¿Qué consume más batería, WiFi o 5G en el móvil?

Última actualización: 16/02/2026
Autor: Isaac
  • Una conexión WiFi estable suele ofrecer más horas de batería que el 5G, incluso en móviles de última generación.
  • El 5G gasta más energía que el 4G y el WiFi, sobre todo con videollamadas, streaming y cuando la cobertura es irregular.
  • La calidad de la señal es clave: una red 4G o WiFi fuerte puede consumir menos batería que un 5G débil o muy saturado.
  • Limitar el uso del 5G y priorizar WiFi o 4G ayuda a alargar significativamente la autonomía diaria del móvil.

Comparativa consumo batería WiFi frente a 5G en el móvil

Cuando la batería del móvil empieza a bajar más rápido de lo normal, una de las primeras dudas que surgen es si tiene que ver con la conexión que usamos. Muchos usuarios se preguntan si consume más batería el WiFi o el 5G, sobre todo cuando están lejos de un enchufe o no llevan el cargador encima.

A simple vista podría parecer que, como el 5G es más moderno y más rápido, también debería ser siempre la mejor opción. Sin embargo, las pruebas reales en móviles actuales, como el iPhone 17 Pro Max, y los estudios de consumo energético de redes móviles pintan un escenario bastante distinto: la respuesta depende de la cobertura, del tipo de uso y de si estamos hablando de datos móviles o de WiFi en casa o en el trabajo.

WiFi vs 5G: qué tecnología gasta más batería en la práctica

En los últimos años hemos pasado del 2G al 3G, del 3G al 4G y, ahora, al 5G como estándar de alta velocidad. Cada salto de generación nos ha traído más ancho de banda y mejores experiencias: pasar de no poder ver un vídeo de YouTube en 2G a poder hacer streaming de Netflix en 4G fue un cambio brutal, y con 5G las velocidades pueden ser todavía mucho más altas.

El problema es que ese aumento de velocidad no sale gratis. La propia tecnología 5G, junto con el estado actual de su despliegue, hace que el consumo energético sea más elevado que en 4G y, por supuesto, mayor que el de una conexión WiFi estable. Aquí es donde entra en juego la comparativa directa entre un móvil conectado solo a WiFi y otro usando solo 5G.

Un test muy comentado, realizado por el canal especializado PhoneBuff, ha enfrentado dos iPhone 17 Pro Max configurados exactamente igual, con el mismo brillo de pantalla, mismo software y las mismas aplicaciones, pero con una diferencia clave: uno conectado siempre a 5G y el otro siempre a una red WiFi.

El resultado de esta comparativa no deja lugar a muchas dudas: el 5G agota antes la batería que el WiFi en un uso realista del teléfono, incluso cuando la cobertura móvil es buena y estable.

El test de PhoneBuff con el iPhone 17 Pro Max: 5G vs WiFi

Para que la prueba fuera lo más justa posible, PhoneBuff utilizó dos unidades de iPhone 17 Pro Max idénticas, con el mismo nivel de brillo, las mismas apps instaladas y un patrón de uso automatizado que simulaba lo que haríamos en un día normal: mensajería, navegación, redes sociales, videollamadas y streaming de vídeo.

En las primeras dos horas, ambos iPhone estuvieron en reposo, con la pantalla apagada y conectados respectivamente a 5G y WiFi. Durante ese tiempo, el consumo fue prácticamente idéntico, con una caída aproximada del 2 % en los dos casos, algo lógico porque el móvil apenas estaba haciendo nada.

Después comenzaron las pruebas de uso real. Primero, se simularon dos horas de uso de WhatsApp. En este escenario, la diferencia fue mínima: el iPhone con 5G perdió en torno a un 10 % de batería, mientras que el iPhone conectado por WiFi cayó aproximadamente un 11 %. Con este tipo de uso ligero de mensajería, la tecnología de conexión no marcó una diferencia grande.

A continuación vino una de las partes más exigentes del test: dos horas de videollamadas con FaceTime. Aquí sí se vio un salto importante. El iPhone con WiFi pasó aproximadamente de un 87 % a un 62 % de batería, es decir, un descenso de un 25 %. En cambio, el iPhone que estaba usando 5G bajó de un 88 % a un 46 %, lo que supone una caída del 42 %, claramente superior.

