- Windows 10 y 11 consumen ancho de banda en segundo plano con actualizaciones, sincronizaciones y servicios que pueden ralentizar tu conexión.
- Las opciones integradas como Conexión de uso medido, límites de datos y Optimización de entrega permiten reducir y controlar el uso de Internet.
- Funciones avanzadas como QoS y políticas de grupo ayudan a ajustar el ancho de banda reservado en versiones Pro y Enterprise de Windows.
- Herramientas externas como TMeter o NetBalancer permiten limitar la velocidad por aplicación y priorizar el tráfico realmente importante.

Si notas que tu conexión va a tirones, los vídeos se paran, las descargas nunca pasan de cierta velocidad o los juegos online se vuelven injugables, es bastante posible que parte del problema esté en tu propio Windows y no tanto en tu operador de Internet. El sistema trae un montón de funciones que tiran de la red en segundo plano sin que te enteres.
Además, si tienes una tarifa de datos limitada —por ejemplo, compartiendo Internet desde el móvil o con un plan de fibra o 4G con tope mensual— es clave controlar y limitar el uso de datos para no pagar de más ni quedarte sin conexión antes de tiempo. La buena noticia es que Windows 10 y Windows 11 incluyen varias herramientas para recortar ese consumo y, si hace falta, siempre puedes apoyarte en programas externos para controlar al milímetro qué aplicaciones usan tu ancho de banda.
Por qué Windows puede “comerse” tu ancho de banda
Windows 10 y Windows 11 están pensados para estar siempre conectados: se actualizan solos, sincronizan archivos en la nube, revisan cada dos por tres si hay nuevas versiones de tus apps y ejecutan servicios internos que también necesitan Internet. El resultado es que, aunque tú no estés haciendo nada con el navegador, el sistema sigue usando la red en segundo plano.
Entre los mayores responsables de este consumo silencioso están las actualizaciones de Windows Update, la función de Optimización de entrega (que comparte actualizaciones con otros equipos mediante P2P), la sincronización de OneDrive, las apps de la Microsoft Store y otros procesos de sistema que van pidiendo datos de forma continua.
Cuando todo eso coincide con tus propias tareas —jugar online, ver series, hacer videollamadas o descargar archivos pesados— la conexión se resiente: sube el ping en los juegos, baja la calidad de los vídeos en streaming, aparece el famoso “buffering” y las descargas tardan una eternidad aunque tu test de velocidad diga que contratas muchos Mbps.
Si además tienes una conexión limitada (datos móviles, radio, satélite o una fibra barata con tope), todo este uso en segundo plano no solo afecta al rendimiento, sino que puede llevarte a superar el límite de datos, con recargos en la factura o reducción drástica de velocidad por parte de tu proveedor.
Conexión de uso medido: la base para limitar datos en Windows
Para este tipo de situaciones, Microsoft incluye desde hace varias versiones la opción de marcar una red como Conexión de uso medido. Lo que hace esta función es decirle al sistema “esta conexión tiene datos limitados, compórtate con cuidado”, y a partir de ahí Windows recorta su actividad en segundo plano y reduce el tráfico innecesario.
En Windows 10, puedes activarlo desde Configuración > Red e Internet. Dentro, selecciona la categoría Wi‑Fi o Ethernet (según cómo estés conectado). Si es Wi‑Fi, entra en “Administrar redes conocidas”, elige la red que te interesa y pulsa en “Propiedades”. En esa pantalla verás la casilla de Uso medido, que es la que tienes que activar para que esa red sea tratada como conexión limitada.
En Windows 11, el camino es similar: ve a Configuración > Red e Internet, toca sobre la red Wi‑Fi o Ethernet a la que estás conectado y entra en “Propiedades”. Ahí encontrarás el interruptor para activar la opción Conexión de uso medido, que viene desactivada por defecto y que cambia de inmediato el comportamiento del sistema.
Cuando una red está marcada como de uso medido, Windows deja de descargar ciertas actualizaciones automáticamente, limita las sincronizaciones constantes y reduce el tráfico que no es esencial. Notarás que se vuelven algo más conservadoras las descargas automáticas y determinadas características pueden funcionar de manera algo diferente a la habitual.
Justo debajo de esa opción, tanto en Windows 10 como en Windows 11, verás un ajuste llamado algo así como “Establecer un límite de datos para ayudar a controlar el uso de datos en esta red” o “Especificar límite”. Desde ahí podrás configurar un tope concreto de consumo.
Cómo poner un límite de datos en Windows 10 y Windows 11
Además de marcar una red como de uso medido, Windows permite definir un límite de datos para cada conexión. Esto es especialmente útil si compartes datos desde el móvil, si tienes un plan de Internet con tope mensual o si quieres controlar lo que consume un ordenador concreto (por ejemplo, el que usan los peques de la casa).
