Información que no protege una VPN y riesgos que sigues teniendo

Última actualización: 14/01/2026
Autor: Isaac
  • Una VPN mejora la privacidad, pero no te vuelve invisible ni sustituye a un antivirus o buenas prácticas de seguridad.
  • Tu identidad al iniciar sesión, lo que publicas en redes, foros o apps y los datos robados por malware no quedan protegidos por la VPN.
  • Las VPN tienen riesgos y limitaciones propias: cifrado débil, registros, fugas de IP/DNS, apps maliciosas y mala configuración.
  • Combinar una VPN fiable con antivirus, autenticación fuerte y sentido común al navegar es clave para reducir la exposición.

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Usar una VPN se ha vuelto casi sinónimo de privacidad en Internet para mucha gente, pero la realidad es bastante más matizada y requiere buenas prácticas de higiene digital. Una VPN puede ayudarte mucho a la hora de cifrar tu conexión y ocultar tu IP, aunque eso no significa que te convierta en anónimo absoluto ni que estés blindado frente a todos los peligros online.

Conviene tener claro qué información NO protege una VPN, qué huecos de seguridad permanecen abiertos aunque la actives, y qué riesgos adicionales introducen las propias VPN si se elige mal el proveedor o se configura de manera deficiente. Saber esto te permitirá usarla con cabeza y acompañarla de otras medidas de seguridad imprescindibles.

Qué es realmente una VPN y qué sí protege

Una red privada virtual crea un túnel cifrado entre tu dispositivo y un servidor remoto. En lugar de conectarte directamente a una web o a una app, tu tráfico va primero al servidor VPN, que lo reenvía a su destino. Durante ese recorrido los datos viajan cifrados, y hacia el exterior se ve la IP del servidor, no la tuya.

Esto aporta dos ventajas principales: por un lado, ocultar tu dirección IP real, lo que complica el rastreo directo de tu conexión; por otro, proteger la información que viaja sobre redes poco confiables, especialmente Wi‑Fi públicas en cafeterías, aeropuertos, hoteles o bibliotecas, donde cualquiera podría intentar espiar el tráfico sin cifrar.

Además, la VPN permite sortear bloqueos geográficos y cierta censura, ya que te “sitúa” virtualmente en otro país. Es decir, es una herramienta fantástica para ganar privacidad y flexibilidad, pero en ningún caso es un escudo absoluto contra todos los ataques ni contra tus propios descuidos.

Debes considerar también que no todas las VPN son iguales: hay servicios de pago con buenas políticas de no registros y protocolos modernos, y hay VPN gratuitas que viven de recolectar y vender tus datos, mostrar publicidad agresiva o incluso colar malware. Elegir bien el proveedor es casi tan importante como decidir usar VPN; consulta listas de agencias de ciberseguridad para informarte.

Información que NO protege una VPN de tu actividad online

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Aunque el túnel cifrado hace mucho, hay bastante información que sigue estando expuesta de una forma u otra. Entender estos límites te ahorra sustos y sobre todo falsas expectativas.

Tu identidad al iniciar sesión en cuentas y servicios

En cuanto introduces usuario y contraseña en Gmail, tu banco, Amazon, redes sociales o cualquier otro servicio, esa plataforma sabe exactamente quién eres, uses VPN o no. La VPN solo oculta tu IP real a ojos de terceros, pero el servicio en el que inicias sesión sigue viendo tu cuenta, tu historial y tus datos asociados.

Por ejemplo, puedes entrar a tu banca online con una IP de otro país gracias a la VPN, pero el banco sigue viendo tu perfil, movimientos y datos fiscales. Lo mismo sucede con tu correo, tus cuentas de streaming o cualquier web con la que ya tengas una identidad registrada.

Información que publicas en redes sociales

Todo lo que compartes voluntariamente en Facebook, Instagram, X, TikTok o LinkedIn no lo protege ninguna VPN; por ejemplo, usar el modo efímero de Instagram puede reducir la exposición temporal de ciertas publicaciones. Si publicas tu ciudad, tu lugar de trabajo, fotos de tu casa o detalles de tu vida cotidiana, esa exposición viene de tu propia actividad, no de la IP.

Incluso aunque tengas la conexión cifrada, cualquiera con acceso a tu perfil (amigos, seguidores, contactos laborales, etc.) puede ver esa información. Y las propias plataformas siguen construyendo un perfil publicitario en base a tus interacciones, gustos y tiempo de permanencia, independientemente del uso de VPN.

Para reducir riesgos aquí, lo que marca la diferencia es configurar bien la privacidad de las cuentas, limitar quién puede ver tus publicaciones y pensar muy bien qué datos personales compartes. La VPN no puede despublicar lo que tú ya has publicado.

