- La topología de red LAN combina una vista física (cables y equipos) y otra lógica (cómo viajan tramas y paquetes).
- Los principales tipos de topología son punto a punto, bus, anillo, estrella, árbol, malla e híbrida, cada uno con ventajas y limitaciones.
- Las LAN modernas usan sobre todo topologías en estrella y árbol, a menudo mezcladas con anillos o mallas en el núcleo.
- Para saber la topología real de tu red debes revisar el cableado, la configuración de switches y routers y plasmarlo en un diagrama actualizado.
Si te estás preguntando cómo saber qué topología de red LAN tienes en tu casa, oficina o empresa, lo primero es entender bien qué significa eso de topología y por qué afecta a la velocidad, seguridad y estabilidad de la red. No es solo un dibujito de nodos y cables: es la base de cómo se mueven las tramas y los paquetes entre dispositivos.
Antes de ponerte a mapear routers, switches y cables, conviene que tengas claro que no existe una única topología: casi siempre hay una topología física (lo que ves y tocas) y una lógica (cómo circulan realmente los datos). Saber identificar ambas es lo que te permitirá diagnosticar cuellos de botella, fallos de conectividad y decidir si tu diseño actual tiene sentido o necesita una buena reestructuración.
Qué es la topología de red LAN (física y lógica)
Cuando hablamos de topología de red nos referimos a la manera en que se organizan los dispositivos (nodos) y las conexiones (enlaces) en una red de comunicaciones. Eso incluye ordenadores, servidores, impresoras, switches, routers, puntos de acceso Wi‑Fi, cámaras IP, etc., y también los medios que los unen: cables de cobre, fibra, radio, enlaces inalámbricos, etc.
En cualquier LAN hay dos puntos de vista distintos pero relacionados: la topología física y la topología lógica. Es importante diferenciarlas porque puedes tener una cosa a nivel de cableado y otra muy distinta en cuanto al flujo de datos.
La topología física de red describe dónde están colocados los dispositivos y cómo se conectan entre sí de forma tangible: qué equipo va a qué puerto de qué switch, qué tipo de cable se usa, en qué rack se monta, en qué sala está, etc. Un diagrama físico suele representar nodos como iconos de dispositivos y enlaces como líneas que simbolizan cables o enlaces inalámbricos.
La topología lógica de red muestra cómo viajan realmente las tramas y los paquetes entre nodos, qué dispositivos comparten dominio de broadcast, cómo se segmenta el tráfico en VLAN, qué rutas siguen los paquetes IP, qué protocolos de acceso al medio se usan, etc. A nivel lógico, una red Ethernet con switches suele comportarse como un bus lógico, mientras que tecnologías como Token Ring representan un anillo lógico, aunque físicamente los cables estén en estrella.
La capa de enlace de datos es la que “ve” la topología lógica, porque controla quién puede usar el medio en cada instante y qué tramas se aceptan o descartan. Por eso, conocer la topología lógica es clave para entender por qué se producen colisiones, congestiones o pérdidas de paquetes, incluso cuando el cableado parece perfecto.
Componentes básicos de una topología LAN
Para poder identificar la topología de tu LAN, tienes que tener claro cuáles son los elementos que forman parte del mapa: no solo los PCs, sino todo aquello que participa en el envío y recepción de datos.
En primer lugar están los nodos finales o endpoints: ordenadores de usuario, servidores, portátiles, móviles conectados por Wi‑Fi, impresoras de red, cámaras, decodificadores, etc. Son los equipos que generan y consumen información, y normalmente se conectan a la red a través de una NIC Ethernet o una interfaz inalámbrica.
Después tenemos los enlaces, que son los medios por los que circulan las señales. En una LAN típica predominan los cables de par trenzado (UTP, FTP o STP) con conectores RJ‑45, aunque también puedes encontrar cable coaxial o fibra óptica en determinados tramos, y por supuesto enlaces inalámbricos Wi‑Fi u otros estándares de radio.
Junto a eso están los dispositivos de interconexión y seguridad: switches, routers, puntos de acceso, firewalls, bridges, gateways, etc. Son los que reparten, encaminan o filtran el tráfico entre segmentos, y determinan gran parte del comportamiento lógico: qué se puede ver con qué, por dónde sale a Internet, qué rutas se eligen, qué tráfico se bloquea, etc.
Finalmente, no hay que olvidar los elementos pasivos de la infraestructura: paneles de parcheo, racks, bandejas de cableado, rosetas, conectores, antenas, etc. No procesan datos, pero condicionan la topología física y la facilidad (o dificultad) para ampliarla, documentarla o corregir averías.