Cuando pulsas en “Establecer límite” o “Especificar límite”, se abre una ventana con varias opciones. Puedes elegir si el límite será mensual, semanal, diario, solo una vez o, incluso, configurar la opción sin límite para tener el seguimiento sin bloqueos pero con avisos de consumo. Además, puedes decidir si el tope se aplicará a todas las redes o únicamente a una red específica (algo útil si te conectas a diferentes Wi‑Fi o a redes móviles).
En ese mismo cuadro de configuración, Windows te deja escoger si vas a introducir el límite en MB o en GB, de manera que puedas ajustarlo a la franquicia de tu tarifa. Por ejemplo, si tu plan de datos móviles es de 20 GB, puedes fijar 20 GB como límite mensual y, si quieres, dejar un pequeño margen de seguridad bajando algo esa cifra.
Una vez guardado el límite, el sistema empieza a registrar el consumo y te mostrará cuánto llevas gastado en los últimos 30 días, 7 días o 24 horas, dependiendo de cómo filtres las estadísticas. Desde esa pantalla verás un listado detallado de aplicaciones ordenadas por la cantidad de datos consumidos, lo que permite detectar programas especialmente “tragones”.
Conviene revisar esa lista de vez en cuando para localizar apps que gastan más datos de lo razonable (juegos que se actualizan constantemente, programas de copia en la nube, clientes P2P, etc.) y decidir si te interesa limitar su actividad en segundo plano, cerrarlas cuando no las uses o incluso desinstalarlas si ya no te aportan nada.
Ver el consumo de datos y controlar qué aplicaciones gastan más
Para consultar el consumo de Internet en Windows 10 o Windows 11 no necesitas programas externos. El propio sistema ofrece una vista bastante completa del tráfico de los últimos días, todo accesible desde el menú de Configuración.
En ambos sistemas, puedes ir a Inicio > Configuración > Red e Internet y buscar el apartado Uso de datos. En Windows 11 también puedes escribir “Uso de datos” en el buscador de la barra de tareas para llegar directamente. Dentro verás un desglose de lo que has consumido en los últimos 30 días, con la opción de filtrar por Últimos 7 días o Últimas 24 horas, y de seleccionar si quieres ver el tráfico de Wi‑Fi o de Ethernet.
En esa lista aparecen todas las aplicaciones que han usado la conexión, acompañadas de su consumo total de datos (en MB o GB). Así podrás comprobar si el problema real no es tanto el sistema, sino una app concreta (por ejemplo, un cliente de nube, un juego que descarga parches enormes o un programa P2P que se queda trabajando en segundo plano).
También puedes llegar a ese mismo panel desde las propiedades de la red en la que estás conectado: ve a Red e Internet, elige tu Wi‑Fi o Ethernet, entra en “Propiedades” y luego en “Establecer un límite de datos…”. Desde ahí se te mostrará de nuevo el detalle del tráfico por aplicaciones para esa red.
Revisar periódicamente esta información te ayuda a mantener a raya el consumo y a decidir qué necesitas limitar, pausar o desinstalar. Es un paso básico si quieres que el ancho de banda se concentre en tus tareas importantes y no se desperdicie en procesos que no te aportan nada.
Desactivar la Optimización de entrega y limitar Windows Update
Una de las funciones más polémicas de Windows 10 y Windows 11 es la llamada Optimización de distribución (o “Optimización de entrega”). Esta característica convierte tu PC en una especie de servidor P2P que, además de descargar actualizaciones desde Microsoft, las comparte con otros equipos de la red local e incluso con ordenadores de Internet.
En teoría, esto sirve para acelerar la distribución de actualizaciones y ahorrar tráfico en los servidores de Microsoft, pero en la práctica puede terminar usando una buena parte de tu ancho de banda sin que te enteres. Lo más sensato si quieres priorizar tu conexión es desactivarla o, como mínimo, limitar su impacto.
Para hacerlo, abre Configuración con Windows + I y ve a Actualización y seguridad (o a Windows Update en Windows 11). Dentro, entra en “Opciones avanzadas” y luego en “Optimización de distribución” u “Optimización de entrega”. Ahí verás la opción “Permitir descargas de otros equipos”; si la desactivas, tu PC dejará de compartir actualizaciones con otros ordenadores, reduciendo el tráfico P2P.
En esa misma sección suele haber un enlace a “Opciones avanzadas”, donde podrás marcar casillas para limitar el porcentaje de ancho de banda que Windows Update puede utilizar, tanto en primer como en segundo plano. Activando estas opciones y moviendo las barras deslizantes, puedes decidir qué porcentaje máximo de la red se reserva para descargas y cargas de actualizaciones.
