Cómo limitar el estado máximo del procesador para bajar temperatura en portátiles

Última actualización: 28/01/2026
Autor: Isaac
  • Limitar el estado máximo del procesador y/o la frecuencia turbo reduce de forma notable las temperaturas sin perder demasiado rendimiento.
  • El undervolt y el ajuste de los límites de potencia permiten eliminar el thermal throttling y mantener frecuencias estables durante más tiempo.
  • Una buena combinación de perfiles de energía y mantenimiento físico (limpieza, bases refrigeradoras) mejora tanto el confort como la vida útil del portátil.

como saber frecuencia de cpu en pc-6

Cuando un portátil se calienta más de la cuenta, no solo es incómodo: la vida útil de los componentes se acorta, el rendimiento baja y los ventiladores se disparan. Si juegas, editas vídeo o simplemente usas el equipo muchas horas al día, ese calor extra acaba pasando factura.

Una de las formas más efectivas de controlarlo en Windows es ajustar el “estado máximo del procesador” y otras opciones de energía para domar el turbo/boost, combinándolo con técnicas como undervolt, limitación de frecuencia o pequeños cambios de hardware. Vamos a ver, paso a paso y con bastante detalle, cómo sacarle partido a todo esto para reducir temperaturas sin destrozar el rendimiento.

Por qué tu portátil se calienta tanto: turbo, espacio y física pura

Los portátiles modernos son cada vez más finos y potentes, pero esa combinación tiene truco: menos espacio para disipar calor y más consumo en un chasis muy compacto. En la práctica, la CPU funciona como un pequeño motor al que se le exige casi siempre ir al límite.

En procesadores Intel y AMD, el sistema juega constantemente con dos valores: frecuencia base y frecuencia turbo (o boost). La frecuencia base es la velocidad que el fabricante garantiza de forma continua con una refrigeración razonable, mientras que el turbo es un modo de “sprint” en el que la CPU sube muchos MHz durante periodos cortos, a costa de aumentar consumo y temperatura de forma brutal.

Windows y el firmware de la CPU se coordinan para intentar mantener la frecuencia lo más alta posible según la temperatura, el consumo y la carga. Es decir, por defecto tu portátil va a ir siempre que pueda al máximo, aunque eso signifique estar rozando los 90-100 ºC en juegos o tareas pesadas.

Turbo, estado máximo del procesador y el truco del 99 %

En Windows, uno de los parámetros más influyentes es el llamado “Estado máximo del procesador” dentro de las opciones de energía. Aunque parezca un simple porcentaje, tiene un efecto muy concreto sobre el turbo.

En muchos equipos, sobre todo con CPU Intel, bajar aunque solo sea al 99 % el estado máximo del procesador desactiva el Turbo Boost. No es magia: Windows deja de permitir a la CPU subir por encima de la frecuencia base, y como consecuencia las temperaturas caen de forma notable, aunque también lo hace parte del rendimiento máximo.

Hay usuarios que han comprobado que, al limitar este valor, la frecuencia tope pasa a ser un número mucho más bajo y estable (por ejemplo, alrededor de 2,0-2,1 GHz) y desaparecen esos picos de 95 ºC. Si tu prioridad es enfriar el equipo para ofimática, navegación o uso ligero, es una jugada muy sencilla y segura.

Eso sí, en juegos o cargas exigentes esa pérdida de turbo puede restar fácilmente entre un 15 % y un 25 % de rendimiento. Por eso cada vez tiene más sentido combinar este ajuste con perfiles de energía distintos para cada situación.

Perfiles de energía inteligentes: fresco para uso diario, bestia para jugar

Una estrategia muy práctica consiste en usar varios planes de energía con configuraciones distintas para el procesador, de forma que el portátil se adapte a lo que estás haciendo sin que tengas que pelearte con mil menús cada vez.