Principales tipos de topología de red LAN
En una LAN puedes encontrarte varias configuraciones posibles, tanto a nivel físico como lógico. Cada tipo de topología tiene ventajas, inconvenientes y casos de uso, y muchas redes reales son mezclas (topologías híbridas) adaptadas a necesidades concretas de rendimiento, coste o fiabilidad.
Topología punto a punto
La topología punto a punto es la más simple: dos dispositivos conectados directamente mediante un único enlace. Puede ser un cable Ethernet entre dos PCs, un enlace serie entre dos routers, o una VPN que une dos sedes remotas sin intermediarios aparentes.
Su mayor baza es la sencillez y la seguridad: el canal no se comparte con nadie más, no hace falta lógica compleja de acceso al medio y el diagnóstico es muy directo. A cambio, no es escalable: solo sirve para conectar dos nodos; si quieres un tercer equipo, ya necesitas otra cosa.
Topología en bus
En una topología en bus, todos los dispositivos comparten un cable principal o troncal al que se conectan mediante derivaciones. Históricamente se usó con cable coaxial (por ejemplo, 10BASE2 con RG‑58 y conectores BNC), con terminadores en los extremos para evitar reflejos de señal.
El bus físico reduce el consumo de cable y facilita añadir o quitar nodos, pero tiene varios problemas: si el troncal se rompe, la red cae entera, cada equipo añade más carga y se incrementa el riesgo de colisiones. Las antiguas LAN de bus Ethernet usaban CSMA/CD (Carrier Sense Multiple Access with Collision Detection) para detectar colisiones y retransmitir tramas dañadas.
Desde el punto de vista lógico, muchas redes modernas con switches siguen funcionando como un bus lógico: las tramas se difunden dentro de un dominio de broadcast, aunque físicamente haya una estrella de cables. Sin embargo, la topología de bus con coaxial está prácticamente descartada en nuevos diseños por su baja velocidad y mala escalabilidad.
Topología en anillo
En la topología en anillo, cada dispositivo se conecta exactamente con dos vecinos, formando un bucle cerrado por el que circulan las tramas en una o en ambas direcciones. El ejemplo más clásico es Token Ring, donde un “token” o ficha recorre el anillo y solo el equipo que lo posee puede transmitir.
Este enfoque reduce las colisiones porque el acceso al medio está controlado, y permite que cada nodo regenere la señal, manteniendo velocidades aceptables incluso con bastantes saltos. Sin embargo, cualquier fallo en un enlace o en una estación puede afectar a todo el anillo, y añadir o retirar nodos implica reconfigurar el circuito.
Existen variantes como el doble anillo, donde se añade un segundo bucle en sentido contrario para conseguir redundancia y full‑duplex: si falla un tramo, el tráfico puede desviarse por el otro anillo. Hoy en día la idea de anillo se mantiene sobre todo en anillos ópticos de operadoras y redes metropolitanas, más que en LAN de oficina.
Topología en estrella
La estrella es, con diferencia, la topología dominante en redes LAN actuales. Todos los dispositivos se conectan a un elemento central (normalmente un switch) mediante su propio cable. No hay enlaces directos entre PCs: todo pasa por el conmutador.
Las ventajas son claras: si se estropea una tarjeta de red o se rompe un cable de un equipo, solo se afecta a ese nodo, no a toda la red. Ampliar la LAN es tan sencillo como conectar un nuevo cable al switch. El diseño facilita el diagnóstico de fallos, la segmentación por VLAN, las actualizaciones de velocidad (por ejemplo, pasar de 1G a 10G en troncales) y la mezcla de cobre y fibra.
Detrás de la estrella hay conceptos como la diferencia entre hub y switch. El hub trabaja en capa física y replica todo lo que recibe por un puerto al resto, generando colisiones y desperdiciando ancho de banda. El switch, en cambio, opera en capa de enlace, aprende direcciones MAC y envía cada trama solo por el puerto necesario, evitando inundaciones innecesarias.
Las redes Ethernet en estrella se apoyan en distintos estándares (10BASE‑T, 100BASE‑TX, 1000BASE‑T, 10GBASE‑T, etc.), con par trenzado de distintas categorías (Cat 5e, Cat 6, Cat 6A…) y longitudes máximas de 100 metros por segmento de cobre. Si se necesitan distancias mayores o latencias muy bajas, se recurre a fibra óptica con transceptores SFP/SFP+ y variantes como 10GBASE‑S o 10GBASE‑E.