Al reducir esos porcentajes, Windows seguirá actualizándose, pero lo hará de forma más gradual, sin acaparar toda tu conexión. Es una forma muy eficaz de evitar picos de consumo que te dejen sin capacidad para jugar, ver vídeos o trabajar mientras el sistema decide actualizarse.
Limitar el ancho de banda reservado con QoS (Pro y Enterprise)
Si usas Windows 11 Pro o Enterprise (y, en general, versiones profesionales de Windows), tienes a tu disposición herramientas más avanzadas para gestionar el ancho de banda, como el Programador de paquetes QoS a través del Editor de directivas de grupo.
Windows reserva por diseño un porcentaje del ancho de banda para tareas internas y servicios del sistema. Esta reserva puede modificarse desde el Editor de directivas (gpedit.msc), lo que permite liberar parte de esa capacidad para tus aplicaciones diarias, especialmente útil si tu conexión no es demasiado rápida.
Para acceder, pulsa las teclas Windows + R, escribe gpedit.msc y pulsa Intro. Dentro del editor, entra en “Configuración del equipo”, luego en “Plantillas administrativas” y después en las opciones de configuración de red. Ahí encontrarás la política llamada “Limitar el ancho de banda reservable”, que es la que controla ese margen que se guarda para procesos del sistema.
Al editar esa política puedes establecer un nuevo porcentaje de ancho de banda reservado. Reducirlo hace que haya más capacidad disponible para el resto de usos, aunque hay que tener en cuenta que, si te pasas recortando, algunas tareas internas de Windows (como ciertas actualizaciones o servicios de calidad de servicio) podrían tardar algo más o comportarse de forma distinta.
Este tipo de ajustes son ideales para usuarios avanzados o entornos profesionales donde se quiere aprovechar al máximo cada mega de la conexión sin renunciar a las funciones de seguridad y mantenimiento del sistema, pero manteniendo todo controlado desde una misma consola.
Programar horarios y límites de descarga para actualizaciones
En versiones recientes de Windows 10, la propia Microsoft también ha añadido más controles para gestionar cuándo y cómo se descargan las actualizaciones, de forma que no te pillen en medio de una clase online, un directo o una partida importante.
Dentro de la configuración de “Optimización de distribución” existen directivas que permiten establecer un horario en el que se limita el ancho de banda de descarga. Estas opciones se suelen configurar desde el Editor de directivas de grupo, sobre todo en entornos corporativos, pero también se pueden usar a nivel doméstico si tienes una edición que lo permita.
Al editar la política de “Establecer horario para limitar el ancho de banda de descarga”, puedes fijar franjas horarias concretas y un porcentaje máximo de ancho de banda a utilizar durante ese intervalo. Así, por ejemplo, podrías dejar que Windows actualice a tope de madrugada, pero que durante el día solo use un pequeño trozo de tu conexión.
Una vez configures las horas y los porcentajes y guardes los cambios con “Aceptar”, las descargas de Windows Update respetarán esos límites tanto en segundo plano como en primer plano. Es una manera muy flexible de compatibilizar las actualizaciones con un uso intensivo de la red sin tener que estar pendiente todo el rato.
Ten en cuenta que, al reducir demasiado la anchura de banda destinada a actualizaciones, estas pueden tardar más tiempo en completarse y algunos parches críticos pueden no instalarse tan rápido como le gustaría a Microsoft, así que conviene encontrar un punto medio que te resulte cómodo.
Controlar OneDrive y otras sincronizaciones en segundo plano
Otra de las fuentes habituales de consumo de red es la sincronización en la nube, especialmente si usas OneDrive para guardar documentos, fotos o copias de seguridad. Al sincronizar de forma constante, este servicio puede estar subiendo y bajando datos todo el tiempo sin que lo veas a simple vista.
Para domar a OneDrive, haz clic derecho en su icono en la bandeja del sistema (zona inferior derecha de la barra de tareas) y entra en “Configuración”. Desde ahí puedes usar la opción “Pausar sincronización” durante 2, 8 o 24 horas, algo muy práctico cuando necesitas todo tu ancho de banda para otra tarea concreta, como una videollamada importante o un directo.
También puedes entrar en la pestaña de “Cuenta” y usar “Elegir carpetas” para reducir la cantidad de contenido que se sincroniza. De esa forma solo se mantendrán al día las carpetas verdaderamente importantes, y el resto de archivos permanecerán en la nube sin estar constantemente subiendo y bajando datos.
Este mismo enfoque se puede aplicar a otras aplicaciones que se sincronicen con la nube (servicios de backup, herramientas de almacenamiento online, clientes de correo que descargan muchos adjuntos, etc.), revisando sus opciones para restringir la sincronización automática cuando estés en una conexión de uso medido.
