch Linux se ha hecho muy conocido por su lema «Keep It Simple», pero esa «simplicidad» se refiere a la filosofía interna, no precisamente a la experiencia de un usuario novato. Es una distribución ligera, con requisitos mínimos modestos, y su enfoque rolling release te da acceso constante a las versiones más recientes de los programas.

El gran problema para quien empieza es el proceso de instalación y configuración inicial. Durante años, instalar Arch significaba hacerlo todo desde la línea de comandos, sin asistente gráfico. Hoy en día existe la herramienta archinstall, que simplifica parte del proceso haciendo preguntas y automatizando algunos pasos, pero aun así hay que tener claras muchas decisiones técnicas.

Arch te permite montar tu sistema desde la base: eliges qué instalar, qué escritorio usar, qué servicios habilitar, cómo gestionar el particionado… Esa libertad es una maravilla cuando ya sabes lo que haces, pero para alguien recién llegado es muy fácil perderse entre documentación, comandos y opciones que no comprende.

Además, Arch utiliza su propio gestor de paquetes, Pacman, con una sintaxis particular y una forma de gestionar las dependencias distinta a las distros basadas en Debian. No es complicado cuando te acostumbras, pero suma otra capa de aprendizaje que quizá no quieres afrontar justo al inicio.

Slackware: veteranía y estabilidad, a cambio de hacerlo casi todo a mano

Slackware es una de las distribuciones más veteranas del ecosistema Linux y goza de fama de ser muy estable y conservadora en sus actualizaciones. Eso tiene sus ventajas: menos cambios bruscos, menos sorpresas y un sistema que suele ser rocoso una vez configurado.

El reverso de esa moneda es que Slackware no incorpora muchas de las comodidades modernas a las que se han acostumbrado los usuarios de otras distros. No hay tanta automatización en las actualizaciones, el sistema de paquetes (slackpkg) exige que seas tú quien gestione con cuidado qué se instala y qué se borra, y no existe una resolución automática de dependencias al estilo de APT o DNF.

Para instalar y mantener software en Slackware tendrás que leer mucha documentación, recurrir a páginas de manual y entender bien qué está pasando. Es una distro fantástica para quienes valoran ese control y no les importa invertir tiempo, pero es tremendamente poco amigable para quien llega buscando algo similar a pulsar «Instalar» en una tienda de aplicaciones.

NixOS: configuración declarativa para usuarios muy metódicos

NixOS es una distro con un enfoque muy peculiar: todo el sistema se gestiona mediante una configuración declarativa en archivos de texto. En vez de ir tocando cosas de forma puntual, defines cómo quieres que sea el sistema y NixOS se encarga de dejarlo en ese estado. Es potencia pura para quien ama la reproducibilidad y la limpieza, pero también un reto.

Su gestor de paquetes, Nix, es único y obliga a pensar la configuración de cada componente: interfaz gráfica, red, servicios, seguridad, etc. Además, la instalación de software no libre requiere pasos adicionales, como ajustar la opción nixpkgs.config.allowUnfree = true en el archivo /etc/nixos/configuration.nix, algo que puede sonar a chino para quien acaba de aterrizar en Linux.

La documentación oficial ayuda y existen buscadores como search.nixos.org que facilitan encontrar cómo instalar un programa concreto, pero aun así el sistema exige un cambio mental fuerte respecto a las distros clásicas. Si lo que quieres es instalar Linux, abrir el navegador y seguir con tu vida, NixOS no es la mejor puerta de entrada.

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Void Linux: independencia total… y más curva de aprendizaje

Void Linux es otra distribución que se sale de lo habitual porque no está basada en ninguna otra: se construyó desde cero. Esa independencia se nota en decisiones como el uso del gestor de paquetes xbps o la renuncia a systemd como sistema de inicio en favor de alternativas como runit u OpenRC.

El gestor de paquetes xbps tiene una sintaxis propia, con comandos como sudo xbps-install -S paquete para instalar software. También permite compilar a partir del código fuente mediante xbps-src, clonando repositorios y usando órdenes específicas para construir e instalar paquetes. Esto da flexibilidad, pero supone otra barrera más para quien esperaba algo más «plug and play».

