- Hoy es posible usar Windows 95 en navegadores modernos, apps empaquetadas y máquinas virtuales gracias a emulación x86 y WebAssembly.
- La instalación directa en hardware actual es compleja por temas de SATA, UEFI y drivers, por lo que suele ser más práctico recurrir a máquinas virtuales.
- Windows 95 sigue siendo útil para nostalgia y software antiguo, pero presenta serias limitaciones y riesgos de seguridad al conectarlo a Internet.

Si viviste la llegada de Windows 95, seguro que recuerdas ese momento como un antes y un después en la historia del PC. Hoy, tres décadas más tarde, sigue despertando una mezcla de nostalgia, curiosidad y ganas de cacharrear, pero los ordenadores actuales poco tienen que ver con aquellos Pentium y discos IDE. La buena noticia es que, a día de hoy, hay varias formas bastante sencillas de volver a ponerlo en marcha sin necesidad de rescatar un trasto del trastero.
Más allá del componente romántico, Windows 95 es también una pieza clave de la evolución de la informática de consumo: estrenó la barra de tareas, el menú Inicio, el soporte Plug&Play y un enfoque gráfico que marcó todo lo que vino después. Por eso muchos usuarios quieren seguir probándolo, ya sea desde el navegador, en una máquina virtual o incluso en hardware actual con ciertas «trampas» técnicas. Vamos a ver, con calma y al detalle, los métodos más interesantes para usar Windows 95 hoy en día, sus limitaciones y los riesgos que conviene tener en mente.
Qué hizo tan especial a Windows 95 y por qué sigue despertando interés
Cuando Microsoft lanzó Windows 95 en agosto de 1995, no era solo una actualización más de su sistema operativo: supuso el salto definitivo desde el mundo de MS‑DOS y Windows 3.x hacia un entorno gráfico moderno y pensado para el gran público. Fue el primer Windows «puro» para muchos usuarios, capaz de arrancar sin depender del viejo DOS como base visible.
Entre sus grandes novedades estaba la famosa interfaz gráfica con menú Inicio y barra de tareas, elementos que hoy damos por hechos pero que entonces resultaban revolucionarios. Permitía organizar programas, ventanas y documentos de forma muy intuitiva, facilitando que la informática dejara de ser terreno exclusivo de usuarios avanzados.
Técnicamente, Windows 95 era un híbrido de 16 y 32 bits, con multitarea mejorada y soporte para nombres de archivos largos, algo que eliminó la rígida limitación de los 8+3 caracteres heredada de DOS. Además, introdujo un soporte bastante avanzado para Plug&Play, lo que simplificó mucho la instalación de periféricos que antes requerían pelearse con IRQ, DMA y demás configuraciones manuales.
A nivel de hardware y conectividad, Windows 95 fue evolucionando a base de varios service packs, añadiendo compatibilidad con FAT‑32, USB, UDMA o el puerto AGP. También integró Internet Explorer desde las primeras versiones hasta la 4.0, favoreciendo que millones de personas se conectaran por primera vez a Internet desde su casa.
El éxito del sistema no se explica solo por lo técnico: Microsoft se dejó una fortuna en marketing, con una campaña estimada en unos 300 millones de dólares de la época. Solo los derechos de uso de la canción «Start Me Up» de los Rolling Stones costaron cerca de 14 millones, un despliegue publicitario que convirtió el lanzamiento en todo un fenómeno cultural.
Ejecutar Windows 95 directamente en el navegador con v86 y WebAssembly
En plena era de la inteligencia artificial y de los navegadores ultrapotentes, Windows 95 ha renacido dentro del propio navegador gracias a proyectos de emulación x86 como v86, que se apoyan en tecnologías modernas como WebAssembly. En la práctica, es como tener un PC de los 90 metido dentro de una pestaña de Chrome, Edge o Firefox.
El truco consiste en cargar en memoria del navegador una imagen de disco de Windows 95 completamente funcional, mientras el emulador recrea por software el hardware de aquella época: BIOS, CPU, controladora de vídeo VGA, teclado, ratón, controladores básicos, etc. Todo eso se encapsula en un sandbox del navegador, de forma que el «PC virtual» vive y muere dentro de esa pestaña.