El siguiente bloque de la prueba consistió en navegación web sostenida. Tras dos horas de navegación, el iPhone conectado a WiFi perdió alrededor del 18 % de batería, quedándose con un 44 % de carga disponible, mientras que el iPhone en 5G gastó un 21 %, terminando con solo un 24 % de batería restante, algo que empieza a ser preocupante si no tenemos un enchufe cerca.

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Posteriormente, ambos móviles se dejaron 16 horas en reposo con la pantalla apagada, manteniendo cada uno su conexión (5G o WiFi). En este caso, las diferencias fueron muy pequeñas: el iPhone con WiFi consumió alrededor de un 8 %, y el que estaba en 5G, un 7 %. En reposo, de nuevo, la conexión marca poco la diferencia.

Tras el reposo llegó otra fase de uso intenso de redes sociales, concretamente dos horas seguidas con Instagram. Con esta actividad, el iPhone conectado a WiFi perdió un 10 % de batería, mientras que el del 5G bajó un 13 %, manteniendo la tendencia de que los datos móviles, sobre todo en 5G, castigan más la autonomía cuando se hace un uso activo del teléfono.

La prueba terminó con una sesión de streaming de vídeo, concretamente la reproducción de la película Avatar en Disney+. Aquí fue donde se certificó la diferencia definitiva: tras apenas 22 minutos de reproducción, el iPhone que estaba conectado a 5G se quedó sin batería, agotando el 4 % que le quedaba y apagándose. En ese preciso momento, el iPhone conectado a la red WiFi todavía conservaba aproximadamente un 25 % de batería.

Si se traduce todo esto a tiempo de uso, el iPhone 17 Pro Max con 5G consiguió alrededor de 10 horas y 22 minutos de pantalla encendida más 16 horas en espera. Cuando llegó al 0 % y se apagó, el iPhone gemelo conectado a WiFi aún tenía ese 25 % de margen, que se puede estimar en unas 3 horas adicionales de uso real antes de agotarse del todo.

Diferencias de autonomía: cuánto dura más el móvil con WiFi

Si nos fijamos en el conjunto de la prueba, se puede decir que, en un escenario de uso mixto y bastante intensivo (mensajes, FaceTime, navegación, Instagram y streaming), el móvil conectado a WiFi tiene una ventaja aproximada de unas 3 horas frente al mismo móvil usando únicamente 5G.

La clave está en que las actividades más exigentes en datos, como videollamadas prolongadas y streaming de vídeo en alta calidad, son las que más sacan a relucir las diferencias entre una red WiFi estable y la conexión 5G. El vídeo en tiempo real obliga al módem móvil a trabajar al máximo, y eso se traduce en un incremento notable en el consumo de energía cuando la conexión es 5G.

Además de esta comparativa con el iPhone 17 Pro Max, PhoneBuff también mostró datos de otro experimento con un iPhone 12. En este caso se comparó directamente WiFi frente a datos móviles (no solo 5G) y el resultado fue aún más bestia: la conexión WiFi proporcionó más del doble de horas de funcionamiento, con unas 19 horas y 46 minutos, frente a unas 9 horas y 31 minutos utilizando datos móviles.

Estos números encajan bastante bien con lo que muchos usuarios notan en su día a día: cuando pasas más rato en WiFi, el móvil aguanta más; cuando estás muchas horas tirando de datos, especialmente si son 5G y la cobertura no es perfecta, la batería se evapora antes de lo que te gustaría, y factores como la esperanza de vida de la batería también influyen.

Conviene remarcar, eso sí, que las pruebas de laboratorio son una foto muy concreta de un escenario posible. La diferencia exacta en tu caso puede variar bastante dependiendo de dónde vivas, de si te mueves mucho, de la calidad de la señal en tu zona y de qué tipo de apps usas más a menudo.