Datos que dejas en foros, comentarios y otros espacios públicos

Cuando participas en foros, listas de correo, comentarios de blogs o grupos públicos, cualquier dato personal que escribas queda expuesto: nombres, correos, teléfonos, direcciones postales o detalles de tu empresa. Aunque entres vía VPN, si tú mismo pones esa información en texto plano, será visible para cualquiera que consulte esa página.

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Además, muchos de esos contenidos se indexan en buscadores y quedan archivados durante años. Un comentario ingenuo de hace una década puede reaparecer hoy en una búsqueda con tu nombre o tu alias, y en eso una VPN no puede hacer nada: la información ya está publicada y asociada a tu usuario del foro.

Actividad dentro de las aplicaciones que usas

La VPN cifra el tráfico entre tu dispositivo y el servidor, pero no controla qué hace el propio software instalado en tu móvil u ordenador. Hay apps que recopilan contactos, identificadores de dispositivo, patrones de uso o incluso geolocalización y los envían a sus servidores o a terceros. En Windows, características como Smart App Control pueden ayudar a limitar la ejecución de aplicaciones maliciosas.

Si una aplicación decide rastrear tu comportamiento y monetizar tus datos, el uso de VPN no evita que lo haga. Lo único que cambia es la IP desde la que aparentemente se conectan, pero el proveedor de la app sigue pudiendo vincular la actividad a tu cuenta, a tu teléfono y a otros identificadores persistentes.

Lo que pueda robar el malware del sistema

Si tu equipo está infectado con un troyano, un keylogger o cualquier otro tipo de malware, la VPN no sirve de barrera. Ese software malicioso actúa directamente dentro de tu dispositivo, capturando lo que tecleas, tomando capturas de pantalla o robando contraseñas almacenadas, y luego envía la información cifrada o no a su servidor de mando. Herramientas como Process Hacker permiten investigar procesos sospechosos en sistemas Windows.

Una VPN cifra el tráfico hacia el exterior, pero no elimina virus, ni bloquea ransomware, ni detecta programas espía. Para eso necesitas un buen antivirus actualizado, sistemas de detección de malware y, sobre todo, cuidado con lo que descargas, instalas o ejecutas.

Límites de la VPN frente a malware, hackers y navegación privada

Aunque se vende muchas veces como la panacea, una VPN no sustituye un paquete de seguridad completo ni las funcionalidades de un antivirus. Cada herramienta cubre una parte distinta del problema.

VPN vs virus, troyanos y demás malware

La VPN se centra en cifrar y encaminar tu tráfico, no en analizar archivos ni bloquear comportamientos sospechosos en el sistema. Si descargas un adjunto malicioso, instalas un programa pirata infectado o entras en una web de phishing y facilitas tus claves, la VPN no evita la infección ni el robo de credenciales.

Por eso es fundamental combinar el uso de VPN con soluciones de seguridad clásicas: antivirus, antimalware, actualización periódica del sistema operativo y de las aplicaciones, y una buena política de contraseñas y copias de seguridad.

Modo incógnito del navegador vs VPN

La navegación privada de Chrome, Firefox, Edge, Safari u Opera solo evita que el navegador guarde el historial, las cookies y formularios en tu dispositivo. No impide que tu proveedor de Internet, la red corporativa o las webs que visitas vean lo que haces. Configurar el navegador correctamente ayuda a minimizar huellas; por ejemplo, sigue una guía sobre configurar el navegador web para mejorar la seguridad y privacidad.

De hecho, errores de software, extensiones maliciosas o ciertas APIs web pueden llegar a filtrar parte de la actividad incluso en modo privado. Aquí la VPN sí marca una diferencia a nivel de red, ya que cifra el tráfico y oculta tu IP real frente al ISP y otros intermediarios, pero aun así las webs siguen pudiendo identificarte por cuenta, cookies o fingerprint del navegador.

Qué ve tu proveedor de Internet sin VPN

Si no usas ningún tipo de túnel cifrado, tu ISP ve con qué IPs te comunicas, a qué horas, cuánto tráfico consumes y en muchos casos qué dominios consultas a través de DNS. En algunos países está permitido que estos datos se revendan a anunciantes o se entreguen a terceros bajo requerimiento legal.

Al activar la VPN, el ISP solo ve que te conectas a un servidor de la VPN, pero a partir de ahí pierde visibilidad del resto del recorrido. Aun así, el proveedor de VPN pasa a ocupar ese lugar privilegiado, así que si eliges uno poco fiable, simplemente cambias de quién depende tu privacidad.

Riesgos y limitaciones propias de las VPN

Además de lo que no te protegen, las VPN pueden introducir sus propios problemas de seguridad si no se gestionan bien o se opta por soluciones de mala calidad. No todo es color de rosa.