La forma más práctica y conocida de probarlo es acudir a la página oficial del proyecto v86 y seleccionar la opción de Windows 95 de la lista de máquinas disponibles. No hace falta instalar nada en tu sistema ni cumplir requisitos de hardware especiales: basta con tener un navegador relativamente moderno y algo de paciencia mientras se carga la imagen.
Una vez arranca, el entorno que ves es un Windows 95 real: escritorio clásico, barra de tareas, reloj, panel de control, accesos directos y las aplicaciones que venían de serie, como el mítico Paint, el Bloc de notas o el Buscaminas. Todo se ejecuta virtualmente dentro del navegador, y cualquier archivo o cambio de configuración se pierde en cuanto cierras la pestaña.
La compatibilidad con software de la época es sorprendentemente buena, aunque con limitaciones. En este entorno emulado puedes lanzar aplicaciones Win32 sencillas y muchos juegos clásicos de DOS, llegando incluso a títulos relativamente exigentes para la época, como el primer Age of Empires, siempre que el subsistema gráfico del emulador y los requisitos del juego lo permitan.
Eso sí, algunos programas no terminan de funcionar como deberían por incompatibilidades con el entorno de emulación o por carencias en el soporte de sonido, vídeo o red. Debes contemplarlo como una máquina del tiempo para curiosear, no como un sistema estable para trabajar varias horas seguidas.
Riesgos de seguridad y limitaciones al usar Windows 95 en el navegador
Que Windows 95 se ejecute en un sandbox del navegador no significa que todo sea infalible. Por diseño, la máquina virtual se aísla del sistema anfitrión, pero pueden existir vulnerabilidades en el propio navegador, en WebAssembly o en el código del emulador que, en algún escenario muy concreto, podrían suponer un problema de privacidad o seguridad.
Por eso, aunque resulte tentador, no es buena idea usar este entorno para tareas sensibles: nada de iniciar sesión en cuentas importantes, introducir contraseñas bancarias, manejar datos personales delicados o hacer compras online desde el Windows 95 emulado. Tenlo siempre como un juguete retro, no como un sistema para el día a día.
Otra recomendación razonable es evitar en lo posible el uso de conexiones de red dentro del emulador. Los navegadores antiguos, las pilas TCP/IP desfasadas y los protocolos obsoletos convierten a Windows 95 en un coladero potencial si se expone a Internet de forma directa, aunque lo estés usando en una máquina virtual.
Aparte de la seguridad, hay que asumir ciertas limitaciones prácticas: la velocidad puede ser irregular (sobre todo en equipos modestos), el soporte de sonido o vídeo no siempre será perfecto, y la experiencia general se inclina más hacia la curiosidad técnica que hacia la productividad real.
En resumen, el emulador vía navegador es ideal si quieres abrir el menú Inicio clásico, jugar una partida rápida al Solitario y recordar cómo era el entorno, pero no esperes una plataforma estable ni segura para trabajar, almacenar documentos importantes o navegar con normalidad.
Windows 95 como aplicación independiente en PCs modernos (Windows, macOS y Linux)
Si quieres ir un paso más allá del navegador y disfrutar de un entorno algo más sólido, existe un proyecto muy popular creado por el desarrollador Felix Rieseberg (conocido por su trabajo en Slack) que empaqueta Windows 95 dentro de una aplicación de escritorio basada en Electron. El resultado es un ejecutable que puedes lanzar en Windows, macOS o Linux sin complicarte con configuraciones avanzadas.
Electron es un framework de código abierto que permite crear aplicaciones de escritorio usando tecnologías web (HTML, CSS, JavaScript) y el motor Chromium como base visual. Muchas aplicaciones actuales, como Slack, Skype o el cliente de WhatsApp para escritorio, se construyen precisamente sobre Electron, por lo que la base es bastante sólida y conocida.
En este caso, Rieseberg empaquetó una imagen funcional de Windows 95 junto con todo lo necesario para emular un PC con arquitectura x86 dentro de una app. Con el tiempo, ha ido actualizando el proyecto hasta la versión 2.3.0, añadiendo mejoras y compatibilidad con juegos clásicos como Doom, además de permitir que el usuario instale software adicional en el disco virtual.
