Formatos de archivos comprimidos: cuál es mejor en cada caso

Última actualización: 19/01/2026
Autor: Isaac
  • Los formatos más usados (ZIP, RAR, 7z, TAR+GZIP/BZIP2) equilibran de forma distinta compresión, velocidad, recursos y compatibilidad.
  • 7z ofrece el mejor ratio de compresión en la mayoría de escenarios, mientras que ZIP destaca por su soporte nativo y RAR por sus funciones avanzadas.
  • En servidores y Linux, la combinación TAR+GZIP o TAR+BZIP2 sigue siendo el estándar para empaquetar y distribuir software y copias de seguridad.
  • Elegir formato depende del caso de uso: archivado extremo, envío ocasional, compatibilidad total o necesidades específicas como cifrado y reparación.

formatos de archivos comprimidos

Seguro que más de una vez te has topado con el temido aviso de “espacio en disco insuficiente” o con un archivo enorme imposible de enviar por correo. Aunque hoy tengamos discos duros y conexiones mucho más rápidas que hace años, los archivos también han engordado: vídeos en 4K, juegos gigantes, proyectos con miles de ficheros… y la compresión sigue siendo una herramienta imprescindible.

El problema es que no todos los formatos comprimidos son iguales ni sirven para lo mismo. No es lo mismo empaquetar una carpeta de fotos, comprimir copias de seguridad, compartir documentos o distribuir software. En esta guía vamos a ver, con calma pero al grano, cuáles son los formatos de archivos comprimidos más usados (ZIP, RAR, 7z, TAR, GZIP, BZIP2, ZIPX, ACE…) y en qué casos brilla cada uno, apoyándonos en pruebas reales de ratio de compresión, velocidad, consumo de recursos y compatibilidad.

Qué hace realmente un formato de archivo comprimido

Antes de meternos en cada formato, viene bien aclarar conceptos. Un formato de archivo comprimido puede hacer dos cosas distintas (a veces ambas): empaquetar varios ficheros en uno solo y comprimir los datos para que ocupen menos espacio. Hay formatos que solo empaquetan (como TAR) y otros que empaquetan y comprimen (ZIP, RAR, 7z…).

Todos estos formatos se basan en algoritmos de compresión, la mayoría de ellos sin pérdida, es decir, al descomprimir recuperas exactamente los mismos bits que tenías al principio. La gracia está en encontrar patrones repetidos y representarlos de forma más eficiente. Los más habituales en este mundillo son Deflate, LZMA/LZMA2, BZIP2, PPMd o variantes de LZ77 y Huffman.

Cuando elegimos “nivel de compresión” (rápido, normal, ultra…), en realidad estamos decidiendo hasta qué punto el programa se va a “romper la cabeza” buscando patrones: cuanto más alto es el nivel, mejor ratio de compresión se consigue, pero aumenta el tiempo y el uso de CPU y RAM. También hay opciones avanzadas como la compresión sólida o el tamaño del diccionario que influyen mucho en el resultado final.

Por último, en seguridad, muchos formatos permiten cifrado con AES (normalmente AES‑256) y protección por contraseña, algo clave si vas a enviar información sensible o quieres evitar cotillas en tus copias de seguridad.

ZIP y ZIPX: el veterano universal y su evolución

Cuando alguien dice “mándamelo comprimido en zip”, prácticamente todo el mundo sabe de qué habla porque ZIP lleva con nosotros desde finales de los 80 y está integrado en casi todos los sistemas operativos. Es, de lejos, el formato más compatible.

El formato ZIP clásico utiliza principalmente el algoritmo Deflate, un método de compresión sin pérdida relativamente rápido y poco exigente en recursos. Eso lo hace ideal para tareas del día a día: enviar una carpeta por correo, empaquetar un pequeño proyecto, compartir documentos con gente que no quieres liar con otros programas.

Entre sus ventajas clave están que la velocidad de compresión y descompresión es muy alta y que existe soporte nativo en Windows, macOS, muchas distros Linux, iOS y Android. Casi cualquier dispositivo puede abrir un ZIP sin instalar nada, lo que simplifica mucho la vida cuando compartes archivos con otros usuarios.