En muchos portátiles gaming o de alto rendimiento tienes planes como “Alto rendimiento”, “Equilibrado” y “Silencioso”, y software del fabricante como Omen Gaming Hub. La idea es sencilla: convertir el plan silencioso en “modo fresco” desactivando el turbo, y dejar el modo de alto rendimiento con boost activo pero controlando su frecuencia máxima.

En la práctica se suele hacer algo así: en el plan silencioso se fija el estado máximo del procesador al 99 %, lo que deshabilita el aumento de la CPU y obliga a usar casi siempre la frecuencia base. Eso se traduce en un portátil muy fresco en navegación, trabajo de oficina, descargas o streaming, con ventiladores tranquilos y temperaturas típicas de 40-55 °C.

Para el plan de alto rendimiento se mantiene el boost, pero se limita la frecuencia turbo a un porcentaje del máximo teórico. De este modo, en juegos se consigue prácticamente la misma tasa de FPS que con turbo completamente libre, pero con temperaturas bastante más contenidas.

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Limitar la frecuencia máxima de la CPU en Windows

Además del estado máximo, algunas configuraciones de Windows permiten definir explícitamente un tope en MHz para la CPU. Esta opción no siempre es visible por defecto, pero cuando lo es te da un control fino sobre hasta dónde puede llegar el procesador.

Por ejemplo, imagina un Ryzen 7 5800H con una frecuencia turbo de 4,4-4,45 GHz. Un enfoque inteligente es restringir esa frecuencia a un 80-85 % del máximo, algo como 3,6-3,7 GHz. Usuarios que han hecho esto han visto resultados del estilo:

  • Boost desactivado (solo base): unos 110-115 FPS, 75-77 °C en juegos exigentes.
  • Boost al máximo sin limitar: 140-145 FPS, pero 95-103 °C constantes.
  • Boost activo con frecuencia limitada: ~140 FPS, temperaturas de 79-88 °C.

Es decir, con la frecuencia recortada un poco se mantiene prácticamente el mismo rendimiento que con turbo libre, pero se ganan bastantes grados de margen térmico. El truco está en ir probando valores: partir de ese 80 % del turbo máximo y subir o bajar según veas si sigues ganando rendimiento o solo calor.

Un consejo útil es que cada CPU tiene su “punto dulce”: si subes más la frecuencia limitada y ya no ganas FPS pero sí aumentan las temperaturas, te has pasado; solo estás pagando en calor por un rendimiento que no escala. Retrocede uno o dos pasos de MHz hasta quedarte en el mejor equilibrio.

Mostrar y desbloquear opciones avanzadas de energía en Windows

Windows esconde en el registro algunas opciones finas de gestión del procesador que no siempre aparecen en los planes de energía. Una de ellas es el “Modo de mejora del rendimiento del procesador” (o similares), que controla cómo aplica Windows los modos de rendimiento extendido de la CPU.

Algunos usuarios han conseguido mostrar esta opción entrando en el Registro en una ruta como:

HKEY_LOCAL_MACHINE\SYSTEM\CurrentControlSet\Control\Power\PowerSettings\54533251-82be-4824-96c1-47b60b740d00\be337238-0d82-4146-a960-4f3749d470c7 y cambiando el valor “Attributes” de 1 a 2. Tras esto, en “Administración de energía del procesador” aparece ese modo extra, que se puede deshabilitar para lograr una bajada sensible de temperatura.

Modificar el Registro siempre conlleva cierto riesgo, así que es recomendable tocarlo solo si sabes lo que haces o haces antes una copia de seguridad. Si dudas, siempre tienes alternativas más sencillas como jugar con el estado máximo o los planes de energía sin entrar en el registro.

Medir bien la temperatura: sensores, picos y “bailes” de grados

Antes de liarte a tocar parámetros, conviene tener claro cuánto se calienta realmente tu portátil y cómo se comporta la CPU. Lo habitual es que la temperatura suba y baje en cuestión de segundos, y eso puede confundir si el programa no lo representa bien.

