- Slackware ofrece una instalación transparente y flexible que obliga a comprender el particionado, el arranque y la selección de paquetes.
- La configuración posterior (kernel generic, inittab, LILO, X.Org y ACPI) permite afinar rendimiento, entorno gráfico y gestión de energía.
- El ecosistema de SlackBuilds y repositorios adicionales amplía el software disponible sin renunciar a la filosofía sencilla y estable de Slackware.

Si te apetece meterte de lleno en el mundo GNU/Linux y aprender cómo funciona un sistema tipo Unix desde las tripas, instalar Slackware paso a paso es una experiencia perfecta. No es la distro con más asistentes gráficos ni automatismos, pero a cambio te obliga a entender qué estás haciendo en cada fase, y eso luego se nota mucho en el control que tienes sobre tu máquina.
En las próximas líneas vas a encontrar una guía muy completa para instalar, configurar y dejar fino Slackware, tanto en sobremesa como en portátil. Está redactada en castellano de España, con un tono cercano, pero sin perder el rigor técnico. Verás desde la preparación de los discos y el arranque con el medio de instalación, hasta detalles finos como cambiar el kernel huge por el generic, afinar LILO, configurar la red inalámbrica, el teclado en X y el ahorro de energía.
Por qué elegir Slackware y qué necesitas antes de instalar
Slackware es la distribución GNU/Linux en activo más veterana. Tiene fama (algo injusta) de complicada, pero en realidad lo que pide es que le dediques un rato a leer y a entender. Una vez la tienes montada y configurada, el mantenimiento es mínimo y es tan cómoda de usar como cualquier otra distribución más «amigable».
El enfoque de Slackware es muy claro: poca automatización, mucha transparencia. No te esconde qué se instala, no infla el sistema con decenas de paquetes que no necesitas y respeta los estándares Unix clásicos. Eso implica que tendrás que tomar tú las decisiones y conocer tu hardware un poco mejor.
Antes de ponerte manos a la obra, conviene tener claro el entorno: necesitarás el DVD o imagen ISO de Slackware (o, en versiones antiguas, incluso disquetes de arranque), una copia de seguridad de tus datos importantes (guía de recuperación del sistema) y, si vas a convivir con Windows u otro sistema, un esquema de particiones pensado con calma.
También viene bien asumir una idea clave: Slackware es una excelente “escuela de Unix”. El proceso de instalación y la posterior configuración te obligan a tocar ficheros como /etc/inittab, /etc/lilo.conf, /etc/X11/xorg.conf o /etc/acpi, así que acabarás entendiendo de verdad cómo arranca y cómo se organiza el sistema.
Preparar el medio de instalación y arrancar el sistema
En las versiones actuales, lo habitual es arrancar directamente desde el DVD o desde un USB creado a partir de la ISO oficial. Solo tienes que indicarle a la BIOS/UEFI que priorice ese dispositivo en el orden de arranque, meter el soporte y reiniciar.
En versiones antiguas como Slackware 7.0, si la BIOS no soportaba el boot desde CD-ROM, había que recurrir a disquetes de arranque (bootdisk) y raíz (rootdisk). Bajo DOS se usaba la herramienta rawrite.exe para volcar al disquete imágenes como color.gz (para el disco raíz) y bare.i (para el disco de arranque) desde los directorios rootdsks y bootdsks.144 del CD de Slackware.
Una vez arrancas el entorno mínimo de Slackware, entras como root sin contraseña (en ese primer entorno de instalación) y ya tienes a tu disposición las herramientas clásicas: fdisk o cfdisk para particionar, y el script setup para lanzar el instalador con interfaz de menús en modo texto.
cfdisk resulta más cómodo para quien se inicia, porque ofrece una interfaz basada en menús manejable con las teclas de cursor, mientras que fdisk es algo más áspero pero a cambio tiene más funciones avanzadas. En cualquier caso, el objetivo es el mismo: crear las particiones Linux necesarias y marcar la partición de swap con tipo 82.