Por contra, su ratio de compresión no es el mejor del mercado: es claramente inferior a formatos modernos como 7z, RAR o incluso BZIP2 o GZIP en ciertos escenarios. Eso sí, las versiones más recientes de ZIP permiten usar cifrado AES, mejorando notablemente la seguridad frente al antiguo cifrado débil que era sencillo de romper por fuerza bruta.

ZIP tiene un “hermano mayor”, ZIPX, que introdujeron herramientas como WinZip para conseguir mejores ratios de compresión a costa de más tiempo y recursos. ZIPX puede acercarse al rendimiento de RAR en tamaño final, pero pierde gran parte de la gracia de ZIP: ya no es tan rápido, ni tan ligero, ni tan universal.

Por eso, ZIPX tiene sentido solo en escenarios concretos: cuando quieres buena compresión y, por licencias o políticas de empresa, no quieres usar RAR, pero sigues dentro del ecosistema WinZip. Para uso general y compartido, el ZIP clásico sigue siendo el rey.

GZIP, BZIP2 y TAR: el trío clásico de Linux y servidores

En entornos Unix y Linux, y en el mundo de los servidores, aparecen otros apellidos muy habituales: .tar, .gz, .bz2 y sus combinaciones .tar.gz y .tar.bz2. Aunque a primera vista parezcan “otro tipo de zip”, en realidad cumplen papeles algo distintos.

  Cómo reparar, limpiar y mantener Windows fácilmente con Windows Maintenance Tool

TAR no comprime nada. Su misión es puramente empaquetar: concatena varios archivos y directorios en un solo flujo con metadatos (permisos, fechas, rutas…), generando el típico archivo .tar o “tarball”. Esta filosofía encaja con la idea Unix de “haz solo una cosa, pero hazla bien”.

Después entra GZIP en juego. GZIP es una herramienta y formato del proyecto GNU que utiliza el algoritmo Deflate (similar al de ZIP) pero con una implementación muy optimizada. Suelen usarse juntos: primero se crea el .tar con TAR y luego se comprime con GZIP, dando lugar a los archiconocidos .tar.gz.

GZIP ofrece un ratio de compresión notablemente mejor que el ZIP clásico, manteniendo una velocidad muy buena. Por eso es el estándar de facto para comprimir paquetes de software y ficheros en Linux, y también se usa muchísimo en servidores web para comprimir HTML, CSS y JS antes de enviarlos al navegador del usuario.

Otro actor importante es BZIP2. Este formato, bajo licencia BSD, aprieta más los datos que GZIP, logrando un ratio de compresión superior, pero a cambio necesita bastante más tiempo y memoria RAM. Igual que GZIP, BZIP2 solo comprime un archivo, así que lo normal es verlo combinado con TAR en archivos .tar.bz2.

Esto hace que BZIP2 sea interesante cuando priorizas el ahorro de espacio por encima de la velocidad, por ejemplo en copias de seguridad de sistemas donde el tiempo de compresión no es crítico. Sin embargo, para uso general muchos administradores siguen prefiriendo GZIP por su equilibrio entre rapidez y tamaño.

En Linux y macOS, trabajar con TAR, GZIP y BZIP2 es muy natural: vienen de serie y se integran con los gestores de archivos gráficos y la terminal. En Windows, en cambio, necesitarás herramientas como 7‑Zip o WinRAR para manejarlos sin complicaciones.

RAR: el clásico potente (pero propietario)

RAR es otro nombre que lleva décadas circulando, especialmente en Windows. Es un formato de compresión propietario diseñado por Eugene Roshal y popularizado por WinRAR. Su código no es libre, aunque existen herramientas gratuitas para extraerlo en casi cualquier sistema, como UnRAR.

Su principal atractivo es que ofrece una compresión mejor que ZIP y muy competitiva frente a 7z en muchas situaciones, con un buen equilibrio entre tamaño, velocidad y funciones avanzadas. También admite compresión sólida, donde todos los ficheros se tratan como un flujo continuo, lo que mejora mucho la compresión cuando hay muchos archivos similares.