La descarga de esta aplicación ronda actualmente los 300 MB, algo lógico si tenemos en cuenta que incluye el propio sistema operativo, algunas utilidades, juegos y el entorno de emulación. Aun así, deja un espacio razonable libre en la imagen para instalar programas antiguos que quieras probar dentro de Windows 95.
El funcionamiento es simple: entras en la página del proyecto en GitHub, descargas el ejecutable correspondiente a tu sistema operativo (hay versiones para Windows, macOS y Linux), y haces doble clic. Al cabo de unos segundos tendrás un escritorio de Windows 95 totalmente reconocible, corriendo dentro de su propia ventana.
Esta solución tiene la ventaja de que se comporta como una aplicación más de tu sistema actual, sin exigir configurar una máquina virtual completa ni pelearte con BIOS, ISO o disqueteras virtuales. En contrapartida, al estar escrita en JavaScript y Electron, no ofrece el rendimiento ni la integración nativa de un hipervisor tipo VMware o VirtualBox, pero para revivir la experiencia es más que suficiente.
Windows 95 en hardware moderno: el reto de instalarlo en un PC actual
Para los usuarios más entusiastas existe la vía «hardcore»: instalar Windows 95 directamente en un PC moderno o muy reciente. Aunque pueda parecer totalmente imposible, hay quien se ha tomado la molestia de hacerlo funcionar incluso en equipos con procesadores actuales tipo Ryzen 9, con resultados sorprendentes y, eso sí, llenos de matices.
El primer gran obstáculo es el almacenamiento. Windows 95 fue diseñado para discos duros IDE/ATA, y los discos SATA o NVMe no existían en su horizonte. Muchas placas base modernas, sin embargo, incluyen en la BIOS/UEFI opciones para emular un modo de compatibilidad (a veces llamado «IDE mode» o similar) que hace que los discos SATA se «disfracen» de antiguos ATA de cara al sistema operativo.
Cada BIOS es un mundo, así que no hay una guía universal para activar ese modo de compatibilidad, y en algunos equipos ni siquiera existe. Si tienes un PC relativamente nuevo (por ejemplo, comprado a partir de 2007 con Windows Vista o posterior preinstalado), lo normal es que uses SATA o NVMe, y tocará trastear en la UEFI para ver si hay alguna opción que permita esa emulación.
En el caso de conseguir activar ese modo, o si tienes un equipo algo más antiguo que aún pueda presentar el disco como ATA clásico, entran en juego los pasos comunes de cualquier instalación tradicional: preparar particiones, formatear en FAT o FAT32 y arrancar desde un entorno DOS con soporte de CD‑ROM para lanzar el instalador de Windows 95.
En un sobremesa, todavía es factible añadir una disquetera antigua o recurrir a ciertas placas que la mantienen, pero en la mayoría de portátiles actuales no hay ni rastro de este hardware. La solución típica pasa por usar un CD de herramientas como Hiren’s Boot CD, que permite arrancar en un entorno DOS con soporte para unidades ópticas, eliminando la dependencia del disquete.
Arrancando el equipo con el CD de Hiren en la unidad, se carga un menú desde el que puedes seleccionar un modo DOS con soporte de CD. Desde ahí, el primer paso crítico es formatear la partición donde vas a instalar Windows 95 (mucho ojo si compartes disco con otros sistemas modernos, porque cualquier error te puede borrar todo).
En esa consola DOS, tras situarte en C:, usarías el comando Format C: para dar formato FAT o FAT32 a la partición destinada a Windows 95. Cuando termine, cambias el CD por el de instalación del sistema (o la unidad virtual equivalente) y accedes a la letra de esa unidad, normalmente D:. Desde ahí, ejecutarás el programa de instalación correspondiente, que puede llamarse oeminstall.exe, install.exe o setup.exe, según la edición de Windows 95 que tengas.
El asistente realizará una serie de comprobaciones y dará comienzo a la instalación clásica con sus pantallas azules y barras de progreso noventeras. A partir de ese punto, el proceso es prácticamente el mismo que en la época, aunque con el añadido de que, en hardware reciente, ciertos controladores (gráficos, sonido, red) pueden ser imposibles de encontrar, limitando bastante el uso real del sistema.