Limitar ancho de banda de aplicaciones con software de terceros
Aunque Windows ofrece bastantes opciones integradas, hay situaciones en las que necesitas ir un paso más allá y limitar la velocidad de Internet por aplicación, algo que el sistema no permite hacer de forma tan fina en todas sus versiones. Para eso existen herramientas de terceros que funcionan como “traffic shapers”.
Una de las más conocidas es TMeter, pensada para medir y controlar el tráfico en redes Windows. TMeter incluye un motor NAT, un cortafuegos y un módulo de “Traffic Shaper” que permite restringir la velocidad de acceso a Internet de usuarios o programas concretos según reglas muy detalladas (por IP, protocolo, puerto, proceso local, etc.).
Después de instalar TMeter, debes abrir la “TMeter Administrative Console”, seleccionar la interfaz de red que vas a controlar desde la sección “Network Interfaces” y marcar si es una red privada o pública. A continuación, en “Process Definitions” podrás añadir los procesos que quieras limitar indicando su nombre y la ruta al ejecutable correspondiente.
Luego hay que ir a la parte de “Filterset” y crear un nuevo filtro con “Add / Filter”. Dentro de ese filtro, al pulsar en “Add Rule”, podrás elegir “Local process” como origen, seleccionar la definición de proceso que has creado y activar la casilla “Enable Speed Limit / Traffic Shaper”, indicando la velocidad máxima en KBytes/s que se le permite. Tras aplicar los cambios, ese programa quedará limitado a la velocidad que hayas establecido.
Otra alternativa popular es NetBalancer, una herramienta que permite establecer prioridades y límites de ancho de banda por proceso, además de bloquear tráfico y generar estadísticas avanzadas. Una vez instalada, puedes filtrar para ver solo los procesos que están online, ordenar por velocidad de descarga y luego hacer clic derecho en el que quieras controlar para cambiar su “Download priority” o aplicarle un límite concreto.
Si eliges la opción “Limit”, podrás introducir la velocidad máxima en KB/s. Desde ese momento, el programa quedará restringido y no podrá superar ese caudal. Si más adelante quieres eliminar la limitación, basta con cambiar de nuevo la prioridad a “Normal” y el tráfico volverá a comportarse sin tope.
Estas soluciones son muy útiles cuando quieres que ciertas aplicaciones (por ejemplo, un cliente P2P, un juego que actualiza constantemente o un programa de backup) nunca pasen de cierta velocidad de descarga o subida, asegurando que siempre quede ancho de banda libre para el resto del sistema.
Casos típicos en los que limitar el ancho de banda marca la diferencia
Hay varios escenarios en los que aplicar todo lo anterior se nota muchísimo en la experiencia diaria. Por ejemplo, si usas datos móviles compartidos desde tu smartphone para conectar el PC, es casi obligatorio activar la Conexión de uso medido, poner un límite de datos y vigilar el consumo por aplicaciones para no fundirte la tarifa en un día.
Otro caso típico es el de quien comparte la red con varios usuarios o dispositivos: televisores, consolas, móviles, tablets, ordenadores de los niños, etc. Ahí viene muy bien desactivar la Optimización de entrega, limitar Windows Update y usar herramientas como TMeter o NetBalancer para recortar la velocidad de aquellas apps que más abusan de la conexión.
Si eres jugón o haces streaming o clases online, también te interesa controlar el ancho de banda: cualquier pico de consumo en segundo plano puede disparar el ping o cortar el vídeo. Configurar horarios de descarga para las actualizaciones, pausar OneDrive cuando vas a jugar o priorizar tus apps críticas te evitará muchos disgustos.
En entornos profesionales o con Windows 11 Pro/Enterprise, ajustar el ancho de banda reservable vía QoS y definir directivas de actualización más estrictas ayuda a que la red de la oficina vaya fluida, evitando que un aluvión de parches colapse la conexión en plena jornada de trabajo.
Con todas estas medidas —desde las opciones integradas de Windows hasta el uso de programas especializados— es posible tener un control bastante fino sobre qué se lleva tu ancho de banda, cómo se reparte entre aplicaciones y cuándo pueden actualizarse o sincronizarse, lo que se traduce en una conexión más estable, menos lag, menos cortes y menos sorpresas en la factura de Internet.
Redactor apasionado del mundo de los bytes y la tecnología en general. Me encanta compartir mis conocimientos a través de la escritura, y eso es lo que haré en este blog, mostrarte todo lo más interesante sobre gadgets, software, hardware, tendencias tecnológicas, y más. Mi objetivo es ayudarte a navegar por el mundo digital de forma sencilla y entretenida.