Esquema de particiones y conceptos básicos de disco
En lugar de hablar de C:, D: y compañía, en Linux se trabaja con nombres de dispositivo tipo /dev/hda1 o /dev/sda1. Cada disco físico recibe una letra (a, b, c…), y cada partición de ese disco un número: /dev/hda1, /dev/hda2, etc. Con discos SATA modernos verás /dev/sda, /dev/sdb, y así sucesivamente.
El sistema de ficheros de Linux se organiza en un árbol único que cuelga de la raíz “/”. Todas las particiones se van montando bajo ese árbol en puntos de montaje concretos: /, /usr, /home… Por eso es importante decidir bien qué partes van separadas y el tamaño que les das.
Una disposición típica para Slackware puede ser: raíz relativamente pequeña (/), un /usr grande y un /home generoso para los datos de usuario. A eso hay que añadirle una partición de intercambio (swap), crucial si andas justo de RAM. El Installation-HOWTO y la documentación de Slackware explican distintos esquemas recomendados.
Desde el instalador, el paso “Target” te permite asignar a cada partición un punto de montaje. Por ejemplo, podrías tener /dev/hda1 montado como /, /dev/hda5 como /usr y /dev/hda6 como /home, mientras que tu partición Windows seguiría en /dev/hda1 o en otra unidad y podrías añadirla más tarde a /etc/fstab para montarla cómodamente desde Linux.
Antes de que empiece la copia de paquetes, también se pasa por el menú “addswap”, donde se elige la partición de swap y se activa. Es un paso imprescindible si no quieres quedarte corto de memoria durante la instalación o el uso diario.
Proceso de instalación con el script setup
Con las particiones ya definidas, toca lanzar el instalador con el comando setup. Este script te muestra un menú en modo texto con todas las fases importantes: mapa de teclado (keymap), swap, selección de particiones de destino (Target), fuente de la instalación (Source), grupos de paquetes, modo de instalación y configuración inicial.
En “keymap” escoges la distribución de teclado adecuada para la consola (por ejemplo, la variante española o la latina correspondiente). En sistemas antiguos aparecían variantes como azerty/latin-be para teclados belgas, pero el concepto es el mismo.
En “Source” seleccionas desde dónde se van a leer los paquetes: normalmente el CD/DVD o la ruta donde tengas la ISO montada. Slackware también permite instalaciones desde otros medios, pero el escenario típico de escritorio es el DVD físico o un USB que simula un CD.
Una vez definido el origen, el instalador propone instalar conjuntos de paquetes organizados por letras: A (sistema base), AP (aplicaciones sin X), D (desarrollo), K (fuentes del kernel), X (servidor gráfico), XAP (aplicaciones gráficas), N (red), KDE, GTK/ GNOME, T (TeX), TCL, etc. La idea es marcar todo lo que realmente vayas a usar y evitar lo que sobre.
Para decidir qué se instala exactamente dentro de cada grupo, Slackware ofrece varios modos: full, menu, newbie y expert. El modo full mete prácticamente todo (alrededor de 1 GB en versiones antiguas), newbie va preguntando paquete a paquete con descripciones, menu instala por grupos, y expert te deja seleccionar programa por programa.
Configuración básica tras instalar los paquetes
Cuando termina la copia de archivos, el instalador pasa a una serie de pantallas de configuración inicial del sistema: instalación del kernel, creación opcional de un disquete de arranque, ajuste del modem (en equipos antiguos), fuentes de consola, configuración del cargador de arranque LILO, ratón, zona horaria y contraseña del usuario root.
A la hora de elegir kernel puedes usar el que viene en el disco de arranque, uno del CD o un kernel estándar. En sistemas actuales se instalan normalmente dos variantes: un kernel huge y uno generic. Luego veremos cómo cambiar al generic para ganar eficiencia.
El paso de LILO es importante: puedes instalarlo en el MBR, en el sector de arranque de la partición raíz o en un disquete. Si solo vas a usar Slackware y quizá Windows 95/98, la opción automática suele ir bien. En entornos más complejos, puede interesar el modo experto o incluso delegar el arranque en otro gestor.