En cuanto a seguridad, RAR soporta cifrado AES (128 bits en muchas implementaciones clásicas) y protección mediante contraseña. Además, incluye una característica muy apreciada: la creación de volúmenes de recuperación, que permiten reparar archivos dañados si se pierden o corrompen algunos sectores del archivo comprimido.

Otra ventaja histórica de RAR ha sido la facilidad para dividir archivos grandes en partes más pequeñas (los típicos .part1.rar, .part2.rar, etc.), algo que se ha usado muchísimo para distribuir contenidos por Internet y para saltarse límites de tamaño en ciertas plataformas.

La cruz de la moneda está en que RAR es un formato propietario y WinRAR es software de pago (shareware). Aunque se puede usar indefinidamente tras el periodo de prueba con un aviso molesto, a nivel legal y empresarial no siempre es viable. En Linux, además, para trabajar a fondo con RAR hay que instalar paquetes no libres como unrar.

Aun así, si no te preocupa el tema de licencias, RAR sigue siendo una opción muy sólida para comprimir, proteger con contraseña y dividir archivos en Windows, especialmente cuando buscas fiabilidad y un conjunto de funciones muy pulido.

7z y 7‑Zip: el rey del ratio de compresión

Si lo que te obsesiona es exprimir cada mega de espacio, el protagonista indiscutible es el formato 7z, usado por el programa 7‑Zip creado por Igor Pavlov. 7‑Zip es software libre, de código abierto y gratuito tanto para uso personal como comercial, sin anuncios ni versiones recortadas.

El formato 7z está pensado para ofrecer tasas de compresión muy superiores a ZIP, RAR y GZIP en la mayoría de escenarios, sobre todo cuando manejas datos con patrones claros: documentos, código fuente, imágenes sin compresión o poco comprimidas, bases de datos de texto, etc. Para ello se apoya principalmente en los algoritmos LZMA y LZMA2, variantes muy potentes de LZ77 con diccionarios grandes.

En pruebas comparativas reales con documentos, instaladores, imágenes y vídeos, se observa que 7‑Zip con formato 7z logra archivos alrededor de un 20 % más pequeños que ZIP y sensiblemente más pequeños que RAR en muchos casos. Por ejemplo, en un test con unos 195 MB de datos variados, la salida aproximada fue algo así: ZIP alrededor de 173 MB, RAR en torno a 166 MB y 7z bajando hasta unos 152 MB, es decir, una reducción superior al 22 % respecto al original.

  ¿Qué Es Un Archivo ICS? Para Qué Sirve Y Cómo Abrir Uno

Ahora bien, esa compresión extra no es gratis: 7z tiende a ser más lento que ZIP y, en ciertos ajustes, incluso algo más lento que RAR, sobre todo en su modo “Ultra”. Además, el uso de diccionarios grandes hace que el consumo de RAM al descomprimir pueda dispararse. Un archivo 7z muy comprimido de unos cientos de megas puede necesitar varios gigas de RAM para extraerse con comodidad.

En seguridad va sobrado: permite cifrado fuerte AES‑256 tanto en el propio formato 7z como en ZIP, y soporta compresión sólida, multi‑hilo (aprovecha todos los núcleos de la CPU) y una larga lista de algoritmos alternativos (PPMd, BZIP2, Deflate, etc.).

Otra baza importante de 7‑Zip es que, además de manejar su propio formato 7z, abre y extrae prácticamente cualquier cosa que le eches: RAR, ISO, TAR, GZIP, BZIP2, XZ, CAB, WIM, imágenes de disco, formatos de instaladores y un largo etcétera. Por eso se ha convertido en una especie de “navaja suiza” para archivos comprimidos.

Si trabajas mucho con compresión o quieres ahorrar el máximo espacio posible sin pagar licencias, 7‑Zip es la opción más recomendable como herramienta principal, tanto en Windows como en Linux y macOS (vía ports o versiones compatibles).

ACE y otros formatos menos habituales

A lo largo de los años han aparecido otros formatos como ACE, Stuffit o algunos sistemas propios de ciertas suites. ACE fue popular hace tiempo gracias a WinACE, ofreciendo mejor compresión que ZIP pero quedándose por debajo de RAR, ZIPX o 7z.