Uso de máquinas virtuales para revivir Windows 95 de forma más cómoda
Entre la ligereza del emulador en navegador y la complejidad de instalarlo en hierro moderno, la opción más equilibrada para muchos usuarios es crear una máquina virtual dedicada a Windows 95. Con programas como VMware Workstation (disponible para Windows y Linux) o alternativas tipo VirtualBox, puedes montar un «PC de los 90» dentro de tu equipo actual con bastante control y seguridad.
La idea es definir una máquina virtual con recursos muy modestos, acordes a la época: alrededor de 128 MB de RAM (más que de sobra para Windows 95) y un disco virtual de unos 3 GB. No necesitas nada más avanzado para mover el sistema con soltura y disponer de espacio razonable para instalar programas antiguos.
Tras crear la máquina, la configuras para que arranque desde la unidad de CD o desde una imagen ISO booteable que contenga el instalador de Windows 95 o un entorno tipo Hiren’s Boot CD con DOS y soporte de CD‑ROM. Desde ese punto, los pasos dentro de la máquina virtual serán muy parecidos a los de una instalación en hardware real.
También en este entorno tendrás que formatear la unidad virtual en FAT/FAT32 y ejecutar el instalador de Windows 95 desde la unidad de CD virtual (normalmente D:). La gran ventaja de la máquina virtual es que puedes hacer snapshots, repetir el proceso cuantas veces quieras sin riesgo para tu sistema principal y experimentar con configuraciones sin miedo.
Además, algunos hipervisores ofrecen mejoras de compatibilidad y utilidades específicas (drivers virtuales, integraciones de ratón, carpetas compartidas) que facilitan el uso de software antiguo. Aun así, hay que asumir que seguiremos trabajando con un sistema desfasado, sin soporte oficial y con limitaciones evidentes en cuanto a seguridad y redes modernas.
Windows 95, Internet y el experimento de portar .NET y apps modernas
Uno de los aspectos que más llama la atención es comprobar que, pese a los años, Windows 95 sigue siendo capaz de conectarse a Internet y realizar tareas básicas como navegar, revisar el correo electrónico o escribir documentos. Obviamente, la experiencia es muy limitada y choca de lleno con la web actual, cargada de JavaScript, HTTPS moderno y recursos pesados.
Aun así, hay desarrolladores que han querido ir mucho más lejos. Un buen ejemplo es el youtuber y programador MattKC, que se propuso hacer funcionar miles de apps y juegos relativamente modernos en Windows 95. Para ello, identificó que el gran muro era la ausencia del entorno de trabajo .NET que sí estaba presente en Windows 98 y sucesores.
Su reto consistió en portar .NET desde Windows 98 a Windows 95, algo que sobre el papel sonaba casi imposible. El primer paso fue localizar cientos de librerías DLL que utiliza .NET y que no estaban disponibles en Windows 95, sustituyéndolas por equivalentes cuando era posible o ignorando aquellas que no resultaban críticas para el funcionamiento.
Después tuvo que enfrentarse al registro de Windows: .NET requiere miles de entradas (más de 5.000) en el registro para funcionar correctamente. MattKC fue añadiendo esas claves una a una, en un proceso extremadamente laborioso y lleno de pequeñas trampas, hasta conseguir que el entorno comenzara a comportarse como en sistemas más modernos.
Por el camino se topó con controladores misteriosos como ndphlpr, cuyo propósito exacto nadie parece tener del todo claro, pero sin los cuales .NET simplemente se negaba a iniciar. También tuvo que lidiar con bugs que herramientas como WinDebug no detectaban, en parte porque esa utilidad ni siquiera fue pensada originalmente para Windows 95.
Tras muchas horas de trabajo, consiguió que .NET funcionara razonablemente bien en Windows 95, lo que abre la puerta a ejecutar un número enorme de programas y juegos que antes resultaban incompatibles. Aunque el código aún se está puliendo y no todo funciona perfecto, el experimento demuestra hasta qué punto se puede estirar la vida de un sistema operativo veterano con suficiente ingenio y paciencia.