La cobertura manda: cómo influyen la señal y la estabilidad de la red

Uno de los factores más importantes para entender por qué el 5G puede disparar el consumo de batería no es solo la tecnología en sí, sino la calidad de la señal que recibes. Cuando el móvil tiene buena cobertura, ya sea en WiFi, 4G o 5G, el módem trabaja más relajado y necesita menos energía para mantener la conexión.

En cambio, cuando la señal es pobre o inestable, el teléfono se ve obligado a buscar y negociar continuamente con las antenas disponibles. Eso significa más reconexiones, más cambios de celda y, en el caso del 5G actual, más saltos entre 5G y 4G, lo que se nota en forma de batería que baja demasiado deprisa.

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En las pruebas de PhoneBuff se tuvo mucho cuidado en este punto: se eligió un entorno con una torre de telefonía relativamente cercana, de forma que la señal 5G fuera buena y constante. Incluso así, el 5G salió claramente peor parado que el WiFi en autonomía, lo que da una idea de lo que puede pasar en condiciones menos favorables.

Cuando se repitió la prueba con dos iPhone 17 idénticos conectados ambos a 5G, uno de ellos en un entorno con señal excelente (el laboratorio) y el otro en una casa con peor cobertura, la diferencia también fue interesante: el que disfrutaba de mejor señal aguantó unas 13 horas y 49 minutos, mientras que el que estaba en una zona más complicada se quedó en aproximadamente 12 horas y 51 minutos, es decir, casi una hora menos de batería por culpa de la calidad de la señal.

Este comportamiento no es exclusivo del 5G. Cualquiera que haya estado en un sótano, en un ascensor, en el metro o en un pueblo con mala cobertura habrá visto cómo la batería cae a velocidad de vértigo, e incluso otras radios como el Bluetooth en Android pueden influir aunque casi no estés usando el móvil. En esas situaciones el teléfono está peleando constantemente por engancharse a la red, y eso se come la batería sin que te des apenas cuenta.

Con el WiFi pasa algo parecido, aunque normalmente en menor medida. Si estás muy lejos del router o la señal pasa por muchas paredes y obstáculos, el móvil puede gastar más intentando mantener una conexión medio decente. Pero en general, en interiores y con el router cerca, la conexión WiFi suele ser la más eficiente energéticamente.

4G vs 5G vs WiFi: qué conexión compensa más para ahorrar batería

Más allá del duelo directo entre WiFi y 5G, también merece la pena revisar dónde se sitúa el 4G dentro de esta comparativa de consumo. Aunque es una tecnología anterior, sigue siendo la red móvil más extendida y, en muchos casos, la más equilibrada entre velocidad, cobertura y gasto energético.

El 4G ofrece un rendimiento más que suficiente para las tareas diarias: navegar, ver vídeos en streaming, hacer videollamadas y usar redes sociales. Además, su despliegue es muy amplio y la cobertura suele ser mejor y más estable que la del 5G en muchas zonas, especialmente fuera de grandes ciudades.

Varios estudios, como los realizados por Ookla y pruebas recogidas por medios tecnológicos, muestran que el 5G suele consumir entre un 6 % y un 11 % más de batería que el 4G para un uso similar, dependiendo del procesador del móvil y del tipo de red 5G (NSA, SA, bandas, etc.). En algunos iPhone se han visto diferencias de hasta un 20 % en autonomía cuando se compara el uso intensivo con 5G frente a 4G.

La razón principal está en el propio diseño de muchas redes 5G actuales, que funcionan en modo NSA (Non-Standalone). Esto implica que el teléfono se conecta simultáneamente a al menos dos portadoras: una de 4G para el control y otra 5G para los datos. El resultado es que el módem está buscando y gestionando estaciones base de dos tecnologías, lo que complica el proceso y eleva el consumo.

Mientras no haya un despliegue masivo de 5G en modo SA (Standalone), en el que el teléfono pueda operar directamente sobre 5G sin tener que apoyarse tanto en 4G, es difícil que el consumo energético del 5G se equipare o mejore claramente al del 4G. Por ahora, en la mayoría de escenarios, el 5G ofrece más velocidad, sí, pero a costa de gastar más batería.