También las redes Wi‑Fi domésticas y de oficina suelen presentar una estrella lógica alrededor de un punto de acceso: todos los clientes inalámbricos se vinculan a ese AP, que a su vez suele ir conectado por cable a un switch o router. Aunque el medio sea radio, el concepto de nodo central sigue siendo muy parecido.
Topología en árbol (estrella extendida)
La topología en árbol es básicamente una estrella de estrellas: varios switches conectados entre sí de forma jerárquica, donde uno o varios equipos actúan como raíz o núcleo y el resto como ramas que cuelgan de ellos. Es la evolución natural cuando una única estrella se queda corta en tamaño o distancia.
En un edificio de varias plantas, es habitual tener un switch principal en la sala de comunicaciones y un switch por planta o por departamento. Cada equipo de usuario se conecta a su switch local, y estos se interconectan hacia el núcleo mediante enlaces de mayor capacidad (uplinks). Así se optimiza el cableado, se reduce la longitud de los tramos horizontales y se mantiene un diseño ordenado.
Esta estructura es muy escalable y facilita aplicar políticas: se pueden definir subredes y VLAN por planta o por área, usar routers o firewalls intermedios para controlar el tráfico entre segmentos, y mantener cada rama relativamente aislada ante determinadas incidencias.
Además, el árbol admite tanto enlaces de cobre como de fibra, mezclando tecnologías si hace falta. Eso sí, hay que diseñar con cuidado para evitar cadenas de switches excesivamente largas que puedan crear cuellos de botella o complicar protocolos como Spanning Tree al gestionar bucles y redundancias.
Topología en malla
En una topología de malla, cada nodo está conectado a varios otros, creando múltiples caminos alternativos entre origen y destino. En una malla completa, todos los nodos se unen entre sí; en una malla parcial, solo algunos tienen conexiones múltiples.
El gran punto fuerte de la malla es su tolerancia a fallos: si un enlace o incluso un nodo deja de funcionar, el tráfico puede seguir por rutas alternativas. Esto la hace muy atractiva en entornos críticos (infraestructuras militares, redes de operadores, redes troncales de grandes empresas, redes inalámbricas malladas, etc.).
A cambio, el diseño y mantenimiento se complican: el número de enlaces crece rápidamente con cada nuevo nodo, lo que implica más puertos, más cable, más coste y más complejidad en el enrutamiento. Se necesitan protocolos dinámicos capaces de calcular rutas óptimas, gestionar métricas y evitar bucles.
En el mundo inalámbrico, las redes malladas (por ejemplo, con estándares tipo IEEE 802.11s, Zigbee, Z‑Wave o WirelessHART) permiten ampliar la cobertura conectando puntos de acceso o nodos de baja potencia en cadena, de forma que el tráfico va saltando de uno a otro hasta alcanzar la puerta de enlace.
Topología híbrida
En la práctica, casi todas las redes de cierto tamaño son topologías híbridas, resultado de combinar varios esquemas básicos. Puedes tener un anillo óptico metropolitano que une varias sedes, y en cada sede una estrella o un árbol de switches que da servicio a las oficinas internas.
La mezcla permite aprovechar lo mejor de cada tipo de topología: la fiabilidad del anillo o de la malla en el núcleo, con la sencillez y el bajo coste de la estrella en el acceso. Eso sí, también acumula las peores partes si no se diseña bien: mayor complejidad, más puntos que documentar y más dependencias entre tecnologías.
Cuando planificas o analizas una LAN híbrida, conviene que tengas muy clara la diferencia entre topología física y lógica en cada capa. A nivel físico puedes ver estrellas y árboles; a nivel de capa 2 tal vez tengas una malla con enlaces redundantes y Spanning Tree; y lógicamente, en capa 3, una serie de rutas IP entre subredes.
Topologías físicas vs topologías lógicas en LAN y WAN
Uno de los errores más comunes al intentar saber qué topología de red LAN tenemos es confundir lo que se ve con lo que pasa por dentro. Que todos los cables estén pinchados en un switch no significa que lógicamente funcione como te imaginas.
La topología física de tu LAN es la que describen los esquemas de cableado, los planos de racks, la disposición de switches, routers, puntos de acceso y equipos finales. Puedes recorrerla siguiendo físicamente los cables, consultando etiquetados, paneles de parcheo y documentación de instalación.