El gran problema de ACE y formatos similares es que no han logrado una base de usuarios amplia ni herramientas libres de calidad para crearlos. En muchos casos solo se distribuyó la parte de descompresión (como UNACE) y la creación de archivos ACE quedó limitada a software de pago o abandonado.

En la práctica, esto hace que no tenga mucho sentido apostar por ACE hoy en día, salvo que ya tengas archivos antiguos en ese formato y necesites extraerlos. Si necesitas un formato propietario con buena compresión y soporte real, es más lógico usar RAR; y si quieres algo abierto y potente, 7z.

Comparativa práctica: quién comprime más y en qué casos

Más allá de la teoría, lo interesante es ver cómo se comportan los formatos al comprimir distintos tipos de ficheros. No es lo mismo comprimir documentos, ejecutables, JPG o vídeos, porque cada tipo de datos ya lleva su propia compresión interna o no.

En pruebas concretas con un conjunto de archivos mixtos (documentos, instaladores, imágenes JPG, vídeos y ficheros PSD), los resultados suelen seguir un patrón claro. Con documentos de texto y ofimática, 7z con LZMA2 se coloca en primera posición con el archivo más pequeño, seguido de cerca por RAR (RAR5) y algo más atrás por ZIP/WinZip. ZIP integrado en Windows ofrece prácticamente el mismo resultado que WinZip en este campo.

Cuando pasamos a aplicaciones y ejecutables (.exe, binarios…), las diferencias se estrechan: 7z, RAR y ZIP consiguen ratios parecidos, con 7z y RAR arañando unos pocos megas de ventaja respecto a ZIP. En un set de pruebas de alrededor de 76 MB de aplicaciones, las tres herramientas dejaban el tamaño en torno a 72-74 MB, con 7z ligeramente por delante.

Con imágenes JPG, la cosa cambia radicalmente. Como el formato JPG ya está fuertemente comprimido, añadir un ZIP, RAR o 7z encima apenas reduce el tamaño total. En un ejemplo de unos 42 MB de fotos, ZIP y RAR las dejaban en torno a 33 MB, mientras que 7z conseguía bajar a unos 20 MB gracias a compresión sólida y ajustes agresivos, pero a costa de mucho más tiempo. En muchos casos reales, la diferencia se mueve entre el 1-5 %, así que la compresión tiene sentido más por agrupar que por ahorrar espacio.

Con vídeos en formatos modernos (MP4, MKV con códecs H.264, H.265, AV1…), la historia es parecida: el archivo ya viene brutalmente comprimido y apenas se consigue rascar unos pocos megas. En un lote de unos 66 MB de clips, ZIP se quedaba en ~59 MB, RAR en ~55 MB y 7z en ~54 MB. El ahorro existe, pero no es espectacular.

En archivos de trabajo pesados como documentos de Photoshop (.psd), donde hay capas y datos menos comprimidos internamente, 7z vuelve a sacar ventaja clara. Por ejemplo, de 3,64 MB originales se podía bajar hasta ~1,37 MB con 7z, mientras que RAR se quedaba en ~1,56 MB y ZIP en algo más de 2 MB.

Si miramos el conjunto total del test (unos 195 MB mezclando de todo), la foto global es clara: ZIP reduce alrededor de un 11 %, RAR cerca de un 15 % y 7z en torno al 22 %. Es decir, a nivel global, 7‑Zip consigue archivos aproximadamente dos veces más eficientes que los ZIP convencionales.

Factores clave: velocidad, recursos y memoria al descomprimir

Cuando se habla de “qué formato es mejor”, casi todo el mundo mira solo al ratio de compresión, pero conviene no olvidarse de la velocidad y el consumo de recursos al comprimir y, sobre todo, al descomprimir. Aquí es donde a veces lo “Ultra” deja de ser buena idea.

  Archivos Xrp. Que Son, Características, Cómo Abrirlos

Los algoritmos potentes como LZMA2 usan diccionarios grandes: guardan estructuras en memoria para aprovechar al máximo los patrones de los datos. Esto hace que comprimir y descomprimir con ajustes agresivos necesite mucha RAM. En una máquina con 8 GB o menos, intentar extraer un archivo 7z comprimido en modo “Ultra” puede ralentizar todo el sistema e incluso provocar cuelgues si la memoria se queda corta.