Cifrado débil o protocolos obsoletos

Algunos servicios siguen usando protocolos antiguos como PPTP o configuraciones de cifrado con claves demasiado cortas o mal implementadas. En esos casos, un atacante con los recursos adecuados podría llegar a descifrar parte del tráfico y romper la confidencialidad del túnel.

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Para minimizar este riesgo, conviene apostar por protocolos modernos como OpenVPN, IKEv2/IPsec o WireGuard, bien configurados y actualizados, evitando opciones anticuadas que se mantienen solo por compatibilidad con dispositivos muy viejos.

Políticas de registros y falta de privacidad real

Un problema frecuente es que ciertas VPN, sobre todo gratuitas, mantienen registros extensos de la actividad de los usuarios: IP de origen, tiempos de conexión, dominios consultados e incluso qué páginas visitas. Esos registros pueden ser robados, vendidos a terceros o entregados a requerimiento.

Muchas se anuncian como “no‑logs”, pero luego en la letra pequeña admiten que guardan datos para análisis, marketing o resolución de incidencias. Aquí es clave revisar a fondo la política de privacidad y, si es posible, elegir proveedores que hayan pasado auditorías independientes de su política de no registros.

Fugas de DNS e IP

Si la VPN está mal configurada, puede producirse una fuga de DNS: las consultas de nombres de dominio salen por fuera del túnel y van directas al servidor DNS del ISP. En la práctica, eso expone los sitios que visitas incluso aunque el resto del tráfico sí esté cifrado.

También pueden darse fugas de IP cuando la conexión a la VPN se cae y tu dispositivo vuelve automáticamente a usar tu conexión normal sin que te des cuenta. Si la VPN no tiene un buen “interruptor de emergencia” (kill switch), parte de tu tráfico puede quedar expuesto durante ese tiempo.

Aplicaciones VPN con malware o adware

En el terreno de las VPN gratuitas abundan las apps que incluyen publicidad muy agresiva, rastreadores o directamente malware. Varios estudios han detectado que un porcentaje nada despreciable de las VPN para Android incorporan código malicioso o permisos exagerados.

Instalar una de estas herramientas desde repositorios dudosos puede convertir tu móvil u ordenador en parte de una botnet, abrir puertas traseras o capturar tus datos sensibles. Siempre es mejor descargar solo desde fuentes oficiales y priorizar servicios con buena reputación y auditorías públicas.

Protocolos vulnerables y software sin parches

Al igual que cualquier otro software, los clientes y servidores VPN pueden tener vulnerabilidades que se corrigen con actualizaciones. Si el proveedor tarda en distribuir parches o tú no actualizas el cliente, un atacante podría explotar esos fallos.

Lo ideal es mantener la app de la VPN, el sistema operativo y el resto de programas al día, activando las actualizaciones automáticas siempre que se pueda, sobre todo en entornos corporativos con acceso remoto crítico.

VPN gratuitas vs VPN de pago: privacidad y seguridad

La diferencia entre una VPN gratuita y una de pago no es solo el precio: afecta directamente a cómo se tratan tus datos, a la velocidad de conexión y al nivel de protección que realmente obtienes.

Ventajas e inconvenientes de las VPN gratuitas

Lo más evidente es el coste: no pagas dinero por usarlas. Pueden servir para pruebas puntuales o para saltar una restricción geográfica muy concreta, pero suelen venir con letra pequeña importante.

Muchas de ellas monetizan recopilando actividad de navegación, identificadores y métricas de uso, que luego se venden a anunciantes y brokers de datos. También es habitual que utilicen cifrado más débil, que tengan pocos servidores saturados y que limiten brutalmente el ancho de banda.

Otro punto problemático es la publicidad invasiva y los rastreadores integrados. Al favorecer la inserción de anuncios de terceros, aumentan el riesgo de malware y ralentizan todavía más la conexión. Y todo ello para acabar con una “privacidad” bastante discutible.

Características habituales de las VPN de pago

Las VPN de pago serias suelen ofrecer cifrado robusto, protocolos modernos y una política de no registros mucho más estricta, en ocasiones auditada por terceros. Su modelo de negocio se basa en la suscripción, no en comerciar con tus datos.

Además, disponen de más servidores repartidos por muchos países, con mejor velocidad y estabilidad, sin capar el ancho de banda. Suelen añadir funciones de seguridad extra como kill switch, protección frente a fugas de DNS y, en algunos casos, bloqueo básico de malware o publicidad.

A cambio, hay que pagar una cuota, algo que puede echar para atrás a algunos usuarios, pero en términos de relación entre coste y privacidad suele compensar si de verdad te importa proteger tus datos.