Aunque Void soporta tecnologías como Flatpak, lo que facilita la instalación de aplicaciones modernas, no ofrece de serie interfaces gráficas tan pulidas ni asistentes como otras distros más populares. Y al no usar systemd, mucha de la información disponible en Internet no encaja directamente: buena parte de tutoriales y guías dan por hecho que tu sistema usa systemd.

Todo ello convierte a Void Linux en una opción interesante para usuarios que quieran explorar alternativas diferentes, aprender y jugar con la arquitectura del sistema, pero claramente desaconsejable como punto de partida para alguien que aún no ha memorizado ni los comandos básicos.

OpenBSD: ultra seguro, pero no es Linux y no es para novatos

Aunque no se trata de una distribución Linux, OpenBSD suele aparecer en muchas listas de alternativas libres, sobre todo cuando se habla de seguridad y robustez. Es un sistema derivado de la familia BSD, extremadamente cuidadoso con las vulnerabilidades y con una filosofía muy centrada en el código auditado y en minimizar riesgos.

Para tareas como servidores muy sensibles o proyectos donde la seguridad es prioritaria, OpenBSD es una opción fantástica. Sin embargo, para una persona que simplemente quiere reemplazar Windows 10 en un PC antiguo y tener un entorno de escritorio sencillo, es una mala idea empezar por aquí.

OpenBSD requiere comodidad con la línea de comandos, entender bien su forma particular de configurar servicios y asimilar que no es Linux: muchas guías, paquetes y tutoriales que funcionan en Debian, Ubuntu o Fedora no servirán aquí. Por eso, aunque merezca una mención, no debería estar en la lista de opciones para tu primer contacto con el software libre.

Lo que sí deberías buscar si eres principiante

En contraste con todo lo anterior, hay distros que han hecho un trabajo excelente a la hora de simplificar la instalación y el uso cotidiano. Ubuntu, Linux Mint, Zorin OS, Fedora o incluso derivadas amigables de Arch como Manjaro son ejemplos de sistemas que puedes instalar, actualizar y usar sin necesidad de pelearte demasiado con la terminal.

Según recopilaciones como la de Distrowatch, hoy en día hay cientos de distribuciones activas, cada una con su público: algunas muy técnicas y espartanas, otras llenas de detalles visuales, algunas orientadas a videojuegos o al pentesting, y otras pensadas para ofimática básica y navegación. Y si no encuentras exactamente lo que necesitas, siempre existe la posibilidad de crear tu propia derivada a partir de bases consolidadas como Debian o la propia Ubuntu.

Esa diversidad también alimenta las típicas discusiones de la comunidad: batallas dialécticas sobre qué distribución es más difícil, qué escritorio es mejor o cuál ofrece el rendimiento más alto. Igual que las guerras eternas entre editores como vi y emacs, o entre entornos como KDE y GNOME, las peleas entre fans de diferentes distros forman parte del folklore linuxero.

Si eres nuevo, lo sensato es apartarse un poco de esas guerras y priorizar una distro que te permita aprender sin machacarte: algo con instalador gráfico, buena documentación, comunidad activa y soporte suficiente de hardware. Ya habrá tiempo de experimentar con Linux From Scratch, Gentoo o NixOS cuando domines la consola y te apetezca ir un paso (o varios) más allá.

Entre distros que ponen en jaque la privacidad, sistemas concebidos como herramientas del estado para vigilar cada archivo, proyectos con infraestructuras de activación mal diseñadas e iniciativas pensadas como retos técnicos extremos, hay un nutrido grupo de opciones que es mejor dejar aparcadas al principio. Elegir una distribución sencilla, bien soportada y honesta en su planteamiento marca la diferencia entre odiar Linux a la primera de cambio o descubrir un sistema versátil, potente y lleno de posibilidades que, bien escogido, puede hacer que te olvides de Windows durante muchos años.

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