Herramientas como HWMonitor, HWiNFO u Open Hardware Monitor muestran la temperatura instantánea, el máximo, el mínimo y a veces gráficas. Es muy normal que veas saltos de 5-10 °C en cuestión de segundos cuando se activa el turbo o cambian los hilos en carga: 74, 70, 68, 65, 72… El procesador ajusta la frecuencia muchas veces por segundo.

Para tener una visión más clara, resulta muy útil usar monitores con gráficas continuas (HWiNFO en modo gráfico, MSI Afterburner con OSD, etc.) mientras juegas. Así puedes distinguir mejor entre un pico puntual a 90-95 °C en una fracción de segundo y una CPU que se queda “clavada” por encima de 90 °C durante minutos, que es lo realmente preocupante.

Cuándo hay que preocuparse: thermal throttling y TJMax

Cuando las temperaturas se disparan, la propia CPU activa sistemas de protección como el thermal throttling. En Intel, el TJMax (la temperatura máxima admisible) suele rondar 95-100 °C; cuando te acercas a ese límite, el procesador reduce de golpe voltaje y frecuencia para evitar daños.

En la práctica, esto se traduce en que, al iniciar una prueba de estrés o un juego pesado, la CPU arranca a frecuencias muy altas (por ejemplo, 3,8 GHz a 70 W), pero al llegar a 90-95 °C el firmware recorta el TDP y te la encuentras tras un rato larga a 2,8-3,0 GHz y unos cuantos vatios menos.

Si monitorizas con herramientas como HWiNFO verás indicadores específicos: “Thermal Throttling” y “Power Limit Throttling”. Cuando se iluminan o marcan porcentajes notables (por ejemplo, un 20-25 % de tiempo con throttling), significa que tu portátil está viéndose obligado a bajar rendimiento de forma sostenida por exceso de temperatura o falta de margen de potencia.

El objetivo de todos los ajustes que veremos (estado máximo del procesador, limitación de frecuencia, undervolt, etc.) es precisamente llevar la CPU a un punto en el que no necesite entrar en thermal throttling, manteniendo una frecuencia estable durante largos periodos sin llegar a temperaturas críticas.

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Ajustar voltaje y TDP con Intel XTU: undervolt y power limits

Además de las opciones de energía de Windows, en CPUs Intel tienes herramientas dedicadas como Intel Extreme Tuning Utility (Intel XTU), que permiten un control muy fino de voltaje, potencia y frecuencias. Es una opción para usuarios algo más avanzados, pero muy potente.

XTU funciona en Windows y es compatible con casi todos los procesadores Intel. Permite hacer stress tests, overclock en modelos desbloqueados (serie K) y, lo que nos interesa aquí, undervolt y ajuste de límites de potencia en prácticamente todos los portátiles.

Un flujo de trabajo típico sería:

  • Hacer una prueba de estrés inicial sin tocar nada para ver temperaturas, consumo y si aparece thermal throttling.
  • Monitorizar con HWiNFO y XTU la frecuencia real tras varios minutos, el voltaje máximo (por ejemplo, 1,15 V) y los vatios consumidos.
  • Empezar a tocar dos parámetros clave: Core Voltage Offset y Turbo Boost Power Max.

El Core Voltage Offset define un “desplazamiento” del voltaje aplicado a la CPU. Para overclock se sube (valores positivos), pero para undervolt se baja a valores negativos. Lo habitual es reducirlo poco a poco, por ejemplo en pasos de 10 mV, mientras ejecutas una prueba de estrés prolongada.

En muchos portátiles es posible llegar a offsets cercanos a -0,100 V o incluso -0,150 V. En un caso práctico, con -0,100 V ya se consiguió bajar el voltaje máximo de 1,153 V a unos 1,098 V, con una mejora de temperatura y la curiosa consecuencia de que la frecuencia sostenida subió ligeramente (por ejemplo, de 3,0 a 3,2 GHz) porque la CPU dejaba de entrar tan a menudo en throttling.