Riesgos de las VPN en entornos corporativos y trabajo remoto

En el mundo empresarial, las VPN se usan mucho para que los empleados accedan a la red interna desde fuera de la oficina. Esto facilita enormemente el teletrabajo, pero también abre un frente de riesgos que a menudo se pasan por alto.

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Acceso de “todo o nada” a la red

El modelo tradicional de VPN corporativa suele ser binario: o entras a toda la red o no entras. Si un atacante consigue las credenciales de un empleado (por phishing, malware o ingeniería social), puede moverse por la red interna con los mismos permisos que esa persona.

Esto complica mucho dar acceso limitado a proveedores externos o contratistas, ya que una vez dentro de la VPN tienen visibilidad sobre recursos que quizá no deberían ver, aumentando la superficie de ataque.

Conexiones desde dispositivos comprometidos

Otro problema es que la mayoría de soluciones VPN permiten conectarse desde prácticamente cualquier dispositivo, incluidas máquinas personales mal protegidas, con sistemas sin actualizar o infectadas.

Si un trabajador se conecta a la VPN corporativa desde un portátil con malware, ese código malicioso tiene ahora un puente directo a la red interna, pudiendo propagar infecciones, robar documentos o realizar movimientos laterales.

Dificultad de administración y mantenimiento

Gestionar una flota grande de clientes VPN puede ser un dolor de cabeza: hay que desplegar, configurar y actualizar el software en muchos equipos, a menudo con diferentes sistemas operativos y niveles de permisos.

Si algún cliente se queda desactualizado o mal configurado, se convierte en un eslabón débil que puede romper la seguridad de toda la organización. Y muchas soluciones no ofrecen herramientas potentes de administración centralizada, lo que obliga a un trabajo manual nada trivial.

Zero Trust y alternativas como el acceso remoto

Frente a este modelo clásico, cada vez más empresas se mueven hacia arquitecturas de seguridad de confianza cero (Zero Trust), donde nadie se considera de fiar por defecto, ni siquiera si está “dentro” de la red.

Esta filosofía implica exigir múltiples factores de autenticación, segmentar los recursos y conceder solo el acceso mínimo necesario. En lugar de que todo pase por una VPN que abre la puerta a toda la red, se tiende a soluciones como software de acceso remoto a escritorios concretos o aplicaciones específicas, manteniendo los datos sensibles dentro del entorno corporativo y controlando mejor quién accede a qué.

Buenas prácticas para usar una VPN sin ir vendido

Con todo lo anterior, lo sensato no es dejar de usar VPN, sino utilizarla sabiendo qué hace y qué no, y acompañarla de otras medidas clave para que de verdad mejore tu seguridad.

Elegir bien el proveedor

Antes de instalar nada, dedica tiempo a comprobar qué política de privacidad tiene la VPN, qué protocolos usa y dónde están sus servidores. Desconfía de las soluciones 100 % gratuitas que prometen milagros.

Busca referencias independientes, reseñas técnicas y, si es posible, servicios que hayan pasado auditorías externas sobre su política de registros. Evita instalar apps VPN desde repositorios poco fiables o enlaces que te lleguen por correo o mensajería.

Mantener todo actualizado

Tan importante como la VPN en sí es que tu sistema operativo, navegador, antivirus y aplicaciones estén al día. Muchas brechas de seguridad explotan fallos ya conocidos para los que existe parche hace tiempo. En macOS conviene además configurar copias con Time Machine para asegurar que puedes recuperar el sistema ante un incidente.

Activa las actualizaciones automáticas siempre que sea viable y no dejes eternamente esos reinicios pendientes, porque en ellos suelen ir incluidas correcciones críticas de seguridad que te protegen mucho más que cualquier túnel cifrado.

Autenticación fuerte y sentido común al navegar

Use o no VPN, tu mayor escudo sigue siendo no caer en phishing, no compartir datos sensibles a la ligera y usar contraseñas robustas, idealmente gestionadas con un gestor de contraseñas y reforzadas con autenticación en dos pasos.

A la hora de conectarte a redes Wi‑Fi públicas, activa la VPN, pero aun así evita acceder a servicios críticos si sospechas de la red, y comprueba siempre que las webs usan HTTPS legítimo, no imitaciones.

Una VPN es una pieza más del puzle: protege tu tráfico y tu IP, pero no tu identidad en las cuentas donde entras, ni los datos que tú mismo publicas, ni los errores que puedas cometer descargando archivos peligrosos o confiando en servicios poco fiables. Entender estos límites te permite sacarle partido sin caer en la falsa sensación de invulnerabilidad que, paradójicamente, es uno de los mayores riesgos al usarla.

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