En el módulo del ratón eliges el tipo de dispositivo (PS/2, USB, serie, auto, pnp, etc.) y el puerto. También se te pregunta si quieres habilitar GPM, el demonio que permite usar el ratón en consola de texto (copiar y pegar, selección de texto, etc.).
Por último, se fijan la zona horaria del sistema y la contraseña de root. La clave de administración es crítica: no se muestra en pantalla, la tienes que escribir dos veces y conviene que sea robusta, porque es la llave que permite modificar cualquier aspecto del sistema.
Primer arranque y cambio al nivel gráfico por defecto
Al reiniciar tras la instalación, Slackware arranca en modo texto, sin entorno gráfico automático. Aparece un login en consola pidiéndote usuario y contraseña; lo normal es entrar como root usando la clave que acabas de definir.
Si quieres que el sistema abra la sesión gráfica por defecto en vez de mostrar el login en texto, hay que cambiar el nivel de ejecución en el fichero /etc/inittab. Por defecto, Slackware arranca en el runlevel 3, mientras que el modo gráfico se asocia al nivel 4 (a diferencia de otras distros, que suelen usar el 5).
Editando /etc/inittab debes localizar la línea que marca el nivel predeterminado:
# Default runlevel. (Do not set to 0 or 6)
id:3:initdefault:
y cambiar el 3 por un 4, de forma que quede id:4:initdefault:. Puedes hacerlo con vim desde consola o con cualquier editor gráfico una vez que arranques X manualmente. A partir del siguiente arranque, el sistema entrará directamente al gestor gráfico.
Ten en cuenta que Slackware usa el nivel 4 para el escritorio gráfico y no utiliza el runlevel 5, así que cualquier documentación genérica que hable de 5 para “modo gráfico” no aplica tal cual aquí.
Crear usuarios normales y añadirlos a los grupos adecuados
No es buena idea trabajar a diario como root. Lo habitual es crear un usuario sin privilegios administrativos y usar esa cuenta para todo, reservando root para tareas de administración, instalación de software o cambios de configuración delicados.
Slackware incluye el comando adduser, que va pidiendo por consola los datos necesarios: nombre de usuario, directorio home, shell, etc. En uno de los pasos, muestra una línea para añadir grupos adicionales y suele sugerirte los más habituales.
Para que el usuario pueda usar cómodamente el sistema de escritorio, conviene añadirlo a grupos como audio, cdrom, disk, plugdev y video, de manera que tenga permiso para usar la tarjeta de sonido, manejar dispositivos extraíbles, acceder a discos ópticos y aprovechar la aceleración gráfica.
El propio adduser suele mostrar la lista de grupos existentes si pulsas la tecla de flecha hacia arriba o tabulas, así que es fácil ver qué opciones hay y cuáles te interesan para ese usuario concreto.
Pasar del kernel huge al kernel generic
Por comodidad, Slackware instala y arranca inicialmente con un kernel huge, que lleva integrados en el núcleo casi todos los controladores. Esto permite que casi cualquier tipo de hardware arranque sin problemas, pero el resultado es un kernel grande e ineficiente para el uso diario.
La recomendación es cambiar a un kernel generic, que solo incluye lo básico y carga el resto de controladores como módulos. Esto reduce consumo de memoria y mejora en general el rendimiento y los tiempos de arranque, aunque exige un paso extra: crear un initrd adecuado para que el sistema pueda montar la raíz.
En /boot encontrarás varios ficheros: imágenes del kernel huge y generic, y sus respectivos System.map. Los enlaces simbólicos vmlinuz y System.map suelen apuntar al huge. Puedes comprobarlo con:
cd /boot ; ls -l
Para que el sistema arranque con el generic, hay que eliminar esos enlaces y recrearlos apuntando a las versiones generic-smp (o la variante que corresponda a tu versión de kernel), usando rm y ln -s. El autocompletado con TAB viene genial para no tener que escribir nombres larguísimos a mano.