El segundo parámetro clave es Turbo Boost Power Max, que marca la potencia máxima (en vatios) que la CPU puede consumir en modo turbo. Hay portátiles donde el fabricante es agresivo y fija límites por encima de la especificación oficial para aparentar más rendimiento, a costa de una temperatura brutal.

Por ejemplo, puedes tener una CPU con TDP oficial de 45 W, pero la BIOS la empuja a 52 W o más en turbo prolongado. Reduciendo ese límite a valores cercanos al TDP real (por ejemplo, 37-40 W) se consigue que la CPU mantenga una frecuencia más moderada pero estable (3,0-3,1 GHz) sin alcanzar los 90 y pico grados y sin activar thermal throttling.

Durante este proceso es normal que, si bajas demasiado el voltaje o la potencia, puedas sufrir pantallazos azules o cuelgues. Son señales de que has ido demasiado lejos: basta con reiniciar y volver a un valor anterior más conservador.

Medir la mejora: benchmarks y gráficos de estrés

Para saber si todo este ajuste merece la pena, lo ideal es comparar rendimiento y temperatura antes y después. Un método típico es usar benchmarks como Cinebench R15 o R20, o simplemente repetir escenarios de juego similares mientras monitorizas FPS y grados.

En un ejemplo práctico, con la configuración de fábrica en un portátil con i7 de 6 núcleos se obtuvo unos 1064 puntos en Cinebench R15 partiendo ya de una CPU caliente tras estrés previo. Tras aplicar un undervolt de -0,150 V y fijar el Turbo Boost Power Max en 37 W, repitiendo las mismas pruebas, el resultado fue de 1071 puntos, con temperaturas significativamente inferiores y sin thermal throttling apreciable.

Si se observa la gráfica de estrés a lo largo del tiempo, se ve cómo la línea de “Thermal Throttling” pasa de valores cercanos al 25 % a prácticamente cero con los parámetros ajustados. Eso significa que, incluso con menos potencia teórica, el procesador rinde mejor a lo largo de minutos porque ya no está frenándose continuamente por exceso de calor.

Una vez encontrado un punto estable y satisfactorio, XTU permite guardar un perfil de configuración para que se cargue de forma automática al iniciar Windows, de modo que no tengas que repetir los ajustes cada vez.

Equivalentes y alternativas en Linux: desactivar turbo y gobernadores

En sistemas GNU/Linux con CPU Intel también es posible limitar turbo y frecuencia para bajar temperaturas, aunque el método cambia un poco. El kernel incluye el controlador Intel P-state y distintos “governors” o esquemas de gestión de frecuencia.

Para desactivar el turbo en muchos equipos con Intel P-state basta con un comando como:

echo 1 | sudo tee /sys/devices/system/cpu/intel_pstate/no_turbo

y para volver a activarlo se cambia el 1 por 0. Con eso la CPU no pasará de su frecuencia base, lo que recorta bastante los picos de temperatura y hace al equipo más predecible en cuanto a ruido y consumo.

Otra vía es cambiar el gobernador de frecuencia de la CPU a modos como “powersave”, que fuerzan a la CPU a usar frecuencias bajas casi todo el tiempo. Por ejemplo:

echo powersave | sudo tee /sys/devices/system/cpu/cpu*/cpufreq/scaling_governor

Para volver al máximo rendimiento se puede usar:

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echo performance | sudo tee /sys/devices/system/cpu/cpu*/cpufreq/scaling_governor

En la práctica, combinando turbo desactivado y governor en powersave es frecuente ver descensos de hasta 15-20 °C en picos de temperatura respecto al modo performance por defecto, siempre con matices según el modelo de CPU y el sistema de refrigeración.