En cambio, ZIP tradicional y GZIP son bastante ligeros en recursos. Funcionan muy bien en equipos modestos, en servidores con carga y en dispositivos móviles. Es una de las razones por las que se siguen usando tanto, pese a no ofrecer el mejor ratio de compresión del mundo.

RAR se coloca en un punto intermedio interesante: ofrece buena compresión con una velocidad muy competitiva y un uso razonable de CPU y RAM. En muchas comparativas, WinRAR resulta un poco más rápido que 7‑Zip en sus ajustes por defecto, aunque dejando archivos algo más grandes.

Por todo esto, cuando vayas a compartir un archivo con alguien y no sepas qué equipo tiene, a veces es más sensato usar un nivel de compresión “Normal” o “Rápido”, o tirar de ZIP estándar. Ahorrarás quebraderos de cabeza si la otra persona abre el archivo en un portátil viejo o en un PC con poca memoria.

Otro factor es el tipo de compresión: la compresión sólida mejora mucho el tamaño cuando hay muchos archivos parecidos, pero empeora la velocidad de acceso y amplifica los daños si se corrompe una parte del archivo. Es una opción fantástica para archivado a largo plazo, pero menos ideal si vas a modificar a menudo el contenido del archivo comprimido.

Qué formato usar según tu caso

Con todo lo anterior, ya se ve que no existe un formato “mágico” que sea el mejor en absolutamente todo. La elección depende de lo que vayas a hacer, de con quién compartas los archivos y del hardware disponible. A modo de guía práctica:

Si tu prioridad absoluta es aprovechar al máximo el espacio y no te importa esperar algo más, lo sensato es elegir el formato 7z con 7‑Zip, usando un nivel de compresión alto y, si procede, compresión sólida. Ideal para copias de seguridad personales, archivado de proyectos o empaquetar grandes colecciones de documentos.

Si buscas un equilibrio entre velocidad, compresión y funciones avanzadas como reparación de archivos y división en volúmenes, RAR (con WinRAR) sigue siendo una muy buena opción, especialmente en Windows. Es perfecto para distribuir software, juegos o grandes paquetes de datos de forma robusta.

Para uso esporádico o cuando la compatibilidad manda por encima de todo (enviar archivos a gente poco técnica, compartir material en entornos mixtos, etc.), lo más cómodo es seguir con ZIP, usando el compresor integrado en Windows o macOS. Es rápido, sencillo, gratuito y todo el mundo puede abrirlo.

En entornos Linux, servidores y desarrollo, TAR + GZIP (tar.gz) sigue siendo el estándar de facto para distribuir código, paquetes y backups. Cuando se necesita un poco más de compresión y los tiempos no son críticos, TAR + BZIP2 (tar.bz2) entra en escena como alternativa.

En cuanto a herramientas concretas, si trabajas con frecuencia con archivos comprimidos, 7‑Zip y PeaZip son dos opciones libres muy recomendables. 7‑Zip destaca por potencia y minimalismo, mientras que PeaZip ofrece una interfaz más moderna y soporte para más de 200 formatos distintos. WinRAR, por su parte, sigue siendo la referencia si quieres trabajar con RAR a fondo.

Y si apenas tocas archivos comprimidos una vez al mes para enviar cuatro documentos, con lo que trae tu sistema operativo de serie (ZIP nativo) vas sobrado. No necesitas instalar nada más a menos que te lleguen archivos RAR, 7z u otros formatos menos habituales.

Visto todo el panorama, la clave para acertar no es casarse con un único formato, sino tener claro qué priorizas en cada situación: compatibilidad, ahorro de espacio, velocidad o funciones extra. A partir de ahí, elegir entre ZIP, 7z, RAR, TAR+GZIP o BZIP2 se vuelve mucho más sencillo y dejarás de comprimir “a ciegas” para pasar a usar la herramienta adecuada en cada caso.

Dividir archivos comprimidos en partes
Artículo relacionado:
Cómo dividir archivos comprimidos en partes con WinRAR y 7-Zip