Después toca generar el initrd que cargará los módulos necesarios para acceder al disco raíz. Dentro de /boot tienes un archivo README.initrd con ejemplos detallados. Para un sistema cuya raíz está en /dev/sda1 y usa ext3, el comando podría ser algo así como:
mkinitrd -c -k 2.6.27.7-smp -m mbcache:jbd:ext3 -f ext3 -r /dev/sda1
Por último, edita /etc/lilo.conf para añadir la línea initrd = /boot/initrd.gz en la sección del kernel que vayas a usar, y ya de paso ajusta el timeout del menú de arranque. Por defecto suele ser muy largo (1200 décimas de segundo, es decir, dos minutos) y se puede dejar en algo tan rápido como 50 (medio segundo), siempre que tengas tiempo de reaccionar si necesitas cambiar de sistema.
Antes de aplicar los cambios, conviene ejecutar lilo -t para probar la configuración. Si no hay errores graves, puedes lanzar lilo a secas para escribir el nuevo mapa de arranque. Luego solo queda reiniciar para arrancar ya con el kernel generic.
Configurar el idioma del teclado en el servidor gráfico X
Aunque en consola el teclado queda configurado durante la instalación, el servidor X suele arrancar por defecto con distribución inglesa si no se le indica lo contrario. Para dejarlo en español a nivel de sistema, hace falta crear o editar un xorg.conf bajo /etc/X11.
Con las versiones recientes de X.Org, casi todo el hardware se autodetecta, de modo que es suficiente con definir una sección InputClass para el teclado, sin tener que tocar monitor, ratón ni tarjeta gráfica. El bloque mínimo que puedes añadir es algo como:
Section "InputClass"
Identifier "keyboard-all"
Driver "evdev"
Option "XkbLayout" "es"
MatchIsKeyboard "on"
EndSection
Si el archivo xorg.conf no existe, lo creas con ese contenido y lo guardas. Con eso, cada vez que arranque XUsará la distribución española en cualquier escritorio (KDE, Xfce, etc.), sin tener que cambiarlo manualmente en cada sesión.
Configuración específica para portátiles: wifi, touchpad y energía
En un equipo de sobremesa moderno, Slackware suele reconocer y configurar casi todo lo esencial sin mucha guerra. Pero en un portátil pueden aparecer retos añadidos: tarjetas inalámbricas sin driver nativo, touchpads con opciones limitadas y gestión de energía mejorable.
Una primera batalla típica es la red inalámbrica. Muchas tarjetas funcionan con controladores libres incluidos en el kernel, pero otras (especialmente modelos antiguos) necesitan soluciones como ndiswrapper, que permitía cargar drivers de Windows en Linux. Este enfoque no funciona bien en sistemas de 64 bits si solo hay drivers de 32 bits, así que, si vas a instalar Slackware64, conviene asegurarse antes de que hay soporte nativo o drivers adecuados.
Slackware incluye en el directorio /extra el gestor de conexiones inalámbricas wicd. Para aprovecharlo, basta con instalar su paquete y conceder permisos de ejecución al script /etc/rc.d/rc.wicd. Además, hay que desactivar la configuración tradicional en /etc/rc.d/rc.inet1.conf, comentando con almohadilla (#) todas las líneas activas que no lo estén ya. Tras reiniciar, debería aparecer un icono de wicd junto al reloj del escritorio listo para conectarse a la red.
En cuanto al touchpad, Slackware trae el controlador synaptics y las versiones modernas de X.Org suelen detectarlo sin necesidad de configurar nada manualmente. Sin embargo, algunas funciones, como hacer clic tocando la superficie, pueden venir desactivadas por defecto.
Hay dos maneras de afinar el comportamiento del touchpad: editar xorg.conf a la antigua usanza, o usar las herramientas gráficas del entorno de escritorio. En KDE, por ejemplo, desde Preferencias del Sistema puedes habilitar el tap-to-click, el desplazamiento con el borde, la velocidad, etc. Para la mayoría de usuarios, esta opción gráfica es la más cómoda.
El último aspecto clave en portátiles es la gestión de energía y la respuesta al botón de encendido. Desde KDE4 se pueden configurar perfiles de energía, suspensiones, apagados y comportamiento de la tapa, pero el manejo exacto del botón power puede requerir toquetear ACPI a mano en algunas versiones.