Para automatizarlo hay herramientas como cpupower, que permiten configurar límites mínimos y máximos de frecuencia o el governor deseado y aplicarlos automáticamente con un servicio de systemd en cada arranque. También existen interfaces gráficas, como cpupower-gui en Arch y derivados, que simplifican estos cambios sin tocar la terminal.

Medidas físicas: aire, polvo, pasta térmica y bases refrigeradoras

Aunque todo lo anterior ayuda mucho, no todo es cuestión de software. Un portátil mal ventilado o lleno de polvo puede calentarse demasiado incluso con el procesador capado. Conviene atacar también la parte física.

Lo primero es no bloquear las rejillas de ventilación. Si usas el portátil en la cama, sobre cojines o mantas, o tapando las salidas de aire, estás condenando la refrigeración: el aire caliente no sale bien y el interior se convierte en un horno.

También influye la temperatura ambiente y las fuentes externas de calor. Una habitación cerrada, sin ventilación y con el sol dándole al portátil de frente disparará las temperaturas. Mantener el entorno más fresco, evitar la luz directa y alejar el equipo de estufas u otros emisores de calor ayuda más de lo que parece.

Otro apoyo muy recomendable son las bases refrigeradoras con ventiladores. Las mejores suelen ser de aluminio, ya que conducen mejor el calor que las de plástico. A la hora de elegir, compensa fijarse en el número de ventiladores y en el flujo de aire (CFM): cuanto más flujo de aire, más capacidad de enfriar la base del portátil. Para casos menos extremos existen también pequeños “enfriadores” que se colocan sobre las rejillas laterales y ayudan a extraer aire caliente, aunque son menos efectivos que una buena base.

Con el tiempo, el interior del portátil acumula polvo en ventiladores, rejillas y disipadores. Si está muy sucio, la capacidad de refrigeración cae en picado. Limpiarlo por dentro con aire comprimido y pinceles suaves, siempre con cuidado de no dañar componentes, puede recuperar varios grados de margen térmico.

En equipos con más de tres o cuatro años, la pasta térmica de CPU y GPU y las almohadillas térmicas pueden haber perdido propiedades. Sustituirlas por compuestos de calidad suele mejorar mucho la transferencia de calor desde los chips hasta los disipadores. Eso sí, es una operación para manos firmes y cierto conocimiento, porque hay que desmontar algo más que la tapa inferior y seguir el orden correcto de aplicación.

Otras medidas básicas de software para evitar sobrecalentamiento

Más allá de limitar el procesador, hay medidas de sentido común que pueden reducir bastante la carga térmica del sistema sin tocar voltajes ni frecuencias.

Conviene revisar en el Administrador de tareas si tienes aplicaciones colgadas o procesos que se comen la CPU sin motivo. A veces un navegador con muchas pestañas, un juego cerrado a medias o un servicio mal diseñado puede mantener la CPU al 80-100 % sin que te des cuenta, forzando el portátil a calentarse incluso en reposo aparente.

Si detectas un proceso con uso de CPU desbocado, usar Process Lasso, finalizar la tarea o reiniciar el equipo

Otra idea sencilla pero efectiva es apagar o suspender el portátil cuando no lo uses durante horas, en vez de dejarlo eternamente encendido. Puedes configurar los planes de energía para que se suspenda o apague la pantalla tras cierto tiempo de inactividad tanto en batería como enchufado, ahorrando calor y prolongando la vida del equipo.

Combinando ajustes de energía (como limitar el estado máximo del procesador o fijar una frecuencia turbo razonable), técnicas de undervolt en procesadores Intel, pequeños cambios físicos (limpieza interna, buenas bases refrigeradoras, cuidado con las rejillas) y algo de sentido común en el uso diario, es perfectamente posible mantener un portátil potente a raya en temperaturas, reducir picos de 95-100 °C a valores mucho más cómodos y, al mismo tiempo, conservar un rendimiento muy cercano al máximo tanto en juegos como en tareas pesadas.

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