Por qué muchos usuarios desactivan el 5G para ganar autonomía

Una estrategia cada vez más habitual entre usuarios que valoran la batería por encima de la máxima velocidad es forzar el móvil a conectarse solo en 4G. De esta forma, se renuncia a las velocidades punta del 5G, pero se gana en estabilidad y, sobre todo, en horas extra de uso.

En la práctica, lo que se pierde al pasar de 5G a 4G depende mucho del tipo de uso. Para quien sube o descarga archivos enormes, hace streaming en 4K o juega online de forma intensiva, la diferencia de velocidad y latencia del 5G se nota. Sin embargo, para navegar, usar redes sociales, escuchar música en streaming y hacer videollamadas normales, el 4G sigue cumpliendo más que de sobra.

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En zonas con mucha gente conectada simultáneamente, como conciertos, estadios o eventos masivos, el 4G puede saturarse más fácilmente, lo que hace que el 5G tenga sentido desde el punto de vista de la experiencia de usuario. Pero, de nuevo, ese escenario no es el de la mayoría del tiempo para la mayoría de personas.

En Android, cambiar de 5G a 4G es tan sencillo como ir a los ajustes de red y seleccionar el modo de red preferido en 4G. En un menú tipo «Ajustes > Conexiones > Redes móviles > Modo de red» suele aparecer la posibilidad de elegir entre 5G/4G/3G o solo 4G, según el fabricante.

En los iPhone, el ajuste está en «Ajustes > Datos móviles > Opciones > Voz y datos«, donde se puede escoger 4G en lugar de 5G, o activar modos que limiten el uso del 5G únicamente cuando la red es suficientemente estable. Para muchos usuarios, este pequeño cambio se traduce en notar que llegan al final del día con más batería sin haber sacrificado nada crítico.

El papel de Apple y de los módems en la eficiencia energética

En el caso concreto de Apple, la compañía ha trabajado durante años en integrar hardware y software de forma muy optimizada, algo que se nota en la gestión de batería de sus iPhone, iPad y, más recientemente, en los Mac con Apple Silicon.

Los últimos modelos de iPhone Pro Max se caracterizan por tener una de las mejores autonomías del mercado, gracias a una buena combinación de procesadores eficientes, pantallas bien calibradas y sistemas inteligentes de gestión de energía. Aun así, incluso en estos dispositivos, como se ha visto con el iPhone 17 Pro Max, el tipo de conexión influye enormemente en cuánto duran las horas de pantalla, y existen guías para aumentar la capacidad máxima de la batería del iPhone en la medida de lo posible.

Apple también está avanzando en el desarrollo de módems propios, como los C1X y C1, y se espera que futuras generaciones de iPhone Pro integren nuevos chips de conectividad como el módem C2. La idea es lograr una integración aún más fina entre el sistema operativo, el procesador y el módem, lo que, en teoría, debería redundar en un mejor equilibrio entre rendimiento de red y consumo energético.

Al mismo tiempo, otros fabricantes exploran combinaciones de baterías basadas en silicio-carbono y nuevas químicas que permitan almacenar más energía en menos espacio, algo especialmente interesante para modelos más delgados en los que no hay mucho margen físico para aumentar la capacidad. Los modelos Pro Max quizá no necesiten cambios tan agresivos, pero los iPhone más compactos sí podrían beneficiarse mucho de estas mejoras.

Todo apunta a que en los próximos años veremos móviles cada vez más eficientes con 5G, tanto por la evolución de los módems como por el despliegue de redes 5G SA más maduras. Sin embargo, a día de hoy, la realidad es que usar 5G implica en la mayoría de los casos un sacrificio de batería respecto a 4G y, especialmente, respecto a una buena conexión WiFi.

Con todo lo anterior sobre la mesa, para alargar al máximo la autonomía de un smartphone la jugada ganadora suele ser bastante clara: priorizar siempre que sea posible una red WiFi estable y, cuando no quede otra que tirar de datos móviles, optar por 4G si el 5G de tu zona no es realmente sólido. El 5G está muy bien para cuando necesitas la máxima velocidad, pero si lo que quieres es que el móvil llegue sobrado al final del día, conviene reservarlo para esos momentos puntuales y no tenerlo siempre activado a lo loco.

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