Para que al pulsar el botón de encendido el sistema hiberne en lugar de apagarse, puedes limpiar /etc/acpi dejando solo acpi_handler.sh y creando las carpetas events y actions si no existen. Dentro de actions se crea un script ejecutable pwrbtn.sh con:
#!/bin/sh
pm-hibernate
y en events un fichero pwrbtn con:
event=buttonpower
action=/etc/acpi/actions/pwrbtn.sh
De ese modo, cada pulsación del botón de encendido dispara la hibernación. Para poder restaurar correctamente el estado, el kernel necesita saber qué partición es la swap usada para guardar la RAM. Eso se indica en /etc/lilo.conf añadiendo en la sección de Linux una línea como:
append = "resume=/dev/sda2"
(sustituyendo /dev/sda2 por tu partición de intercambio real). Tras ejecutar de nuevo lilo -t y lilo para actualizar el cargador, si el equipo estaba hibernado, al arrancar el kernel leerá el área de swap y restaurará la sesión. Si el equipo estaba apagado, hará un arranque normal. Incluso puedes tener dos entradas en LILO, una con resume y otra sin él, para pruebas.
Instalar software adicional y escritorios alternativos
Slackware se diferencia de muchas distribuciones en que no usa repositorios binarios al estilo apt o yum para su software oficial. Los paquetes incluidos vienen en el DVD de instalación y se gestionan con herramientas como installpkg, removepkg o upgradepkg.
Para programas externos, la opción más recomendada es usar SlackBuilds, scripts que automatizan la compilación y generación de paquetes .tgz o .txz a partir del código fuente. El repositorio más grande es slackbuilds.org, y se suele manejar de forma cómoda con la herramienta sbopkg, que ofrece un interfaz para buscar, descargar y construir esos paquetes fácilmente.
Casi todos los programas populares tienen su SlackBuild disponible, pero si te encuentras con uno que no, puedes tirar de herramientas como src2pkg para crear un paquete a partir del código fuente. Si la compilación falla, la mejor vía es buscar ayuda en foros especializados de Slackware o de Linux en general.
Además de SlackBuilds, existen repositorios no oficiales de paquetes binarios ya compilados, como LinuxPackages y Slacky, que ofrecen software extra listo para instalar con las herramientas estándar de Slackware. Hay que usarlos con criterio, comprobando compatibilidad con la versión de Slackware que tengas.
Por defecto, Slackware no incluye el escritorio GNOME. Si lo echas de menos, proyectos como GNOME SlackBuild proporcionan scripts y paquetes para instalar un GNOME completo, acompañado de muchas aplicaciones relacionadas (Rhythmbox, Brasero, Mono, etc.) e incluso programas no GNOME que Slackware no trae de serie, como algunas suites ofimáticas.
Algunos miembros del equipo de Slackware mantienen repositorios personales con paquetes extra. Por ejemplo, rworkman ofrece paquetes adicionales para Xfce y otros entornos, mientras que AlienBob mantiene compilaciones de VLC, versiones recientes de KDE y el soporte multilib necesario para ejecutar software de 32 bits en Slackware64.
En cuanto a documentación y comunidad, hay recursos muy útiles: foros de Slackware en LinuxQuestions, comunidades locales como SlackwareCL en Chile o Slacky en Italia, y foros hispanohablantes generalistas sobre sistemas Unix. Son sitios ideales para resolver dudas puntuales de configuración, paquetes rebeldes o comportamientos raros del hardware.
Con todo este recorrido —instalación desde el medio adecuado, particionado cuidadoso, elección fina de paquetes, cambio al kernel generic, configuración del entorno gráfico, usuarios, wifi, touchpad, energía y gestión de software adicional— Slackware se convierte en un sistema sólido, ligero y muy predecible, que recompensa con estabilidad y control absoluto el tiempo que le has dedicado al principio.
Redactor apasionado del mundo de los bytes y la tecnología en general. Me encanta compartir mis conocimientos a través de la escritura, y eso es lo que haré en este blog, mostrarte todo lo más interesante sobre gadgets, software, hardware, tendencias tecnológicas, y más. Mi objetivo es ayudarte a navegar por el mundo digital de forma sencilla y entretenida.