La topología lógica se deduce de cómo están configurados los dispositivos: qué VLANs hay definidas, qué rangos IP se usan, qué routers o firewalls separan subredes, qué rutas estáticas o dinámicas se aplican, qué protocolos controlan el acceso al medio (CSMA/CD, paso de testigo, etc.), y cómo se distribuye la carga entre enlaces.
Por ejemplo, una red Ethernet de par trenzado con switches suele ser una estrella física, pero a nivel de tramas compartes un dominio de broadcast similar a un bus lógico si no segmentas con VLANs ni routers. En cambio, una red Token Ring puede estar cableada en estrella alrededor de un concentrador, pero su topología lógica sigue siendo un anillo.
En entornos WAN (enlaces entre sedes, conexiones de operadora, etc.) también se usan descripciones de topología: punto a punto, hub‑and‑spoke, malla parcial, etc. Aun cuando haya muchos saltos físicos intermedios (routers del proveedor, enlaces ópticos, equipos de agregación), lógicamente puedes tener, por ejemplo, una conexión punto a punto entre dos routers de tu empresa.
Cómo saber la topología de tu red LAN paso a paso
Una vez claros los conceptos, la siguiente pregunta es cómo averiguar en la práctica qué topología tienes realmente en tu red local. No basta con mirar “un cable azul que entra al switch”: hay que combinar observación física y análisis lógico.
Lo habitual es empezar por la inspección física: localizar el cuarto de comunicaciones, identificar los switches, routers y paneles, comprobar qué puertos están ocupados, cómo se etiquetan los cables y qué ramas se conectan a qué plantas o salas. Un simple croquis en papel ya te da pistas de si estás ante una estrella sencilla, un árbol jerárquico o una mezcla con varios switches encadenados.
Después conviene conectarse a la interfaz de gestión de los dispositivos clave (web, CLI, SNMP, etc.) para ver su configuración. Ahí podrás comprobar VLANs, tablas MAC, rutas IP, grupos de agregación de enlaces (LAG), redes inalámbricas, NAT, reglas de firewall, etc. Con esa información es más fácil dibujar la topología lógica: qué nodos comparten segmento, qué tráfico pasa por dónde y qué enlaces son críticos.
En redes más complejas, herramientas de mapeo automático o funcionalidades de topología integradas en plataformas de monitorización (por ejemplo, sistemas similares a Azure Network Watcher en el ámbito cloud) pueden ayudarte a generar diagramas de topología a partir de la información de los dispositivos. Esas vistas suelen mostrar redes virtuales, subredes, interfaces, grupos de seguridad, rutas y el flujo de tráfico entre zonas.
Una vez que tienes un diagrama, es buena idea validar con pruebas: usar comandos como ping, traceroute, pathping, revisar tablas ARP, capturar tráfico en puntos clave, o utilizar monitores de conexión para confirmar que el tráfico sigue las rutas esperadas y que la topología lógica coincide con lo que has dibujado.
Importancia de elegir y mantener una buena topología
La topología no es un detalle estético del esquema de red: condiciona directamente el rendimiento, la seguridad y los costes de explotación. Un diseño mal planteado puede provocar cuellos de botella permanentes, zonas de sombra de cobertura Wi‑Fi, puntos únicos de fallo y una pesadilla a la hora de localizar averías.
Una buena topología física facilita el crecimiento ordenado de la red: puedes añadir nodos y segmentos sin rehacer todo el cableado, escalar el núcleo a mayores velocidades o introducir redundancias donde más falta hacen. Al mismo tiempo, una buena topología lógica permite aislar tráfico sensible, cumplir políticas de seguridad, priorizar aplicaciones críticas y reaccionar mejor ante ataques o picos de carga.
Además, contar con un diagrama de topología actualizado es una herramienta de trabajo fundamental para cualquier equipo de sistemas o redes. Sirve para diagnosticar problemas, planificar cambios, justificar inversiones y formar a nuevos técnicos. Sin ese mapa, cualquier intervención es, en gran parte, ir a ciegas.
En definitiva, si te interesa saber qué topología de red LAN tienes y cuál te conviene, el enfoque práctico pasa por combinar la teoría de tipos de topología (bus, anillo, estrella, árbol, malla, híbrida, punto a punto), revisar con calma la instalación física, analizar la configuración de switches y routers y documentar el resultado en un diagrama claro. Con esa visión completa podrás valorar si tu red actual responde a las necesidades reales de rendimiento, fiabilidad y seguridad, o si ha llegado la hora de replantear su diseño con una topología más acorde a lo que necesitas hoy.
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