Trucos históricos: del reinicio rápido de Windows 95 al inicio rápido actual
Windows 95 también escondía pequeños trucos curiosos que hoy resultan casi anecdóticos, pero que en su momento ahorraban tiempo y dolores de cabeza. Uno de los más recordados tiene que ver con el reinicio rápido del sistema usando la tecla Shift durante el proceso de reinicio.
Si en aquella época mantenías pulsada la tecla Shift mientras el sistema se reiniciaba, Windows 95 no realizaba un apagado completo del hardware, sino que reaprovechaba parte de la memoria y de los controladores ya cargados. En la práctica, cerraba y relanzaba el entorno gráfico desde win.com sin pasar por un ciclo completo de apagado y encendido físico.
Este mecanismo implicaba un apagado parcial del núcleo de 16 bits y del administrador de memoria de 32 bits, dejando la CPU en modo real, restaurando ciertos parámetros de inicio y liberando parte de la memoria para volver a cargar Windows. Durante esos segundos, el usuario veía el típico mensaje de «Por favor, espere mientras Windows se reinicia» antes de regresar al escritorio.
El truco era útil para ganar algo de velocidad, pero no siempre funcionaba de forma impecable: si la memoria estaba muy fragmentada o abusabas de ese reinicio rápido, podían aparecer problemas de estabilidad porque algunos controladores no se reinicializaban correctamente, lo que terminaba generando comportamientos raros en el sistema.
Curiosamente, la idea de este reinicio parcial inspiró lo que hoy conocemos como inicio rápido en Windows 10 y 11. En las versiones modernas, el kernel no se apaga del todo durante el cierre, sino que su estado y el de ciertos controladores se guardan en un archivo de hibernación, lo que permite un arranque posterior más veloz, aunque también puede ocasionar conflictos con dispositivos externos o cambios de hardware.
En los tiempos actuales, con unidades SSD y NVMe que arrancan el sistema en cuestión de segundos, este tipo de trucos puede parecer menos importante, pero la herencia de ideas de rendimiento y ahorro de tiempo viene en parte de experimentos como el de Windows 95 y su famoso reinicio con la tecla Shift.
¿Merece la pena usar Windows 95 hoy en día?
Con todas estas opciones encima de la mesa —emulador en navegador, app basada en Electron, máquina virtual o instalación directa—, la gran pregunta es qué sentido tiene hoy volver a Windows 95. Para muchos, la respuesta está en la nostalgia y el interés técnico: reencontrarse con el menú Inicio original, los sonidos clásicos, los juegos de cartas y el Escritorio de toda la vida tiene un encanto innegable.
Desde un punto de vista más práctico, Windows 95 puede servir para ejecutar software muy antiguo o controlar hardware específico que no funciona correctamente en versiones modernas de Windows. Hay programas de nicho, aplicaciones industriales o equipos de laboratorio que solo cuentan con controladores para sistemas de los 90, y en esos casos una máquina virtual bien configurada puede ser la solución más sensata.
No obstante, conviene tener muy claro que estamos ante un sistema obsoleto y sin soporte, por lo que no debería utilizarse como plataforma principal de trabajo ni exponerse alegremente a Internet. Las carencias en seguridad, protocolos modernos y actualizaciones hacen que, de cara a la red, sea un objetivo muy frágil frente a cualquier amenaza actual.
La mejor forma de disfrutarlo en 2026 pasa por tratarlo como una cápsula del tiempo: un entorno aislado, ya sea en el navegador o en una máquina virtual, donde jugar con el Paint, instalar aquel juego que tanto te marcó o simplemente curiosear cómo era la informática doméstica hace casi 30 años.
En definitiva, las tecnologías actuales permiten que Windows 95 siga vivo como un experimento retro muy accesible: podemos lanzarlo desde una pestaña del navegador, ejecutarlo como app en Windows, macOS o Linux, o levantarlo en una VM en cuestión de minutos. Mientras se use con cabeza y plenamente consciente de sus limitaciones, sigue siendo una forma fantástica de entender de dónde venimos y de apreciar lo mucho que han cambiado los sistemas operativos desde entonces.
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